Los sacerdotes, enviados a reconciliar

PlumaQueridos diocesanos:

Por San José, todos los años celebramos “El Día del Seminario” el domingo más próximo. Al coincidir este año con el Domingo de Ramos, hemos adelantado su celebración al domingo anterior, el día 13 de marzo, V Domingo de Cuaresma. Lo haremos bajo el lema enviados a reconciliar por estar en el Año santo de la Misericordia. Los sacerdotes son, en efecto, enviados a reconciliar porque son ministros de la Misericordia de Dios en el nombre de Cristo Jesús.

Dios, que es amor (1 Jn 4,8), no puede dejar de amar, como el fuego no puede dejar de quemar. Dios es  eternamente fiel en su amor hacia su creatura, el ser humano: lo sigue amando, incluso cuando éste, abusando de su libertad, que le fue dada para amar, ser amado y hacer el bien, en lugar de responder con su amor al amor de Dios, lo rechaza con su pecado, y así rompe la comunión y la armonía con Dios, con los demás y con toda la creación. A pesar de este alejamiento y rechazo por parte del hombre, Dios permanece fiel a su amor: Dios es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en piedad; está siempre dispuesto al perdón, ofrece siempre la reconciliación.

Jesús nos muestra el rostro misericordioso de Dios: él es la misericordia encarnada de Dios, que se compadece de las miserias físicas y espirituales del ser humano, sana y perdona los pecados. Durante su vida pública encontramos a Jesús curando y perdonando los pecados. Es el caso del paralítico (cf. Mc 2, 1-12); es el caso de la mujer pecadora pública (cf. Jn 8, 3-11). Jesús manifiesta que no son los sanos sino los enfermos los que necesitan el perdón. Él mismo ha venido a buscar a los pecadores. Esta actitud de Cristo despierta la crítica de los fariseos, pero Jesús insiste en perdonar a todos los que se acercan a él y se arrepienten de sus pecados; entrega su vida misma en la Cruz para el perdón de los pecados. Esta actitud de Cristo queda plasmada en el poder de perdonar los pecados que él mismo confía a los apóstoles: “A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos” (Jn 20,23). En este texto la Iglesia reconoce la institución del Sacramento de la Penitencia.

Para ser perdonados es indispensable querer recibir el perdón de Dios, estar verdaderamente arrepentidos, tener dolor de corazón y confesarse. Hay muchos que no entienden la mediación del sacerdote a la hora de pedir perdón a Dios. ¿Por qué no puedo hacerlo a solas con Dios?, se preguntan. En este punto hemos de recordar que la mediación del sacerdote fue deseo expreso de Cristo quien, una vez ascendido al cielo, quiso perpetuar su presencia y su misión en los apóstoles y en sus sucesores, los Obispos, y en aquellos que participan del ministerio apostólico: los sacerdotes.

Sólo Dios puede perdonar los pecados. Jesús, el Hijo de Dios, perdonó los pecados y transmitió esta potestad a personas bien concretas: los apóstoles y sus sucesores. Como todos los sacramentos son actos de Jesucristo y encuentro con Él, es necesario, por designio de su voluntad, que para la reconci­liación tengamos que contar con alguien que actualice a Jesucristo con su presencia. Y ese alguien son los obispos y los sacerdotes, que actúan en la persona de Cristo y de la Iglesia. En el confesor, Jesús mismo sale a nuestro encuentro y nos ofrece el perdón y la reconciliación.

Quien más, quien menos, todos estamos necesitados de reconciliación y, por lo mismo, de sacerdotes enviados a reconciliar y perdonar. Oremos en el Día del Seminario para que Dios nos siga enviando nuevas vocaciones al ministerio sacerdotal, de modo que nunca nos falten ministros de su misericordia. Las vocaciones al sacerdocio ordenado es una cuestión que nos afecta a todos cuantos formamos la comunidad diocesana. Y esto pasa por la oración por las vocaciones, por su promoción, acogida y apoyo. Y esto pide también nuestro afecto y compromiso real hacia nuestros Seminarios, donde se forman los futuros servidores de la reconciliación. Cuento con vuestra generosidad en la colecta de este día, más si cabe, ahora que estamos acometiendo obras del restauración del edificio del Seminario Mater Dei. Muchas gracias anticipadas.

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

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