Destino de la Casa de Espiritualidad de Bechí

 

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CASIMIRO LÓPEZ LLORENTE,

POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA,

OBISPO DE SEGORBE-CASTELLÓN

 

 

Considerando que el fomento de las vocaciones sacerdotales y su formación es una tarea esencial y urgente, tanto de la Iglesia particular como de la Universal.

Teniendo en cuenta que los bienes diocesanos se encuentran al servicio de las múltiples funciones y tareas que la Iglesia diocesana tiene encomendadas.

Considerando la necesidad expresada por nuestro Seminario Mayor Diocesano Internacional y Misionero “Redemptoris Mater”, de dotarse de unos  espacios mayores y más idóneos para el mejor y pleno desarrollo de su labor, que asumo como propia y por la que tengo que velar.

Teniendo en cuenta que la así llamada ‘Casa de Espiritualidad de Bechí’ está sin uso concreto, después de consultar sobre su destino al Presbiterio diocesano y al Consejo Presbiteral diocesano, y de informar al Consejo Diocesano de Economía y al Colegio de Consultores sobre el destino previsto, sin que hubiera opinión en contra; por el presente vengo en decretar y

 

DECRETO

 

 I.- Que la Casa Diocesana de Espiritualidad, propiedad de la Diócesis de Segorbe-Castellón y ubicada en la localidad de Bechí, sea destinada y encomendada al Seminario Mayor Diocesano Internacional y Misionero “Redemptoris Mater” de esta Diócesis de Segorbe-Castellón, para el desarrollo de las actividades que le son propias.

 

II.- Se encarga al Rector del citado Seminario y a los demás órganos de gobierno y administración del mismo, establecidos en sus Estatutos, la labor de cuidado y mantenimiento del edificio y de todo el conjunto de la Casa Diocesana de Espiritualidad,  la cual deberán desarrollar con la mayor diligencia y fidelidad.

 

… //…

 

 III.- Se autoriza al Seminario Mayor Diocesano Internacional y Misionero “Redemptoris Mater”,  para que, previo cumplimiento de la normativa civil vigente en cada momento y obteniendo en cada caso las preceptivas autorizaciones canónicas, pueda realizar en la citada Casa Diocesana de Espiritualidad, las obras de rehabilitación necesarias para este fin y de mantenimiento de todas ellas, con sus recursos propios y los donativos, ayudas y subvenciones que en el futuro puedan obtener con este fin.

 

IV.- Y todo ello por el tiempo que sea necesario y otras exigencias o necesidades más imperiosas no impongan un cambio de destino.

 

Comuníquese el presente a los interesados, publíquese en el Boletín Oficial de la Diócesis y guárdense copias del mismo en el Archivo de Secretaría General y de Administración económica de la Diócesis.

Y para que así conste a todos los efectos, expido el presente en Castellón de la Plana, el día veintisiete de julio del Año de Nuestro Señor de dos mil diez,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

Ante mi, doy fe

Tomás Albiol Talaya

Vicecanciller-Vicesecretario General

Convocatoria de Órdenes al Presbiterado

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CASIMIRO LÓPEZ LLORENTE,

POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA,

OBISPO DE SEGORBE-CASTELLÓN

 

 

Por el presente y a tenor de la normativa eclesial anuncio que el próximo día 12 de Octubre de 2010, Festividad de Nuestra Señora del Pilar, a las 18:00 de la tarde conferiré, D.m., en nuestra Santa Iglesia Catedral-Basílica de Segorbe el sagrado Orden del Presbiterado a aquellos candidatos, que reuniendo las condiciones de la normativa canónica y, después de haber cursado y superado los estudios eclesiásticos y haberse preparado humana y espiritualmente bajo la orientación y guía de sus formadores y la autoridad del Obispo, aspiren a la recepción de este Sacramento del Presbiterado.

Dichos candidatos deberán dirigir al Rector del Seminario Diocesano ‘Mater Dei’ la solicitud de recibir dicho Orden, acompañada de la documentación pertinente en cada caso, de conformidad con lo que establece el can. 1050 del CIC, a fin de comenzar en los plazos determinados por el derecho de la Iglesia las encuestas y, una vez realizadas las proclamas en las parroquias de origen y domicilio actual, otorgar, si procede, la autorización necesaria para que puedan recibir el sagrado Orden del Presbiterado.

El Sr. Rector me presentará, con la debida antelación, los informes recabados, y, una vez concluido el proceso informativo trasladará a nuestra Cancillería antes de la fecha de la administración del Sagrado Orden toda la documentación correspondiente a los efectos pertinentes.

Publíquese en el Boletín Oficial de este Obispado y envíese copia al citado Sr. Rector para su público e inmediato conocimiento.

Dado en Castellón de la Plana, a veinticuatro de julio de dos mil diez.

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

Por mandato de S. Excia. Rvdma.

Doy fe

Fdo.: Tomás Albiol Talaya

Vicecanciller y Vicesecretario General

La oportunidad de las vacaciones

Queridos diocesanos

Los meses de verano se asocian normalmente a una actividad humana propia de nuestro tiempo: las vacaciones. La economía actual marca a las personas, en edad laboral y con salud, una clara distribución de su calendario en momentos de ocupación laboral y en momentos de descanso o vacación.

No olvidemos, sin embargo que no todo el mundo goza de vacaciones. Trabajadores en paro, enfermos, familias en economía de subsistencia, pensionistas humildes… son ejemplos de personas que no pueden tener vacaciones. Una cultura influida por la industria del ocio y del pasatiempo no debe olvidar a quienes viven estas situaciones. Tampoco conviene entender separados el trabajo y las vacaciones. Algo falla cuando se identifica el trabajo con una actividad que despersonaliza y las vacaciones con el deseo de evasión. Desde una comprensión correcta del ser del hombre, el trabajo es un ejercicio de sus facultades que le permiten ser creativo; y el verdadero descanso es saber escoger una actividad que sosiegue y humanice la vida.

Lo propio de las vacaciones es poder realizar otro tipo de actividad, como son  las ‘actividades recreativas’, destinadas a recomponer el espíritu humano mediante el descanso, la lectura, el conocimiento de otras gentes y culturas, el cultivo de las relaciones de familia, la amistad compartida o la contemplación de la naturaleza.

Entre esas actividades, una de las más frecuentes es el turismo: viajar a otros lugares para conocer otras regiones y otros pueblos. La experiencia humana corrobora que abandonar el lugar habitual y abrirse a nuevos territorios tiene algo de purificación de la mirada, ya que nos permite recuperar la admiración por las cosas y reconocer, reconciliados con nosotros mismos, nuestra propia pequeñez e indigencia. El turismo puede repercutir para bien en las culturas y los pueblos. En vez de encerrarnos en nuestra propia cultura, estamos llamados, hoy más que nunca, a abrirnos a los otros pueblos, dejándonos confrontar con modos de pensar y de vivir diversos. El turismo es una ocasión favorable para el diálogo entre las civilizaciones, porque promueve el conocimiento de las riquezas específicas que distinguen a una civilización de otra, favorece una memoria viva de la historia y de sus tradiciones sociales, religiosas y espirituales, y una profundización recíproca de las riquezas en la humanidad.

Las vacaciones son finalmente una oportunidad para humanizarse de manera más gratuita, contemplativa y profunda. Es un tiempo propicio para la reflexión y la búsqueda de respuestas a los grandes interrogantes de nuestra existencia: ¿quién soy, de dónde vengo, por qué vivo, para quién vivo? Para ello hemos de propiciar los momentos de silencio exterior e interior. Es ahí y sobre todo en el silencio interior, donde uno se encuentra consigo mismo y se llega a percibir la voz de Dios, capaz de orientar nuestra vida. Vivimos en una sociedad en la que cada espacio, cada momento parece que tenga que ‘llenarse’ de actividades, de sonidos y de ruidos; a menudo no hay tiempo siquiera para escuchar y dialogar. Sólo desde el silencio fuera y dentro de nosotros, seremos capaces de percibir la voz de Dios, pero también la voz de quien está a nuestro lado, la voz de los demás.

Para todos, mi deseo sincero de unas vacaciones felices

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

El buen samaritano

Queridos diocesanos

El evangelio de este domingo presenta a Jesús camino de Jerusalén, donde concluirá su vida terrena y su misión salvadora. También nosotros vamos de camino por la vida. Pero, ¿hacia dónde? En este contexto, un letrado le pregunta a Jesús: ¿Qué hacer para alcanzar la vida eterna, la vida plena y feliz? En verdad, el letrado no quiere hacer una pregunta a Jesús sino ponerle una trampa. Por eso Jesús no le responde, sino que le pregunta: ¿qué está escrito en la ley? Y el letrado le responde: amarás al Señor, tu Dios, y al prójimo como a ti mismo. Pues eso es lo que hay que hacer, sentencia Jesús.

El letrado insiste en el debate: ¿quién es mi prójimo? Su pregunta por el prójimo es un pretexto retórico para seguir su debate. Jesús recurre entonces a una parábola, la del buen samaritano. Allí no se teoriza sobre el prójimo, no se hacen cábalas sobre la proximidad. El prójimo es todo el que está a nuestro lado, todo el que va de viaje con nosotros y como nosotros, porque todos somos caminantes, peregrinos, y vamos a la misma meta, aunque no lo sepamos ni lo queramos saber. Hasta entonces  el prójimo eran los conciudadanos; ahora este límite desaparece. Mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y al que yo pueda ayudar. Aquí “se universaliza el concepto de prójimo, pero permaneciendo concreto”, enseña Benedicto XVI. Pero, aunque se extienda a todos los hombres, el amor al prójimo no se reduce a una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico aquí y ahora.

En la parábola de Jesús no se habla del prójimo, pero se ve quién es, como se ve también cuántos hay que no saben comportarse como tales. Un hombre iba de camino de Jerusalén a Jericó y fue asaltado, maltratado y robado, quedando medio muerto en la cuneta. Este hombre no tiene nombre ni nacionalidad, porque ese hombre es todo ser humano. Hay muchos, demasiados hombres en la cuneta: pobres, parados, marginados,  drogadictos, alcohólicos, concebidos no nacidos, mujeres presionadas para abortar, matrimonios rotos… tantos y tantos hombres arrojados en la cuneta. Nos hemos empeñado en convertir la vida en una competición donde rija la ley del más fuerte. De ahí que el individualismo, el egoísmo, la autonomía absoluta ante Dios y ante los demás y la insolidaridad presidan la vida y ahora también las leyes. Cada cual va a lo suyo.

Aquel hombre fue asaltado por unos bandidos. La pobreza material y espiritual nunca es una fatalidad, es siempre el resultado de la rapiña de otros. Con frecuencia su actividad está civilizada y legalizada por las sociedades ‘progresistas y avanzadas’ y sabe cubrir las apariencias. Son los explotadores, ambiciosos, desalmados y desaprensivos que juegan con las necesidades humanas para hacer sus ‘negocios’. Jesús denuncia a todos los bandidos que maltratan y explotan al hombre, a la mujer, al extranjero, a los niños, a los parados, a los que están en extrema necesidad, dispuestos a pasar por todo. Pero denuncia también a los sacerdotes y a los levitas, que buscan coartadas para encogerse de hombros ante la miseria y necesidades de los otros. Jesús denuncia también a los que separan el amor a Dios y el amor al prójimo.

Sólo el buen samaritano supo atender al herido, se preocupó de su pròjimo. Para llegar a Dios necesitamos pararnos en el camino junto al prójimo: allí está Dios. Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios, la meta de nuestro camino.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Conducir con prudencia

Queridos diocesanos:

Cada primer domingo de julio celebramos la Jornada de Responsabilidad en el Tráfico. Es una invitación a fijar nuestra atención en el significado y la importancia de la conducción, así como en la urgente necesidad de esmerar nuestra prudencia.

La conducción se ha convertido en un hecho habitual en nuestra vida cotidiana.

Los desplazamientos de un lugar a otro tan frecuentes y tan propios de la vida moderna son expresión de la vida como viaje y como camino. En estos días del verano, millones de personas se desplazan de un lugar a otro para iniciar sus vacaciones o regresar de ellas; no olvidemos tampoco a los millones que diariamente lo hacen por motivos laborales y sociales. Cuando nos ponemos en camino, tenemos la esperanza de llegar felizmente a nuestros destinos. Pero esto, por desgracia, no siempre sucede así.

Es cierto que en una sola década el número total de accidentes y de víctimas mortales ha descendido notablemente. Con todo, es preciso seguir redoblando los esfuerzos, por parte de cada uno y desde todas las instancias públicas y privadas, para seguir reduciendo dichas cifras hasta donde sea posible. Salvar una sola vida humana bien merece la pena.

No olvidemos que conducir quiere decir ‘convivir’. Esto pide de todos los implicados hacer que la carretera sea más humana. El automovilista, al volante, no está nunca solo, aunque no haya nadie a su lado. Conducir un vehículo es, en el fondo, una manera de relacionarse, de acercarse y de integrarse en una comunidad de personas. Esto supone, sobre todo en el conductor, ser dueño de sí mismo, la prudencia, la cortesía, un espíritu de servicio adecuado, el conocimiento de las normas del código de circulación, y  también estar dispuesto a prestar una ayuda desinteresada a los que la necesitan, dando ejemplo de caridad.

Conducir quiere decir también controlarse y dominarse, no dejarse llevar por los impulsos. Hemos de cultivar esta capacidad personal de control y dominio tanto en lo que afecta a la psicología del conductor cuanto para evitar los gravísimos daños que se pueden causar a la vida y a la integridad de las personas y de los bienes, en caso de accidente.

El conductor, cuando sale en automóvil, debe ser consciente, sin fobias, de que en cualquier momento podría suceder un accidente. La actitud al volante debería ser la de una gran atención. La mayor parte de los accidentes es provocada, precisamente, por la imprudencia. Por eso la prudencia es una de las virtudes más necesarias e importantes en relación con la circulación. Esta virtud exige un margen adecuado de precauciones para afrontar los imprevistos que se pueden presentar en cualquier ocasión. Desde luego, no se comporta según la prudencia el que se distrae, al volante, con el móvil, el que conduce a una velocidad excesiva o el que descuida el mantenimiento de vehículo.

El Papa Benedicto XVI ha recordado “el deber para todos de la prudencia en la guía y en el respeto de las normas del código vial. ¡Unas buenas vacaciones comienzan precisamente por esto!”. Redoblemos nuestros esfuerzos y nuestro sentido de responsabilidad como conductores  también como peatones.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segobre-Castellón