“Fui forastero y me recibiste…” (Mt 25, 35) – 400 años del Carisma Vicenciano

– “Hola, sor María. Muchísimas gracias por acogerme”. – “Bienvenido majo, esta es tu casa”. El pasado miércoles visité la Obra Social Marillac de las Hijas de la Caridad de Castellón, muy próximo a la Universidad Jaume I. En ese rato que estuve allí, llegó un desconocido para quedarse allí a vivir con ellas. Está enfermo, necesita cuidados y sobre todo, un hogar. Las Hijas de la Caridad lo acababan de acoger en ese mismo momento.

El próximo sábado, 27 de mayo, el Obispo presidirá una Misa en la Concatedral de Santa María, a las 18 horas, por un motivo: celebrar, en acción de gracias, los 400 años del Carisma Vicenciano, una Familia que comparte un mismo carisma, naciente de San Vicente de Paúl, como la Asociación Internacional de Caridad, la Congregación de la Misión, los Misioneros seglares vicencianos (Misevi), las Hijas de la Caridad, la Asociación de la Medalla Milagrosa y las Conferencias de San Vicente de Paúl, las tres últimas con casas en nuestra Diócesis.

Sus historias se remontan a 1617, cuando Vicente (de Paúl) predicaba en la iglesia de Chatillon (Italia) y animaba a los feligreses a tomar responsabilidades por una familia pobre de la parroquia que estaba gravemente enferma y necesitaba comida y consuelo. Esta familia se salvó gracias al gran apoyo por parte de los feligreses, y de este modo, Vicente entendió que la Caridad, para ser efectiva, debía también estar bien organizada.

 

Las Hijas de la Caridad

En 1633, junto con Luisa de Marillac, Vicente de Paúl fundó la Compañía de las Hijas de la Caridad. La Compañía, sin ánimo de lucro, está comprometida con la atención, cuidado y promoción de las personas más desfavorecidas. En España han promocionado las profesiones y servicios sanitarios, educativos y socio-educativos. Ellas, tomando como modelo ese evento en Chatillon, hicieron suyo el versículo bíblico del evangelista que dice: “Fui forastero y me recibiste” (Mt 25, 35), y se preguntaban: “¿Quiénes son hoy los forasteros de nuestro entorno?”.

“San Vicente recuerda que es la justicia, antes que la misericordia, la que exige que se acuda en ayuda de los pobres”, asegura sor María, directora del centro Marillac. Ellas, como si fueran uno sólo con San Vicente de Paúl, hicieron vida el ejemplo del Buen Samaritano, abriendo sus puertas a los refugiados, a los pobres, los desplazados, los migrantes, los que no tienen hogar, los que están solos, los que están enfermos física o mentalmente, los ancianos, los jóvenes vulnerables. “De las Hijas de la Caridad he recibido comprensión, preocupación y amor, porque llegué en un estado de enfermedad muy grave y mucho pesimismo”, confiesa uno de los internos del centro. “A mí me han dado todo lo que me ha hecho falta y mucho más: amor fraterno, comprensión, paz, y sobre todo cariño”, asegura otro de ellos.

Y así, en Castellón, se hizo realidad la Obra Social Marillac, en el año 2003 (aunque las Hijas de la Caridad llegaron a Castellón en 1959), donde coopera esta entidad junto a un equipo de profesionales laicos – educadores, trabajadores sociales, psicólogos, técnicos de integración social… – y voluntarios para atender a las necesidades de estos ‘forasteros’. Tal y como el mismo San Vicente reconoció: “Somos mucho mejores y más efectivos cuando trabajamos juntos”. Actualmente, este centro cuenta con veinte plazas para convalecientes sin hogar y “ofrece acogida, posibilidad de rehabilitación y descanso para reponer fuerza del cuerpo y del corazón”, garantiza sor María Donat, directora del centro.

Además de la Obra Social Marillac, en la que viven nueve Hijas de la Caridad, tienen otros proyectos en la ciudad de Castellón, como el alojamiento Puente (2005) que, en colaboración con el Ayuntamiento, cuenta con seis viviendas dignas para iniciar y acompañar procesos de autonomía e integración y el centro El Faro (2010), un centro de día que ofrece talleres de formación para la integración social. Además de la casa de espiritualidad La Sagrada Familia, en Castellnovo, en la que viven seis Hijas.

“Soy una de esas personas, al igual que otras tantas, a las que las Hijas de la Caridad acogen en su casa, dándoles cariño y ayuda. A algunas personas como yo les gustaría demostrarles con hechos su gratuidad, bondad, buena fe, humildad, y tantas, tantas virtudes que tienen que no caben en este párrafo… Me gustaría devolverles tan grandísimo favor que he recibido, pues a veces pienso que no soy merecedor de tanta gratuidad. No tengo dinero, ni bienes, pero tengo algo que me habéis enseñado: a tener fe, buen corazón y afecto al prójimo. Muchas veces me he parado a pensar qué hacía yo en este mundo y vosotras, Hijas de la Caridad, habéis sido capaces de encauzarme en esta sociedad, me he considerado ‘la oveja descarriada’ pero ahora, restablecido, me integro en la sociedad para poder seguir adelante” – (testimonio).

 

Explicación del logo por los 400 años del Carisma Vicenciano

El círculo representa el mundo, la historia, la vida.

Los rayos simbolizan las congregaciones, grupos y  asociaciones fundadas desde el Carisma Vicenciano. También la sociedad, con sus imperfecciones y alegrías, esperanzas y cansancios.

Las estrellas recuerdan dos “lugares teológicos” donde Vicente de Paúl vio las huellas de Dios en su vida y que, por sus palabras, se han convertido en acontecimientos importantes: Gannes-Folleville y Châtillon-les-Dombes.

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