Evangelizar las familias cristianas

Queridos diocesanos:

La familia cristiana tiene, hoy más que nunca, la misión nobilísima de transmitir la fe a sus hijos. Para ello es necesario que los padres vivan con fidelidad y autenticidad su condición de esposos y padres cristianos, pues nadie da lo que no tiene.

Es verdad que hay muchas familias, que mantienen viva su identidad cristiana; hay sensibilidad religiosa en casa y se preocupan por la educación de la fe de sus hijos. Pero nos encontramos con familias en las que uno de los cónyuges tiene sensibilidad religiosa y el otro no; son hogares donde se va perdiendo la atmósfera cristiana. Hay otras familias en las que los dos cónyuges se han alejado de la práctica religiosa y viven instalados en la indiferencia; lo religioso está como “excluido” del hogar. En los dos últimos casos, su condición cristiana aparece poco más que en algunos momentos significativos como el bautizo del hijo (no tanto el Bautismo), la primera comunión (no tanto la Eucaristía), o para pedir la catequesis o la clase de religión; muchas veces son los abuelos quienes asumen esas tareas. Por último, hay también algunas familias cristianas, que lamentablemente rechazan totalmente lo religioso y evitan que los hijos adquieran una iniciación cristiana.

Ante este panorama, las comunidades parroquiales, los sacerdotes, los agentes de pastoral familiar y las mismas familias cristianas estamos llamados a anunciar el Evangelio del matrimonio, del amor y de la vida; hemos de ayudar a los novios que se preparan para celebrar el sacramento del matrimonio o a los esposos que ya lo han contraído a descubrir su vocación cristiana al matrimonio: en su enamoramiento, Dios mismo les conduce y llama al matrimonio para ser signo eficaz del amor de Dios en su amor esponsal y familiar. Las familias cristianas necesitan ser acompañadas para que vivan en verdad lo que son: una “iglesia doméstica”, un ámbito donde se vive el amor y se transmite la fe.

La vocación cristiana al matrimonio y a la familia tiene un horizonte precioso que merece la pena proponer, alentar y cuidar. El crecimiento de la identidad cristiana de las familias que se fundan en el Señor será un fermento imprescindible en la Iglesia, una ayuda inestimable para la sociedad y una respuesta a una de las cuestiones claves de nuestro tiempo en la sociedad y en la Iglesia: la educación de los hijos, su iniciación cristiana y la transmisión de la fe.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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