En comunión con el Papa, sucesor de Pedro

Queridos diocesanos:

 

El próximo lunes, día 29 de junio, celebramos la festividad litúrgica de San Pedro y San Pablo. Simón fue el primero entre los discípulos que confesó a Cristo como Hijo de Dios vivo, y por ello fue llamado Pedro. Pablo, convertido a la fe en su encuentro con Cristo camino de Damasco, fue el apóstol de los gentiles y predicó a Cristo crucificado a judíos y griegos. Ambos, con la fuerza de la fe y del amor a Jesucristo, anunciaron el Evangelio en Roma, donde en tiempo del emperador Nerón sufrieron el martirio. Los dos son columnas de la Iglesia y heraldos del Evangelio.

Entre los doce Apóstoles, testigos directos de la vida y, sobre todo, de la resurrección de Jesús, elegidos y enviados por Él mismo para ser sus testigos y evangelizar en su nombre, Pedro tiene por voluntad expresa de Jesús un puesto especial. Jesús le eligió y puso a la cabeza del grupo de los doce Apóstoles, sobre el que fundó su Iglesia; a Pedro le confió la misión de ser el apoyo firme de la fe y de la vida de sus discípulos. Jesús le dijo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt 16,18) y “yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos” (Lc 22, 32). Los Apóstoles le reconocieron esta  función de presidencia en el grupo. Después de ascender Jesús al Cielo, Pedro presidía la vida y las actividades de los Doce. Pedro es testigo, fundamento y roca firme de la fe de todos los creyentes: él es la piedra sobre la que Jesús construye su Iglesia, el fundamento de la unidad en la fe y vida de toda la comunidad de los creyentes.

Después de anunciar el Evangelio en Jerusalén, Pedro marcha a Antioquia, y después a Roma. Será su primer Obispo. Roma era el centro del mundo conocido. Situarse allí era la manera de manifestar la universalidad del Evangelio de Jesús y de impulsar la difusión de la fe cristiana por todo el mundo. Hay testimonios muy antiguos de que los Obispos de todo el mundo se sentían vinculados a la tradición cristiana de Roma. La huella de Pedro ha dado a la Iglesia romana el papel de ser referencia para todas las demás Iglesias, garantía de la autenticidad y de la unidad católica de la fe y de la vida de todos los cristianos.

Como Obispo de Roma, el Papa es el sucesor de Pedro. En él se perpetúa el ministerio petrino. El Papa garantiza así la unidad en la fe de todos los Obispos, de todas las Iglesias diocesanas y de todos los fieles. Los cristianos católicos sabemos que nos encontramos dentro de la corriente viva de la fe de los Apóstoles, que arranca del mismo Cristo, si estamos en comunión amorosa y creyente con el sucesor de Pedro, con su persona y sus enseñanzas. Esta es la garantía para saber que nuestra fe es auténtica, que somos verdaderos discípulos de Jesús. Acojamos de corazón y vivamos con fidelidad lo que el Papa nos enseña. Nuestra fe ha de ser personal, sí; pero también eclesial, apostólica y en comunión afectiva y efectiva con el Papa.

En el día de la fiesta de San Pedro tengamos un recuerdo muy especial para el Papa en nuestra oración personal y comunitaria. Demos gracias a Dios por el don de su ministerio, y por el Santo Padre Francisco que nos guía ahora. Que crezca entre nosotros nuestra adhesión personal e inquebrantable al Papa. Que se acreciente nuestro amor hacia él y nuestra fidelidad a sus enseñanzas. Demos gracias a Dios por su persona y por su ministerio, insustituible para toda la Iglesia.

Necesitamos del Papa y él necesita de nosotros, de nuestra oración y apoyo filial y gozoso. Para ejercer el ministerio en favor de toda la Iglesia también necesita de nuestra ayuda económica, generosa y verdadera; son inmensas las obras que debe atender en su solicitud amorosa por los fieles y las iglesias diocesanas de todo el mundo. Otros años hacíamos en este día la colecta del ‘óbolo de San Pedro’. Este año, a causa de la pandemia y por deseo expreso del Santo Padre, la haremos el día 4 de octubre, festividad de San Francisco de Asís.

Que Dios nos guarde al Papa Francisco. Es un gran regalo suyo a toda su Iglesia santa. Dios nos ha dado un gran testigo de esperanza y caridad evangélica, un incansable defensor y servidor de todo hombre, de los más débiles, inocentes e indefensos, y un gran promotor del cuidado de toda la creación.

 

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Nuevo directorio para la Catequesis en la era digital

El jueves 25 de junio se presentó en la sala Juan Pablo II del Vaticano el nuevo directorio para la Catequesis. El ente que lo daba a conocer ya era una declaración de intenciones: El Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización. Según su presidente, Mons. Rino Fisichella, “la catequesis debe estar íntimamente unida a la obra de evangelización y no puede prescindir de ella”, tal como aseguraba en el acto. Y refiriéndose a los agentes de pastoral, declaraba que “la dedicación con la que trabajan, sobre todo en un momento de transición cultural como éste, es el signo tangible de cómo el encuentro con el Señor puede transformar a un catequista en un genuino evangelizador”.

El Directorio ofrece a la Iglesia universal el marco de cómo realizar la catequesis. El objetivo profundo es, por tanto, la evangelización. Y para que ésta sea comprensible por la sociedad actual, también quiere responder al desafío de la nueva cultura digital: “En la era digital, veinte años son comparables, sin exageración, al menos a medio siglo. De aquí se deriva la exigencia de redactar un Directorio que tomase en consideración con gran realismo la novedad que se asoma con el intento de proponer una lectura que implicara la catequesis”, explicaba Mons. Fisichella.

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Primera reunión del renovado Consejo Diocesano de Asuntos Económicos

Ayer, jueves 25 de junio, se celebró la primera reunión del Consejo Diocesano de Asuntos Económicos, que fue renovado, el pasado 27 de marzo, por decreto de D. Casimiro López Llorente tras concluirse el periodo de 5 años para el que fue nombrado.

Además de realizarse un balance económico, los principales temas tratados fueron el nombramiento de la Comisión Permanente de Asuntos Económicos, así como informar de las medidas adoptadas por el Obispado para ayudar y apoyar a las parroquias por el cierre de los templos a causa del Covid-19.

Por último, D. Casimiro realizó una invitación a la reflexión sobre la financiación de la Iglesia diocesana en los tiempos actuales que vivimos.

26 de junio: Fiesta de San Josemaría Escrivá de Balaguer

Hoy es 26 de junio, y la Iglesia celebra la festividad de San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei. Su vida es un modelo para muchos cristianos que buscan a Cristo en sus ocupaciones diarias. San Juan Pablo II le llamó “el santo de lo ordinario”, por difundir la llamada universal a la santidad a través de las circunstancias ordinarias.

En nuestra diócesis se celebrará con una Eucaristía, esta noche a las 20h en la S.I. Concatedral de Santa María de Castellón, y estará presidida por Fernando Arrufat, sacerdote de la Prelatura de la Santa Cruz y del Opus Dei.

Como en anteriores ocasiones, los asistentes podrán venerar las reliquias del santo, aunque no podrán besarlas, y recordarán su vida y su mensaje.

La Iglesia diocesana reanuda la celebración del sacramento de la Confirmación

Confirmaciones en Santa Isabel de Vila-real

El martes pasado, la parroquia de Santa Isabel de Vila-real acogió la celebración de las primeras confirmaciones en la diócesis después de todo este tiempo de Covid-19.

El Obispo, D. Casimiro López Llorente, confirió el sacramento de la Confirmación a veinte jóvenes y a un adulto. El párroco, Esteban Badenes, ha explicado que “durante las semanas de confinamiento, los catequistas de la parroquia han ido enviando el material catequético a los confirmandos, estando en contacto con ellos, quienes durante los días previos a la Confirmación se han mostrado muy contentos y con muchas ganas de que llegase este día tan importante para ellos”.

Por otra parte, y debido a las limitaciones de aforo, el próximo martes, 30 de junio, la parroquia volverá a acoger la confirmación de veintiséis jóvenes más.

Confirmaciones en El Salvador de Castellón

Ayer, festividad de San Juan Bautista, la parroquia de El Salvador de Castellón también acogió la Confirmación, en este caso de quince jóvenes universitarios. Siete de ellos pertenecen a la propia parroquia, y ocho son alumnos de la Univeridad CEU-Cardenal Herrera de Castellón.

El párroco, Samuel Torrijo, y el capellán del CEU, Pedro Segarra, se han estado reuniendo por Internet con estos jóvenes durante todo el tiempo de confinamiento, ha informado Samuel. A estos estudiantes, ha añadido, “les ha atraído la fe cristiana, y como ésta les puede ayudar en su día a día, no como un complemento, sino como una realidad que viven, que les ayuda a dar sentido a la vida y les aporta la respuesta a importantes inquietudes”.

Uno de los confirmandos, José Barreda, cuenta que no asistía a la iglesia, pero “decidí confirmarme tras la invitación de un amigo, y estoy muy contento”. “Las catequesis me han gustado mucho – continúa- y me han resuelto muchas dudas que tenía, sobre todo de temas de actualidad, como la eutanasia o la ideología de género, conociendo la postura de la Iglesia, y se nos ha explicado todo con mucha claridad y transparencia, lo cual agradezco”.

Solemnidad de San Juan, el nacimiento del Precursor al inicio del verano

Con el solsticio de verano, producido el sábado pasado a las 23:44h, comenzaba el verano. A partir de este momento, las horas de luz durante el día comenzarán a menguar hasta el solsticio de invierno, en diciembre, que será cuando la noche será más larga. Durante estos seis meses resuena la afirmación de Juan el Bautista a sus discípulos cuando le advierten que Jesús está bautizando como él en la otra orilla del Jordán: “Él tiene que crecer, y yo tengo que menguar” (Jn 3,30). La sabia pedagogía de la Iglesia ha hecho ritmar con el ciclo de las estaciones estos dos nacimientos: el de Juan, el Precursor, el 24 de junio , y el de Cristo, “el Sol que nace de lo alto” que viene a visitarnos para iluminar a los que viven en sombras de muerte (Lc 1,78), el 25 de diciembre.

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El Consejo Presbiteral celebra la última sesión ordinaria del curso

Esta mañana ha tenido lugar la última sesión ordinaria del Consejo Presbiteral de este curso, que se ha celebrado en el Centro Superior de Estudios Teológicos, en el Seminario Mater Dei de Castellón, y que ha estado presidida por el Obispo, D. Casimiro López Llorente.

La reunión ha comenzado con la oración y la aprobación del acta de la sesión anterior. Posteriormente, D. Casimiro ha realizado una reflexión de cómo ha vivido, nuestra Iglesia diocesana, este tiempo difícil y angustioso de confinamiento y de pandemia, recordando que todos “quién más quién menos, lo ha vivido desde la confianza y esperanza en el Señor”.

En este sentido, el Obispo también ha mencionado el trabajo realizado por las parroquias y por las Cáritas en atención a los más necesitados, así como el papel tan importante que han tenido las diferentes comunidades religiosas y los capellanes de hospital.

Ha continuado haciendo referencia a los sacerdotes diocesanos que se han contagiado de coronavirus, y ha lanzado una pregunta a todos los asistentes, “tras esta situación, que nos ha recordado nuestra debilidad, ¿cómo nos recuperamos como Iglesia?”. “Que el Señor nos de la fuerza para vivir esta situación desde el Evangelio”, ha concluido.

Por otra parte, Miguel Abril, Vicario de Pastoral, ha presentado el borrador de la programación del próximo curso de pastoral 2020-2021, cuyo cuarto objetivo específico se acoge a las palabras del Evangelio: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros. Que como yo os he amado, así también os améis unos a otros” (Jn. 13, 34). Es decir, cómo vivir el mandamiento del amor y el compromiso por la justicia, como servicio a los más necesitados.

El último punto tratado por el Consejo ha consistido en una reflexión personal y de los arciprestazgos, a partir de la meditación del Papa Francisco “Un plan para resucitar” (publicado en Vida Nueva el 17 de abril de 2020). La jornada no ha podido concluir con la comida de fraternidad, como se ha venido haciendo en anteriores ocasiones.

Aniversario de la toma de posesión de D. Casimiro López Llorente, 14 años pastoreando la diócesis

Hoy, 23 de junio, es el aniversario de la toma de posesión de D. Casimiro López Llorente como Obispo de la diócesis de Segorbe-Castellón. Son ya 14 años que llegó, desde la diócesis de Zamora, en el 2006.

El obispo número 71 que se sentaba en la sede segorbina, y el 4º desde la configuración de la diócesis como Segorbe-Castellón, entró por Barracas un viernes, y sus primeras palabras fueron “quiero ser obispo para todos, y también anunciar el Evangelio a todos”.

Acompañado de numerosos fieles, tomó posesión en la Catedral de Segorbe con la celebración de la Eucaristía, coincidiendo con la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, una fiesta con mucho significado para la Iglesia.

Posteriormente, nuestro Obispo quiso visitar a los patronos de la diócesis, y se dirigió al santuario de la Virgen de la Cueva Santa, en Altura, consagrando a la Patrona su persona y su ministerio; y a la Basílica de San Pascual Baylón, en Vila-real, venerando al Patrono.

El 25 de junio fue acogido en la ciudad de Castellón, visitando la Basílica de la Mare de Déu del Lledó y celebrando la Eucaristía en la Concatedral de Santa María.

Testimonio de Amparo Villoria, viuda de Ismael Romero, fallecido por coronavirus

“me mantiene saber que Ismael está en el cielo velando por nosotros, porque creo en la vida eterna”

Ismael Romero, de 69 años de edad, nació en Serradilla (Cáceres). Desde bien pequeño se fue a vivir a Salamanca, donde conoció a Amparo, su mujer. Por motivos laborales se vinieron a vivir a Castellón hace 36 años. Tienen dos hijos, Myriam, casada con David, e Ismael, casado con Sandra; y 5 nietos. Juntos, Ismael y Amparo han vivido su fe en la parroquia de la Santísima Trinidad de Castellón, en la segunda comunidad del Camino Neocatecumenal, y también han estado comprometidos con la parroquia de San Vicente Ferrer de Castellón.

Ismael estuvo 49 días en la UCI y 4 días en planta. Falleció el 16 de mayo en el Hospital General de Castellón.

¿Cómo estás ante este acontecimiento, del fallecimiento de Ismael?

Me he sentido mal, por el dolor que tenía tan grande, pero a la vez me he sentido muy apoyada por la oración, porque he tenido mucho tiempo para orar, y me he sentido muy apoyada por todos los hermanos y por tanta gente que ha estado rezando por nosotros. La comunión de los santos se nota, yo lo he notado, y gracias a  esas oraciones me he podido mantener firme y esperando en el Señor. He estado dos meses y medio completamente sola en casa porque no podía entrar nadie, pero gracias al Señor, dentro de este sufrimiento he podido vivir la soledad en paz. Por eso digo que la oración de los hermanos es lo que más me ha acompañado.

¿Qué es lo que te está sosteniendo durante todo este tiempo?

Pues al principio yo tenía la esperanza de que Ismael se iba a curar y que iba a salir, pero cuando ves la gravedad… empecé a pensar que nos dejaba y se iba con el Señor.  Ahora me mantiene el saber que Ismael está en el cielo, y que está velando por todos nosotros, porque creo en la vida eterna.

¿Te está ayudando la fe en Cristo resucitado?

Por supuesto que me está ayudando, y mucho. El Señor nos ha regalado que Ismael no muriera solo, pues los 4 días que estuvo en planta pudo estar acompañado por nuestra hija Myriam, ya que había pasado el coronavirus y tenía anticuerpos. Y ella le hablaba continuamente, rezaba mucho con él hasta el día que falleció. El ratito antes de fallecer, Myriam no dejo de rezar ni un minuto, para que sucediera lo mejor para su padre y que fuera lo que Dios quisiera. Ismael ha muerto con el Rosario en la mano y con mi hija acompañándole, y para mí eso es un don del Señor.

Otra cosa muy importante para nosotros fue el entierro, poderle dar sepultura y que no fuera incinerado. También, que por un día, gracias al cambio de fase, pudimos asistir quince personas en lugar de tres. Éramos pocos, pero se le hizo un entierro muy digno, con las oraciones, con cantos y salmos, y no le faltó de nada, y para mí eso es un don del Señor.

También, después del cementerio yo me fui a hacer la prueba del Covid y di positivo, después de tanto tiempo encerrada en casa, y fue duro,  porque yo ya pensaba que me podía juntar con mis hijos y mis nietos después de tanta soledad. No lo entendí, pero cuando llegué a mi casa reflexioné. Estuve sola a ratos, pues mi hija venía algún momento, y eso me ha ayudado muchísimo, y rezar juntas, lo que para mí ha sido otro don del Señor. Ahora sigo en casa, ya he dado negativo y no tengo el virus, pero no tengo muchas ganas de salir. Recuerdo muchísimo a Ismael, pero de todo esto que hemos pasado me quedo con lo bueno, con todas las bendiciones que nos ha regalado el Señor, por tantas cosas que le quiero dar las gracias y decir “Amén”.

¿Ha podido Ismael recibir la unción de enfermos?

Pues sí, Ismael recibió la unción de enfermos cuando estaba en la UCI muy grave, y la verdad que para mí eso fue otro don del Señor.

También  me gustaría recordar y dar las gracias a todos los trabajadores del Hospital General de Castellón por el trabajo que han realizado y que están realizando con todos los enfermos. Ismael ha estado muy bien cuidado y muy bien atendido, y espero que Dios les ayude a todos a seguir adelante lo mejor posible.

Homilía en la Ordenación de los Presbíteros César Igual y Jon Solozabal

S.I. Concatedral de Sta. María de Castellón, 20 de junio de 2020

(Dt 7,6-11; Salmo 102; Hechos 20,17-28-32.36; Mt 11, 25-30)

 

Amados todos en el Señor!

Acción de gracias

  1. “La misericordia del Señor dura por siempre” (Sal 88). Con estas palabras del Salmo de hoy os invito a poner, antes de nada, la mirada en Dios. Esta mañana le bendecimos y damos gracias, porque nos concede el don de dos nuevos sacerdotes. Sois, queridos César y Jon. dones del amor misericordioso de Dios para nuestra Iglesia diocesana, que se ve agraciada en vuestras personas. Nos unimos a vuestra alegría, y juntos cantamos al Señor por su gran amor para con vosotros, para vuestras familias y para nuestra Iglesia. Dios nunca abandona a su Iglesia, es eternamente fiel y nos sigue concediendo “pastores según su corazón” (cf. Jr 3,15).

 

Quiero expresar también mi sincera gratitud y mi cordial felicitación a todos cuantos han cuidado de vuestra formación: rectores, formadores, profesores, padres espirituales y párrocos; mi gratitud y felicitación también para vuestros padres, catequistas, familiares, sacerdotes amigos y para cuantos os han ayudado en el camino hasta el sacerdocio. Estoy seguro de que seguirán estando cerca de vosotros con la oración y el apoyo humano y espiritual necesario para que perseveréis con alegría y generosidad en el ministerio sacerdotal y podáis cumplir la misión que el Señor os confía hoy.

 

Elegidos y consagrados

  1. Esta mañana, el Señor os elige y consagra presbíteros para ser pastores en la Iglesia y actuar en el nombre “et in persona” de Jesucristo, el Buen Pastor. Mediante la imposición de mis manos y la plegaria de consagración, quedaréis convertidos en presbíteros para ser pastores del pueblo santo de Dios, “que él adquirió con su propia sangre” (Hech 20. 18).

 

Sois elegidos por el Señor. No sois vosotros los que me habéis elegido a mí, sino yo quien os ha elegido a vosotros”, os dice Jesús (Jn 15,16). Como al pueblo de Israel, en la primera lectura de hoy, es el Señor mismo quien os ha elegido para ser santos y propiedad suya. “El Señor se enamoró de vosotros y os eligió” (Dt 7,7). Vuestro sacerdocio es fruto de una iniciativa amorosa del Señor, “por puro amor a vosotros”, totalmente gratuita por su parte. Él es quien os ha elegido, ha ido por delante en vuestra vida, os ha ido os sacando de vuestras esclavitudes, os ha ido probando y forjando según su corazón. Vuestra respuesta -ciertamente generosa, alegre, confiada y tenaz- es la acogida de este amor divino. Así lo habéis expresado al ser presentados, con la palabra: ‘presente’. Y el Señor hoy os consagra, es decir os hace sacerdotes de su propiedad. Nos lo recuerda el gesto de la imposición de las manos. Cuando os imponga las manos, es el Señor mismo quien lo hace. Él tomará posesión de cada uno de vosotros diciéndoos: “Tú me perteneces”. Pero de este modo os dice también: “Tú estás bajo la protección de mis manos, como lo estuvo el pueblo de Israel. Tú estás bajo la protección de mi corazón. Tú estás protegido en mis manos y te encuentras en la inmensidad de mi amor”. Y Dios es fiel y “mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y observan sus preceptos” (Dt 7, 9).

 

Es vital que mantengáis vivo en vuestra memoria y en vuestro corazón este momento de vuestra ordenación. El Señor siempre estará en vosotros y a vuestro lado para protegeros y alentaros, para cuidaros en la inmensidad de su misericordia. Él será vuestra fuerza y sustento. Dirigid siempre vuestra mirada hacia Él y dadle la mano; así no correréis el peligro de abandonar el amor primero (cf. Ap 2,4) de este día de vuestra ordenación. Dejad que la mano del Señor os tome; así no os perderéis en la obscuridad de la niebla ni os hundiréis ante la mar alborotada. La fe en Jesús, Hijo del Dios vivo, os llevará a coger su mano en los momentos de cansancio apostólico, de debilidad personal, o de dificultad y desaliento pastoral.

 

Para ser pastores en nombre del Buen Pastor

  1. Sois elegidos y consagrados para ser pastores del Pueblo santo de Dios en nombre y representación de Jesús, el Buen Pastor. Los sacerdotes no podemos olvidar nunca esta referencia fundamental: somos pastores del rebaño de Jesucristo, Cabeza y Pastor. Como partícipes de su sacerdocio, estamos llamados a actuar en su nombre y con su autoridad. Por lo tanto, hemos de ser transparencia cabal de Jesús y, para ello, hemos de mirarnos en Él.

 

Y Jesús nos dice: “Yo soy el Buen Pastor” (Jn 10, 11). Así se presenta Jesús ante sus discípulos. Frente a los falsos pastores de Israel, que sólo piensan en sí mismos y no se preocupan de las ovejas; frente a los pastores incapaces de arriesgar su vida en el peligro; frente a los pastores pusilánimes, que ven venir al lobo, abandonan las ovejas y huyen, Jesús se presenta ante sus discípulos como el Buen Pastor. Él es el pastor abnegado hasta el agotamiento, que cuida a sus ovejas, que busca a la extraviada, que cura a la herida, que carga sobre sus hombros a la extenuada y que en su sacrificio pascual, en obediencia al Padre y por amor a los hombres, da la vida por sus ovejas. Cristo ama y conoce a sus ovejas, da la vida por ellas y ninguna le resulta extraña (cf. Jn 10,11-14). Su rebaño es su familia y su vida. No es un jefe temido por las ovejas, sino el pastor que camina con ellas y las llama por su nombre (cf. Jn 10, 3-4). Y quiere reunir a las ovejas que todavía no están con él (cf. Jn 10,16). ¡Qué hermoso programa de vida para todo sacerdote!

 

Según el Corazón de Jesús

  1. Para ser trasparencia cabal del Buen Pastor es necesario que como sacerdotes dejéis que vuestro corazón se penetre por el estilo de Jesús y os dejéis configurar por los sentimientos de su corazón. Ayer, en la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, pudimos contemplar su Corazón, es decir, su interioridad, las raíces más solidas de su vida, el núcleo de sus afectos; en una palabra, el centro de su persona y su corazón como Buen Pastor. Nuestra Iglesia y nuestra sociedad necesitan sacerdotes y pastores según el Corazón de Cristo.

 

Entre otras muchas características, el Corazón de Jesús es un corazón misericordioso. En palabras del Papa Francisco, dirigiéndose a los sacerdotes, “el corazón del Buen Pastor… es la misericordia misma. Ahí resplandece el amor del Padre; ahí me siento seguro de ser acogido y comprendido como soy; ahí, con todas mis limitaciones y mis pecados, saboreo la certeza de ser elegido y amado. Al mirar a ese corazón, renuevo el primer amor: el recuerdo de cuando el Señor tocó mi alma y me llamó a seguirlo, la alegría de haber echado las redes de la vida confiando en su palabra (cf. Lc 5,5)” (Homilía de 3.06.2016). Jesús además pasa curando y haciendo el bien a todos aquellos que son prisioneros del mal; desciende a los abismos de la debilidad humana y del pecado para revelar el corazón misericordioso del Padre. El sacerdote es él mismo y en primer lugar destinatario de la misericordia y necesitado de experimentar asiduamente el perdón de sus pecados en el sacramento de la Reconciliación. Y a la vez es ministro de la misericordia y de la reconciliación. Necesitamos sacerdotes con experiencia personal de la misericordia y con actitud misericordiosa, capaces de acoger, escuchar, acompañar a los hermanos, de modo particular en el sacramento de la Confesión.

 

El Corazón de Jesús es un corazón agradecido: da gracias al Padre porque ha revelado los misterios del Reino de Dios a los pequeños y sencillos (cf. Mt 11,25) o le da gracias antes de tomar el pan y el cáliz en la última Cena al instituir la Eucaristía, el memorial de su Pascua, la acción de gracias por excelencia. Como Jesús, el sacerdote ha de ser también de corazón agradecido y ha de dar constantemente gracias a Dios: por su elección gratuita, por el sacerdocio inmerecido y por tantos otros dones recibidos; y también por el pueblo que Dios le ha encomendado a través de la Iglesia. La acción de gracias por excelencia es la “eucaristía” que el sacerdote celebra y adora diariamente. En la Eucaristía, el sacerdote es atraído por el corazón de Jesús, que lo vincula a su sacrificio de amor por su pueblo. Él pronuncia las palabras de la consagración en nombre de Jesús, pero en primera persona: “Esto es mi cuerpo entregado por vosotros. Esta es mi sangre derramada por vosotros” (cf. Lc 22,17-19).

 

Jesús siente una profunda compasión ante las multitudes exhaustas y oprimidas, ante el dolor y el sufrimiento de los enfermos, ante la marginación o cualquier forma de pobreza material y espiritual, ante el cansancio y el agobio de la vida. “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo aliviaré” (Mt 11, 28). Él es el buen Samaritano que se detiene delante de la carne herida de los hermanos, la sana y la restablece, convirtiéndose en manifestación viviente del amor de Dios Padre. A los sacerdotes se nos pide el mismo corazón compasivo de Jesús, que se expresa en la cercanía a los que sufren, en la capacidad de reavivar la esperanza, en el cuidado de las heridas del Pueblo, especialmente a través de la mediación de la gracia sacramental. Nosotros mismos hemos de recalar en Jesús para descansar de nuestros cansancios pastorales y poner en él los agobios de nuestra vida.

 

Contemplando su Corazón, vemos que Jesús vive la propia misión desde el Padre y desde el pueblo. Sus jornadas se alimentan de su relación con Dios y de su entrega amorosa a los hermanos. La caridad de sus gestos nunca está separada del silencio y de la oración, del cultivo de su íntimo diálogo con Dios Padre. El sacerdote según el Corazón de Cristo es aquel que habita entre el Señor a quien ha consagrado la vida y el pueblo al que ha sido llamado a servir. El corazón del sacerdote es un corazón traspasado por el amor del Señor; por eso no se mira a sí mismo, sino que está dirigido a Dios y a los hermanos. Es un corazón arraigado en el Señor, cautivado por el Espíritu Santo, abierto y disponible para los hermanos.

 

El corazón del Buen Pastor es misionero, está siempre en salida, su amor no tiene límites, no se cansa y nunca se da por vencido. En él vemos su continua entrega; en él encontramos la fuente del amor dulce y fiel, manso y humilde, que nos hace libres; en él volvemos cada vez a descubrir que Jesús nos ama “hasta el extremo” (Jn 13,1). El corazón del Buen Pastor está inclinado hacia nosotros, especialmente al que está lejano; así revela que desea llegar a todos y no perder a nadie. Sed pastores con corazón misionero.

 

Exhortación final

  1. Damos gracias a Dios por vuestra ordenación sacerdotal. Ojalá que vuestro ejemplo aliente también a otros jóvenes a seguir a Cristo con igual disponibilidad. Oremos para que el “Dueño de la mies” siga llamando obreros al servicio de su Reino, porque “la mies es mucha y los obreros pocos” (Mt 9, 37).

 

Que María, en el día que celebramos la memoria de su Inmaculado Corazón, os mantenga siempre en el amor a su Hijo, el Buen Pastor, os enseñe a conservar, como ella, todas estas cosas en vuestro corazón, y os proteja y aliente en la nueva etapa de vuestra vida, que ahora va a comenzar con vuestra ordenación sacerdotal. Amén.

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón