Miércoles de la 1ª semana de Adviento. San Andrés, apóstol.

1ª LECTURA

San Pablo a los Romanos 10, 9-18

Si tus labios profesan que Jesús es el Señor, y tu corazón cree que Dios lo resucitó de entre los muertos, te salvarás. Por la fe del corazón llegamos a la justificación,- y por la profesión de los labios, a la salvación. Dice la Escritura:
«Nadie que cree en él quedará defraudado».
Porque no hay distinción entre judío y griego; ya que uno mismo es el Señor de todos, generoso con todos los que lo invocan. Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará».
Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo, si no creen en él?; ¿cómo van a creer, si no oyen hablar de él?; y ¿cómo van a oír sin alguien que proclame?; y ¿cómo van a proclamar si no los envían? Lo dice la Escritura: « ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio! » Pero no todos han prestado oído al Evangelio; como dice Isaías:
«Señor, ¿quién ha dado fe a nuestro mensaje?» Así, pues, la fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo. Pero yo pregunto: «¿Es que no lo han oído?» Todo lo contrario: «A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los límites del orbe su lenguaje».

 

Salmo: Sal 18, 2-3. 4-5
R. A toda la tierra alcanza su pregón.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos: el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra. R.
Sin que hablen, sin que pronuncien, sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje. R.

 

EVANGELIO

Mateo 4, 18-22

En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:
«Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres». Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también.
Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Martes de la 1ª semana de Adviento.

1ª LECTURA

Isaías 11, 1-10

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de sabiduría y entendimiento espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor del Señor. Lo inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará de oídas; juzgará a los pobres con justicia, sentenciará con rectitud a los sencillos de la tierra; pero golpeará al violento con la vara de su boca, y con el soplo de sus labios hará morir al malvado. La justicia será ceñidor de sus caderas, y la lealtad, cinturón de sus caderas.
Habitará el lobo con el cordero, el leopardo se tumbará con el cabrito, el ternero y el león pacerán juntos: un muchacho será su pastor. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león como el buey comerá paja. El niño de pecho retoza junto al escondrijo de la serpiente, y el recién destetado extiende la mano hacia la madriguera del áspid.
Nadie causará daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país del conocimiento del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé será elevada como enseña de los pueblos: se volverán hacia ella las naciones y será gloriosa su morada.

 

Salmo: Sal 71, 1-2, 7-8. 12-13. 17
R. En sus días florezca la justicia y la paz abunde eternamente.

Dios mío, confía tu juicio al rey, tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia, a tus humildes con rectitud. R.
En sus días florezca la justicia y la paz hasta que falte la luna; domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra. R.
Él librará al pobre que clamaba, al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente, y salvará la vida de los pobres. R.
Que su nombre sea eterno, y su fama dure como el sol;
él sea la bendición de todos los pueblos, y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra. R.

 

EVANGELIO

Lucas 10, 21-24

«Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien. Todo me lo ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo sino el Padre; ni quién es el Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar».
Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
– «¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».

Plazo para crear el Consejo Parroquial de Asuntos Económicos según el nuevo estatuto marco

Las parroquias de más de 50 habitantes deberán constituir antes del 31 de enero próximo su Consejo Parroquial de Asuntos Económicos. Así lo ha establecido Mons. Casimiro López Llorente a través de un decreto del 18 de noviembre en el que alienta “la participación activa de todos los fieles en la vida y misión del Pueblo de Dios”, al tiempo que desea  “garantizar una correcta administración de los bienes temporales”.

En la presentación del decreto, el Obispo explica que el párroco es el responsable de la comunidad parroquial “no sólo desde el punto de vista sacramental, litúrgico, catequético y caritativo, sino también desde una perspectiva administrativa canónica y civil”. Sin embargo asegura que éste “debe valerse de la colaboración de los fieles laicos” que pueden aportar las competencias que le falten para esta gestión.

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El arciprestazgo de Albocácer atiende los presos más pobres

Las 13 parroquias del Arciprestazgo de Albocácer colaboran en recaudar cada mes 5 euros para cada uno del centenar de presos más pobres que están en el centro penitenciario de Castellón II. La iniciativa salió a propuesta del arcipreste y capellán de la cárcel, D. Jordi Mas, y tiende un puente más con la población privada de libertad dentro de las numerosas actividades de la Pastoral Penitenciaria en la comarca.

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Lunes de la 1ª semana de Adviento.

1ª LECTURA

Isaías 2, 1-5

El Señor congrega a todas las naciones en la paz eterna del Reino de Dios. Visión de Isaías, hijo de Amós, acerca de Judá y de Jerusalén.
En los días futuros estará firme el monte de la casa del Señor, en la cumbre de las montañas, más elevado que las colinas.
Hacia él confluirán todas las naciones, caminarán pueblos numerosos y dirán:
«Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob. Él nos instruirá en sus caminos y marcharemos por sus sendas; porque de Sión saldrá la ley, la palabra del Señor de Jerusalén». Juzgará entre las naciones, será árbitro de pueblos numerosos. De las espadas forjarán arados, de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrarán para la guerra.
Casa de Jacob, venid; caminemos a la luz del Señor.

 

Salmo: Sal 121, 1-2. 4-5. 6-7. 8-9
R. Vamos alegres a la casa del Señor.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén. R.
Jerusalén está fundada como ciudad bien compacta Allá suben las tribus, las tribus del Señor,
Según la costumbre de Israel, a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia, en el palacio de David. R.
Desead la paz a Jerusalén:
«Vivan seguros los que te aman, haya paz Entro de tus muros, seguridad en tus palacios». R.
Por mis hermanos y compañeros, voy a decir: «La paz contigo».
Por la casa del Señor, nuestro Dios, te deseo todo bien. R.

 

EVANGELIO

Mateo 8, 5-11

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaún, un centurión se le acercó rogándole:
«Señor, tengo en casa un criado que está en cama paralítico y sufre mucho». Le contestó:
«Voy yo a curarlo».
Pero el centurión le replicó:
– «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace». Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:
– «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos».

50 aniversario de la Parroquia de Santa Sofía

HOMILIA EN EL CINCUENTENARIO DE LA
PARROQUIA DE SANTA SOFIA DE VILA-REAL

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Víspera del I Domingo de Adviento 27 de noviembre de 2016

(Is 2,1-5; Sal 121; Rom 13,11-14; Mateo 24,37-44)

 

Hermanas y hermanos, muy amados todos en el Señor:

Hoy, coincidiendo con la Víspera del inicio del Adviento, celebramos el 50º Aniversario de vuestra Parroquia de Santa Sofía. Las palabras del Salmista nos invitan esta mañana a alegrarnos con todos vosotros: “Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor” (Salmo 121, 1)”.

Desde que el año del Señor de 1966 comenzara su andadura, vuestra parroquia de Santa Sofía ha sido presencia palpable del amor de Dios para los hombres y mujeres de este barrio; vuestra comunidad ha sido la Iglesia de Dios que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas (cf. ChL 26). Alentada por la fuerza del Espíritu Santo, en estos años ha ido creciendo y madurando como comunidad de fe, de esperanza y de caridad, en especial hacia los más menesterosos. Vuestra comunidad parroquial está de enhorabuena; y nuestra Iglesia diocesana, de la que ella es una célula viva, se alegra con vosotros al celebrar estos cincuenta años de rica existencia. En ella y a través de ella, muchos han sido quienes han recibido la fe cristiana, han sido engendrados a la vida de los hijos Dios, han sido incorporados a Cristo y a la comunidad de la Iglesia por el Bautismo; muchos han sido también quienes en ella y por medio de ella han conocido a Jesús y su Evangelio, se han encontrado con Él y han madurado en la fe mediante la escucha y la acogida de la Palabra de Dios y han alimentado su vida cristiana en la oración y en los sacramentos; otros muchos han descubierto y seguido aquí el camino de su vocación cristiana, han encontrado en ella fuerza para la misión y el testimonio de fe, motivos para la esperanza, consuelo en la aflicción y ayuda en la necesidad.

Nuestro gozo y nuestra alegría se hacen en esta mañana oración de alabanza y de acción de gracias. De manos de la Virgen María, Ntra. Sra. de Gracia, nuestra mirada se dirige a Dios. Con María le cantamos: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador. … porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí” (Lc 1, 46-47, 49). Sin El, sin su permanente presencia misericordiosa, nada hubiera sido posible. Al Dios, Uno y Trino, fuente y origen de todo bien, alabamos y damos gracias.

Le damos gracias por todos los dones recibidos a lo largo de estos años. Gracias le damos por vuestra comunidad parroquial y por cuantos la han formado en el pasado y la integráis en el presente; gracias damos a Dios por la entrega generosa de Mn. Guillermo Sanchis Coscollá que la ha pastoreado y servido durante estos 50 años. El ha sido su único párroco;  le felicitamos de corazón al celebrar él también sus bodas de oro de Párroco de Sta. Sofía. Y ¿cómo no dar gracias al Señor por todos los que han colaborado activa y generosamente en la vida litúrgica, en la catequesis, en el trabajo pastoral con los niños, los adolescentes y los adultos, con los pobres, los marginados, los drogadictos o los enfermos? Gracias, Señor, también por todos aquellos que de un modo callado y sin notoriedad, han contribuido a la vida de esta comunidad mediante su oración fervorosa, su vida y obras de santidad, el ofrecimiento de su dolor o su contribución económica.

Sí; el trabajo realizado ha sido mucho; pero siempre queda mucho para que el amor misericordioso de Dios llegue a todos. Como nos recuerda la palabra de Dios de este I Domingo del Adviento estamos de camino hacia el encuentro con el Señor. ¿Cómo afrontar el futuro, queridos hermanos, en vuestra sencillez? Como Iglesia hemos de caminar siempre desde la fe “a la luz del Señor” (Is 2, 5), con esperanza y vigilancia “porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del Hombre” (Mt 24,44), y en la caridad, sabiendo que el Señor Jesús está por su Espíritu siempre en medio de nosotros y sale a nuestro encuentro en cada hombre y acontecimiento, y cooperando todos para que esta vuestra parroquia sea una comunidad viva en sus miembros y misionera hacia los alejados y hacia los que aún no conocen a Jesucristo.

Vuestra parroquia de Santa Sofía está llamada una a ser una comunidad de hermanos en la fe, una familia de familias, donde todos sean y se sientan acogidos, valorados, acompañados, donde todos y cada uno se sienta en su propia casa, en su propia familia; una comunidad donde se viva y se fortalezca la comunión entre todos y se comparta la vida y la misión de la parroquia; una comunión, que ha de basarse en la comunión con Dios, que hace de todos hermanos y nos llama a vivir la fraternidad; y una comunidad de vida y de misión para que Cristo y su Evangelio salvador llegue a todos, a los más cercanos y a los más lejanos, donde la alegría del evangelio llegue a todas las periferias existenciales.

No lo olvidéis: vuestra comunidad parroquial es como un edificio, cuyo fundamento y piedra angular es Jesucristo y vosotros como las piedras vivas que construis el edificio. Así es como podréis ser en el barrio signo de la presencia amorosa de Dios, espacio donde Dios sale al encuentro de los hombres, para comunicarles su vida de amor que crean lazos de comunión fraterna. Es Dios Padre quien, habitando entre los suyos y en su corazón, hace de ellos su santuario vivo por la acción del Espíritu Santo. Vuestra parroquia será viva en la medida en que todos vosotros, sus miembros, viváis fundamentados y ensamblados en Cristo, piedra angular; vuestra comunidad parroquial será iglesia viva si por vosotros corre la savia de la Vid y de la misericordia que es Cristo, que transforma nuestro corazón  nos hace misericordiosos como el Padre y nos envía a vivir las obras de misericordia.

En esta parroquia, el Espíritu de Dios actúa especialmente a través de los signos de la nueva alianza, que ella ofrece a todos: la Palabra de Dios, los sacramentos y la caridad.

La Palabra de Dios, proclamada y explicada con fidelidad a la fe de la Iglesia y acogida con fe y con corazón bien dispuesto, os llevará al encuentro gozoso con el Señor, el Camino, la Verdad y la Vida. La Palabra de Dios es luz, que os iluminará en el camino de vuestra existencia, que os fortalecerá, os consolará y os unirá. La proclamación y explicación de la Palabra en la fe de la Iglesia, la catequesis de iniciación cristiana  y la formación de todos no sólo deben conduciros a conocer más y mejor a Cristo y su Evangelio así como las verdades de la fe y de la moral cristianas; os han de llevar y ayudar a todos y a cada uno a la adhesión personal a Cristo y a su seguimiento gozoso en el seno de la comunidad eclesial.

En la comunidad parroquial, Dios se nos da también a través de los Sacramentos; al celebrar y recibir los sacramentos participamos de la vida de Dios; por los Sacramentos se alimenta y reaviva nuestra existencia cristiana, personal y comunitaria; por los Sacramentos se crea, se acrecienta o se fortalece la comunión con la parroquia, con la Iglesia diocesana y con la Iglesia Universal.

Entre los sacramentos destaca la Eucaristía. Es preciso recordar una y otra vez que la Eucaristía es el centro de la vida de todo cristiano, el centro y el corazón de toda la vida de la comunidad parroquial. Toda parroquia ha de estar centrada en la Eucaristía  Además “la Eucaristía da al cristiano más fuerza para vivir las exigencias del evangelio…” (Juan Pablo II). Sin la participación en la Eucaristía es imposible permanecer fiel en la vida cristiana. Como un peregrino necesita la comida para resistir hasta la meta, de la misma forma quien pretenda ser cristiano necesita el alimento de la Eucaristía. El domingo es el momento más hermoso para venir, en familia, a celebrar la Eucaristía unidos en el Señor con la comunidad parroquial. Los frutos serán muy abundantes: de paz y de unión familiar, de alegría y de fortaleza en la fe, de comunidad viva y evangelizadora.

La participación sincera, activa y fructuosa en la Eucaristía os llevará necesariamente a vivir la fraternidad, os llevará a practicar la Caridad, os remitirá a la misión, os impulsará a la transformación del mundo. Los pobres y los enfermos, los marginados y los desfavorecidos han de tener y seguir teniendo un lugar privilegiado en vuestra parroquia, como ha ocurrido hasta ahora. Ellos han de ser atendidos con gestos que demuestren, por parte de la comunidad parroquial, el amor y la misericordia de Cristo Jesús. Ellos, su vez, os evangelizarán, os ayudarán a descubrir a Cristo Jesús.

La celebración frecuente del Sacramento de la Penitencia será aliento y esperanza en vuestra experiencia cristiana. La humildad y la fe van muy unidas. Sólo cuando sabemos ponernos de rodillas ante Dios por el sacramento de la confesión y reconocemos nuestras debilidades y pecados podemos decir que estamos en sintonía con el Padre Dios “rico en misericordia” (Ef 2,4). En el sacramento de la Penitencia se recupera y se fortalece nuestra comunión con Dios y con la comunidad eclesial; la experiencia del perdón de Dios, fruto de su amor misericordioso, nos da fuerza para la misión, nos empuja a ser testigos de su misericordia, testigos del perdón y de la reconciliación.

La vida cristiana, personal y comunitaria, se debilita cuando estos dos sacramentos decaen. Y en nuestra época, si queréis vivir como cristianos, si queréis superar los miedos a serlo y confesarlo ante los ataques constantes, si queréis ser evangelizadores auténticos no podréis hacerlo sin la experiencia profunda de estos dos sacramentos. Un creyente que no se confiesa con cierta frecuencia y no participa en la Misa dominical, termina en poco tiempo apartándose de Cristo y se convierte en un cristiano amorfo. Su fe se esfuma, deja de tener consistencia.

Regenerados por la Palabra y los Sacramentos os convertiréis en ‘piedras vivas’ del edificio espiritual,  de la comunidad parroquial, de la vuestra gran familia de familias. Es decir: una comunidad que acoge y vive a Cristo y su Evangelio; una comunidad que proclama y celebra la alianza amorosa de Dios; una comunidad que aprende y ayuda a vivir la fraternidad cristiana conforme al espíritu de las bienaventuranzas; una comunidad que ora y ayuda a la oración; una comunidad en la que todos sus miembros se sienten y son corresponsables en su vida y su misión al servicio de la evangelización en una sociedad cada vez más descristianizada; una comunidad que vive la caridad hacia adentro y hacia afuera, que es fermento de nueva humanidad, de transformación del mundo, de una cultura de la vida y del amor, de la misericordia y el encuentro, de la justicia y de la paz.

Al celebrar el 50º Aniversario de vuestra parroquia miramos, rezamos y contemplamos a la Virgen, reina de la Sabiduría. María es nuestra madre espiritual porque nos da a Cristo, el Hijo de Dios, fuente de vida y salvación; ella orienta nuestra mirada hacia su Hijo: ella nos muestra y nos lleva a su Hijo, ella nos lleva a Dios. Jesús nos invita a acogerla “en nuestra casa”: es decir, en nosotros mismos, en nuestras familias, en nuestra sociedad. María es nuestra madre, y no deja de decirnos: “Haced lo que Él os diga” (Jn. 2,5). ¡Cuánto necesitamos los cristianos escuchar estas palabras de María y, con ella, descubrir y vivir con alegría que Dios nos ama, y nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales!

Acojamos de manos de María a Jesús, dejémonos encontrar por Él; renovemos nuestro compromiso de tener a Cristo como centro de nuestra vida, personal y comunitaria. Vayamos al encuentro con el Señor en esta Eucaristía, que se nos da en comida una vez más. ¡Que unidos a El en la comunión seamos testigos suyos en el mundo e instrumentos de su misericordia!

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Adviento, tiempo para la esperanza

Queridos Diocesanos:

Este domingo comienza el tiempo litúrgico de Adviento. Señala el Catecismo de la Iglesia católica que “al celebrar anual­mente la liturgia de Adviento, la Iglesia actualiza la es­pera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el ar­diente deseo de su segunda Venida”. El Adviento nos habla, pues, de una doble venida de Cristo. Por una parte, recordamos que Jesús nació en Belén y nos preparamos para celebrarlo en la Navidad. Por otra, se nos anuncia que Jesucristo volverá al final de los tiempos para llevar a total cumplimiento su obra de salvación y reconciliación de toda la creación. El Señor volverá y entonces quedará cumplido el tiempo de la historia y la Iglesia entrará en su plenitud. Leer más

Viernes de la 34ª Semana del Tiempo Ordinario

1ªLECTURA
Apocalipsis 20, 1-4. 11-21, 2

Yo, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo con la llave del abismo y una cadena grande en la mano. Sujetó al dragón, la antigua serpiente. O sea, el Diablo o Satanás, y lo encadenó por mil años; lo arrojó al abismo, echó la llave y puso un sello encima, para que no extravíe a las naciones antes que se cumplan los mil años. Después tiene que ser desatado por un poco de tiempo. Vi unos tronos y se sentaron sobre ellos, y se les dio el poder de juzgar; vi también las almas de los decapitados por el testimonio de Jesús y la palabra de Dios, los que no habían
adorado a la bestia ni a su imagen y no habían recibido su marca en la frente ni en la mano. Éstos volvieron a la vida y reinaron con Cristo mil años. Vi un trono blanco y grande, y al que estaba sentado en él. De su presencia huyeron cielo y tierra, y no dejaron rastro. Vi a los muertos, pequeños y grandes, de pie ante el trono. Se abrieron los libros y se abrió otro libro, el de la vida. Los muertos fueron juzgados según sus obras, escritas en los libros. El mar devolvió a sus muertos, Muerte y Abismo devolvieron a sus muertos, y todos fueron juzgados según sus obras. Después, Muerte y Abismo fueron arrojados al lago de fuego – el lago de fuego es la muerte segunda -. Y si alguien no estaba escrito en el libro de la vida fue arrojado al lago de fuego. Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo.

 

Salmo: Sal 83, 3. 4. 5-6a y 8a
R. Ésta es la morada de Dios entre los hombres.

Mi alma se consume y anhela los atrios del Señor,
mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo. R.
Hasta el gorrión ha encontrado una casa; la golondrina, un nido
donde colocar sus polluelos:
tus altares, Señor de los ejércitos, Rey mio y Dios mío. R.
Dichosos los que viven en tu casa, alabándote siempre.
Dichosos los que encuentran en ti su fuerza: caminan de baluarte en baluarte. R.

 
EVANGELIO
Lucas 21, 29-33

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos una parábola :
-«Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios.
En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán».

Tres parroquias celebran 50 años de servicio y testimonio

Las parroquias de San Vicente Ferrer de Almassora, San Bartolomé de Onda y Santa Sofía de Vila-real celebran este fin de semana su 50 años de servicio y testimonio. Mons. Casimiro López Llorente  presidirá la eucaristía en Vila-real el sábado por la mañana, a las 12:30h, y por la tarde, a las 19h, en Almassora. El domingo será el turno de San Bartolomé de Onda. Estos aniversarios llegan en un curso en el que el impulso de comunidades parroquiales vivas, evangelizadas y evangelizadoras, es una de las prioridades pastorales de la Diócesis.

 

Alrededor de la celebración litúrgica, las tres comunidades han organizado diversos actos de conmemoración y acción de gracias. Leer más

Jueves de la 34ª semana del Tiempo Ordinario.

1ª LECTURA:

Apocalipsis 18, 1-2. 21-23; 19, 1-3. 9a

Yo, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo; con gran autoridad, y la tierra se deslumbró con un resplandor. Y gritó con fuerte voz:
«Cayó, cayó la gran Babilonia. Y se ha convertido en morada de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo, en guarida de todo pájaro inmundo y abominable». Un ángel vigoroso levantó una piedra grande como una rueda de molino y la precipitó al mar diciendo:
-«Así, con este ímpetu será precipitada Babilonia, la gran ciudad, y no quedará rastro de ella. No se escuchará en ti la voz de citaristas ni músicos, de flautas y trompetas. No habrá más en ti artífices de ningún arte; y ya no se escuchará en ti el ruido del molino; ni brillará más en ti la luz de lámpara; ni se escuchará más en ti la voz del novio y de la novia, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra y con tus brujerías embaucaste a todas las naciones». Después de esto oí en el cielo como el vocerío de una gran muchedumbre, que decía:
«Aleluya. La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos. Él ha condenado a la gran prostituta que corrompía la tierra con sus fornicaciones, y ha vengado en ella la sangre de sus siervos». Y por segunda vez dijeron:
-«Aleluya».
Y el humo de su incendio sube por los siglos de los siglos. Y me dijo:
«Escribe: “Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero”».

 

Salmo: Sal 99, 2. 3. 4. 5
R. Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero.

Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría,
entrad en su presencia con vítores. R.
Sabed que el Señor es Dios: que él nos hizo y somos suyos,
su pueblo y ovejas de su rebaño. R.
Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos,
dándole gracias y bendiciendo su nombre. R.
El Señor es bueno, su misericordia es eterna,
su fidelidad por todas las edades. R.

 

EVANGELIO

Lucas 21, 20-28

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción.
Entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella; porque estos son “días de venganza” para que se cumpla todo lo que está escrito.
¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo.
“Caerán a filo de espada”, los llevarán cautivos “a todas las naciones”, y “Jerusalén será pisoteada por los
gentiles”, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles.
Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.
Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación».