Ministros de la misericordia de Dios

Queridos diocesanos:

Como el fuego que no puede sino quemar, así Dios no puede dejar de amar, porque “Dios es amor” (1 Jn 4,8). Dios es fiel a su designio eterno, incluso cuando el hombre, en abuso de su libertad, que le fue dada para amar y hacer el bien, en lugar de responder con amor al amor de Dios, se aleja de él y rechaza su amor con su pecado. A pesar de esta prevaricación del hombre, Dios permanece fiel al amor. Dios es compasivo y misericordioso, dispuesto siempre al perdón.

Jesús nos muestra este rostro misericordioso de Dios, dispuesto siempre al perdón. Durante su vida pública encontramos a Jesús perdonando los pecados. Él manifiesta que no son los sanos sino los enfermos los que necesitan el perdón. Él mismo ha venido a buscar a los pecadores. Esta actitud de Cristo despierta la crítica de los fariseos, pero Jesús insiste en perdonar a todos los que se acercan a él y se arrepienten de sus pecados; entrega su vida misma en la Cruz para el perdón de los pecados.

Esta actitud de Cristo queda plasmada en el poder de perdonar los pecados que él mismo confía a los apóstoles: “A quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos” (Jn 20,23). En este texto la Iglesia reconoce la institución del Sacramento de la Penitencia.

Para ser perdonados es indispensable querer recibir el perdón de Dios, estar verdaderamente arrepentidos, tener dolor de corazón y confesarse. Hay muchos que ni entienden ni quieren entender la mediación del sacerdote a la hora de pedir perdón a Dios. ¿Por qué no puedo hacerlo a solas con Dios?, se preguntan. En este punto hemos de recordar que la mediación del sacerdote fue deseo expreso de Cristo quien, una vez ascendido al cielo, quiso perpetuar su presencia y su misión en los apóstoles y en sus legítimos sucesores, los Obispos, y en aquellos que participan del ministerio apostólico: los sacerdotes.

Cierto que sólo Dios puede perdonar los pecados. Ahora bien: Jesús, el Hijo de Dios, perdonó los pecados y transmitió esta potestad a personas bien concretas: los apóstoles y sus sucesores. Como los sacramentos son actos de Jesucristo y encuentro con Él, es necesario, por designio de su voluntad, que para la reconci­liación tengamos que contar con alguien que actualice a Jesucristo con su presencia. Y ese son los obispos y los sacerdotes, que actúan en la persona de Cristo y en la persona de la Iglesia.

Por otra parte, el hombre es eminentemente comunicativo, nece­sita contar ese mundo interior que, de no comunicarlo, se convertiría en una metástasis cancerígena que dete­rioraría toda su psicología. Es un hecho comprobado: en la medida en que han descendido los penitentes, han aumentado el número de los psiquiatras, con la diferencia de que el psiquiatra escucha, aconseja, medica … pero nunca perdonará la culpa. A lo sumo podrá ayudar a que desaparezca en el paciente el sentimiento de culpabilidad.

El próximo día 19 de marzo celebramos el Día del Seminario, que este año tiene como lema: “El sacerdote, testigo de la misericordia de Dios”. Oremos para que el Señor nos conceda vocaciones al sacerdocio, ministros de la misericordia de Dios, ministros del Sacramento de la Penitencia.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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