Comienza el Mes Misionero Extraordinario para estimular la evangelización

El Mes Misionero Extraordinario (MME), convocado por el Papa Francisco en el centenario de la Maximum Illud, se ha inaugurado en la Diócesis el primer día de octubre en el monasterio del Sagrado Corazón de las carmelitas de Las Alquerías del Niño Perdido. La elección del lugar no es baladí. En los años ochenta fue un equipo de esta comunidad contemplativa el que fundó la orden del Carmelo en Burkina Faso, fruto de la relación entre el obispo José Pont y Gol con el titular de Safané, mons Lesourd.

El acto de apertura ha consistido en el rezo solemne de vísperas, presididas por el Vicario de Pastoral, Miguel Abril, delegado por Mons. López Llorente. En la homilía ha afirmado que “la misión ad gentes nos estimula en la evangelización”. Miguel Abril asegura que es un reto que excede a nuestras fuerzas, y por ello “debemos venir ante el Señor para que Él nos impulse a ser testigos alegres y convincentes”. Citando la carta del Obispo dedicada al Mes Misionero, ha recordado que “hay mucho publicado, pero sobre todo es necesario llenarse más el corazón del amor de Cristo que quiere comunicarse”.

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Bautizados y enviados: Iglesia en misión

Queridos diocesanos:

Nos disponemos a celebrar y vivir con alegría este mes de octubre un mes misionero extraordinario en toda la Iglesia. Ha sido convocado por el Papa Francisco para preparar la conmemoración de los 100 años de la Carta Apostólica Maximum Illud del papa Benedicto XV, publicada el 30 de noviembre de 1919; con ella, el Papa quiso dar un nuevo impulso al compromiso misionero de anunciar el Evangelio en todo el mundo, recién terminada la I Guerra Mundial. “La Iglesia de Dios es católica y propia de todos los pueblos y naciones” escribió; ante el desastre de la guerra, el Papa exhortaba a la misión; a la vez, rechazaba cualquier forma de búsqueda de un interés ajeno a la misma, ya que su única razón está sólo en el anuncio y la caridad del Señor Jesús, que se difunden con la santidad de vida y las buenas obras. “Quien predica a Dios, sea hombre de Dios”, exhortaba Benedicto XV.

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