Un año para la vida consagrada

PlumaQueridos todos en el Señor:

 

En un encuentro con su­periores mayores en 2013, el Papa Francisco convocó un año dedicado a la vida consa­grada. Este año se extenderá desde el 30 de noviembre de 2014 hasta la fiesta de la Presen­tación del Señor el 2 de febre­ro de 2016. El Papa quiere así recordar los cincuenta años de la Consti­tución “Lumen Gentium”, que en su capítulo 6º trata de los religiosos, y del Decreto “Perfectae caritatis” sobre la renovación de la vida religiosa, del Concilio Vaticano II. Leer más

Los niños, discípulos misioneros

PlumaQueridos diocesanos y queridos niños:

 

El papa Francisco nos llama a todos los cristianos a ser discípulos misioneros para hacer de nuestras parroquias comunidades de discípulos misioneros y de nuestra iglesia diocesana una Iglesia ‘en salida, que lleve a todos la alegría del Evangelio. Porque a todos están destinados el amor y la misericordia de Dios, ofrecidos en su Hijo Jesús, muerto y resucitado para que el mundo tenga Vida en abundancia. Esta invitación del Papa vale también para los niños y las niñas, llamados a ser discípulos misioneros Así no lo recuerda la Jornada de la Infancia Misionera, que celebramos este domingo, 25 de enero, y esto celebraremos también en el Encuentro diocesano de Infancia Misionera, el sábado, 31, en el Seminario Mater Dei. Leer más

Convocatoria de Órdenes al Presbiterado

CASIMIRO LÓPEZ LLORENTE,

POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA,

OBISPO DE SEGORBE-CASTELLÓN

 

Por el presente y a tenor de la normativa eclesial anuncio que el próximo día 18 de abril de 2015, sábado de la segunda semana de Pascua, a las 11:00 horas, administraré en nuestra Santa Iglesia Concatedral de Santa María de Castellón el sagrado Orden del Presbiterado a aquellos candidatos, que, reuniendo las condiciones de la normativa canónica, habiendo cursado y superado los estudios eclesiásticos así como habiéndose preparado humana y espiritualmente bajo la orientación y guía de sus formadores y la autoridad del Obispo, aspiren a la recepción del Presbiterado.

Los aspirantes deberán dirigir al Sr. Rector del Seminario Diocesano respectivo, la correspondiente solicitud, acompañada de la documentación pertinente en cada caso, de conformidad con lo que establece el can. 1050 del CIC, a fin de comenzar las encuestas y, una vez realizadas las proclamas en las parroquias de origen y domicilio actual, otorgar, si procede, la autorización necesaria para que puedan recibir el sagrado Orden del Presbiterado.

El Sr. Rector respectivo me presentará, al menos un mes antes de la citada fecha, los informes recabados, y, una vez concluido el proceso informativo, trasladará a nuestra Cancillería toda la documentación establecida en nuestra Diócesis a los efectos pertinentes y para su conservación en el Archivo de nuestra Curia.

Publíquese este Decreto en el Boletín Oficial de este Obispado y los medios acostumbrados, y envíese copia a los Sres. Rectores para su público e inmediato conocimiento.

Dado en Castellón de la Plana, a diecinueve de enero del Año del Señor de dos mil quince.

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

Doy fe

 

Ángel-Eusebio Cumbicos Ortega

Vicecanciller-Vicesecretario General

Una Iglesia sin fronteras, madre de todos

Queridos diocesanos:

Con motivo de la “Jornada mundial del emigrante y del refugiado”, el domingo 18 de enero, el papa Francisco nos ha ofrecido un interpelante mensaje bajo el lema: “Una Iglesia sin fronteras, madre de todos”. La solicitud especial de Jesús “por los más vulnerables y excluidos nos invita a todos a cuidar a las personas más frágiles y a reconocer su rostro sufriente, sobre todo en las víctimas de las nuevas formas de pobreza y esclavitud”. El Señor mismo se identifica con los hambrientos, sedientos, forasteros y encarcelados (cf. Mt 25,35-36). De aquí que sea misión de la Iglesia amar a Jesucristo, adorarlo y amarlo, especialmente en los más pobres y desamparados; entre éstos, están ciertamente los emigrantes y los refugiados.

La Iglesia está llamada a ser una Iglesia sin fronteras y madre de todos, a abrir sus brazos para acoger a todos los pueblos, sin discriminaciones y sin límites, y a anunciar a todos que “Dios es amor” (1 Jn 4,8.16) con palabras y con obras de misericordia, de acogida, de solidaridad y de amor fraterno: nadie puede ser considerado inútil, fuera de lugar o descartable. Si vive realmente su maternidad, la comunidad cristiana alimenta, orienta e indica el camino, acompaña con paciencia, se hace cercana con la oración y con las obras de misericordia.

Este día es una jornada que tiene como fin sensibilizarnos ante el fenómeno de la emigración en general y entre nosotros. Nos urge revisar nuestras actitudes y nuestros comportamientos ante los emigrantes y sus familias, para dar una respuesta acorde al Evangelio y a la Doctrina social de la Iglesia. Como creyentes y como Iglesia no podemos quedar indiferentes ante tantas personas y familias, que con fe y esperanza buscan un futuro mejor entre nosotros, ni ante el trato no acorde a su dignidad de que son objeto con frecuencia. Toda persona tiene derecho a emigrar; es uno de los derechos humanos fundamentales, que facultan a cada uno a establecerse donde considere más oportuno para una mejor realización de sus capacidades y aspiraciones y de sus proyectos (cf. GS 65). Si es cierto que cada Estado tiene el derecho de regular los flujos migratorios y adoptar medidas políticas dictadas por las exigencias generales del bien común, esto ha de hacerlo siempre garantizando el respeto de la dignidad de toda persona humana. La mayoría de los emigrantes hacen uso de este derecho obligados por la necesidad de buscar oportunidades que no encuentran en su país de origen.

La emigración afecta antes que nada a personas que como tales tienen la misma dignidad que los autóctonos. Con frecuencia, sin embargo, existen prejuicios, falsas valoraciones o tratos inhumanos que hemos de superar. Los emigrantes son personas humanas, con la misma dignidad que los nativos. Hay que evitar todo comportamiento racista, xenófobo o discriminatorio. Y es necesario, ante todo, fomentar actitudes y comportamientos positivos desde principios elementales del derecho, de la justicia y de la solidaridad.

Recordemos las palabras de Jesús: “fui extranjero y me acogisteis” (Mt 25,35). Jesús se identifica con la persona del emigrante y nos manda acogerlo y amarlo, como si de Él mismo se tratara. Con estas premisas aprenderemos a respetarlos y valorarlos en su diferencia, a acogerlos fraternalmente, a ayudarles en sus necesidades y a facilitarles la integración armónica en nuestra sociedad. Ellos suponen una riqueza laboral, económica, cultural para nuestra sociedad, pero son también una riqueza para nuestra Iglesia, por la que hemos de dar gracias a Dios.

Con mi afecto y bendición,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Vivir con gozo nuestro bautismo

Pluma  Queridos diocesanos:

En la Fiesta del Bautismo de Jesús, el día 11 de enero, concluye el tiempo de la Navidad. La Iglesia ofrece en este día a nuestra consideración el bautismo de Jesús a orillas del río Jordán de manos de Juan Bautista. El bautismo de Juan era un bautismo de penitencia y conversión. Jesús se pone en la cola de los pecadores como un signo más de la encarnación de Dios entre los hombres: él, que no necesitaba purificación ninguna, se identifica con todos aquellos que quieren convertirse.

 

El bautismo de Jesús, en sí mismo, tiene un valor simbólico: hace de este gesto de su bautismo de penitencia una solemne manifestación de su divinidad. “Apenas (Jesús) salió del agua…Se oyó una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto” (Mc 1, 11). Son las palabras de Dios-Padre que nos muestra a Jesús como su Hijo unigénito, su Hijo amado y predilecto, al inicio de su vida pública. Este hombre, aparentemente igual a todos los demás, es Dios mismo, que viene para liberar del pecado y dar el poder de convertirse “en hijos de Dios, a los que creen en su nombre; los cuales no nacieron de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nacieron de Dios” (Jn 1, 12-13). Leer más

Año Nuevo cristiano

PlumaQueridos diocesanos

Llevamos ya unos días del nuevo año. La gente en estos días se felicita con gozo y se desea un “Feliz año nuevo”. Hay quienes, incluso, se felicitan por el final del año viejo por las malas experiencias vividas a lo largo del año. El otro día me llamaba un joven para desearme una buena salida y entrada de año; y me preguntó cómo lo iba a celebrar. Yo le respondí que lo celebraría rezando para dar gracias a Dios por las innumerables gracias recibidas a lo largo del año viejo y para pedirle su bendición en el nuevo año para todos. Y le dije: así se comienza un nuevo año en cristiano. Mi buen amigo se echó a reír. Leer más