La Buena Noticia de la Familia y de la Vida humana

Queridos diocesanos:

El Hijo de Dios, nacido en Belén, nos muestra el rostro amoroso de Dios y el verdadero rostro del hombre: su verdad y dignidad, su origen y destino. Todas las dimensiones de la vida humana han sido iluminadas y sanadas por el Hijo de Dios. Él nos muestra también el verdadero sentido del matrimonio y de la familia, y el valor de toda vida humana, don de Dios, llamada a participar sin fin de su amor.

El matrimonio es una comunidad de vida y de amor, basada en la donación recíproca y total, única e indisoluble de un hombre y una mujer; esta visión del matrimonio responde al proyecto originario de Dios, obscurecido por la ‘nuestra dureza de corazón’, y que Cristo ha restaurado en su esplendor originario, revelando lo que Dios ha querido ‘desde el principio’. El matrimonio es, a la vez, el fundamento de la familia.

Vivimos tiempos poco favorables para el matrimonio y para la familia. Se propugnan otro tipo de uniones de hombre y mujer, las uniones entre personas del mismo sexo y modelos de familia, alternativos a los llamados despectivamente matrimonio y familia ‘tradicionales’. En el fondo se ataca y se destruye el matrimonio y la familia, y se niega su valor insustituible para la acogida, la formación y desarrollo de la persona humana, y para la vertebración básica de la sociedad.

Los efectos de esta situación son el déficit de amor verdadero en las relaciones humanas, el debilitamiento del amor esponsal, del amor materno y paterno, del amor filial y del amor entre hermanos, la desestructuración de la familia, el descenso alarmante de la natalidad, el notable aumento de hijos con graves perturbaciones de su personalidad y el desarrollo de un clima que termina con frecuencia en la violencia. Si el matrimonio y la familia entran en crisis, la sociedad misma enferma.

También se cuestiona la buena noticia que es toda vida humana, cuya dignidad desde su concepción hasta su ocaso natural es vilipendiada por el aborto, por la destrucción de embriones y por la eutanasia. Los cristianos hemos de comprometernos de modo efectivo en la defensa de la acogida y del respeto a la vida del cada ser humano, fundamento de una sociedad verdaderamente humana. La Jornada de la Familia y la Vida, que celebramos este Domingo, Fiesta de Sagrada Familia, nos invita a acoger, vivir y anunciar la Buena Noticia del matrimonio, de la familia y de la vida humana.

Con mi afecto y bendición

 

+ Casimiro

Obispo de Segorbe-Castellón

Fiesta de la Sagrada Familia

Iglesia Arciprestal de Villareal – 30 de diciembre de 2006

 

Es Navidad, el Nacimiento del Hijo de Dios por amor al hombre. Dentro del tiempo de la Navidad celebramos hoy la Fiesta de la Sagrada Familia. Y, junto con esta Fiesta, celebramos en toda España la Jornada de la familia y de la vida. Porque fue en el seno de una familia, la Sagrada Familia de Nazaret, donde fue acogido con gozo, nació y creció Jesús, el Hijo de Dios, hecho hombre. Leer más

Navidad – Misa del Día

S.I. Concatedral de Castellón,  25 de diciembre de 2006

 

Un año más, la liturgia nos convoca ante el portal de Belén para adorar y meditar, para bendecir y alabar, para postrarnos en humilde oración ante el misterio del Niño Dios, nacido en Belén. “Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. Esta es la buena noticia de este Día Santo de Navidad. Una noticia antigua, sí, pero no vieja; es la noticia siempre nueva, que resume y expresa la razón más profunda de nuestra alegría navideña. Y ¿por qué este Niño pobre y frágil, que yace en el pesebre, es motivo de alegría? Leer más

Navidad – Misa de Medianoche

S.I. Catedral de Segorbe – 24 de Diciembre de 2006

 

 ‘Hoy nos ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor’, hemos cantado en el Salmo responsorial, evocando el anuncio del ángel a los pastores: “No temáis, os traigo una buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor” (Lc 2,10-11).

Esta es, queridos hermanos y hermanas en el Señor, la Buena Noticia de esta Noche santa; una noticia siempre nueva, una noticia que resume y expresa la razón más profunda de nuestra alegría navideña y que es el motivo de nuestra esperanza: “Hoy nos ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. Con el temor de los pastores ante las palabras del ángel, escuchamos, acogemos y celebramos esta Buena nueva, que será la gran alegría para todo el pueblo. De nuevo revivimos el gozo de este Evangelio y, como los pastores, acudimos a Belén a contemplar el misterio de la Navidad, misterio de salvación: el Hijo de Dios se ha hecho hombre; la Palabra eterna de Dios se hace carne y acampa entre nosotros. Y “contemplamos su gloria, gloria propia de Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad”. Leer más

Navidad: Celebrar el Amor de Dios a los hombres

Queridos diocesanos:

La Navidad reaviva en nosotros deseos de paz y sentimientos de solidaridad. Pero el bullicio de estos días puede llevarnos a perder de vista el sentido central de esta Fiesta. La Navidad se ha convertido en muchos casos en una mera fiesta social, reducida a iluminaciones y a compras, a felicitaciones y regalos, a salas de fiestas, a cenas y comidas. Este ambiente influye también en los cristianos y puede que no vivamos esta Fiesta con verdadero sentido cristiano.

En Navidad celebramos el nacimiento del Hijo de Dios en Belén hace dos mil y dos años. ‘Y el Verbo (la Palabra, el Hijo de Dios) se hizo carne y acampó entre nosotros’ nos recuerda el Evangelista Juan (Jn 1,14). En Belén se muestra la entrañable humanidad de Dios y su infinito amor por el hombre. El Niño, nacido en Belén, es el ‘Emmanuel’, el ‘Dios con nosotros’, el Mesías, el Salvador. En este Niño, Dios y hombre a la vez, Dios se ha unido para siempre con la humanidad.

En El se manifiesta el amor de Dios, que nos ofrece amor, vida y paz. Dios ama tanto al hombre, que no tiene a menos hacerse uno de los nuestros para abrirnos el camino hacia su amor, para ser sus hijos y, en Él, hermanos de todos los hombres. En Belén, Dios nos abre el camino y nos llama al amor fraterno y solidario, comprometido y universal, y a una paz justa y duradera. El amor de Dios a los hombres, manifestado en Belén, es el verdadero motivo de nuestra alegría y de nuestra solidaridad, el fundamento real de una paz justa y duradera y la razón última para nuestra esperanza.

Jesús nace para curar e iluminar, para levantar y liberar, para perdonar y salvar. Su nombre, Jesús, significa  precisamente eso: Dios salva. Dios nos ama y nos ofrece su propia vida; una vida más fuerte que el odio y el egoísmo humano, la destrucción y la muerte.

Acojamos con gratitud al Niño Dios. La Navidad nos invita a abrir el corazón a la vida y al amor de Dios, a acoger y promover la vida humana, a vivir el amor fraterno y el perdón. Navidad llama al compromiso para que todo hombre y mujer sea respetado, para que reine la paz entre los hombres y se extienda la justicia en todas partes.

Os deseo a todos una FELIZ NAVIDAD, llena de alegría, de amor y de paz.

Con mi afecto y bendición, vuestro Obispo.

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Encuentro del CEAM y de asociaciones de mayores de Segorbe

2º Domingo de Adviento

S.I. Catedral de Segorbe, 17.12.2006

 

Amados hermanos y hermanas en el Señor!

Me alegra estar entre vosotros y compartir con todos este día de encuentro y de alegría. Y, como creyentes cristianos, siguiendo la exhortación de San Pablo, lo queremos hacer desde el Señor Jesús, desde la alegría que brota del encuentro con Él en la Eucaristía del Domingo, el día del Señor. ¡Que sea hoy un día de intensa y común alegría espiritual para todos! Leer más

El sentido cristiano de la Navidad

Queridos diocesanos:

Hace unos días leía que las Navidades gustan cada vez menos a uno de cada cuatro españoles. Crece el número de las personas que muestran su desinterés e incluso su desagrado por estas fiestas. Entre otras razones se resalta la agobiante incitación al consumo en estos días, cada año más adelantada a la Navidad. El consumismo de estos días y su reducción a lo externo y, con frecuencia, a un sentimentalismo superficial y pasajero son, sin duda, causas de este desencanto y desinterés. Y también son motivo para la progresiva pérdida del sentido genuino y profundo de la Navidad.

Navidad, no lo olvidemos, es una fiesta cristiana. Esta palabra viene de natividad. El Hijo de Dios nace, se hace hombre por amor a nosotros. La celebración del nacimiento del Hijo de Dios en nuestra carne en la Navidad no pertenece sin más al pasado. No recordamos lo ocurrido en Belén como si se tratara de un mero hecho histórico del pasado. Dios se hace uno de los nuestros para hacernos de los suyos: sus hijos en el Hijo, Jesús. Y Dios sigue haciéndose presente entre nosotros. Dios sale a nuestro encuentro en su Palabra, en los sacramentos, en los hombres y en los acontecimientos. El sentido profundo de la Navidad es la cercanía de Dios, que nos acompaña en el camino existencial de nuestra vida. El nos invita a acogerlo y a seguirlo por el camino del amor y de la paz.

Recuperemos el genuino sentido de la Navidad. Vivamos esta última semana del Adviento, reavivando nuestra fe en la venida de Dios a nosotros en su Hijo, Jesús, y en su presencia entre nosotros. Estemos vigilantes a su paso por nuestras vidas. Necesitamos despertar en nosotros el hambre de Dios y de su amor que salva y libera. De espaldas a Dios no es posible la felicidad que todo hombre y mujer anhela.

No habrá Navidad cristiana si Dios no nace en nuestro interior, en nuestras familias y en nuestra sociedad, si no nos dejamos encontrar y amar por El. No habrá  Navidad si, amados por Dios, no acogemos a los demás seres humanos como hermanos nuestros en Dios. No habrá verdadera Navidad si vivimos de espaldas a Dios y a sus leyes. No habrá Navidad cristiana si no nos amamos de verdad como Cristo nos ama.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López

Obispo de Segorbe-Castellón

Preparando la Navidad

Queridos diocesanos:

El Adviento es un tiempo hermoso para prepararnos a celebrar cristianamente la Navidad. En la Navidad conmemoramos la ‘primera’ venida en la historia del Hijo de Dios en Belén: Él es el Mesías y Salvador. Por otra parte, en Adviento dirigimos nuestra atención hacía la ‘segunda’ venida de Jesucristo al final de los tiempos. Nuestra vida cristiana adquiere sentido a partir de estos dos momentos históricos: la Encarnación de Cristo, que nos salva, y la Parusía, su venida al final de los tiempos, que llevará su obra a total cumplimiento. El cristiano vigila y espera siempre la venida del Señor.

Nos preparamos a la Navidad sabiendo que el Señor y su Salvación están ya presentes en su Iglesia, y con la esperanza confiada de su venida definitiva. Ello ha de despertar en nosotros los cristianos actitudes de fe y vigilancia, de hambre o pobreza espiritual y de misión o presencia en el mundo. Si nos dejamos encontrar personalmente con Cristo, su Salvación llegará a tantas situaciones todavía necesitadas de ella.

Por la fe percibimos y conocemos al Señor, presente en los Sacramentos, en su Palabra, en el testimonio de muchos bautizados, en el prójimo, sobre todo, en el pobre, enfermo y necesitado y en tantos otros acontecimientos de la vida. Reavivar nuestra fe equivale a acoger al Señor presente entre nosotros. La vigilancia es no sólo defensa y lucha ante el mal que nos acecha; es también expectación confiada y gozosa de Dios, que nos ama, nos da vida, nos salva y nos libera de ese mal. En Adviento, El Señor pasa por nuestras vidas.

Adviento es por ello tiempo de conversión. Pero ¿cómo podemos buscar al Señor si no reconocemos que tenemos necesidad de Él? Nadie deseará ser liberado si no se siente oprimido. Pobreza espiritual es aquella actitud de sentirse necesitado de Aquél que es más fuerte que nosotros. Es la disposición para acoger todas y cada una de sus iniciativas.

El hombre de hoy busca ansiosamente la felicidad, la paz, la justicia y el amor. La secularización y el progreso técnico le tientan a vivir cerrado a Dios y buscar la felicidad fuera de Jesucristo. Pero cada vez se siente más lejos de la felicidad anhelada. Es en Jesucristo donde el hombre descubre su verdadera imagen, su verdadero destino y su pertenencia a un mundo nuevo que ha comenzado a edificarse en el presente. Cristo ha venido y viene para todos. Dejémonos encontrar por el Señor que viene.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López

Obispo de Segorbe-Castellón

Encuentro diocesano de ANFE

Castellón, Seminario ‘Mater Dei’,  6 de diciembre de 2006

 

Mi saludo cordial a cuantas participáis en este Encuentro Diocesano de ANFE. Procedéis de distintos lugares de nuestra Iglesia Diocesana, pero estáis todas unidas y hermanadas por el mismo fin e ideal: la Adoración Nocturna a Cristo Sacramentado. Queridas adoradoras. “Cantemos -esta tarde- al Amor de los Amores, cantemos al Señor. Dios está aquí: venid, adoradores, adoremos a Cristo Redentor”. Leer más

La Inmaculada Concepción de Santa María Virgen

Iglesia Arciprestal – Villareal – 3.12.2006

 

Hermanos y Hermanas en el Señor.

Un año más, el Señor nos convoca en esta Iglesia Arciprestal para celebrar a María en su Inmaculada Concepción. Os saludo con mi afecto de Obispo, padre y pastor, a todas, vosotras, hijas de María Inmaculada y os felicito de corazón por el 250 Aniversario de vuestra Congregación; agradezco sinceramente a la Sra. Presidenta y a la Directiva su invitación para compartir con vosotras este día. Leer más