El Obispo de Segorbe-Castellón celebra la Eucaristía con motivo del 50 aniversario de cuatro parroquias de La Vall d’Uixó

Monseñor López Llorente ha celebrado el 50 aniversario de cuatro parroquias de La Vall d’Uixó con la celebración de la Santa Misa en la iglesia conventual que las clarisas poseen en la localidad de la Plana Baja. En ella participaron tanto los miembros de las comunidades parroquiales que cumplen medio siglo de vida: Jesús Obrero, El Cristo del Carbonaire, Santiago Apóstol y Nuestra Señora de Lourdes, como fieles de toda la población de La Vall que quisieron unirse a la Eucaristía. El Obispo de Segorbe-Castellón ha animado a los presentes a poner a Jesús en el centro de la vida de sus respectivas comunidades. “Las parroquias están llamadas a ser comunidades vivas y evangelizadoras desde la Eucaristía”, ha manifestado. Leer más

Mons. López Llorente: “La comunidad cristiana es el lugar donde se produce el encuentro con El Señor”

Monseñor López Llorente ha celebrado la Santa Misa que conmemora el quincuagésimo aniversario de la Parroquia de San José de Almazora. El Obispo de Segorbe-Castellón ha animado a los presentes a “dar gracias a Dios por estos cincuenta años anunciando el Evangelio -en referencia al lema de este medio siglo de vida de esta comunidad parroquial de nuestra diócesis- por tanta vitalidad mostrada de una forma sencilla, pero no por ello menos generosa y menos fecunda para todos”. Leer más

Monseñor López Llorente administra el Sacramento de la Confirmación a dos internos del centro penitenciario de Albocácer

Don Casimiro López Llorente, Obispo de la Diócesis de Segorbe-Castellón, ha administrado el pasado martes 27 de noviembre el Sacramento de la Confirmación a dos internos del Centro Penitenciario de Albocácer. Ambos confirmandos refuerzan, así, su compromiso de la Fe en un entorno de privación de libertad exterior mediante la recepción de este sacramento, que les ayudará a experimentar una unión más íntima con la Iglesia y recibir –así- el don de la sabiduría y la fortaleza del Espíritu Santo, que Dios ha colocado en su interior. Leer más

Moseñor López Llorente: «Recuperar nuestra Fe cristiana es fundamental para no tener que despedir a una comunidad como la de hoy, por falta de vocaciones»

Monseñor López Llorente ha celebrado la Santa Misa de despedida de las hermanas clarisas del Convento de la Inmaculada Concepción de Almassora en la Iglesia del Cristo del Calvario de la citada localidad de la Plana Alta, en la que ha estado acompañado por numerosos sacerdotes y a la que han asistido numerosos fieles, así como varios miembros de la corporación municipal. Leer más

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Noviembre: mes de todos los santos y difuntos

Queridos diocesanos

En la fiesta de Todos los Santos, el día 1 de noviembre, recordamos a esa muchedumbre innumerable de hombres y mujeres de todo tiempo y nación, edad, estado y condición –laicos, matrimonios, religiosos y consagrados a Dios y pastores- que han alcanzado la santidad como regalo y gracia de Dios. Ellos acogieron con humildad y generosidad el amor y la vida de Dios en su vida terrena. De la mayoría no conocemos su nombre, porque no han sido canonizados por la Iglesia, es decir, no han sido reconocidos como santos ni propuestos a todos los fieles como ejemplos de santidad y vida cristiana. Pero por la fe sabemos que gozan ya para siempre del amor y la gloria de Dios. A todos los une haber encarnado en su existencia terrenal las bienaventuranzas con la ayuda y el impulso del Espíritu Santo. Todos ellos viven ya con Dios, gozando de Él e intercediendo por nosotros. Ellos son para nosotros referentes de vida cristiana y ejemplo de santidad; a ellos nos encomendamos continuamente en nuestro camino hacia el cielo, nuestra verdadera meta. Hemos sido creados para el cielo, es decir para estar con Dios gozando de su amor para siempre, sin posibilidad de perderlo nunca jamás. El cielo es la situación en que amaremos con todo nuestro ser a Dios y a los hermanos. Leer más

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Un nuevo sacerdote por gracia de Dios

 

Queridos diocesanos:

El curso recién comenzado nos está regalando con buenas noticias en nuestra Iglesia diocesana que son motivos para la alegría y la esperanza. Entre otras cosas cabe citar la gozosa Jornada de inicio del curso pastoral, la lluvia de gracias a las parroquias de la Llosa y Chilches con motivo de la visita de la ‘Peregrina’ –la Virgen de los Desamparados- o la apertura de una comunidad de las Hermanas de la Sagrada Familia de Nazaret en Benicasim, que se dedicarán a la pastoral familiar. Leer más

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El sínodo de los jóvenes

Queridos diocesanos:

El próximo día tres de octubre comienza el Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes. Se trata de un Sínodo ordinario, es decir de los que se celebran cada dos años. Desde su inicio con el papa Pablo VI han desfilado por los Sínodos temas como evangelización, la catequesis, la familia, los laicos, los sacerdotes, la predicación de la Palabra de Dios o la celebración de la Eucaristía. En esta ocasión versará sobre una cuestión que preocupa seriamente a la Iglesia: los jóvenes. Que la Iglesia apuesta por los jóvenes está claro; solo hay que ver las Jornadas Mundiales de la Juventud y otros encuentros que tenemos a nivel diocesano o parroquial. Pero hay que hacerlo con mayor intensidad y convicción. Los jóvenes son la generación no sólo del futuro sino también del presente de la Iglesia y, al menos entre nosotros, la impresión general es que la Iglesia es cada vez más para personas mayores.

El papa Francisco nos ha recordado que anunciar la alegría del Evangelio es la misión que el Señor ha confiado a su Iglesia. En su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium nos indica cómo llevar a cabo esta misión en el mundo de hoy. Los dos Sínodos extraordinarios  sobre la familia y la Exhortación Apostólica Post-sinodal Amoris laetitia se han dedicado al acompañamiento de las familias hacia esta alegría. Como continuación de este camino, a través de este nuevo sínodo sobre “los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”, la Iglesia quiere preguntarse cómo acompañar a los jóvenes para que reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud; y quiere también pedir a los mismos jóvenes que la ayuden a identificar los modos más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia. A través de los jóvenes, la Iglesia podrá percibir la voz del Señor que resuena también hoy. Escuchando sus aspiraciones podemos entrever el mundo del mañana que se aproxima y las vías que la Iglesia está llamada a recorrer (cf. Documento preparatorio).

Se trata de un Sínodo sobre los jóvenes, para los jóvenes y con los jóvenes. La Iglesia quiere y ha de estar cerca de los jóvenes y escucharles. De hecho, los jóvenes han intervenido en su preparación mediante sus respuestas a las encuestas específicas para ellos. El documento final del encuentro de 300 jóvenes de todo el mundo en el Vaticano –al que se unieron otros quince mil por internet- ha entrado a formar parte del Instrumentum laboris, o documento de trabajo previo a las sesiones sinodales. Aquí hay ya pistas para nuestra pastoral juvenil aquí y ahora. Los jóvenes manifiestan que quieren ser escuchados con empatía, desean compartir su existencia cotidiana con sus gozos y esperanzas, con sus problemas y dificultades y desean que sus opiniones sean tenidas en cuenta; los jóvenes buscan sentirse parte activa de la Iglesia, sujetos y no meros objetos de evangelización; quieren ser escuchados porque la escucha es la primera forma de lenguaje verdadero y audaz. Los jóvenes piden además ser acompañados a nivel espiritual, formativo, familiar, vocacional. Acompañar no es dirigir, sino ayudar al joven a decidir en verdad, con libertad y responsabilidad. Este acompañamiento no es una opción sino un deber eclesial y un derecho de todo joven que sirve para formar su conciencia y su libertad, para cultivar sus sueños pero también para dar pasos concretos en las estrecheces de la vida. Y en este marco el papel de la familia es central y sigue representando una referencia privilegiada en el proceso de desarrollo integral de la persona. Los jóvenes piden ser ayudados en el discernimiento que les haga capaces de reconocer los tiempos de Dios y no desaprovechar sus inspiraciones y su invitación a crecer. Discernimiento que es un don y riesgo porque no es inmune al error, pero enseña a los jóvenes la disponibilidad a asumir decisiones que cuestan.

El tema central del sínodo es el acompañamiento de los jóvenes en su discernimiento vocacional, para que reconozcan y acojan la llamada de Dios al amor y a la vida en plenitud. No se puede reducir el tema de la vocación al sacerdocio o a la vida consagrada. De hecho cada joven tiene su vocación, es decir su llamada que puede ser expresada en varios ámbitos: sacerdocio, vida consagrada, matrimonio y familia, laicado, profesión, política, etc. Esta es la certeza básica: Dios ama a cada uno, y a cada uno dirige personalmente una llamada al amor, que es la vocación, y a la plenitud del amor, que es la santidad. Es un regalo que, cuando se descubre, llena de alegría (cfr. Mt 13, 44-46).

Oremos todos en estos días por el buen desarrollo y por los frutos del Sínodo,

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Santo Tomás de Villanueva acoge al Obispo en la Visita Pastoral

La Visita Pastoral es tal por ser la visita que hace el pastor de la Iglesia diocesana. Esto es el Obispo en nombre de Jesucristo, el Buen Pastor. Las parroquias, a través de ella, se sienten parte de esta gran Iglesia diocesana. San Juan Pablo II dijo que es un “auténtico tiempo de gracia para el encuentro y diálogo entre el Obispo y los fieles”, y esto hicieron ayer los de la Parroquia de Santo Tomás de Villanueva con Mons. Casimiro López.

El Obispo comenzó la Visita Pastoral en la Parroquia de Santo Tomás de Villanueva explicando la figura del obispo en la Diócesis: “Jesús a sus amigos, para explicarles quién era Él para ellos, les decía: ‘Yo soy el Buen Pastor’”, explicaba D. Casimiro. ¿Y qué hace el Buen Pastor? “Cuidar de sus ovejas, llevarlas a buenos pastos, buscarlas si se pierden”, exhortaba. D. Casimiro también dedicó unos minutos a explicar los artículos propios de los obispos, como el báculo, símbolo del Buen Pastor; el anillo, porque está casado con la Iglesia; y el solideo, porque está consagrado a Dios y es la cabeza de la Iglesia diocesana.

Algunas realidades de esta parroquia aprovecharon la tarde para poner en común y darse a conocer: el Consejo Pastoral, el de Asuntos Económicos, Pastorales de Sacramentos, Adoración al Santísimo, Jóvenes Rosario Misión Ucraniana, Cáritas, San Vicente de Paul, Fraternidad Agustiniana, Señor de los Milagros, Carismáticos, Alcohólicos Anónimos, Coda, Comedores Compulsivos, Camino Neocatecumenal, entre otros.

La Iniciación cristiana fue un tema clave ayer por la tarde. Mons. Casimiro López hizo especial hincapié en los Sacramentos del Bautismo, Comunión y Confirmación. “Estamos ante un problema muy serio, lo tenemos muy crudo si los padres no colaboran”, anunciaba apenado. D. Casimiro invitaba, desde el nacimiento de los hijos, a crear un hogar donde crezcan conociendo a Jesús, “donde la semilla del Bautismo vaya germinando”. Además, el Obispo sugirió, a través de la preparación de estos Sacramentos, a conectar con los padres, como otra manera de llegar a los niños.

La Adoración al Santísimo fue el colofón de este primer día de encuentro. Mons. Casimiro finalizó animando a “crear verdaderas comunidades de cristianos”, y a atraer a los jóvenes a través de la cercanía, del testimonio y de la coherencia con la propia Fe. El Obispo continuará la Visita Pastoral de esta parroquia los próximos días 27 y 28 de septiembre, y 13 y 14 de octubre, visitando diversos centros educativos y a los enfermos, entre otros.

Jornada de Apertura del Curso Pastoral

Padres, profesores, catequistas, realidades parroquiales, cofradías, delegaciones, movimientos esclesiales, en definitiva, todos los participantes en las parroquias de la Diócesis de Segorbe-Castellón han tenido esta mañana una importante cita en el Seminario diocesano Mater Dei. Se ha llevado  a cabo la Jornada Diocesana de Inicio de Curso, un acto que se celebra cada año para dar la bienvenida al nuevo curso y dar a conocer algunas acciones pastorales.

Para ello, han colaborado varias de las delegaciones de la Diócesis, concretamente la de Catequesis, Enseñanza, Familia y Vida y Juventud, así como la Vicaría de Pastoral y del Clero. Estas han expuesto las diferentes acciones que llevarán a cabo en la Diócesis, para favorecer la participación de los feligreses en las parroquias y las parroquias en la vida de la Diócesis. Ver acciones específicas aquí.

El punto fuerte de esta Jornada lo ha marcado la ponencia a cargo de D. Mariano Ruiz, Rector del Colegio Patriarca de Valencia, que ha hablado sobre “La Eucaristía, fuente y culmen de la vida y misión de la Iglesia diocesana”. D. Mariano ha explicado, en primer lugar, el papel fundamental de la Eucaristía en el siglo XXI, y asegura que los cristianos de este siglo “serán identificados por su vivencia auténtica en la Eucaristía”. Tanto San Juan Pablo II, como Benedicto XVI y el actual Papa Francisco han publicado diferentes documentos en los que manifiestan, como bien ha expresado Mons. Casimiro López, que la Eucaristía es el “centro de la vida y misión de la comunidad parroquial y de todo cristiano”. Además, el ponente ha hablado sobre la relación que existe entre la Eucaristía y la renovación pastoral, para la que “es necesaria un cambio de mentalidad”, y la Eucaristía como centro de la comunidad parroquial, invitando a la lectura de un best-seller del canadiense James Mallon: “Una renovación divina”. Leer ponencia completa aquí.

Para finalizar la Jornada, todos los presentes – unas 300 personas – han celebrado juntas una Eucaristía presidida por Mons. Casimiro López, en la que ha invitado a vivir la celebración eucarística como un “venir” al encuentro del Señor resucitado, a escuchar para dejar que “la Palabra de Dios cale en nosotros y cambie nuestra mente y corazón”, y por último, “salir alimentados por Él, y que llegue a todos la Buena Noticia de la salvación”.

La adoración eucarística, fuente de vida para la Iglesia

Castellón de la Plana, 16 de septiembre de 2018

La adoración eucarística, fuente de vida para la Iglesia

Queridos diocesanos:

Acabamos de comenzar un nuevo curso pastoral centrado en la Eucaristía, fuente, centro y cima de la vida y misión de la Iglesia, de nuestras parroquias y de cada cristiano. La celebración del 125º Aniversario  de la sección de la Adoración Nocturna Española de Artana nos ofrece la oportunidad y nos pide hablar de la adoración eucarística.

Después de un tiempo de malentendidos, en nuestra Iglesia diocesana se va recuperando la adoración eucarística personal y comunitaria. Durante la reforma litúrgica, a menudo la Misa y la adoración eucarística se vieron como opuestas entre sí; según algunos, el Pan eucarístico nos lo habrían dado no para ser contemplado, sino para ser comido; su reserva en el Sagrario era sólo para ser llevado a los enfermos, no para ser adorado. El Papa Benedicto XVI nos dijo que esta contraposición entre comunión eucarística y adoración no tiene sentido en la tradición de la Iglesia; porque, en palabras de san Agustín, “nadie come esta carne sin antes adorarla; pecaríamos si no la adoráramos”. Existe un lazo intrínseco entre la celebración de la Eucaristía, la comunión y la adoración en y fuera de la Misa (cf. SC 66). Y, el papa Francisco nos acaba de recordar “que la presencia real de Cristo en el Pan consagrado no termina con la misa… la eucaristía es custodiada en el tabernáculo para la comunión para los enfermos y para la adoración silenciosa del Señor en el Santísimo Sacramento; el culto eucarístico fuera de la misa, tanto de forma privada como comunitaria, nos ayuda de hecho a permanecer en Cristo” (Audiencia general, 4.04.2018).

En la celebración de la Eucaristía, el pan y el vino se convierten por las palabras de la consagración en el Cuerpo y la Sangre de Jesús. Él se nos da en comida en la comunión y Él se queda permanentemente presente en la sagrada Forma. En la comunión, Él mismo se nos da en comida para unirse a nosotros, para atraernos hacía sí, para transformarnos en Él. Este encuentro nuestro con el Señor, esta unión y unificación con Cristo sólo puede realizarse en adoración. Recibir la Eucaristía significa adorar a Aquel a quien recibimos; es decir, reconocer que Dios es nuestro Señor, que Él nos señala el camino que debemos tomar, que sólo vivimos bien si acogemos y seguimos el camino indicado por él. Este aspecto de sumisión a Dios, de acogida y reconocimiento de Él, prevé una relación de unión, porque Aquel a quien reconocemos y acogemos como nuestro Señor, Camino, Verdad y Vida es Amor. En efecto, en la Eucaristía la adoración debe convertirse en unión: unión con el Señor vivo y después con su Cuerpo místico. Sólo en la adoración puede madurar una acogida profunda y verdadera de Dios.

En la sagrada Hostia, el Señor se queda permanentemente entre nosotros con su humanidad y divinidad. Jesús está en el sagrario no por sí mismo, sino por nosotros, porque su alegría es estar con los hombres. Él nos espera, y pide y merece nuestra adoración. Jesús se queda en la Eucaristía no sólo para ser llevado a los enfermos, sino para estar con nosotros, para seguir derramando su Amor y su Vida. La Eucaristía contiene de un modo admirable al mismo Dios. La presencia permanente del Señor en el santísimo Sacramento es el verdadero tesoro de la Iglesia, su tesoro más valioso. En el sagrario, Dios está siempre accesible para nosotros. Sólo adorando su presencia aprendemos a recibirlo adecuadamente, aprendemos a comulgar, aprendemos desde dentro la celebración de la Eucaristía. La adoración del Santísimo Sacramento es como el “ambiente” espiritual dentro del cual la comunidad puede celebrar bien y en verdad la Eucaristía. Para expresar su pleno significado y valor, la celebración de la Eucaristía ha de ir precedida, acompañada y seguida de esta actitud interior de fe y de adoración.

Busquemos estar con el Señor, presente realmente en la Eucaristía, en el sagrario. Ahí podemos hablar de todo con él. Podemos presentarle nuestras peticiones, nuestras preocupaciones, nuestros problemas, nuestras alegrías, nuestra gratitud, nuestras decepciones, nuestras necesidades y nuestras esperanzas. Permaneciendo ante el Señor-Eucaristía en adoración y contemplación, disfrutamos de su trato personal, nos dejamos empapar y modelar por su amor, le abrimos nuestro corazón, le rogamos por nuestra Iglesia, por su unidad, vida y misión, por los sacerdotes y las vocaciones al sacerdocio, o le pedimos por la paz, la justicia y la salvación del mundo. Ahí podemos repetirle constantemente: “Señor, envía obreros a tu mies. Ayúdame a ser un buen obrero en tu viña”.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón