Ayuno cuaresmal y crisis económica

Queridos diocesanos:

Durante el tiempo de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a la práctica del ayuno, de la oración y de la limosna. Los tres están interrelacionados y son siempre consecuencia y fruto de la conversión a Dios, a que nos llama Jesús en el itinerario cuaresmal hacia la Pascua. Sabremos que hemos entrado de verdad en el camino de vuelta al amor paterno de Dios si le abrimos nuestro corazón en la oración y la escucha de su Palabra, apoyados en el ayuno, y si nuestra oración y nuestro ayuno se muestran en obras de caridad al prójimo y, en especial, al necesitado.

El Papa Benedicto XVI ha dedicado su Mensaje para la Cuaresma de este año al sentido y valor del ayuno. La reflexión del Papa es de suma actualidad para profundizar en el verdadero espíritu del ayuno y para recuperarlo como práctica cuaresmal. Sorprende observar cómo los mismos cristianos valoramos esta práctica penitencial en otras religiones, y, sin embargo, la miramos con indiferencia o menosprecio cuando nos la propone la Iglesia.

El mensaje del Papa es también muy actual en estos momentos de profunda crisis económica. A nadie se le debería ocultar a estas alturas que la crisis financiera y económica mundial desvela, entre otras cosas, una profunda crisis espiritual y moral en nuestra sociedad. Ahí están el afán de lucro desmesurado, que ha sido incluso alentado; los casos de fraudes escandalosos en el mundo de las finanzas, basados en la mentira; o el deseo de muchos de construir la propia vida exclusivamente en la posesión de bienes materiales e incluso en el aparentar mucho más allá de las posibilidades reales; o el también individualismo insolidario tan presente y jaleado en nuestra sociedad. Una vez más se comprueba que cuando Dios desaparece del horizonte de los hombres, comienza el ocaso del ser humano.

¿Qué sentido tiene, pues, el ayuno para los cristianos? Además de seguir el ejemplo de Jesús antes del inicio de su misión, el ayuno, es decir el privarnos de aquello que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento, el ayuno nos recuerda que “no sólo de pan –es decir, de comida y de bienes materiales- vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). El verdadero ayuno no es sin más privarse de algo para cumplir una norma; el verdadero ayuno es aquel que nos lleva al alimento verdadero, a la Palabra de Dios, para amarle y hacer de su voluntad el alimento de nuestra existencia. El ayuno provoca en el creyente el hambre de Dios y de su Palabra, le lleva a la oración y al deseo de abrirse a Dios y a su amor, de someterse humildemente a Él confiando en su bondad y misericordia. De esta manera, el ayuno frena el pecado y abre en el corazón del creyente el camino hacia Dios para a amarle de todo corazón.

De otro lado, el amor a Dios es inseparable del amor a los hermanos. Por eso, el ayuno verdadero nos lleva necesariamente a tomar conciencia de la situación precaria en que viven muchos de nuestros prójimos y a cultivar el espíritu del Buen Samaritano, que socorre al hermano que sufre. A causa de la crisis económica son ya muchas las personas y las familias que pasan hambre y necesidad; y su número irá creciendo en los próximos meses. Nuestro ayuno y nuestra conversión serán verdaderos si destinamos nuestras privaciones voluntarias en esta Cuaresma a evitar el ayuno obligado de otros muchos. Os invito a que redoblemos nuestra generosidad en la campaña extraordinaria de Cáritas Diocesana a favor de las víctimas de la crisis económica.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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