Miguel Aranguren: “Jesús es el único personaje histórico del que tenemos la certeza de que está vivo”

Miguel Aranguren (Madrid, 1970) es autor de doce libros, entre los que destacan La hija del ministro (La Esfera de los Libros), La sangre del pelícano (Libros Libres) y Aquel verano (Palabra). J.C. El sueño de Dios (Homo Legens), presenta a los principales protagonistas de los Evangelios en un argumento cargado de ritmo y profundidad.

Aranguren ha sido capaz de conseguir que una historia tan conocida produzca el asombro de la novedad. Con una calidad literaria avalada por la crítica, Aranguren firma una novela destinada a todo tipo de lectores, creyentes y no creyentes, a los que enfrenta a grandes dosis de misterio y emoción, sin dejar a nadie indiferente.

¿Cómo ha sido el proceso de escritura del libro?

Muy naíf. Me he dejado llevar. He buscado un comienzo y he dejado que sean los personajes los que me indiquen el camino. Mi intención era escribir una vida completa de Jesús. De hecho estuve estudiando año y medio la vida del Señor. Me di cuenta desde el principio que el personaje era inabarcable. Me desbordaba hasta tal punto que tuve que redirigir la novela hacia su infancia, aunque haya saltos hacia adelante y hacia atrás en su vida para dejar claro que Cristo no es entendible sin todo lo que sucedió antes y después.

¿Qué importancia otorgas a la fase de documentación?

Mucha. Lo peor que le puede pasar a una novela no es que el lector se aburra, sino que no se la crea. Y para que no se lo crea lo que puede fallar es la verosimilitud. Y la verosimilitud falla cuando el entorno en que se mueve el personaje, bien falsea la realidad de ese tiempo, o bien discurre al margen del personaje principal. En el caso de Jesús, cualquier error en lo referente a la ambientación, a las costumbres, a los modos religiosos de la época, se cargaba la novela.

¿A qué ambientes te ha ido llevando la escritura?

He construido mundos a mi medida, que poseen el poso de todo lo que he estudiado sobre cómo era aquello. Por ejemplo, parte de la novela transcurre en Nazaret; pero es un Nazaret distinto. En su tiempo fue una aldea muy pequeña. En mi caso es una ciudad, porque los personajes me pedían vivir dentro de un barrio concreto, que está muy ligado a su situación civil y económica. La familia de José ha vivido un crack económico espantoso a cuenta de un préstamo que no pueden devolver y eso provoca que huya de Belén y llegue a Nazaret, que es una tierra casi de gentiles, al barrio más pobre, para servir a los viajeros, desempeñando empleos que están en el estrato más bajo de la sociedad.

 

¿Cómo has construido la novela?

Cuando empecé a escribir me di cuenta de que Dios es un todo y la historia de la salvación no tienen compartimentos estancos, de modo que Cristo es también salvador de todos los que nacieron antes que Él, de una forma misteriosa, que desconocemos, y de la que yo he ofrecido mi versión literaria. Por tanto, era fundamental para mí comenzar por el momento anterior a la creación. Es Dios con sus ángeles, sometiéndolos a la prueba: la presentación de la imagen de la emperatriz, que resulta ser una criatura mortal. Eso provoca que Lucifer diga aquel non serviam tan terrible que provoca que la historia, muy por encima de nuestras entendederas, sea una tragedia con final feliz.

Por ejemplo, san Juan Bautista, un personaje al que llevaba tiempo dándole vueltas, me intriga mucho. ¿Cómo es posible que hubiera un precursor tan extraño? Inicio el proceso de meterlo en mi literatura y descubro que es un hombre lleno de dudas, que lo ha dado todo por Jesús pero no sabe quién es. San Juan está encarcelado, sabe que va a morir en manos de un loco; ha bautizado a ese hombre que distinguió de una forma sobrenatural; ha visto y ha escuchado signos y, de repente, no hay un solo signo mesiánico: dónde están tus ejércitos… San Juan no deja de ser un hombre de su tiempo, el más grande de los hombres nacidos de mujer, pero a la vez un hombre que forma parte de una cultura que espera algo muy distinto. Y manda a sus discípulos lleno de dudas. No con la intención de que Jesús les cuente quien es para que sus discípulos le sigan sin más.

Otro personaje clave es el demonio.

Sí. En la novela se ve que le produce una repugnancia física cada fase de la historia de la salvación. No soporta la predilección de Dios con su criatura. Piensa que hay un error, que puede ser suyo, que le impide ver la jugada. Dios le desconcierta. No entiende su misericordia con los hombres porque le parecemos gusanos; que Dios nos siga dando oportunidades que son mejores que la que nos hubiera dado en el caso de no haber pecado.

¿Cómo has abordado el personaje de la Virgen María?

Pues mira, era el más delicado y con el que he ido de puntillas porque por fe sabemos que es la única persona que ha nacido sin pecado y eso le otorga unos atributos muy especiales. A su vez, era una mujer que no destacaba. De hecho en la novela, la Virgen es una chica del pueblo, pero a la vez es una joven que genera una sensación de rareza, que canta, que tiene predilección por los pobres, que lleva comida a una viuda, que baja a buscar a los niños de las prostitutas

 

Esta recreación de la vida y el entorno de Jesús de Nazaret, ¿cómo te gustaría que la abordaran las personas que la lean?

Cada lector es un mundo. Lo que sí que me encantaría es que el personaje principal, que es Cristo, te lance la pregunta: “¿y tú quién crees que soy yo?”. Yo puedo lanzar una serie de imágenes, de sugerencias, pero al final quien habla es Cristo: “¿Quién soy yo para ti?”. Es la pregunta universal, que se repite cada hombre que ha tenido ocasión de conocerle.

¿Cuál es la respuesta del autor del libro? ¿Quién es Jesús para Miguel Aranguren? ¿Hay un cambio después de escribir el libro?

Santa Teresa de Calcuta escribió una oración larguísima de quién es Jesús para ti. Ella dice: “Jesús es mi todo en todo”. Eso es lo que quisiera que fuera para mí, pero la naturaleza humana hace que no sea todo en todo. Cuando te acercas a Él, lo contemplas y le tratas, descubres que la salvación de Cristo no es a la humanidad; es individual. La revolución del Evangelio es ésa: todo lo que hace y dice Jesús te lo hace y te lo dice a ti. Dios no sabe contar más que de uno en uno.

¿Ha habido momentos de duda, de crisis, en la escritura del libro?

Muchas. Primero porque el proceso ha sido larguísimo. También por la sensación de haberme metido en un túnel que no tenía final porque era un personaje inabarcable y, finalmente, crisis provocadas por terceras personas que me advertían de que era un asunto que no interesaba.

¿Qué experiencias de lectores que te han contactado te han conmovido más?

Pues mira, gente que rompe a llorar. Gente que reza con el libro. Gente que ha regresado a momentos de su vida en los que vivía con inocencia, o a la fe que tuvo de niño. Gente que declarándose no creyente han sentido la cercanía de esos personajes. Y, sobre todo, gente que esperaba un determinado producto y se ha encontrado con otro totalmente distinto.

 

¿Crees que estas son algunas de las claves para la verdadera evangelización?

La fe católica, como afirma el Papa Francisco, ha desarrollado unos principios morales que parten de una persona, a la que hay que descubrir. No podemos mostrar mandatos, negaciones, obligaciones, y poner en segundo término a Jesús.

¿Cuál ha sido el pasaje del libro que más te ha costado escribir?

Jesús vio muchos patíbulos y como Dios podía proyectar porque también vivía fuera del tiempo. Y cuando pasaba delante de los crucificados, que era una afrenta terrible para los judíos, se tenía que ver a sí mismo. Esa dicotomía entre Dios y hombre auténtico me ha conmovido. Aquel hombre que vivió en un lugar tan recóndito y en ese momento histórico tan salvaje para venir al mundo, me estaba viendo escribir esta novela. Es algo que resulta tan conmovedor como tremendamente difícil de transmitir. Jesús es el único personaje histórico del que tenemos la certeza de que está vivo.

¿Habrá una segunda parte de “J.C. El sueño de Dios”?

No lo sé.

¿Algún lector te ha pedido esta segunda parte?

Sí, varios, pero necesito algo de distancia.

¿Se lo tiene que pedir el hombre literario al hombre creyente?

No exactamente. Yo soy escritor y cristiano, que es la centralidad de mi vida; pero soy escritor y la decisión será literaria. No fui a buscarlo yo; fue el libro el que me vino a buscarme por una serie de circunstancias.

¿Cuáles fueron?

Fue en una comida en Valencia con un sacerdote que es el capellán de un centro de formación profesional de chicas. Comentando su labor con estas jóvenes, señala que la mayoría han crecido sin Dios y muchas no están bautizadas. Es gente buena, que tiene una moral natural, pero les falta formación espiritual. A la vez, es gente que sufre mucho: hogares rotos, relaciones afectivas que les hacen mucho daño, etc… Muchos dramas personales. Cuando estoy con ellas –me dice- veo mucha hambre de Dios y me vendría fenomenal un instrumento, una biografía de Jesús para gente joven… Yo le escuché y me volví a mi casa pensando en otra cosa.

Ese verano vino Benedicto XVI a Madrid y, de repente, me encontré con medio millón de jóvenes venidos de todo el mundo por las calles de la capital de España que vibraban con una anciano que no cantaba, no regalaba nada y que, encima, lanzaba un mensaje exigente en nombre de otro. Ahí caí en la cuenta que Jesucristo es el gran interés desde hace veintiún siglos y decidí escribir este libro, sin buscar una intención concreta, por lo que no se trata de una novela juvenil ni didáctica. Los narradores tenemos que ser muy asépticos. Otra cosa es que lo que el lector experimente con su lectura. No se trata, por tanto, de una novela moralista o didáctica.

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