El Domingo, la Pascua semanal

Queridos diocesanos

En la Pascua celebramos el acontecimiento central de nuestra fe y de la historia del mundo, la manifestación definitiva de la bondad de Dios y de la grandeza de nuestra vida. Cristo resucitado ha vencido para siempre el dolor y la angustia, provocados por el pecado y la muerte. Su triunfo es nuestro triunfo. Con su muerte redentora y su resurrección gloriosa, Cristo nos ha devuelto la amistad, la vida y la paz de Dios. El es la fuente de vida eterna y plena, de la paz y de la esperanza para todos.

La Resurrección es tan central para los cristianos, que su celebración no queda limitada al día de Pascua. Los Apóstoles y las primeras comunidades convirtieron en fiesta propia el primer día de la semana, el día de la Resurrección, y la llamaron de inmediato el “Día del Señor”. En este día se reunían cada semana para celebrar ‘la fracción del pan’, la Eucaristía. ‘Domingo’ significa “Día del Señor”, el único día de la semana que tiene nombre cristiano. La fiesta mayor de los cristianos es la Resurrección del Señor, que celebramos desde los primeros tiempos cada Domingo.

Claro está que el de Pascua es el Domingo por antonomasia, del que toman nombre y sentido todos los Domingos del año. El Domingo es la Pascua semanal, en que el Señor resucitado se hace presente entre nosotros de modo especial y eminente en la Eucaristía dominical. Como lo hizo con los Apóstoles, Cristo viene a nuestro encuentro, nos habla en su Palabra, se nos da a si mismo en la comunión, nos da su Espíritu, nos comunica su paz y nos envía a anunciar la reconciliación. Nuestra reunión eucarística dominical es, pues, mucho más que cumplir un precepto.

Sin embargo, la cultura del ‘fin de semana’ va desplazando el sentido del Domingo, como fiesta primordial de los cristianos. La estadística de asistencia a la Misa dominical muestra que la mayoría de los católicos no participan ya en la Eucaristía dominical. Otras ocupaciones desplazan la asistencia a la Eucaristía en este día. Merece la pena que todos –en especial, sacerdotes, padres, catequistas- nos preguntemos por qué esto es así y qué hemos de hacer para recuperar entre los católicos el sentido cristiano del Domingo y la participación en la Eucaristía dominical de los cristianos católicos y de las familias. Porque, como en los primeros tiempos del cristianismo, un cristiano no puede vivir sin la Eucaristía dominical, la Pascua semanal.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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