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Ayudar a las familias de los enfermos

Queridos diocesanos:

En la fiesta de la Virgen de Lourdes, el 11 de febrero, la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo. Es un día para renovar la solicitud, el afecto, la cercanía y la atención humana y espiritual de toda comunidad cristiana y de cada cristiano hacia los enfermos. En España, la Jornada de este año se centra en la familia del enfermo, que necesita también ser acompañada en la enfermedad de cualquiera de sus miembros. Pues, cuando una persona enferma, enferma toda la familia.

Toda persona vive normalmente en una familia y, cuando cae enferma, es toda la familia la que se ve afectada y ve alterado el ritmo de su vida: unas optan por sacrificar parte de su vida social y profesional para atender al familiar enfermo; otras lo abandonan o soportan como una carga. En cualquier caso, en la enfermedad de uno de sus miembros la familia necesita ayuda y apoyo. Como dijo el papa Francisco, la familia ha sido siempre el “hospital más cercano”; casi siempre son la madre, el padre, los hermanos, los hijos o las abuelas los que garantizan las atenciones y ayudan a sanar.

Toda comunidad cristiana, y especialmente los sacerdotes y visitadores de enfermos, estamos llamados a acompañar a las familias de los enfermos. También en este campo somos enviados a encarnar y actualizar las actitudes y los comportamientos de Jesús. Recordemos brevemente algunos de ellos.

El Señor atiende no sólo a los enfermos, sino también a sus familias. Jesús no pasa de largo ante los familiares angustiados que, impotentes ante la enfermedad de un ser querido, acuden a Él pidiéndole ayuda. Los evangelios recogen, de modo a veces dramático, el grito estremecedor de padres y madres que se acercan a Jesús pidiendo su intervención. Recordemos a Jairo que “le suplica con insistencia: Mi hija está a punto de morir: ven, impón tus manos sobre ella, para que se cure y viva. Y Jesús se fue con él” (Mc 5, 22-24); o es también el caso de la mujer cananea o del funcionario de Cafarnaún (Jn 4, 47-50). Jesús permanece insensible a estos gritos. Comprende la angustia de esa madre y de ese padre les ofrece la curación que es signo del Reino de Dios que llega.

Jesús reconforta a las familias destrozadas por la enfermedad. Así le gritan a Jesús los familiares de un endemoniado: “Si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros” (Mc 9, 22). Jesús comparte el sufrimiento y reconforta a la familia del enfermo. Su acción sanadora se extiende a toda la familia, pues es toda la familia la que necesita ser curada del sufrimiento y recuperar de nuevo la esperanza. Cuando se encuentra con aquella madre viuda que llora a su hijo, Jesús se preocupa, antes que nada, de infundirle consuelo y esperanza. “Al verla, el Señor tuvo compasión de ella, y le dijo: No llores” (Lc 7, 13). Y a Jairo le dice: “No temas, solamente ten fe” (Mc 5, 36).

Jesús despierta la fe de la familia del enfermo. Su primer regalo es infundirles de nuevo la fe y la confianza en Dios. Su actitud es siempre constructiva, de fe honda en Dios. Jesús pide a Jairo que recupere su fe y se libere de miedos y temores (Mc 5, 36). Entabla con la madre cananea un diálogo que sirve para que aquella mujer pueda mostrar toda su fe. “Mujer, grande es tu fe, que te suceda como deseas” (Mt 15,28).

Jesús restaura la vida familiar. Los evangelios insisten en señalar el interés de Jesús por integrar de nuevo a los enfermos a su familia, hasta ver restaurada la paz y la alegría familiar. No solo resucita al joven muerto en Naim, sino que, una vez incorporado, “se lo dio a su madre” (Lc 7, 15). No solo cura al paralítico de Cafarnaúm, sino que lo introduce de nuevo en la vida familiar: “Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (Mc 2, 4). Jesús busca llevar también la salvación hasta el hogar del enfermo; la curación que realiza es un medio para que en aquella casa se anuncie la Buena Noticia de Dios. Así dice al endemoniado de Gerasa después de haberlo curado: “Vete a tu casa, donde los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti” (Mc 5, 19).

Jesús llama a caminar hacia una familia más fraterna. Jesús quiere una familia más fraterna, donde reine el amor y el servicio al otro, especialmente al más pequeño y al enfermo. Corrige, por ello, a los hijos que se desentienden de sus padres, se acerca a los enfermos que viven sin familia y acoge a los que están solos, e invita a sus seguidores a hacer lo mismo.

El amor a los enfermos y la atención de sus familias no puede faltar nunca en la acción pastoral de nuestra Iglesia diocesana. Los enfermos y sus familias han de ocupar un lugar prioritario en la oración y la misión de todas nuestras comunidades cristianas.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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