Año Mariano del Lledó

Queridos diocesanos:

El próximo día uno de mayo comenzamos el Año Mariano de Lledó con la Misa Estacional en la Basílica y el traslado de la Virgen a la Con-catedral de Santa María. La gran diversidad de actos religiosos y culturales programados para estos días no puede llevarnos a olvidar el objetivo fundamental de este Año Mariano. Esto se puede aplicar a nuestra devoción mariana en general. Los actos culturales no pueden encubrir o empañar, y menos aún, llevarnos a olvidar lo fundamental; éstos actos están bien, pero como complemento o derivación de la devoción mariana, y nunca como supletorios de una auténtica devoción a la Virgen, en este caso a la Mare de Déu del Lledó.

El Año Mariano nos debe ayudar a despertar o profundizar la devoción a la Virgen, la Mare de Déu del Lledó. Y nuestro amor a la Virgen ha de llevarnos al encuentro con su Hijo, Jesucristo, el Hijo de Dios, a quienes hemos de acoger, conocer, amar y seguir para así seguir anunciando su Evangelio en nuestros días. Por ello es necesario preparar bien la celebración del Año Mariano y la participación en los actos religiosos mediante catequesis en las parroquias sobre la Santísima Virgen y sobre la auténtica devoción del Lledó así como mediante la celebración del Sacramento de la Penitencia.

La Virgen siempre quiere dirigir nuestra mirada y nuestros pasos hacia su Hijo, el Hijo de Dios, el Salvador, la Buena Noticia de Dios para toda la humanidad. Celebramos a María, porque ella es la Madre del Dios, que nos da a su Hijo, fuera del cual no existe Salvación. Ahí está la razón de esta fiesta; este es el verdadero motivo de nuestra alegría, de nuestra devoción y de nuestro amor a la Virgen. En este Año hemos de dejarnos llevar por la Virgen al encuentro con su Hijo, Jesucristo, para convertirnos a Él, para avivar nuestra fe y vida cristianas, y para renovar nuestro compromiso en la transmisión de la fe y la transformación de la sociedad según el plan de Dios.

Esto debe ser lo que nos mueva en este Año Mariano y siempre que celebremos a la Virgen. A ella hemos de acudir en todos los momentos de nuestra vida, y, en especial, en los momentos de debilidad o de dificultad, de dolor o de aflicción, pero también en los momentos de alegría o de alivio. Como una buena madre, María nos llevará a su Hijo. Estamos en el ‘destierro de la vida’, estamos peregrinando hacia la plenitud. María nos acompaña siempre. Toda la vida cristiana es como una gran peregrinación hacía la casa del Padre, del cual se descubre cada día su amor incondicionado por toda criatura humana.

La Virgen nos susurra las palabras de su Hijo Jesucristo para que seamos fieles en su seguimiento y en la misión de anunciar el Evangelio, sobre todo en estos momentos difíciles para perseverar como cristianos. Ella nos pide que vivamos unidos en la comunión con Dios y con la Iglesia. María es la primera cristiana, que nos enseña a vivir fieles a nuestra fe en el seno de la Iglesia. Ella es modelo para todos los fieles, y lo es porque nos mueve a imitarla en las actitudes fundamentales de la vida cristiana: en la fe, en la esperanza, en la caridad y en la obediencia a Dios. ¡Que María nos enseñe a vivir como verdaderos discípulos de su Hijo en el seno de la comunión de la Iglesia al servicio de la misión para que Cristo, su Hijo, llegue a todos!

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Un nuevo catecismo para la Iniciación cristiana

Queridos diocesanos:

Hace unos días era presentando el nuevo catecismo para la iniciación cristiana de la Conferencia Episcopal Española. En nuestra Diócesis ya lo conocieron los sacerdotes en las Jornadas de formación permanente y los catequistas en el Día del catequista, tan hermoso y gratificante de hace dos semanas.

El nuevo catecismo lleva por título ‘Jesús es el Señor’. Estas palabras son una confesión explícita de la fe la Iglesia, que nos recuerdan la confesión pascual de los Apóstoles al encontrarse con Jesús Resucitado. Esta es también su finalidad: ayudar a los niños a descubrir a Jesús, a encontrarse personalmente con Él, a confesarle como el Señor para conocerle, amarle y seguirle. Este encuentro y esta confesión personal es el núcleo necesario de toda catequesis; pero teniendo ambos que ser personales no son subjetivos; para crecer y mantenerse en la comunión de fe católica, se ha creer con la fe de la Iglesia, tal como nos llega en la Tradición viva de la Iglesia, cuyos garantes auténticos somos los Obispos unidos al Romano Pontífice. Es lo que ahora entregamos los Obispos, como Pastores del Pueblo de Dios, en este catecismo para los niños y niñas de seis a diez años.

Ellos son los primeros y más directos destinatarios, pero no son los únicos. También son sus destinatarios las familias, para el acompañamiento en la educación de los hijos; los sacerdotes, como responsables y animadores de la catequesis parroquial; los consagrados e instituciones católicas, para su misión en el ámbito educativo; y los catequistas que lo han de utilizar como documento de la fe en la catequesis.

Este nuevo Catecismo se ha elaborado a partir del Catecismo de la Iglesia Católica y otros documentos posteriores, y teniendo en cuenta las nuevas situaciones y retos en la transmisión de la fe. Los Obispos españoles queremos ejercer así nuestra responsabilidad de ordenar la catequesis para que sea activa, eficaz y capaz de educar en una fe robusta a las generaciones cristianas de los tiempos nuevos. Nos hemos esforzado en exponer íntegramente, para los niños en esas edades, el mensaje cristiano en un lenguaje significativo para ellos. Se tiene muy en cuenta que en estos años tiene lugar la primera participación en la Penitencia y en la Eucaristía, verdadero encuentro sacramental con el Señor.

‘Jesús es el Señor’ es sencillo, concreto, íntegro, ordenado y exacto; es así el instrumento adecuado para la educación en la fe y para que los destinatarios acojan esta fe en su corazón, en su memoria, y la expresen en un mismo lenguaje. Este catecismo encauza las tareas de la catequesis, pues en su contenido recoge la fe que la Iglesia misma profesa (Símbolo), celebra (Sacramentos), vive (moral cristiana) y ora (la oración del cristiano).

En nuestra Diócesis será a partir del próximo curso el catecismo que deberá usarse en las catequesis para niños entre seis y diez años, según vaya indicando la Delegación Diocesana de Catequesis. Todos hemos de esforzarnos para que sea utilizado en la catequesis como libro de la fe, al servicio de un contenido y un lenguaje común. Los materiales, aun siendo necesarios, nunca lo pueden sustituir. Nuestra cordial recepción será un estupendo servicio a la comunión y a la misión de nuestra Iglesia  diocesana.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Educar juntos

Queridos diocesanos:

El Encuentro familiar diocesano de este fin de semana nos invita a caminar juntos, bien cogidos de la mano, las familias católicas, la escuela y las parroquias, en la educación de nuestros niños, adolescentes y jóvenes cristianos.

El objetivo de la educación de los hijos no es simplemente enseñarles cosas útiles, destrezas o habilidades, ni meramente transmitirles una serie de conocimientos para ser más competitivos o alcanzar un título que garantice un puesto de trabajo lucrativo. Educar es ayudar al educando al pleno desarrollo de su propia personalidad. Se trata de ayudarle a crecer en libertad y responsabilidad, a aprender a vivir en la verdad y en el bien, con amor, esperanza y perseverancia. Por eso, la educación ayuda al educando a conocerse, a poseerse, a hacerse cargo de lo que es la propia vida en el mundo para ser capaz de desarrollarla lo mejor posible, hacia adentro y hacia fuera, en la sinceridad de la propia conciencia y en el complejo entramado de relaciones interpersonales en que vivimos. Para un cristiano, todo ello ha de hacerse desde la dimensión trascendente de la persona, desde su apertura a Dios, nuestro Padre y Creador, y desde Jesucristo y el Evangelio.

Por ello, si toda buena educación sólo termina cuando el educando consigue tener ante sí un ideal y un referente concreto de vida, para los cristianos este referente imprescindible es Jesucristo. El es nuestro ideal absoluto, hombre perfecto y Dios verdadero para nosotros, en quien nos descubrimos en nuestro origen, en nuestra vocación y en nuestro destino. Pensando y hablando en cristiano, no hay verdadera educación si los padres católicos, con la ayuda de la escuela, de la parroquia y otros educadores, no son capaces de llevar a sus hijos al descubrimiento, la elección y la estima de Jesucristo como modelo y norma viviente de su pensamiento, de sus deseos y de sus acciones. Jesucristo es la columna vertebral de la educación de todo cristiano.

Todo lo que favorezca el crecimiento en la fe y la vida cristiana de niños y adolescentes, será beneficioso para su educación integral. En la educación, padres, escuela y parroquia no pueden ir por separado y menos aún ser contrapuestos, sino que han de caminar bien conjuntados y de la mano. La catequesis parroquial ha de tener su continuidad y apoyo en casa. Si los padres no viven ante sus hijos como cristianos practicantes y consecuentes, no podrán ayudarles a adquirir una educación completa y con firmes fundamentos. Las deficiencias de los padres en la práctica sacramental, en la vida moral y en todo lo que es un clima cristiano dentro de casa, provocarán debilidades y vacíos que nadie podrá llenar y crearán contradicciones difíciles de superar. Tampoco beneficia sino que perjudica la educación integral cristiana la falta de interés de los padres por la catequesis parroquial de sus hijos o para que reciban clase de religión y moral católica en la escuela pública o privada.

La responsabilidad primaria que tienen los padres en la educación de sus hijos pide su implicación en la catequesis parroquial. Como padres cristianos han de velar para que la educación que reciben sus hijos en la escuela sea conforme a su convicción religiosa. El acierto en la educación es un asunto de primera importancia para el bien de los hijos, de la Iglesia y de la sociedad en general.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Catequista: discípulo y testigo

Queridos diocesanos:

El Encuentro diocesano de catequistas es un día para compartir la alegría de la misión, reforzar la comunión en la misión y retomar fuerzas en la tarea. No me son ajenas las dificultades especiales que encuentran los catequistas en su acción catequética, provenientes de los catequizandos, de la insuficiente implicación de los padres o del contexto de indiferencia religiosa, de increencia o de hostilidad hacia Cristo y su Iglesia. Pero no nos podemos quedar en el lamento permanente, que lleva siempre a la desilusión y a la desafección hacia la propia tarea.

Aunque distintas, no fueron menores las dificultades que tuvieron los primeros testigos de Cristo Resucitado. ¿De dónde sacaban ellos la fuerza? El libro de los Hechos nos muestra que la primitiva comunidad eclesial se consolida y crece siendo los discípulos fieles al Señor Jesús, constantes en la enseñanza de los Apóstoles, en la oración y en la Eucaristía, viviendo unidos y preocupados los unos de los otros. Son conscientes de que no están solos y que su quehacer no es lo más importante. Ellos saben bien que el Espíritu del Señor Resucitado actúa y les acompaña, alienta y fortalece.

Si de todo bautizado el Señor espera que sea creyente, discípulo y testigo, cuanto más de un catequista que ha recibido de Dios la llamada a transmitir la fe y de la Iglesia, a través del Obispo o del párroco, la misión de hacerlo en nombre de la Iglesia de un modo sistemático y orgánico.

El catequista está llamado ‘a ser discípulo de verdad’, como Pablo (Hech 9, 26-31). Es la condición básica para ser catequista y vale para todo catequista. El catequista ha de ser, ante todo, un creyente en Cristo, un discípulo suyo, comprometido personalmente en un exigente camino espiritual, que se funda en el encuentro personal con el Señor Resucitado, en la escucha atenta y constante de su palabra de salvación, en la oración y en la celebración participada de la Eucaristía. Si el catequista permanece unido al Señor, como el sarmiento a la vid, dejando correr en sí mismo la savia de la gracia, del amor de Dios, dará los buenos frutos de un estilo de vida evangélico y testimoniará así con su vida a Aquel que proclama de palabra. Entroncado en Cristo, dejándose alentar por la presencia del Espíritu y en la comunión de la Iglesia, el catequista encontrará la fortaleza para proclamar con convicción y valentía al Señor Resucitado y la Buena Noticia del Evangelio en toda situación.

La misión primordial del catequista es invitar a los caquetizandos a que fijen su mirada en Jesús y a que le sigan. El catequista es voz que remite al Señor, amigo que guía hacia Jesús, a su presencia, a su misterio y al encuentro con El. También él es, en cierto sentido, indispensable, porque la experiencia de fe necesita siempre un mediador, que sea al mismo tiempo testigo.

La labor del catequista exige fidelidad constante a Cristo y a la Iglesia, pues actúa en su nombre. Su enseñanza no pueden ser respuestas subjetivas, sino que ha de ser siempre conforme al Magisterio constante de la Iglesia y a la fe enseñada desde siempre autorizadamente por cuantos han sido constituidos maestros y ha sido vivida de modo ejemplar por los santos. De ahí también la necesidad de usar los catecismos debidamente aprobados.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Convocatoria de órdenes al Presbiterado

 

 

CASIMIRO LÓPEZ LLORENTE,

POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA,

OBISPO DE SEGORBE-CASTELLÓN

Escudo_episc

 

 

Por el presente y a tenor de la normativa eclesial anuncio que el próximo día 5 de Julio de 2008 a las 11:00 de la mañana conferiré, D.m., en nuestra Santa Iglesia Concatedral de Santa María en Castellón de la Plana el sagrado Orden del Presbiterado a aquellos candidatos, que reuniendo las condiciones de la normativa canónica y, después de haber cursado y superado los estudios eclesiásticos y haberse preparado humana y espiritualmente bajo la orientación y guía de sus formadores y la autoridad del Obispo, aspiren a la recepción de este Sacramento del Presbiterado.

Dichos candidatos deberán dirigir al Sr. Rector de nuestro Seminario Mayor Diocesano ‘Mater Dei’ la correspondiente solicitud, acompañada de la documentación pertinente en cada caso, de conformidad con lo que establece el can. 1050 del CIC, a fin de comenzar en los plazos determinados por el derecho de la Iglesia las encuestas y, una vez realizadas las proclamas en las parroquias de origen y domicilio actual, otorgar, si procede, la autorización necesaria para que puedan recibir el sagrado Orden del Presbiterado.

El citado Sr. Rector me presentará, un mes antes de la citada fecha, los informes recabados, y, una vez concluido el proceso informativo trasladará a nuestra Cancillería con suficiente antelación a la fecha de la administración del Sagrado Orden toda la documentación correspondiente a los efectos pertinentes.

Publíquese en el Boletín Oficial de este Obispado y envíese copia al citado Sr. Rector para su público e inmediato conocimiento.

Dado en Castellón de la Plana, a tres de abril de dos mil ocho.

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

Por mandato de S. Excia. Rvdma.

Doy fe