Coopera con tu Iglesia Diocesana

Queridos diocesanos:

La misión espiritual de nuestra Iglesia diocesana descansa en último término en Dios mismo. El es quien la sostiene por medio de Jesucristo, que la convoca, la preside y la vivifica por medio de la fuerza interior del Espíritu Santo. Pero el Señor Resucitado ha puesto la tarea ingente de la evangelización en manos de los Apóstoles, y, a  través de ellos, de su Iglesia, que formamos todos los cristianos. “Id y anunciad el Evangelio a toda criatura” les dijo poco antes de ascender a los Cielos.

La misión de nuestra Iglesia corresponde a todos los bautizados; para llevarla a cabo necesita de la cooperación activa y responsable de todos sus miembros. Esta cooperación tiene distintas formas, como son la vida personal coherente con la propia fe en el día a día y en el lugar de trabajo o en la familia, la implicación en las tareas de la Iglesia, de la parroquia y de los grupos eclesiales; esta cooperación incluye también la colaboración económica. Nuestra Iglesia, que no es de este mundo pero está en el mundo, necesita también recursos económicos para poder llevar a cabo su misión.

Son muchas las necesidades de nuestra Iglesia para seguir haciendo el bien. Ahí están la atención espiritual y humana a todo aquél que lo necesita, el culto, el mantenimiento de los templos y casas abadías así como la construcción de nuevos templos y complejos parroquiales, la atención de numerosos servicios caritativos y sociales, la remuneración de los sacerdotes, religiosos y seglares, las actividades pastorales para adultos, jóvenes y niños, o la evangelización y la ayuda al Tercer Mundo.

Muchas son las tareas, pero pocos los recursos económicos de que disponemos. Sólo la austeridad presupuestaria nos permite, año tras año, salir adelante; y hay cosas que tienen que esperar por falta de medios. Nuestra Diócesis tiene además una fuerte deuda, generada por la inversión de más de mil quinientos millones de pesetas en siete años en la recuperación de patrimonio y en subvenciones a parroquias, delegaciones y movimientos; la inversión en bolsa para afrontar estos gastos no dieron el resultado previsto. A la amortización de esta deuda debemos destinar grandes cantidades año tras año.

A partir de ahora el sostenimiento de nuestra Iglesia pasa a depender únicamente de quienes hagan sus aportaciones periódicas, de las donaciones y colectas, de quienes marquen la X de la Iglesia en la declaración de la renta. Se ha suprimido el complemento presupuestario del Estado a lo recaudado por la asignación tributaria en la declaración de la renta. Esta nueva situación y la deuda indicada exigen un compromiso y un esfuerzo mayor por nuestra parte. Todo católico ha de ayudar a su Iglesia, su familia, en sus necesidades y ha de colaborar económicamente con ella. No lo olvides en la colecta de este domingo, el Día de la Iglesia Diocesana. Gracias en nombre de tu Iglesia por tu aportación.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López

Obispo de Segorbe-Castellón

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