‘Missio canónica’ de los profesores de Religión

Concatedral de Santa María, Castellón, 31 de octubre de 2006

 

Queridos profesores y profesoras de Religión:

Estamos celebrando vuestra ‘missio canónica’. En esta celebración recibiréis el envío y el encargo para enseñar en nombre de la Iglesia la Religión y Moral católicas en los distintos niveles formativos de la escuela pública y privada. Si bien sois nombrados por la Administración educativa, vuestra tarea es un verdadero ministerio eclesial al que sois enviados por la Iglesia; participáis así en el ámbito del anuncio de la Palabra de Dios del ministerio apostólico, cuya plenitud reside en el ministerio episcopal. Como los mismos apóstoles y sus sucesores, los Obispos, también vosotros sois enviados hoy por el mismo Señor a través de mis manos al anuncio de la Buena Nueva a vuestros alumnos. Leer más

Testigos del amor de Dios

Queridos diocesanos:

El día primero de noviembre celebramos la fiesta de Todos los Santos y el día dos recordamos a Todos los Difuntos. La visita a los cementerios para recordar con cariño y en la oración a nuestros familiares difuntos ya el día uno puede que deje en un segundo plano, si no en el olvido, a todos los Santos.

En la Fiesta de Todos los Santos, la Iglesia celebra a todos los santos del santoral y a los santos anónimos. Son los innumerables testigos fieles del amor de Dios y a Dios, los seguidores de las Bienaventuranzas, los que han sabido hacerse pobres en el espíritu, los sufridos, los pacíficos, los defensores de la justicia, los perseguidos, los misericordiosos, los limpios de corazón. Los santos son esa multitud innumerable de hombres y mujeres, de toda raza, edad y condición, que, acogiendo el amor que Dios nos tiene a cada uno, le amaron con todo su corazón y se desvivieron por los demás, vencieron el egoísmo y perdonaron siempre. Santos son así los que han hecho de su vida una epifanía del amor de Dios y de los valores trascendentes.

Más de uno pensará que aspirar a la santidad es algo del pasado, algo para unos pocos o algo imposible. Pero no: se trata de algo tan elemental y propio de todo cristiano como acoger la nueva Vida recibida en el Bautismo, tener conciencia de ser hijo de Dios y vivirlo día a día; es algo que se va acrecentando con la ayuda de la gracia a través de la purificación interior hasta alcanzar la meta plena de nuestra conformación con Dios. La santidad, a la que todo bautizado esta llamado e invitado, es vivir en comunión con Dios y con los demás, es vivir las Bienaventuranzas: la pobreza, la mansedumbre, la justicia, la pureza, la paz y la misericordia.

Cada bautizado esta llamado a seguir a Cristo por el camino que Dios le indica si quiere alcanzar la felicidad plena y eterna; cada cual desde su propia condición y sus circunstancias de vida, en los días felices y en la tribulación, en la soledad, en la familia, en el trabajo, en el ocio, en la buena y en la mala salud. Se trata de buscar lo bueno siempre y de defender la bendición en medio de tantas maldiciones. Se trata de una aventura que vale la pena correr. La transformación del mundo la han hecho fundamentalmente los santos con su testimonio de vida que vence el egoísmo y crea la nueva fraternidad.

Con mi afecto y bendición

 

+ Casimiro López

Obispo de Segorbe-Castellón

La transmisión de la fe en la familia

Queridos diocesanos

La transmisión de la fe cristiana a las nuevas generaciones es una tarea urgente. Junto a las parroquias, las familias cristianas ocupan un lugar preferente en esta tarea. Los padres cristianos son los primeros evangelizadores de sus hijos. Sé que no es fácil cumplir con esta misión en un contexto social cada vez más secularizado, paganizado y laicista. Algunos padres se desazonan ante el alejamiento de la vida de fe de sus hijos, a pesar de su esfuerzo y su buen ejemplo. Otros, por el contrario, se desentienden de la educación cristiana de sus hijos y no les ofrecen su ayuda, para que, en libertad, accedan a la fe movidos por la gracia de Dios; olvidan así su compromiso ante Dios, ante la Iglesia y ante sus hijos el día que los presentaron para ser bautizados.

La familia cristiana tiene, hoy más que nunca, la misión nobilísima de transmitir la fe a sus hijos. Transmitir la fe a los hijos es ayudarles a creer, a encontrarse personalmente con Dios en Jesucristo, muerto y resucitado, y a insertarse en la comunidad eclesial. No se agota, pues, en la propuesta de verdades y normas morales: es, ante todo, la invitación a una amistad personal con Jesucristo para acogerle como el Salvador, que salva y libera, y como la Luz, que ilumina la oscuridad de los corazones y da sentido a su existencia.

La mejor forma de prestar esta ayuda es que los padres vivan con fidelidad y autenticidad su condición de cristianos, como esposos y como padres. El testimonio de vida coherente con la fe es el mejor medio en la transmisión de la fe. Al testimonio de vida, se ha de unir la escucha de la Palabra de Dios y la oración en familia, la enseñanza a los hijos de las primeras oraciones y el compromiso de los padres en las catequesis parroquiales de sus hijos. La misma Eucaristía dominical en familia debería ser algo habitual para toda familia cristiana, haciendo de ella el centro del Domingo. Os invito a participar en familia en la Eucaristía dominical. Hablad a vuestros hijos de Dios. Ayudadles a encontrarse personalmente con Jesucristo. Nada es tan importante para su vida. Así se va construyendo un universo moral enraizado en la voluntad de Dios, en el cual el hijo crece en los valores humanos y cristianos que dan pleno sentido a la vida.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López

Obispo de Segorbe-Castellón

La caridad, alma de la misión

Queridos diocesanos:

El domingo, 22 de octubre, celebramos el Domund bajo el lema ‘La caridad, alma de la misión’. Esta Jornada nos recuerda algo que es connatural a la Iglesia entera y a todo bautizado: su ser misionero. La comunidad de los creyentes ha sido convocada por Jesús para ser enviada. Su misión consiste en anunciar a todos los hombres de todos los tiempos la Buena  Nueva del amor de Dios hacia los hombres, que Jesucristo ha revelado mediante sus palabras y obras, mediante su vida, muerte y resurreción.

“Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes” (Mt 28, 19). Este mandato de Jesús sigue siendo válido y es hoy más urgente, si cabe, que en otros tiempos. Y no sólo en los llamados ‘países de misión’; también nuestra tierra se ha convertido en país misión: crece el número de quienes desconocen a Jesucristo y para muchos bautizados Jesucristo y su Evangelio poco o nada significan en su vida.

Jesús nos llama de nuevo a todos, comunidades y fieles cristianos de nuestra Iglesia de Segorbe-Castellón, a reavivar nuestra conciencia y compromiso misioneros. Es hora de volver a hablar de Dios y del Amor de Dios, es hora de anunciar a Jesucristo y su Evangelio sin complejos, sin miedos y sin vergüenzas. Requisito básico para acoger la invitación del Señor es que exprerimentemos personalmente el Amor de Dios, que las comunidades vivan y transmitan el misterio del amor misericordioso de Dios y que sean signos de El para los hombres y mujeres de hoy. Es necesario también que los cristianos nos encontremos personalmente con el Señor Jesús, acojamos en Él el Amor de Dios, nos convirtamos, aprendamos a amarle, vivamos la fe y vida cristianas. Este es el humus en que surgen las vocaciones a la misión. Quien acoge y experimenta el Amor de Dios, se convierte en testigo de este amor amando a los demás, en especial a los más pobres.

Este ha sido el caso de tantos hijos e hijas de esta Iglesia, que han desgastado sus vidas en favor de la salvación integral de los más necesitados. Este fue el caso también de San Francisco Javier, el Patrono de las Misiones. El amor es la fuerza y único criterio de la misión. Ser misioneros significa amar a Dios con todo lo que uno es, hasta dar incluso, si es necesario, la vida por Él.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente,

Obispo de Segorbe-Castellón

Fiesta de la Virgen del Pilar

Castellón, 12 de octubre de 2006

 

Estimados Sr. Subdelegado del Gobierno y Sr. Teniente Coronel Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil. Estimadas autoridades civiles y militares. Saludo con afecto a todos los miembros del Cuerpo de la Guardia Civil y a sus familias en el día de la Virgen del Pilar; ell es desde 1913, por propio deseo del Cuerpo, patrona, protectora y guía de la Guardia Civil. Hoy nos unimos a vosotros en esta Eucaristía de acción de gracias y, a la vez, de petición para que la Virgen os guíe y proteja en vuestra tarea al servicio de la sociedad y del bien común de España, nuestra patria común. Leer más

Nuestra Señora la Virgen del Rosario (II)

Villareal, Iglesia Arciprestal, 8 de octubre de 2006

 

El Señor nos ha convocado en torno a la mesa de su Palabra y de su Eucaristía, para honrar y venerar de nuevo a la Virgen del Rosario, vuestra patrona, queridas hijas de Maria del Rosario. Este Domingo os toca a vosotras las Hijas de Maria casadas. Os saludo de corazón a todas y os agradezco vuestra invitación a presidir esta Eucaristía. Saludo a todos cuantos habéis acudido a esta Iglesia arciprestal en esta mañana de Domingo para mostrar vuestro cariño a la Madre, la Virgen del Rosario: saludo también a los párrocos de la Arciprestral y a los sacerdotes concelebrantes, a la comunidad parroquial que nos acoge, a los niños y niñas de primera Comunión, y a toda la Ciudad de Villareal. Un saludo muy cordial envío a todos los que estáis unidos a nuestra celebración a través de la TV o de la radio, en especial a los enfermos. Leer más

La iniciación en la fe cristiana

Queridos diocesanos

La iniciación en la fe y en la vida cristiana de niños y adolescentes es uno de los acentos de nuestra tarea pastoral en este curso. Nos son conocidas las dificultades a la hora de ayudar a nuestros niños y adolescentes ya bautizados para que sean verdaderos creyentes. Si nunca ha sido fácil la transmisión de la fe, hoy se da una especial dificultad en un contexto social, cultural y familiar cada día más cerrado a Dios. Vivimos en un clima de indiferencia hacia lo religioso y, en particular, hacia el cristianismo. A esto hay que añadir otros fac­tores como ciertas visiones religiosas inadecuadas o imágenes deformadas de Dios, la falta de coherencia entre fe y vida de los creyentes o los problemas relativos al lenguaje religioso y eclesial.

De otro lado, los catequistas de infancia y adolescencia conocen bien la dificultad que encuentran su trabajo. La Iglesia ofrece un proceso de preparación para recibir un sacramento, porque éste supone, expresa y acrecienta la fe; muchos de los catequizandos y de los padres, por el contrario, buscan principalmente, cuando no de modo exclusivo, recibir el rito sacramental de la primera comunión o de la confirmación. El proceso de catequesis es en muchos casos discontinuo e incompleto lo que no puede asegurar una maduración progresiva en la fe y vida cristiana.

Sin embargo, hoy como ayer permanece vivo el mandato de Jesús de anunciar el Evangelio que suscite la fe y lleve a la Salvación. Todo bautizado –niño o adulto- está llamado a acoger personalmente en la fe y madurar la nueva Vida recibida de Dios en el bautismo. El verdadero creyente sabe bien que la fe es un don, una gracia de Dios; y, a la vez, es consciente que otros -en la Iglesia, en la familia y en la escuela- le han ayu­dado por diversos medios a acoger el don de la fe y a crecer en ella. La fe ha llega­do a ser reconocida y acogida y ha madurado desde la libertad personal, muchas veces con esfuerzo y dificultad, con la ayuda de los demás. Con la ayuda de otros creyentes y desde lo más íntimo de su ser, el creyente acoge a quien le llama a un encuentro personal con Él: el mismo Dios que se le ha manifestado en Cristo y que llega a través de su Iglesia.

Iniciar y educar en la fe consiste fundamentalmente en ofrecer a otros nuestra ayuda, nuestra experiencia como creyentes y como miembros de la Iglesia, para que ellos, por sí mismos y desde su propia libertad, accedan a la fe movidos por la gracia de Dios. Básica­mente se trata de ayudar a otros a creer, a encontrarse personalmente con Dios en Cristo a través de la comunidad de los creyentes, a caminar en la conversión permanente al Dios revelado en Cristo y a su Evangelio, proclamado, celebrado y vivido en su Iglesia, para ser sus testigos en el mundo.

En el momento presente es urgente unir y conjugar familia, parroquia, colegios de la Iglesia y clase de religión en el proceso de educación de la fe. Conscientes de la dificultad de esta tarea sabemos que no nos encontramos solos, abandonados a nuestras propias fuerzas y apoyados únicamente en nuestra capaci­dad. Antes y por encima de todo, actúa la gracia de Dios, que ofrece a todos el don de la fe. Dios sale a nuestro encuentro en Cristo Jesús, que nos manifiesta el verdadero rostro de Dios y que nos llega a través de la comunidad de los creyentes de la Iglesia. Por ello quien cree en Dios le acoge, confía en El y se confía a El, comparte y alimenta su fe en la comunidad de la Iglesia, se compromete, sirve y ama, y adora. Es decir, reconoce a Dios como el máximo bien, el origen, centro y meta de su vida.

Con mi afecto,

 

+ Casimiro

Obispo de Segorbe-Castellón

Inicio de un nuevo Curso Pastoral

Queridos diocesanos

Con ocasión de esta mi primera carta quiero agradecer antes de nada la acogida cercana, cordial y esperanzada que me habéis dispensado como Obispo, Padre y Pastor de esta Iglesia diocesana de Segorbe-Castellón.

En mi carta semanal, cita obligada a partir de ahora, deseo ir abordando los acontecimientos que jalonan la vida eclesial y las cuestiones eclesiales y sociales de actualidad para iluminarlos desde la fe en comunión con la tradición viva de la Iglesia del Señor. Deseo prestar así un servicio humilde al discernimiento evangélico, a la formación de los cristianos, al caminar de las comunidades y al diálogo de nuestra Iglesia con la cultura y con la sociedad actual.

He querido que mi primera carta coincidiera con el comienzo de un nuevo curso pastoral. Como en tantos otros ámbitos sociales, también en la Iglesia diocesana retomamos las actividades ordinarias después de la pausa y del descanso del verano en las comunidades parroquiales y los grupos eclesiales, en los arciprestazgos, las vicarías, las delegaciones y los secretariados. También en la Iglesia nos proponemos algunos objetivos. En mi encuentro con los sacerdotes por Arciprestazgos en el mes de septiembre, he manifestado la necesidad de poner algunos acentos en el trabajo pastoral de este curso. El objetivo es lograr que nuestra Iglesia diocesana sea más viva y evangelizadora. Sin olvidar que el anuncio del Evangelio de Jesucristo ha de dirigirse a todos, hemos de mirar antes de nada hacia el interior de nuestra Iglesia, de nosotros mismos y de nuestras familias y comunidades. Es necesario que nos dejemos evangelizar, convertir y purificar. Para ello queremos cuidar especialmente algunos puntos básicos como son la iniciación cristiana de los niños y adolescentes y la maduración en la fe y vida cristiana de jóvenes y adultos; la evangelización de las familias cristianas para que sean en verdad cristianas y ámbitos donde se viva y transmita la fe; la promoción de las vocaciones al sacerdocio ordenado, para que no nos falten servidores del resto de los fieles y de las comunidades cristianas; y la celebración cristiana del domingo en torno a la Eucaristía, centro de la vida de la Iglesia y de todo cristiano. Volveré sobre estas cuestiones más adelante.

Tomar conciencia del plan de Dios para cada uno de nosotros y dejarse guiar por la acción de su Espíritu es básico parar vivir con fidelidad nuestra condición cristiana y eclesial en este momento. Desde ahí podremos acometer con entrega generosa la urgente tarea de evangelizar a los hombres y mujeres de hoy, a la sociedad y la cultura. No olvidemos que sin la fuerza que nos viene de Dios nada podemos hacer en la Iglesia. Este curso es un nuevo tiempo de gracia que Dios nos otorga para crecer en la vida de fe personal y en la misión de nuestras comunidades, movimientos y grupos. Puede que los miedos o la comodidad, la tibieza o la rutina, la indiferencia o el alejamiento hayan hecho mella en nosotros y nos atenacen en nuestra vida o en nuestra tarea. Dios nos ofrece la ocasión de retomar nuestra vida cristiana y nuestra tarea pastoral con ánimo y con esperanza. Como creyentes sabemos que no estamos, caminamos o trabajamos solos. El Señor Jesús es nuestro compañero de camino; su Espíritu nos alienta y nos fortalece ante la dificultad.

Con mi afecto, vuestro Obispo

 

+ Casimiro

Obispo de Segorbe-Castellón

Nuestra Señor la Virgen del Rosario (I)

Iglesia Arciprestal de Villareal – 1 de octubre de 2006

 

Con gozo he acogido la invitación de la Hijas de la Virgen del Rosario en su sección de no casadas para celebrar la Eucaristía con todos vosotros en este primer Domingo de Octubre, dedicado a la Virgen del Rosario. Gracias por vuestra invitación. Os saludo de corazón a todas vosotras y a cuantos prontos a la llamada de la Madre, habéis acudido a esta celebración. Y María, la Madre, como siempre, dirige nuestra mirada a su Hijo y nos congrega en torno a Él, que sale a nuestro encuentro en esta Eucaristía, como Palabra y Pan de Vida. El se hace presente en su Palabra y en su Eucaristía. A la vez que actualizamos el misterio pascual del Señor, su muerte y resurrección, honramos y veneramos a la madre de Dios y Madre nuestra, la Virgen María, la Virgen del Rosario. Leer más