Homilía en el funeral por los fallecidos en la pandemia

S.I. Concatedral de Sta. María de Castellón 27 de junio de 2020

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(2 Mac 12, 43.46, Rom 8,31b-35,37-39; Salmo 22,1-6; Mc 15,33-39;16,1-6)

 

Hermanas y hermanos en el Señor!

 

  1. Os saludo a todos en el Señor resucitado. Un saludo muy especial para vosotros queridos familiares, esposos, esposas, hijos, padres y hermanos de todos fallecidos en nuestra diócesis a causa de la epidemia: recibid la condolencia más sincera de nuestra Iglesia de Segorbe-Castellón. Contad con nuestra cercanía y solidaridad, con la comunión con vuestro dolor y, sobre todo, con nuestra oración que mitigue vuestro sufrimiento y que alcance del Señor para vuestros seres queridos el descanso eterno. Saludo a los sacerdotes concelebrantes, de modo particular a los capellanes de los hospitales, y al diácono asistente. Mi saludo respetuoso y agradecido a las autoridades civiles, militares, policiales y sanitarias, a los representantes del personal médico y sanitario y de las residencias de ancianos.

Nada ni nadie, ni tan siquiera la muerte, “nos podrá separar del amor de Dios manifestado en Cristo” (Rom 8,39), muerto y resucitado para la vida del mundo. Con esta fe y confianza en el amor de Dios nos hemos reunido esta mañana como Iglesia diocesana para orar por los fallecidos a causa de la pandemia. Es una idea piadosa y santa rezar por nuestros hermanos difuntos (cf. 2 Mac  12, 44-45)

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Cercanía con las familias y esperanza en la vida eterna marcan el funeral diocesano por los fallecidos a causa del Covid-19

176 es el número oficial de fallecidos por la pandemia del coronavirus en la poblaciones de la Diócesis de Segorbe-Castellón. 176 son las familias que han perdido a un ser querido. Por todos ellos este sábado, 27 de junio, D. Casimiro López Llorente ha querido oficiar una Misa funeral en la Concatedral de Santa María: “Siguen viviendo en sus almas inmortales, y un día nos podremos reencontrar con ellos si sabemos acoger la vida de Dios ya en nuestra vida mortal. A partir de esta certeza, los encomendamos a la piedad infinita de Dios, seguros que nuestra plegaria por ellos es el mejor homenaje a su memoria“,  afirmaba el Obispo durante la homilía.

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Testimonio de Amparo Villoria, viuda de Ismael Romero, fallecido por coronavirus

“me mantiene saber que Ismael está en el cielo velando por nosotros, porque creo en la vida eterna”

Ismael Romero, de 69 años de edad, nació en Serradilla (Cáceres). Desde bien pequeño se fue a vivir a Salamanca, donde conoció a Amparo, su mujer. Por motivos laborales se vinieron a vivir a Castellón hace 36 años. Tienen dos hijos, Myriam, casada con David, e Ismael, casado con Sandra; y 5 nietos. Juntos, Ismael y Amparo han vivido su fe en la parroquia de la Santísima Trinidad de Castellón, en la segunda comunidad del Camino Neocatecumenal, y también han estado comprometidos con la parroquia de San Vicente Ferrer de Castellón.

Ismael estuvo 49 días en la UCI y 4 días en planta. Falleció el 16 de mayo en el Hospital General de Castellón.

¿Cómo estás ante este acontecimiento, del fallecimiento de Ismael?

Me he sentido mal, por el dolor que tenía tan grande, pero a la vez me he sentido muy apoyada por la oración, porque he tenido mucho tiempo para orar, y me he sentido muy apoyada por todos los hermanos y por tanta gente que ha estado rezando por nosotros. La comunión de los santos se nota, yo lo he notado, y gracias a  esas oraciones me he podido mantener firme y esperando en el Señor. He estado dos meses y medio completamente sola en casa porque no podía entrar nadie, pero gracias al Señor, dentro de este sufrimiento he podido vivir la soledad en paz. Por eso digo que la oración de los hermanos es lo que más me ha acompañado.

¿Qué es lo que te está sosteniendo durante todo este tiempo?

Pues al principio yo tenía la esperanza de que Ismael se iba a curar y que iba a salir, pero cuando ves la gravedad… empecé a pensar que nos dejaba y se iba con el Señor.  Ahora me mantiene el saber que Ismael está en el cielo, y que está velando por todos nosotros, porque creo en la vida eterna.

¿Te está ayudando la fe en Cristo resucitado?

Por supuesto que me está ayudando, y mucho. El Señor nos ha regalado que Ismael no muriera solo, pues los 4 días que estuvo en planta pudo estar acompañado por nuestra hija Myriam, ya que había pasado el coronavirus y tenía anticuerpos. Y ella le hablaba continuamente, rezaba mucho con él hasta el día que falleció. El ratito antes de fallecer, Myriam no dejo de rezar ni un minuto, para que sucediera lo mejor para su padre y que fuera lo que Dios quisiera. Ismael ha muerto con el Rosario en la mano y con mi hija acompañándole, y para mí eso es un don del Señor.

Otra cosa muy importante para nosotros fue el entierro, poderle dar sepultura y que no fuera incinerado. También, que por un día, gracias al cambio de fase, pudimos asistir quince personas en lugar de tres. Éramos pocos, pero se le hizo un entierro muy digno, con las oraciones, con cantos y salmos, y no le faltó de nada, y para mí eso es un don del Señor.

También, después del cementerio yo me fui a hacer la prueba del Covid y di positivo, después de tanto tiempo encerrada en casa, y fue duro,  porque yo ya pensaba que me podía juntar con mis hijos y mis nietos después de tanta soledad. No lo entendí, pero cuando llegué a mi casa reflexioné. Estuve sola a ratos, pues mi hija venía algún momento, y eso me ha ayudado muchísimo, y rezar juntas, lo que para mí ha sido otro don del Señor. Ahora sigo en casa, ya he dado negativo y no tengo el virus, pero no tengo muchas ganas de salir. Recuerdo muchísimo a Ismael, pero de todo esto que hemos pasado me quedo con lo bueno, con todas las bendiciones que nos ha regalado el Señor, por tantas cosas que le quiero dar las gracias y decir “Amén”.

¿Ha podido Ismael recibir la unción de enfermos?

Pues sí, Ismael recibió la unción de enfermos cuando estaba en la UCI muy grave, y la verdad que para mí eso fue otro don del Señor.

También  me gustaría recordar y dar las gracias a todos los trabajadores del Hospital General de Castellón por el trabajo que han realizado y que están realizando con todos los enfermos. Ismael ha estado muy bien cuidado y muy bien atendido, y espero que Dios les ayude a todos a seguir adelante lo mejor posible.

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Oración-funeral por los fallecidos a causa del Covid-19

Queridos diocesanos:

Durante estos meses de pandemia estamos viviendo momentos muy amargos, llenos de dolor, de sufrimiento y de obscuridad. Hemos sufrido muy de cerca la muerte de familiares, amigos y conocidos. El número tan elevado de fallecidos nos ha hecho caer en la cuenta de que somos frágiles, vulnerables y mortales. La muerte de tantas personas ha sido como un mazazo muy fuerte para todos y, en especial, para sus familias. Y así lo ha vivido nuestra sociedad y nuestra Iglesia, y así lo estamos viviendo.

Creo que es un deber de caridad cristiana y de justicia orar por nuestros fallecidos y por sus familiares, que, en muchos casos, han quedado desolados. Lo hemos venido haciendo desde un primer momento. A los fallecidos y a sus familias nunca les ha faltado nuestra oración personal, la de las familias y la de las comunidades religiosas y parroquiales. Ahora que ha amainado la pandemia y las circunstancias lo permiten, queremos orar como Iglesia diocesana por todos los fallecidos a causa del Covid-19, junto con sus familiares tan necesitados de consuelo. Y lo haremos con la celebración de la Eucaristía, en la que actualizamos la Pascua de Jesucristo, su muerte y resurrección para la Vida del mundo, fuente de esperanza y de consuelo.

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Lucas Blanch, sacerdote misionero en Colombia: “La fe en este tiempo no puede ir desligada de la caridad para con los necesitados”

Lucas Blanch Queral es de Castellón, tiene 36 años y nació en el seno de una familia cristiana, es el cuarto de ocho hermanos. Cuenta que “como fruto de la fe de mis padres, y de vivir la fe en la parroquia de la Santísima Trinidad un camino de iniciación cristiana a través del Camino Neocatecumenal, a los 22 años partí para Colombia”, donde se ha formado como sacerdote en el Seminario Redemptoris Mater de Bogotá.

Fue ordenado el 12 de noviembre de 2016, y actualmente está de administrador parroquial en la parroquia de Santa Teresa de los Andes, en un sector pobre de la ciudad llamado Ciudad Bolívar, trabajando también como capellán del colegio Instituto Tecnológico del Sur, ubicado en el barrio de El Carmen. Lleva, como misionero, más de 14 años en Colombia “y por gracia de Dios y el amor que me ha dado a este hermoso país, también soy colombiano”.

¿Cómo vives las noticias que te llegan desde España?

Desde Colombia tenemos la mirada puesta en Europa y en España, pues en esta situación de pandemia que vivimos, a Colombia ha llegado más tarde que a Europa, y tratamos, como país, de evitar el nivel de contagio que se ha dado allí.

Desde aquí hemos contemplado con gran dolor las noticias de contagios y muertes que han asolado España, comprendiendo que Dios, que permite que esto suceda, nos llama a conversión y a poner nuestros ojos fijos en Él. Para mí, en particular, no ha sido fácil escuchar estas noticias sabiendo que toda mi familia está allí, y que el temor de que mis padres se pudieran contagiar ha sido grande. Pero el Señor también me ha confortado y me ha dado mucha paz.

¿Cuál es la situación actual en Colombia?

A principios del mes de abril, con pocos más de 100 contagiados de Covid-19, el Estado colombiano promulgó la cuarentena obligatoria, y desde ese momento toda actividad pública quedó suspendida, incluido el culto religioso en los templos. Desde entonces y hasta el día de hoy nuestras parroquias están cerradas. El número de contagios ha ido, pese a las medidas de aislamiento, aumentando. Hoy, 12 de junio, el reporte en Colombia es el siguiente, según los datos oficiales:

  • 45.212 casos confirmados
  • 1.488 fallecidos
  • 17.790 recuperados
  • 458.324 muestras procesadas
  • La enfermedad se ha extendido en los 32 departamentos del país y en el Distrito capital de Bogotá, siendo éste último el lugar de mayor número de contagios.

La problemática en el país por la toma de medidas de aislamiento ha derivado en la crisis económica de tantas familias que vivían al día con sus trabajos, especialmente en los barrios ubicados al sur de la ciudad, donde los sectores son más pobres. Desde entonces hemos transcurrido los días viviendo en aislamiento en nuestros hogares, y hasta hace pocos días hemos pasado del aislamiento a una cuarentena donde ya se han retomado algunas actividades laborales, aunque sectores enteros de la ciudad de Bogotá siguen en aislamiento absoluto a causa del aumento de los contagios en ellos.

¿Cómo estás viviendo tu fe durante este tiempo?

Dios, a través de esta situación, saca también lo mejor de las personas. La fe en este tiempo no puede ir desligada de la caridad. Yo he experimentado más que nunca en mi vida y en mi ministerio que la caridad para con los necesitados es una oración agradable a Dios.

Por un lado, en la parroquia hemos estado celebrando la liturgia de la Iglesia a través de los medios virtuales para poder llegar a las familias en sus hogares. También hemos orientado a las familias a poder realizar liturgias domésticas, y hemos animado al rezo de Rosario.

Además, hemos invitado a los fieles a que escuchasen la voz del Santo Padre, el Papa Francisco, y a nuestro pastor, el Cardenal Rubén Salazar Gómez, que en estos días ha entregado la diócesis a un nuevo arzobispo, Monseñor Luis José Rueda Aparicio, que el 11 de junio tomará posesión.

Por último, con la entrega de alimentos, cada semana desde el inicio de la cuarentena, hemos ido apoyando cada vez más a un número mayor de familias que lo están pasando verdaderamente mal. Aquí hemos podido sostener las ayudas gracias a donaciones llegadas desde España, desde la delegación de Misiones de la diócesis de Segorbe-Castellón, desde la parroquia de la Santísima Trinidad de Castellón, y desde la Basílica de la Mare de Déu del Lledó. Ahora, a través de la policía nacional colombiana y de la alcaldía, hemos incrementado aún más el número de familias auxiliadas. El pasado jueves, 4 de junio, por ejemplo, pudimos hacer una entrega de alimentos a 450 familias del sector de la parroquia.

 ¿Cómo está viviendo esta situación la Iglesia colombiana?

La Iglesia colombiana está preocupada de la fe de los fieles que no pueden asistir al culto en los templos parroquiales, pero somos conscientes como Iglesia de que Dios se sirve de este acontecimiento para valorar aquello que antes teníamos y no apreciábamos: el podernos reunir en asamblea para la oración en nuestras parroquias. Ahora muchas personas queriendo reunirse en los templos parroquiales a orar no lo pueden hacer, queriendo participar de la Eucaristía y comulgar no es posible aún. Jamás habíamos vivido algo así, pero el pueblo colombiano siempre se ha caracterizado por su fe en el Dios Altísimo y con la tradición del rezo de las novenas, característico de los colombianos, y del Rosario, nuestras casas se han convertido más que nunca en lugar de oración.

¿Un mensaje de esperanza?

Las tristezas y angustias, las esperanzas y las alegrías de los hombres son también las de los cristianos (Gaudium et Spes). Por eso los cristianos tenemos la misión, en medio de esta pandemia, de irradiar con nuestra esperanza en la Vida Eterna y de que Dios es nuestra riqueza, a tantas personas que viven desconsoladas y desesperanzadas. Animamos a los cristianos más que nunca a no esconder nuestro tesoro e irradiarlo.

¡Que Dios los bendiga a todos!

La Iglesia al servicio de los más necesitados: Presentación de la Memoria de Cáritas Diocesana 2019

“Sentado a la mesa con ellos” (Lc 24,18) es la propuesta que nos hace la Conferencia Episcopal Española y Cáritas con motivo del DÍA DE LA CARIDAD.

Nos invitan a todos los cristianos, en particular a cuantos trabajamos en la acción caritativa y social, a encontrarnos con Él en el camino y a sentarnos a comer a su mesa, para que, unidos a Él, nos convirtamos en testigos de la fe, forjadores de esperanza, promotores de fraternidad y constructores de solidaridad en medio de esta situación tan dolorosa que estamos atravesando.

Con motivo de la Solemnidad del Corpus Christi, Día de Caridad, el próximo 14 de junio, los obispos nos dicen que el Señor nos llama constantemente a ser discípulos misioneros, a salir a los caminos y encrucijadas de la historia para convocar a todos, especialmente a los desesperanzados, a los pobres y excluidos, a los que experimentan la violencia y la persecución, y a los que habitan en las diferentes periferias de nuestro mundo.

Este año celebramos una Semana de la Caridad atípica, marcada por una pandemia mundial que nos ha obligado a cambiar nuestros hábitos, nuestra forma de sentir, de relacionarnos, pero que no nos ha hecho olvidar ni por un segundo la llamada que nos hace el Señor a “soñar con un mundo mejor”. Este año la programación de la Semana será toda on-line a través de nuestra web y redes sociales. Os animamos a seguirla y replicarla en vuestros medios sociales, porque #CadaGestoCuenta y el compromiso de todos y todas, mejora el mundo.

Memoria de Cáritas Diocesana 2019

La transparencia es un elemento capital en Cáritas y, por ello, cada año presentan los resultados, fruto de la labor de las personas que la conforman, unidos con el objetivo común de proteger, servir, amar y defender la dignidad de los más vulnerables.

Ese compromiso ha llevado a atender y acompañar a 14.536 participantes (un 17% más que el pasado año) y 25.537 (un 7% más) personas beneficiarias.

Los datos indican que la pobreza y la vulnerabilidad social siguen creciendo, incluso entre aquellos que han encontrado un puesto de trabajo. Se intensifica la cronificación estructural, porque la exclusión o el riesgo de sufrirla se hereda de padres hijos y se mantiene en el tiempo. No es fácil salir de la pobreza. Además, los pobres son “cada vez más pobres”, es decir aumenta la brecha entre ricos y pobres. Se produce una “espiral de pobreza” en la que un factor alimenta a otro y hace que cada vez sea más difícil extraer a esa familia del espacio de la exclusión al espacio de la integración.

El perfil que llega a Cáritas es el de familias o personas que viven en hogares donde no entra ningún salario por empleo o éste es precario, jóvenes y menores de familias en exclusión social, personas drogodependientes, enfermos crónicos, personas en situación de sin hogar, personas mayores, inmigrantes (detectando durante el 2019 un aumento de familias procedentes de países de Latinoamérica -Venezuela, Honduras y Colombia-; estas personas duplican el riesgo de pobreza y de exclusión social como resultado de un marco legal que dificulta su acceso al trabajo, lo que dificulta afrontar los gastos básicos como la vivienda, la alimentación o el vestido).

Preocupa también el tiempo de acompañamiento de las personas que acuden a nuestras Cáritas. Como ejemplo, el 52% de las mujeres acompañadas en los proyectos de mujer, permanecen una media de 3 años en nuestros recursos. Son familias cuyas condiciones de vida han sufrido dificultades en diferentes dimensiones (empleo, vivienda, salud, relaciones sociales, etc.) que necesitan acciones integrales en varias de las dimensiones afectadas, lo que explica que los acompañamientos se prolonguen en el tiempo y sean cada vez más intensos.

Un mercado laboral complejo y unos precios elevados de acceso a la vivienda que provocan la exclusión residencial, impide a las familias de la “sociedad expulsada”, pero también algunas familias de la “sociedad insegura”, salir del pozo

Como fruto de esta realidad, Cáritas Diocesana ha dedicado el 84% de sus recursos a los proyectos de Acogida y Acompañamiento para atender las necesidades básicas y de promoción de una población expulsada que acumula una gran cantidad de dificultades y problemas, intentando frenar que la espiral de la exclusión siga expulsando a estas personas de la sociedad.

En esta respuesta juegan un papel decisivo todos y cada uno de los voluntarios que hacen posible toda esta actividad al igual que los colaboradores, donantes y empresas convencidas del valor de la dimensión social de su generosidad. Gracias a estos gestos fraternos podemos estar cerca de quien más lo necesita en cada momento, defendiendo sus derechos en las tres áreas fundamentales del desarrollo: necesidades básicas, sentido de la vida y participación social.

Esta memoria es un sincero agradecimiento a quienes, de una forma u otra, colaboran y trabajan en favor de los más necesitados de una sociedad que TODOS debemos mejorar.

Memoria Cáritas Comunidad Valenciana 2019

Los datos de 2019  de Cáritas en la Comunidad Valenciana, Alicante, Castellón y Valencia, son:

DATOS

NÚMERO Cáritas Parroquiales

684

PARTICIPANTES

49.025

BENEFICIARIOS

118.150

INVERSIÓN

12.040.013

Memoria COVID-19

Desde el interior de la tempestad provocada por la pandemia de la COVID-19, Cáritas Diocesana, Iglesia al servicio de los más necesitados, ha seguido trabajando en el límite de sus posibilidades y de su capacidad para estar junto a las familias más vulnerables. Una vez más la crisis no ha sido igual para todos, los más frágiles se han visto más afectados. Pérdida de empleo por ERTE o por la paralización de la economía alternativa debido a la cuarentena, ha desplazado a muchas familias a los márgenes. La falta de alimentos, las dificultades para pagar los alquileres, la convivencia, la soledad, el ensanchamiento de la brecha educativa y digital, los problemas de salud…, completan la mirada sobre el impacto que esta crisis ha traído a las familias acompañadas por Cáritas. Se ha duplicado el número de personas atendidas en las acogidas, en dos meses y medio se han atendido a la mitad de las personas acogidas en todo el año 2019. El 90% de las personas atendidas en fase COVID, necesitaban ayuda urgente para la alimentación. Y el 35% han sido personas que nunca habían sido atendidas por Cáritas.

Un total de 8.478 personas acogidas en las Cáritas de toda la diócesis, 609 personas atendidas en el servicio de empleo, 161 personas atendidas en albergues y viviendas tuteladas, 7.679 comidas preparadas para llevar. Entre las cifras también cabe destacar que 36 personas han encontrado un empleo en los nichos laborales aflorados por la emergencia y más de 90 personas han contactado con Cáritas para hacer voluntariado en estos meses tan duros. No debemos olvidar la creación, a iniciativa de la Diócesis, de un Fondo ante el Covid-19, destinado a prestar ayuda a las Cáritas parroquiales, arciprestales o interparroquiales cuando éstas no pueden cubrir con fondos propios las peticiones de personas o familias necesitadas (alimentos, suministros, vivienda, comedores, medicamentos…).

Colecta y rendición de cuentas. Tenemos retos por delante que no podemos abordar solos

El Día de Caridad es la jornada en la que Cáritas solicita la colaboración económica de la comunidad cristiana, para sostener su actividad socio-caritativa. Por ello, todas las colectas del día del Corpus, como también las de los primeros domingos de mes, se destinan a las más de 97 Cáritas Parroquiales, 6 Cáritas Interparroquiales y a Cáritas Diocesana de Segorbe-Castellón.

Y en este ejercicio de transparencia, las diferentes Cáritas rinden cuentas ante sus comunidades informando del destino de la colaboración económica recibida y de su gestión en la acogida y el acompañamiento a las personas necesitadas, para que vean reconocidos sus derechos y puedan vivir con dignidad.

ACCEDE A LA MEMORIA AQUÍ

 

 

Manos Unidas sigue trabajando para paliar los efectos de la pandemia entre los más desfavorecidos del planeta

La delegación de Manos Unidas Castellón ha permanecido cerrada durante el periodo de confinamiento, no así las voluntarias, que desde sus hogares han seguido manteniendo contacto telefónico y trabajando según permitían las circunstancias.

Por esta razón, algunas de las actividades previstas durante este tiempo se han tenido que anular, como es el caso de la Asamblea Nacional de delegadas y la Asamblea Diocesana, que en este mes de junio se suele realizar en alguna comarcal. Precisamente, la presidenta-delegada, Amparo Faulí, hace ahora un año que asumió el cargo.

No obstante, desde enero hasta mediados de marzo se han podido realizar cuatro de las diez Cenas de Hambre programadas en la ciudad de Castellón, y tres de las diez programadas en el resto de la Diócesis. También se pudieron realizar las colectas del segundo domingo de febrero, así como la campaña en medios de comunicación y centros educativos, llevada por el misionero camerunés Marcel Bikongnyuy.

Las actividades se irán retomando a partir de septiembre, según permitan  las circunstancias, para poder responder a la financiación de los proyectos de desarrollo con los cuales Manos Unidas Castellón se ha comprometido, teniendo que realizar un esfuerzo extra debido a que la pandemia también está afectando a los pueblos más desfavorecidos. En este sentido, la ONG católica está aportando ayuda de emergencia para paliar las necesidades más básicas, como productos de higiene y alimentos.

La delegación en Castellón permanecerá abierta en horario de lunes a viernes, de 10 a 13,30 horas, y la cuenta de emergencia que se ha abierto para hacer frente a las consecuencias del coronavirus es:

ES42 0049 6791 7420 1600 0102

El Obispo, D. Casimiro, presidirá un funeral por los fallecidos a causa del coronavirus y otro por los sacerdotes fallecidos durante este tiempo

  • El solemne funeral será el próximo 27 de junio en la Concatedral de Santa María de Castellón.
  • El funeral por los sacerdotes fallecidos durante este tiempo será el 4 de julio en la Catedral de Segorbe.
  • La jornada diocesana por los afectados de la pandemia el 26 de julio.

El Obispo de la diócesis de Segorbe-Castellón, D. Casimiro López Llorente, a través de una carta dirigida a todos los sacerdotes, ha comunicado que presidirá un solemne funeral por todos los diocesanos fallecidos a causa de la pandemia del coronavirus. Será el sábado 27 de junio en la S.I. Concatedral de Santa María de Castellón a las 11 horas.

Indica que «los familiares de estos fallecidos serán invitados de un modo especial y personal». El deseo del Obispo es «acompañarles con nuestra cercanía y oración en su duelo por la muerte de algún familiar, acrecentado en muchos casos, por las penosas circunstancias de su fallecimiento y de su entierro».

Además, D. Casimiro ha informado de que el domingo 26 de julio, fiesta de San Joaquín y Santa Ana, se celebrará en todas las parroquias e iglesias una jornada diocesana por los afectados de la pandemia, «para orar por el eterno descanso de todos los difuntos, por el consuelo y esperanza de sus familiares, y por la pronta recuperación de los contagiados por el virus».

Por otra parte, durante este tiempo han fallecido dos sacerdotes diocesanos, D. José Blasco Aguilar, canónigo emérito del Cabildo Catedral de Segorbe, y D. Roque Herrero Marzo, párroco emérito de Benasal. Por ellos también presidirá un funeral, el sábado 4 de julio a las 11 horas, en la S.I. Catedral de Segorbe. «Esta Misa funeral la aplicaremos también por los fallecidos a causa del Covid-19», y a la que también estarán invitados «los familiares que por una u otra razón no pudieran participar en el funeral general en la Concatedral».

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Ante la crisis global, intensificar la caridad

Queridos diocesanos:

A lo largo de la próxima semana nos prepararemos para la celebración del Corpus Christi ayudados por nuestras parroquias y Cáritas diocesana. Lo haremos afectados aún por la pandemia del Covid-19,  y, también, por sus graves consecuencias económicas, laborales, sociales, morales y espirituales. Vivimos una crisis global que abarca los distintos ámbitos de la vida: el personal, el  familiar y el social, en nuestra nación y en el mundo entero. Toda crisis, junto a sus efectos negativos, tiene también una dimensión positiva: ofrece la gran oportunidad para crecer corrigiendo lo que es incorrecto e injusto, purificando lo erróneo y pecaminoso, y dejándonos renovar para construir un mundo más humano. Más que nunca, como cristianos estamos llamados a trabajar por la civilización del amor, a lo que tantas veces nos exhortó san Juan Pablo II.

El Corpus Christi nos lleva a la raíz y la fuente de la civilización del amor. En el centro de esta fiesta está la Eucaristía, el Sacramento del amor; en él Cristo Jesús nos ha dejado el memorial de su sacrificio y entrega total en la Cruz por amor a toda la humanidad y a la creación. Cristo nos ha redimido del pecado y ha restaurado el orden original de amistad y comunión con Dios, con los demás y con la naturaleza entera. En la Eucaristía, el mismo Jesús se nos da como alimento de Vida y de Amor, que cambia y transforma;  Él se queda realmente presente entre nosotros para que, en adoración, contemplemos su amor supremo y nos dejemos empapar de él. La Eucaristía es central y vital para la Iglesia y para cada cristiano; es la fuente de la que nos nutrimos y el motor para vivir el día a día desde el amor de Dios; es el anticipo de la vida eterna y el inicio de la nueva tierra  y los nuevos cielos, cuando todo quede restaurado en Cristo.

En la Eucaristía, el Señor mismo nos invita a su mesa y nos sirve; Él se nos da a sí mismo en el pan partido y repartido; nos muestra así que amar es servir, y que el servicio es no solo dar sino darse. La comunión del Cuerpo de Cristo une a los cristianos con el Señor y crea la unión de unos con otros. La Eucaristía crea y recrea la nueva fraternidad que es expansiva y que no conoce fronteras.  Por ello, la Eucaristía tiene unas exigencias concretas para el vivir cotidiano, tanto de la comunidad eclesial como de los cristianos; de ella brota el mandamiento nuevo del Amor: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Y Cristo nos ha amado dándose a sí mismo por puro amor, de forma totalmente gratuita y desinteresada. La Iglesia y cada cristiano estamos llamados a dejarnos empapar por este amor entregado de Cristo y a vivirlo  de tal modo que este amor llegue a todos, pues a todos está destinado.

Por todo ello, en la Fiesta del Corpus Christi celebramos el Día de la Caridad. “La caridad de Cristo nos apremia” (2Cor 5,14). Ante la profunda crisis, que padecemos, el Señor nos apremia a ser testigos comprometidos de la caridad. Nos urge a orar por el eterno descanso de los fallecidos y por el consuelo de sus familiares; nos insta a atender a aquellos que en número creciente pasan hambre, se quedan sin trabajo, pierden sus empresas o negocios; nos urge a atender a familias enteras sin medios para subsistir o pagar los gastos corrientes y el alquiler. El mandamiento nuevo del amor nos llama a redoblar nuestro compromiso personal y nuestra generosidad para con los necesitados entre nosotros, a través de nuestras cáritas y de nuestra aportación al fondo diocesano ante el Covid-19; y también a ayudar a los más pobres de la tierra a través de  Manos Unidas y de la Delegación diocesana de Misiones.

El Señor Jesús nos apremia a vivir la caridad para reconstruir entre todos el tejido económico, laboral y social, tan castigado y debilitado por la pandemia, en el que todos puedan encontrar un trabajo digno. Y nos urge a vivir la caridad en la verdad para construir un orden social y político, basado en la verdad, en el encuentro y el diálogo constructivo entre todos, superando la mentira, el rencor, el insulto, la exclusión del diferente, el sectarismo y la imposición de ideologías. Necesitamos recuperar la categoría del bien común para crear entre todos las condiciones necesarias para que personas, familias y grupos puedan desarrollarse y alcanzar su perfección. Este debería ser objetivo de todos y, en especial, de los servidores  públicos.

Así esta crisis global se convertirá en oportunidad para crear un mundo más humano, más fraterno y más solidario. A ello nos apremia la caridad de Cristo.

Con mi afecto y bendición

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Las residencias de mayores vinculadas a la Iglesia reciben las primeras visitas de familiares después de un confinamiento sin casos de covid-19

Todos a salvo. Los más de 200 mayores que viven en las cinco residencias vinculadas con la Iglesia no han lamentado ninguna infección de coronavirus gracias a la prontitud de reacción de las instituciones. Algunas incluso tomaron medidas antes de la declaración del estado de alarma. Con la entrada en la fase 2, se permiten de nuevo las visitas de familiares y estos días están adaptando los protocolos para que se dé el reencuentro. Ancianos y familias lo esperan con ilusión; el personal, con prudencia y responsabilidad.

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