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“En la cárcel, y me visitasteis”

Queridos diocesanos, queridos reclusos:

El día 24 de septiembre celebramos la fiesta Ntra. Sra. de la Merced, patrona de las instituciones penitenciarias. En el día de vuestra patrona os saludo de corazón en primer lugar a vosotros, hermanos y hermanas, que estáis condenados a la privación de libertad en los centros penitenciarios de nuestra Diócesis – Castellón y Albocàsser; sabéis que siempre os llevo en mi corazón y rezo por vosotros, aunque sólo puntualmente pueda visitaros en la cárcel. Os saludo también a los PP. Mercedarios, a los capellanes y los voluntarios en las prisiones y os agradezco vuestra entrega generosa y dedicación gratuita a los presos. Mi saludo se extiende también a todos los funcionarios de los dos Centros Penitenciarios de Castellón; gracias por vuestra acogida y por vuestro apoyo a nuestra tarea pastoral. A todos os deseo una celebración gozosa del día de Virgen la Merced.

Este patronazgo de la Virgen de la Merced tiene su origen en San Pedro Nolasco, quien tuvo una experiencia mística donde la Virgen María, bajo la advocación de la Merced, le pidió que dedicase su vida a la tarea de redimir a los cristianos cautivos de los musulmanes y que fundase una orden religiosa dedicada a este fin. Así lo hizo. Y en el año 1218 en la catedral de Barcelona fundó la Orden de la Merced. Desde entonces sus hijos, los PP. Mercedarios, se dedican, también entre nosotros y entre otras actividades, a la atención pastoral de cuantos están privados de libertad en las prisiones o viven esclavizados por cualquier otra circunstancia o razón.

Como en el caso de Pedro Nolasco, la presencia y el servicio pastoral de nuestra Iglesia diocesana en los centros penitenciarios se basan en las palabras de Jesús: “venid, benditos de mi Padre… porque estuve en la cárcel y me visitasteis”. Jesús se identifica en este pasaje evangélico con los encarcelados: “cuando lo hicisteis con uno de estos mis pequeños hermanos, conmigo lo hicisteis” ((Mt 25, 34.36). Ya la Iglesia primitiva muestra su preocupación por los encarcelados: “Acordaos de los presos como si estuvierais presos con ellos” (Hb 13,3). Es verdad que nuestro deseo de seguridad, el peso de una lógica justiciera y excluyente, la lejanía de los centros penitenciarios, no facilitan este acto de memoria compasiva en favor de los encarcelados. Y más todavía si han cometido delitos de cualquier tipo que causan legítima zozobra social. Sin embargo, también hoy valen las palabras de Jesús.

Los capellanes y voluntarios seglares que trabajan en la pastoral penitenciaria tratan de vivir estas palabras de Jesús. Siendo heraldos y testigos de la misericordia y del perdón infinito de Dios, siendo misericordiosos como el Padre Dios, ayudan a los internos a tomar conciencia de que la privación de libertad nunca les quita su dignidad personal; ésta es un don de Dios que nunca se pierde. La privación de libertad por parte de la sociedad por los delitos y errores cometidos es legítima. Pero la reclusión no significa exclusión. Siempre hay lugar para la esperanza y para poder cambiar, reconciliarse con el entorno e iniciar una vida verdaderamente libre en el seno de la sociedad. Queridos internos: la gracia de Dios y el acompañamiento humano y espiritual de vuestra Iglesia y de tantos otros no os faltarán.

La pastoral penitenciaria trabaja además por crear en los centros penitenciarios una autentica comunidad de creyentes, discípulos misioneros de Jesús. Ofrece a los internos la oportunidad de tener un encuentro transformador, sanador y liberador con Jesucristo en la escucha de la Palabra, en la celebración de la Eucaristía y del sacramento de la Reconciliación. Y les envía a ser fermento de reconciliación, de renovación y de reinserción en la cárcel.

Queridos reclusos: Dios os ama y nunca os abandona. Con este amor podéis contar siempre, en especial en los malos momentos en la prisión. Dios es compasivo y misericordioso. Dios perdona siempre, si arrepentidos, le pedimos perdón. No caigamos en la tentación de pensar que no podemos ser perdonados. La historia pasada no puede ser escrita de nuevo. Pero la historia que se inicia hoy y mira al futuro, está todavía por escribir con la gracia de Dios y con vuestra responsabilidad personal. Aprendiendo de los errores del pasado, se puede abrir un nuevo y hermoso capítulo de la vida.

 

Con mi afecto de siempre y mi bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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