III Centenario del nacimiento del Obispo Climent

Castellón, S. I. Concatedral, 26 de noviembre de 2006

 

Hoy, día de la Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, el Señor nos ha convocado para la acción de gracias y la oración por el Bisbe Climent en el III Centenario de su nacimiento, el 21 de marzo de 1706. Fue en esta Iglesia de Santa María donde Climent, al día siguiente de su nacimiento, renació a la vida de los Hijos de Dios por el Bautismo y donde también reposan sus restos a la espera de la resurrección de los muertos en el último día. Leer más

La familia cristiana, cuna de vocaciones

Queridos diocesanos:

Entre los acentos que hemos de poner en la vida y la acción de nuestra Iglesia diocesana está la promoción de las vocaciones al sacerdocio ordenado. En ésta una ocupación permanente de la acción pastoral de la Iglesia, que urge intensificar en la actualidad. Sin sacerdotes no habrá servidores del resto de las vocaciones y de las comunidades cristianas.

En el momento actual, nuestra Iglesia sufre un fuerte invierno de vocaciones. Son escasas las llamadas al sacerdocio ordenado y a la vida consagrada, como también a la vida laical. Son, en efecto, pocos los seglares que viven su ser cristiano como una vocación, que abarca toda su existencia familiar, laboral, política, cultural o social.

El contexto cultural actual no es favorable a plantear la vocación; se propugna un modelo de ‘hombre sin vocación’. El futuro de niños, adolescentes y jóvenes se reduce, en la mayoría de los casos, a la elección de una profesión, a conseguir una buena situación económica o a la satisfacción sentimental-afectiva, sin ninguna apertura al misterio de la propia vida, a Dios, o al propio bautismo. En esta situación no es fácil hablar de vocación y, menos aún, de vocaciones al sacerdocio ordenado.

Sin embargo, todos tenemos una vocación. Dios llama a cada uno a la vida, una llamada que contiene un proyecto concreto de Dios. La nueva vida recibida en el bautismo implica también una llamada de Dios para cada uno en la Iglesia y en el mundo. La vocación es el pensamiento providente de Dios sobre cada uno; es su idea-proyecto, como un sueño del corazón de Dios, porque nos ama vivamente. La vocación es la propuesta de Dios a realizarse según esta imagen; y es única, singular e irrepetible. Ahí encuentra cada uno su nombre y su identidad, que asegura su libertad, su originalidad y su felicidad.

Es tarea de los padres, los primeros educadores, ayudar a sus hijos a descubrir, acoger y corresponder con libertad el don de su propia vocación. La familia cristiana, si es respetuosa con el don Dios y con el bien de los hijos, será la cuna primordial, donde los hijos descubran su proyecto de vida, único e irrepetible, según el plan de Dios. Este es el mejor servicio que pueden prestar a sus hijos, a su desarrollo, a su propia identidad, a su libertad y a su felicidad.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López

Obispo de Segorbe-Castellón

Carta al Pueblo de Dios en el Día de la Iglesia Diocesana

Castellón, noviembre de 2006

 

Amar a nuestra Iglesia Diocesana

 

Queridos diocesanos:

El Día de la Iglesia diocesana, que este año celebramos el domingo 19 de noviembre, nos invita a los católicos a avivar nuestro amor a nuestra Diócesis de Segorbe-Castellón. La Iglesia diocesana no es algo ajeno a nosotros, sino que es nuestra Iglesia, nuestra gran familia; de ella formamos parte todos los católicos que vivimos en el territorio diocesano. Nuestra Diócesis no es un territorio, una burocracia o un ente lejano; es la comunidad de los creyentes católicos, presididos por el Obispo, quien, como sucesor de los Apóstoles y en comunión con el Papa y el resto de los Obispos, hace las veces de Jesús, el Buen Pastor, Cabeza invisible de su Iglesia. En ella se hace presente y actúa la única Iglesia de Cristo.

Nuestra Iglesia diocesana es un don del amor de Dios. Fundada en Cristo y  alentada por la fuerza del Espíritu Santo es el lugar de la presencia del Señor y de su obra salvadora entre nosotros. Nuestra Iglesia es don de Dios y, a la vez, tarea de cuantos la formamos. El mismo Señor nos ha encomendado la hermosa misión de anunciar el Evangelio, de celebrar los sacramentos, de vivir el amor para que su obra de Salvación llegue a todos. Hemos de saber acoger a nuestra Iglesia con la gratitud de quien se sabe agraciado por Dios; y hemos de aprender también a amarla de corazón como amamos a nuestra propia madre, a nuestra propia familia, pese a sus arrugas, fruto de nuestras deficiencias y pecados.

Con frecuencia los católicos acudimos a la Iglesia sólo cuando la necesitamos; cubierta la necesidad la olvidamos y vivimos al margen de ella, de su vida y de su misión y de sus necesidades de personas y de medios materiales para llevar a cabo su misión. No agradecemos -o no lo hacemos como se merece- tantos bienes como de ella hemos recibido. De nuestra Iglesia y a través de ella hemos recibido, entre otras muchas cosas, la fe en Jesucristo y su Palabra de Vida, la Eucaristía y los demás sacramentos, la educación en la fe y de la conciencia moral, los valores evangélicos para construir un mundo más humano, justo, fraterno y solidario, la capacidad de amar a los demás, el perdón de los pecados, la continua renovación de nuestras personas, la ayuda en la necesidad espiritual y material, el compromiso con nuestra tierra y la esperanza de la vida eterna. No podemos olvidar el patrimonio artístico y cultural, ni su aportación a nuestra historia e identidad con evidentes raíces cristianas.

A los católicos nos urge recuperar e intensificar el amor a nuestra Iglesia, valorando y agradeciendo los bienes recibidos de ella. Es preciso que tengamos claro que somos parte de ella y que la necesitamos para vivir nuestra condición de cristianos. Ante las dificultades ambientales y políticas del momento presente no podemos vivir avergonzados o acomplejados por ser católicos. Sabemos bien de quien nos hemos fiado: El Señor Jesús Resucitado.

Nuestro amor por nuestra Iglesia se ha de manifestar en nuestro compromiso permanente y generoso. Esto comienza por vivir cada vez con mayor fidelidad y autenticidad nuestra fe y vida cristianas, unidos a la Iglesia diocesana y a nuestra propia comunidad parroquial. Nuestro amor a la Iglesia diocesana quedará en meras palabras vacías si no participamos en su vida y en sus proyectos, si no hacemos propias sus preocupaciones y si no compartimos los bienes y los recursos.

Son muchas las actividades que nuestra Iglesia diocesana lleva a cabo para cumplir la misión que el Señor le ha encomendado. Ahí están las obras de caridad y de apostolado, las ayudas asistenciales a personas marginadas socialmente, la construcción de nuevos templos y de casas abadías y reparación de los deteriorados, la digna sustentación de los sacerdotes y la remuneración del personal seglar. Los medios económicos de que disponemos para cubrir estas necesidades son claramente insuficientes. Para su financiación, nuestra Iglesia diocesana necesita especialmente de la colaboración generosa de los católicos. Siempre ha sido así y ahora lo es en mayor grado al suprimirse el complemento estatal a la asignación tributaria y dada la precaria situación económica de nuestra Diócesis. Tomemos, pues, conciencia de nuestro deber de colaborar económicamente y con generosidad con nuestra Iglesia diocesana. Se puede hacer de diversos modos, como son, entre otros, la aportación en la colecta, las donaciones, las cuotas o la crucecita en la declaración de la renta.

Hoy os pido a todos una generosa aportación en la colecta de este día. Por favor, hagamos todos un pequeño esfuerzo. Es nuestra Iglesia, nuestra gran familia, y necesita de todos. Este año espero de vosotros una aportación mayor que en años anteriores. Amemos a nuestra Iglesia diocesana y comprometámonos con ella. Comencemos siendo generosos en la colecta de este día. Gracias por vuestra aportación en nombre de todos los que formamos la Iglesia diocesana de Segorbe-Castellón.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

¡Colabora con tu Iglesia Diocesana!

Queridos diocesanos

Año tras año, el Día de la Iglesia diocesana pretende que todos cuantos formamos la Diócesis de Segorbe-Castellón tomemos conciencia de que es nuestra Iglesia para amarla más y para avivar nuestro compromiso activo en su vida y su misión. La Iglesia diocesana es el ámbito necesario donde cada cristiano católico y cada comunidad ha de vivir su fe y su corresponsabilidad en la vida y misión de la Iglesia. Es cierto que sentimos más cercanas la comunidad parroquial y otras comunidades o grupos, en los que día a día vivimos la fe y la misión. Pero no podemos olvidar que todas ellas son células o miembros de un cuerpo mayor, que es la Diócesis. Por esta razón no pueden entenderse aisladas de la Diócesis ni pueden vivir separadas o al margen de ella, sino integradas en la comunión de fe, en la acción pastoral y en la intercomunicación de bienes

Nuestro amor a la Iglesia diocesana quedará en meras palabras vacías si de verdad no somos miembros vivos de ella, si no participamos en sus proyectos, si no hacemos propias sus preocupaciones y si no compartimos los bienes y los recursos.

Son muchas las actividades que la Iglesia diocesana lleva a cabo para cumplir la misión que el Señor le ha encomendado; pero los medios económicos de que disponemos son insuficientes. Para su financiación, nuestra Iglesia diocesana necesita, especialmente, de la colaboración generosa de los católicos. Siempre ha sido así y ahora lo es en mayor grado al suprimirse el complemento estatal a la asignación tributaria y dada la precaria situación económica de nuestra Diócesis. Tomemos, pues, conciencia de nuestro deber de colaborar económicamente y con generosidad con nuestra Iglesia diocesana. Se puede hacer de diversos modos: aportación en la colecta, donaciones, cuotas o la cruz en la declaración de la renta, entre otros.

Hoy os pido a todos una generosa aportación en la colecta de este día. Por favor, haced un esfuerzo. Es nuestra Iglesia y necesita de todos para poder atender sus diferentes actividades, como son las obras de caridad y de apostolado, las ayudas asistenciales a personas marginadas socialmente, la construcción de nuevos templos y casas abadías y la reparación de los deteriorados, la digna sustentación de los sacerdotes y la remuneración del personal seglar. Espero de vosotros una aportación mayor que en años anteriores. Gracias.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

¡Ama a tu Iglesia Diocesana!

Queridos diocesanos:

Cercano ya el Día de la Iglesia Diocesana, el próximo domingo 19 de noviembre, me detengo hoy en nuestra Iglesia diocesana de Segorbe-Castellón. Una y otra vez constato que también entre muchos católicos existe una imagen falsa, distorsionada o parcial de ella. Son muchos los que piensan que la Diócesis es un conjunto de organismos o de servicios, o un territorio concreto o un ente lejano, llamado Obispado. No sorprende que en estos casos la relación con la Diócesis sea nula, distante, indiferente o fría.

Pero nada más ajeno a la realidad. Nuestra Iglesia diocesana es una comunidad de fieles, formada por todos los cristianos católicos que vivimos en el territorio diocesano: Obispo, sacerdotes, religiosos y religiosas y fieles laicos. La Diócesis es nuestra gran familia; como tal la debemos sentir y amar, también con sus arrugas causadas por los pecados y deficiencias de cuantos la formamos. Al igual que ocurre en una familia humana, ningún cristiano católico puede considerarse extraño en la gran familia de la Iglesia diocesana, ni situarse al margen o en contra de ella. Lo que le ocurre a nuestra Iglesia diocesana y lo que sucede en ella nos afecta a todos y no nos puede ser indiferente. Cuando alguien siente su familia como propia se implica, se siente en casa, valora lo que de ella recibe, la quiere y se acerca a ella una y otra vez y no sólo cuando la necesita; sabe que su buena marcha también depende también de él.

En la Iglesia diocesana todos -y no sólo el Obispo o los sacerdotes- somos responsables; es algo que nace de nuestro Bautismo. Todos los que formamos parte de esta comunidad, hemos de sentirnos responsables y colaborar en su vida y en su misión, cada uno según la vocación y el ministerio que ha recibido: en el conocimiento y anuncio de la Palabra de Dios, en la celebración de la Liturgia y en el compromiso real para que el amor de Dios llegue a todos.

Nuestra Iglesia diocesana es y debe ser el signo y la presencia del amor de Dios Padre manifestado definitivamente en su Hijo y alentada por el Espíritu Santo. Y al igual que el amor de Dios Padre y la obra salvadora de su Hijo, Jesús, están ordenados a todos, la Iglesia no excluye ni puede excluir a nadie. Siempre podemos contar con nuestra familia, la Iglesia, como también debe poder contar con nosotros.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López

Obispo de Segorbe-Castellón.

Traslado de los restos de los mártires de Albocàsser

31 Domingo del Tiempo Ordinario

(Deut 6,2-6; Sal 17; Hb 7,23-28; Mc 12,28b-34)

Iglesia Parroquial de Albocasser, 5 de noviembre de 2006

 

Estamos convocados por el Señor en torno a la mesa de su Palabra y de su Eucaristía para renovar el misterio pascual: la pasión, muerte y resurrección del Señor. Alabamos y damos gracias a Dios por el misterio redentor de su Hijo, la expresión suprema de su amor misericordioso, fuente de vida y de salvación para el mundo. Al trasladar hoy los restos de los mártires de Albocasser a esta Iglesia parroquial queremos ponerlos cerca del ara del altar de Cristo, a cuyo sacrificio ellos se unieron por su sangre derramada. Hoy recordamos el paso hace setenta años a la Casa del Padre de Mosén Vicent Melià Martí (Mosén Vicent de Xamussa), del Beato P. capuchino Modesto de Albocasser, y su hermano Mosén Miquel García Martí, el 13 de Agosto de 1936; de Mosén Miquel Ortí Ferrando, el 19 de Agosto; de Mosén Víctor Julián Ferrer, el 20 de Agosto; Mosén Angel Sales Fabregat y su hermana Pura Sales Fabregat, el 27 de Agosto; del fraile capuchino ya beato, P. Joaquín de Albocàsser, el 30 de Agosto; y de Mosén Antonio Pitarch Sanjuán en la noche del 2 al 3 de Octubre de 1936. Leer más

Evangelizar las familias cristianas

Queridos diocesanos:

La familia cristiana tiene, hoy más que nunca, la misión nobilísima de transmitir la fe a sus hijos. Para ello es necesario que los padres vivan con fidelidad y autenticidad su condición de esposos y padres cristianos, pues nadie da lo que no tiene.

Es verdad que hay muchas familias, que mantienen viva su identidad cristiana; hay sensibilidad religiosa en casa y se preocupan por la educación de la fe de sus hijos. Pero nos encontramos con familias en las que uno de los cónyuges tiene sensibilidad religiosa y el otro no; son hogares donde se va perdiendo la atmósfera cristiana. Hay otras familias en las que los dos cónyuges se han alejado de la práctica religiosa y viven instalados en la indiferencia; lo religioso está como “excluido” del hogar. En los dos últimos casos, su condición cristiana aparece poco más que en algunos momentos significativos como el bautizo del hijo (no tanto el Bautismo), la primera comunión (no tanto la Eucaristía), o para pedir la catequesis o la clase de religión; muchas veces son los abuelos quienes asumen esas tareas. Por último, hay también algunas familias cristianas, que lamentablemente rechazan totalmente lo religioso y evitan que los hijos adquieran una iniciación cristiana.

Ante este panorama, las comunidades parroquiales, los sacerdotes, los agentes de pastoral familiar y las mismas familias cristianas estamos llamados a anunciar el Evangelio del matrimonio, del amor y de la vida; hemos de ayudar a los novios que se preparan para celebrar el sacramento del matrimonio o a los esposos que ya lo han contraído a descubrir su vocación cristiana al matrimonio: en su enamoramiento, Dios mismo les conduce y llama al matrimonio para ser signo eficaz del amor de Dios en su amor esponsal y familiar. Las familias cristianas necesitan ser acompañadas para que vivan en verdad lo que son: una “iglesia doméstica”, un ámbito donde se vive el amor y se transmite la fe.

La vocación cristiana al matrimonio y a la familia tiene un horizonte precioso que merece la pena proponer, alentar y cuidar. El crecimiento de la identidad cristiana de las familias que se fundan en el Señor será un fermento imprescindible en la Iglesia, una ayuda inestimable para la sociedad y una respuesta a una de las cuestiones claves de nuestro tiempo en la sociedad y en la Iglesia: la educación de los hijos, su iniciación cristiana y la transmisión de la fe.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Solemnidad de Todos los Santos

Cementerio de Castellón, 1 de noviembre de 2006

 

La solemnidad de Todos los Santos, en el día de hoy, y la conmemoración de Todos los Fieles difuntos mañana suscitan cada año en nosotros, cristianos católicos, un clima generalizado de oración. Envueltos en esta atmósfera espiritual, nos hallamos en torno al altar del Señor para ofrecer nuestra gozosa acción de gracias a Dios por los santos y, a la vez, para orar por nuestros familiares y amigos que ya han concluido su peregrinaje terrenal. Leer más