La transmisión de la fe en la familia

Queridos diocesanos

La transmisión de la fe cristiana a las nuevas generaciones es una tarea urgente. Junto a las parroquias, las familias cristianas ocupan un lugar preferente en esta tarea. Los padres cristianos son los primeros evangelizadores de sus hijos. Sé que no es fácil cumplir con esta misión en un contexto social cada vez más secularizado, paganizado y laicista. Algunos padres se desazonan ante el alejamiento de la vida de fe de sus hijos, a pesar de su esfuerzo y su buen ejemplo. Otros, por el contrario, se desentienden de la educación cristiana de sus hijos y no les ofrecen su ayuda, para que, en libertad, accedan a la fe movidos por la gracia de Dios; olvidan así su compromiso ante Dios, ante la Iglesia y ante sus hijos el día que los presentaron para ser bautizados.

La familia cristiana tiene, hoy más que nunca, la misión nobilísima de transmitir la fe a sus hijos. Transmitir la fe a los hijos es ayudarles a creer, a encontrarse personalmente con Dios en Jesucristo, muerto y resucitado, y a insertarse en la comunidad eclesial. No se agota, pues, en la propuesta de verdades y normas morales: es, ante todo, la invitación a una amistad personal con Jesucristo para acogerle como el Salvador, que salva y libera, y como la Luz, que ilumina la oscuridad de los corazones y da sentido a su existencia.

La mejor forma de prestar esta ayuda es que los padres vivan con fidelidad y autenticidad su condición de cristianos, como esposos y como padres. El testimonio de vida coherente con la fe es el mejor medio en la transmisión de la fe. Al testimonio de vida, se ha de unir la escucha de la Palabra de Dios y la oración en familia, la enseñanza a los hijos de las primeras oraciones y el compromiso de los padres en las catequesis parroquiales de sus hijos. La misma Eucaristía dominical en familia debería ser algo habitual para toda familia cristiana, haciendo de ella el centro del Domingo. Os invito a participar en familia en la Eucaristía dominical. Hablad a vuestros hijos de Dios. Ayudadles a encontrarse personalmente con Jesucristo. Nada es tan importante para su vida. Así se va construyendo un universo moral enraizado en la voluntad de Dios, en el cual el hijo crece en los valores humanos y cristianos que dan pleno sentido a la vida.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López

Obispo de Segorbe-Castellón

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