Lectura y evangelio de la festividad de san Juan, apóstol y evangelista, y semblanza de Benedicto XVI

LECTURA. Juan 1, 1-4

Queridos hermanos: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida; pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al Padre y se nos manifestó.

Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo.

Sal 96, 1-2. 5-6. 11-12

R. Alegraos, justos, con el Señor.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R.

Los montes se derriten como cera ante el señor,
ante el Señor de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre. R.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya

A ti, oh, Dios, te alabamos,
a ti, Señor, te reconocemos; a ti te ensalza
el glorioso coro de los apóstoles, Señor. R.

EVANGELIO. Juan 20, 2-8

El primer día de la semana, María la Magdalena echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto».

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

SEMBLANZA DE BENEDICTO XVI DEL SANTO DEL DÍA

Juan, hijo de Zebedeo

Queridos hermanos y hermanas:

Dedicamos el encuentro de hoy a recordar a otro miembro muy importante del Colegio apostólico: Juan, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago. Su nombre, típicamente hebreo, significa “el Señor ha dado su gracia”. Estaba arreglando las redes a orillas del lago de Tiberíades, cuando Jesús lo llamó junto a su hermano (cf. Mt 4, 21; Mc 1, 19).

Juan siempre forma parte del grupo restringido que Jesús lleva consigo en determinadas ocasiones. Está junto a Pedro y Santiago cuando Jesús, en Cafarnaum, entra en casa de Pedro para curar a su suegra (cf. Mc 1, 29); con los otros dos sigue al Maestro a la casa del jefe de la sinagoga, Jairo, a cuya hija resucitará (cf. Mc 5, 37); lo sigue cuando sube a la montaña para transfigurarse (cf. Mc 9, 2); está a su lado en el Monte de los Olivos cuando, ante el imponente templo de Jerusalén, pronuncia el discurso sobre el fin de la ciudad y del mundo (cf. Mc 13, 3); y, por último, está cerca de él cuando en el Huerto de Getsemaní se retira para orar al Padre, antes de la Pasión (cf. Mc 14, 33). Poco antes de Pascua, cuando Jesús escoge a dos discípulos para enviarles a preparar la sala para la Cena, les encomienda a él y a Pedro esta misión (cf. Lc 22, 8).

Esta posición de relieve en el grupo de los Doce hace, en cierto sentido, comprensible la iniciativa que un día tomó su madre: se acercó a Jesús para pedirle que sus dos hijos, Juan y Santiago, se sentaran uno a su derecha y otro a su izquierda en el Reino (cf. Mt 20, 20-21). Como sabemos, Jesús respondió preguntándoles si estaban dispuestos a beber el cáliz que él mismo estaba a punto de beber (cf. Mt 20, 22). Con estas palabras quería abrirles los ojos a los dos discípulos, introducirlos en el conocimiento del misterio de su persona y anticiparles la futura llamada a ser sus testigos hasta la prueba suprema de la sangre. De hecho, poco después Jesús precisó que no había venido a ser servido sino a servir y a dar la vida como rescate por muchos (cf. Mt 20, 28). En los días sucesivos a la resurrección, encontramos a los “hijos de Zebedeo” pescando junto a Pedro y a otros discípulos en una noche sin resultados, a la que sigue, tras la intervención del Resucitado, la pesca milagrosa: “El discípulo a quien Jesús amaba” fue el primero en reconocer al “Señor” y en indicárselo a Pedro (cf. Jn 21, 1-13).

Dentro de la Iglesia de Jerusalén, Juan ocupó un puesto importante en la dirección del primer grupo de cristianos. De hecho, Pablo lo incluye entre los que llama las “columnas” de esa comunidad (cf. Ga 2, 9). En realidad, Lucas, en los Hechos de los Apóstoles, lo presenta junto a Pedro mientras van a rezar al templo (cf. Hch 3, 1-4. 11) o cuando comparecen ante el Sanedrín para testimoniar su fe en Jesucristo (cf. Hch 4, 13. 19). Junto con Pedro es enviado por la Iglesia de Jerusalén a confirmar a los que habían aceptado el Evangelio en Samaria, orando por ellos para que recibieran el Espíritu Santo (cf. Hch 8, 14-15). En particular, conviene recordar lo que dice, junto con Pedro, ante el Sanedrín, que los está procesando: “No podemos dejar de hablar de lo que hemos visto y oído” (Hch 4, 20). Precisamente esta valentía al confesar su fe queda para todos nosotros como un ejemplo y un estímulo para que siempre estemos dispuestos a declarar con decisión nuestra adhesión inquebrantable a Cristo, anteponiendo la fe a todo cálculo o interés humano.

Según la tradición, Juan es “el discípulo predilecto”, que en el cuarto evangelio se recuesta sobre el pecho del Maestro durante la última Cena (cf. Jn 13, 25), se encuentra al pie de la cruz junto a la Madre de Jesús (cf. Jn 19, 25) y, por último, es testigo tanto de la tumba vacía como de la presencia del Resucitado (cf. Jn 20, 2; 21, 7).

Sabemos que los expertos discuten hoy esta identificación, pues algunos de ellos sólo ven en él al prototipo del discípulo de Jesús. Dejando que los exegetas aclaren la cuestión, nosotros nos contentamos ahora con sacar una lección importante para nuestra vida: el Señor desea que cada uno de nosotros sea un discípulo que viva una amistad personal con él. Para realizar esto no basta seguirlo y escucharlo exteriormente; también hay que vivir con él y como él. Esto sólo es posible en el marco de una relación de gran familiaridad, impregnada del calor de una confianza total. Es lo que sucede entre amigos: por esto, Jesús dijo un día: “Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. (…) No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer” (Jn 15, 13. 15).

En el libro apócrifo titulado “Hechos de Juan”, al Apóstol no se le presenta como fundador de Iglesias, ni siquiera como guía de comunidades ya constituidas, sino como un comunicador itinerante de la fe en el encuentro con “almas capaces de esperar y de ser salvadas” (18, 10; 23, 8). Todo lo hace con el paradójico deseo de hacer ver lo invisible. De hecho, la Iglesia oriental lo llama simplemente “el Teólogo”, es decir, el que es capaz de hablar de las cosas divinas en términos accesibles, desvelando un arcano acceso a Dios a través de la adhesión a Jesús.

El culto del apóstol san Juan se consolidó comenzando por la ciudad de Éfeso, donde, según una antigua tradición, vivió durante mucho tiempo; allí murió a una edad extraordinariamente avanzada, en tiempos del emperador Trajano. En Éfeso el emperador Justiniano, en el siglo VI, mandó construir en su honor una gran basílica, de la que todavía quedan imponentes ruinas. Precisamente en Oriente gozó y sigue gozando de gran veneración. En la iconografía bizantina se le representa muy anciano y en intensa contemplación, con la actitud de quien invita al silencio.

En efecto, sin un adecuado recogimiento no es posible acercarse al misterio supremo de Dios y a su revelación. Esto explica por qué, hace años, el Patriarca ecuménico de Constantinopla, Atenágoras, a quien el Papa Pablo VI abrazó en un memorable encuentro, afirmó: “Juan se halla en el origen de nuestra más elevada espiritualidad. Como él, los “silenciosos” conocen ese misterioso intercambio de corazones, invocan la presencia de Juan y su corazón se enciende” (O. Clément, Dialoghi con Atenagora, Turín 1972, p. 159). Que el Señor nos ayude a entrar en la escuela de san Juan para aprender la gran lección del amor, de manera que nos sintamos amados por Cristo “hasta el extremo” (Jn 13, 1) y gastemos nuestra vida por él.

Audiencia general, 5 de julio de 2006

Carta de Monseñor López Llorente a los sacerdotes sobre los Grupos Parroquiales de Matrimonios

Castellón de la Plana, 26 de diciembre de 2019

GRUPOS PARROQUIALES DE MATRIMONIOS

*******

A LOS SACERDOTES EN LA DIÓCESIS DE SEGORBE-CASTELLÓN

Queridos hermanos sacerdotes:

Como ya sabéis, nuestra Iglesia diocesana a través de la Delegación diocesana de Pastoral familiar y de la vida ha lanzado en este curso la iniciativa de crear en las parroquias “Grupos parroquiales de matrimonios”. Yo mismo la presente en la primera reunión de Arciprestes de este curso pastoral y lo he hecho también en los encuentros con los grupos de sacerdotes de los Arciprestazgos a lo largo de este primer trimestre. Sinceramente creo que es algo urgente y necesario para ayudar a nuestros matrimonios- jóvenes y no tan jóvenes- a vivir su propio matrimonio desde la vocación de Dios al amor esponsal y ayudarles así a ser una familia cristiana, donde se viva y transmita la fe a los hijos.

Como todo en la vida -y quizá más en nuestra misión pastoral- no será fácil la creación de estos grupos parroquiales de matrimonios. Es necesario, por ello, acoger esta iniciativa con calor e interés, con compromiso e implicación personal y poner, sobre todo, mucho ardor pastoral. Si que os puedo decir que en las parroquias donde se ha ofrecido esta iniciativa ya ha habido respuesta; es más, en alguna parroquia la iniciativa ha partido de los mismos matrimonios. Hay matrimonios que buscan la cercanía y el acompañamiento de los pastores y de la comunidad parroquial para mejor vivir su propia vocación esponsal y su realidad familiar.

Puedo decir que de los grupos ya existentes se están beneficiando los esposos, sus familias y sus hijos; y también las mismas parroquias, llamadas a ser “familia de familias’, implicadas en la vida y misión parroquial, muy en especial en la iniciación cristiana de sus hijos. Están, por tanto, ayudando también a la tan necesaria renovación de nuestras parroquias.

Para reflexionar sobre este tema os invito a una reunión el día 11 de enero de 2020, a las 12 de la mañana, en la sala de reuniones del palacio episcopal de Castellón. Partiremos de la realidad. Algún matrimonio nos hablará de su experiencia en un grupo de matrimonios. Os ruego que, a ser posible, los sacerdotes vengáis acompañados de algún matrimonio o seglar casado que esté encargado de la pastoral matrimonial y familiar en vuestras parroquias.

Confío en que sabréis acoger con interés esta iniciativa e invitación. Nuestra Iglesia diocesana se juega mucho en una pastoral familiar capilar, anterior y posterior a la celebración de matrimonio. No nos podemos limitar a la preparación a la celebración matrimonio con los cursillos; son muy importantes, pero claramente insuficientes. Aprovecho para agradeceros de corazón vuestro trabajo pastoral en este campo y también vuestra acogida a esta invitación.

Hasta ese día, recibid mi deseo de una feliz y santa Navidad y de la bendición del Señor para el próximo Año nuevo.

+  Casimiro López Llorente, Obispo de Segorbe-Castellón

Sacerdotes y seglares comprometidos en la pastoral familiar están convocados a una reunión para implantar los Grupos Parroquiales de Matrimonios

Mons. Casimiro López Llorente ha convocado a los sacerdotes a una reunión el próximo sábado 11 de enero para reflexionar sobre los sobre la implantación de los Grupos Parroquiales de Matrimonios (GPM). El encuentro será a las 12h en la sala de reuniones del palacio episcopal de Castellón. Se trata de una iniciativa que responde a la necesidad “urgente y necesaria de ayudar a nuestros matrimonios – jóvenes y no tan jóvenes – a vivir su propio matrimonio desde la vocación de Dios al amor esponsal y ayudarles así a ser una familia cristiana donde se viva y se transmita la fe a los hijos”, según explica el Obispo en una carta dirigida esta semana a los párrocos.

Leer más

Celebraciones de Navidad presididas por el Obispo

Mons. Casimiro López Llorente presidirá las siguientes celebraciones durante el tiempo de Navidad:

 

  • Martes 24 a las 18h. Misa de Nochebuena en la S.I. Catedral de Segorbe.
  • Martes 24 a las 20:30. Misa de Nochebuena en el asilo Mare de Déu del Lledó de los Ancianos Desamparados de Castellón.
  • Miércoles 25  las 12h. Misa de la Natividad del Señor en la S.I. Concatedral de Castellón.
  • Domingo 29 a las 11:30. Misa de la Sagrada Familia en la parroquia de la Sagrada Familia de Castellón
  • Domingo 29 a las 19h. Celebración diocesana de la Sagrada Familia en la arciprestal de San Bartolomé y San Jaime de Nules.

Lectura y evangelio de la festividad de san Esteban, protomártir, y homilía de Benedicto XVI

LECTURA. Hechos de los apóstoles 6, 8-10; 7, 54-60

En aquellos días, Esteban, lleno de gracia y poder, realizaba grandes prodigios y signos en medio del pueblo. Unos cuantos de la sinagoga llamada de los libertos, oriundos de Cirene, Alejandría, Cilicia y Asia, se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Oyendo sus palabras, se recomían en sus corazones y rechinaban los dientes de rabia.

Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús de pie de pie a la derecha de Dios, y dijo: «Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios». Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo.

Los testigos dejaron sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que repetía esta invocación: «Señor Jesús, recibe mi espíritu».

Sal 30, 3cd-4. 6 y 8ab. 16bc-17

R. A tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

Sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve,
tú que eres mi roca y mi baluarte;
por tu nombre dirígeme y guíame. R.

A tus manos encomiendo mi espíritu:
tú, el Dios leal, me librarás;
Tu misericordia sea mi gozo y mi alegría.
Te has fijado en mi aflicción. R.

Líbrame de los enemigos que me persiguen.
Haz brillar tu rostro sobre tu siervo,
sálvame por tu misericordia. R.

Aleluya Sal 117, 26a y 27a

R. Aleluya, aleluya, aleluya

Bendito el que viene en nombre del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R.

EVANGELIO. Mateo 10, 17-22

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «¡Cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa; para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.

Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán. Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará».

HOMILÍA DE BENEDICTO XVI SOBRE EL SANTO DEL DÍA

Queridos hermanos y hermanas:

Cada año, al día siguiente del Nacimiento del Señor, la liturgia nos invita a celebrar la fiesta de san Esteban, diácono y primer mártir. El libro de los Hechos de los Apóstoles nos lo presenta como un hombre lleno de gracia y de Espíritu Santo (cf. Hch 6, 8-10; 7, 55); en él se verificó plenamente la promesa de Jesús a la que hace referencia el texto evangélico de hoy; es decir, que los creyentes llamados a dar testimonio en circunstancias difíciles y peligrosas no serán abandonados y desprotegidos: el Espíritu de Dios hablará en ellos (cf. Mt 10, 20).

El diácono Esteban, en efecto, obró, habló y murió animado por el Espíritu Santo, testimoniando el amor de Cristo hasta el sacrificio extremo. Al primer mártir se lo describe, en su sufrimiento, como imitación perfecta de Cristo, cuya pasión se repite hasta en los detalles. La vida de san Esteban está totalmente plasmada por Dios, conformada a Cristo, cuya pasión se repite en él; en el momento final de la muerte, de rodillas, él retoma la oración de Jesús en la cruz, encomendándose al Señor (cf. Hch 7, 59) y perdonando a sus enemigos: «Señor, no les tengas en cuenta este pecado» (v. 60). Lleno de Espíritu Santo, mientras sus ojos están por cerrarse, él fija la mirada en «Jesús de pie a la derecha de Dios» (v. 55), Señor de todo y que a todos atrae hacia Sí.

En el día de san Esteban, también nosotros estamos llamados a fijar la mirada en el Hijo de Dios, que en el clima gozoso de la Navidad contemplamos en el misterio de su Encarnación. Con el Bautismo y la Confirmación, con el precioso don de la fe alimentada por los Sacramentos, especialmente por la Eucaristía, Jesucristo nos ha vinculado a Sí y quiere continuar en nosotros, con la acción del Espíritu Santo, su obra de salvación, que todo rescata, valoriza, eleva y conduce a su realización. Dejarse atraer por Cristo, como hizo san Esteban, significa abrir la propia vida a la luz que la llama, la orienta y le hace recorrer el camino del bien, el camino de una humanidad según el designio de amor de Dios.

San Esteban, finalmente, es un modelo para todos aquellos que quieren ponerse al servicio de la nueva evangelización. Él demuestra que la novedad del anuncio no consiste primariamente en el uso de métodos o técnicas originales, que ciertamente tienen su utilidad, sino en estar llenos del Espíritu Santo y dejarse guiar por Él. La novedad del anuncio está en la profundidad de la inmersión en el misterio de Cristo, de la asimilación de su palabra y de su presencia en la Eucaristía, de modo que Él mismo, Jesús vivo, pueda hablar y obrar en su enviado. En definitiva, el evangelizador se hace capaz de llevar a Cristo a los demás de manera eficaz cuando vive de Cristo, cuando la novedad del Evangelio se manifiesta en su propia vida. Oremos a la Virgen María, a fin de que la Iglesia, en este Año de la fe, vea multiplicarse a los hombres y a las mujeres que, como san Esteban, saben dar un testimonio convencido y valiente del Señor Jesús.

Plaza de San Pedro. Ángelus, miércoles 26 de diciembre de 2012

Día de Navidad

HOMILÍA EN EL DÍA DE NAVIDAD
*****
Castellón, S.I. Concatedral de Sta. María, 25.12.2019

(Is 52,7-10; Sal 97; Hb 1,1-6; Jn 1,1-18)

¡Amados hermanos y hermanas en el Señor!

Anuncio del ángel

1. “Hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis una señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2,11s.). Con estas palabras anuncia el ángel a los pastores la buena Nueva de la Navidad. Nada prodigioso, nada espectacular se les da como señal a los pastores. Verán solamente un niño envuelto en pañales que, como todos los niños, necesita los cuidados maternos; un niño que ha nacido en un establo y que no está acostado en una cuna, sino en un pesebre.

La señal de Dios es el niño, su necesidad de ayuda y su pobreza. Sólo con el corazón los pastores podrán ver que en este niño se ha realizado la promesa del profeta Isaías: “un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Lleva al hombro el principado” (Is 9,5). Tampoco a nosotros se nos ha dado una señal diferente. El ángel de Dios, a través del mensaje del Evangelio, nos invita también a encaminarnos con el corazón para ver al niño acostado en el pesebre.

Leer más

Misa de Nochebuena

NAVIDAD – MISA DE MEDIANOCHE

S.I. Catedral de Segorbe – 24 de Diciembre de 2019

******
(Is 9,2-7. Sal 95; Tit 2,11-14; Lc 2,1-14)

1. ‘Hoy nos ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor’, hemos cantado en el Salmo responsorial, evocando el anuncio del ángel a los pastores: “No temáis, os traigo una buena noticia, la gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador: el Mesías, el Señor” (Lc 2,10-11).

Leer más

La otra Navidad de los enfermos, los ancianos, los marineros, los presos

¿Cuántas navidades se celebran a nuestro alrededor? Hay una que comienza en noviembre con el Black Friday, que sitúa a los españoles cuatro puntos por encima del gasto medio europeo, que este año crecerá un 2,4% llegando a los 554€ por persona, y que ya no espera regalos porque prefiere un sobre con dinero. Hay otra navidad, la que comienza a prepararse con el primer domingo de Adviento, que dispone el corazón a acoger al Niño Dios, y que vuelve la mirada y los brazos hacia las personas que están a nuestro alrededor.

Leer más

Vivir una Navidad diferente en el Albergue Mare de Déu del Lledó

El año pasado el Centro de Acogida Temporal Mare de Déu del Lledó, más conocido como el Albergue de Cáritas en Castellón, propuso a jóvenes la posibilidad de vivir en Navidad un campo de trabajo. El buen resultado ha llevado a organizarlo de nuevo este año. Comienza este lunes 23 y está dirigido a jóvenes entre 16 y 25 años.

Leer más