Descubrir el silencio interior en vacaciones

Queridos diocesanos:

En estos días son muchos quienes disfrutan de unas merecidas vacaciones; unos van a la playa o a la montaña; otros visitan otras ciudades y países; y otros muchos se quedarán en casa o regresarán a nuestros y sus pueblos.

Las vacaciones son un tiempo para el descanso. Pero es frecuente llenar este tiempo con actividades de ocio y diversión, que no ayudan al descanso físico ni espiritual. Al final hay más cansancio y, quizá, vacío o incluso depresión. Es sintomático el llamado ‘síndrome posvacacional’, que cada vez sufren más personas.

Necesitamos comprender y vivir mejor el tiempo de vacaciones, el descanso de nuestras ocupaciones normales. El sentido del descanso no es sólo la necesaria recuperación de la fatiga física o psíquica del trabajo. El verdadero y más profundo sentido del descanso se alcanza cuando dedicamos más nuestro tiempo a nuestro espíritu, a  Dios y a los demás, especialmente a la familia. Ahora tenemos el tiempo que quizá nos falte durante el año. Hemos de aprender a apreciar las vacaciones ante todo como un tiempo propicio para redescubrir la primacía del silencio y la vida interior. En medio de la naturaleza se experimenta fácilmente lo benéfico que es el silencio, un bien cada día más escaso. Nuestro mundo nos ofrece tantas cosas, actividades e información que carecemos de tiempo y oportunidad para reflexionar y para orar. Con frecuencia tenemos miedo a encontrarnos con nosotros mismos en el silencio interior. Pero sólo en el silencio, en lo más profundo de su conciencia, el hombre logra escuchar la voz de Dios, que lo hace verdaderamente libre.

Las vacaciones nos pueden ayudar a descubrir esta indispensable dimensión interior de la existencia humana. Sería una buena ocupación en estos días volver la mirada a nuestro interior para preguntarnos qué sentido estamos dando a nuestra historia personal, qué lugar ocupa Dios en nuestra vidas o qué incidencia tiene nuestra fe cristiana en nuestra vida ordinaria, familiar, laboral, profesional o social. Estas cuestiones pueden parecer fuera de lugar para muchos. Pero ante el peligro de superficialidad en nuestras vidas y relaciones humanas, y ante tanta anestesia social y mediática, los cristianos debemos preguntarnos por nuestra coherencia con lo que somos.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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