Al servicio de la Caridad

Queridos diocesanos:

Cáritas Diocesana celebra este año el 50º Aniversario de su fundación. Esta efeméride es una ocasión propicia para hacer memoria agradecida del pasado, y, mirando el presente, abordar el futuro con compromiso renovado. Al contemplar estos cincuenta años damos gracias a Dios por todas las personas –voluntarios, trabajadores y colaboradores-, comunidades y grupos que, con su dedicación y aportación personal y económica, han hecho posible el servicio organizado de la caridad de nuestra Iglesia diocesana. Sin ellos no hubieran sido posibles las múltiples y variadas obras de atención a los más pobres y necesitados durante estos años.

Cáritas diocesana es el organismo oficial y cauce ordinario de la Iglesia diocesana para el servicio organizado de la acción caritativa y social de la Diócesis. El servicio de la caridad no es algo optativo o algo secundario para nuestra Iglesia diocesana como tampoco lo es para un cristiano, para una comunidad parroquial u otras comunidades o grupos cristianos. Por el contrario, la caridad es algo propio de todo cristiano, que, como el buen samaritano, está atento y atiende con amor y gratuidad al prójimo necesitado. La caridad es también una dimensión esencial de la vida y misión de toda comunidad cristiana y de la Iglesia diocesana misma. La Iglesia y los cristianos servimos a la caridad por vocación propia, y no para suplir las lagunas de otros.

Con palabras de San Pablo “la caridad de Cristo nos apremia” (2Cor 5,14) a vivir para Cristo, desde Él y con Él al servicio de los hombres y mujeres de nuestro tiempo. La caridad de la Iglesia está arraigada en el amor mismo de Dios a la humanidad, con una preferencia especial por los más pobres y excluidos. También la Iglesia en cuanto comunidad ha de poner en práctica el amor y no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir el anuncio de la Palabra de Dios o la celebración de los Sacramentos. Las tres tareas se implican mutuamente y no pueden separarse una de otra.

Hemos de seguir potenciando Cáritas Diocesana, y también, y muy especialmente, las Cáritas parroquiales y el voluntariado. Para la Iglesia, la caridad y su servicio no es una especie de actividad de asistencia social que se podría dejar para otros. La caridad es algo propio e irrenunciable para toda comunidad cristiana.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro

Obispo de Segorbe-Castellón

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