Navidad, ¿somos conscientes?

Si nos tomamos en serio nuestras convicciones, en algún momento de nuestra vida deberíamos preguntarnos: “¿Qué es ser un verdadero cristiano?” o “¿En qué me diferencio yo, como cristiano, de los que no lo son?”.

La fuente a la que aconsejaría consultar para dar respuesta a estas preguntas es la Biblia. En los Hechos de los apóstoles – Hch 11, 26 – dice que fue en Antioquía donde los discípulos recibieron, por primera vez, el nombre de ‘cristianos’. El término ‘discípulo’ significa ‘aprendiz’, y si es cristiano revela que su maestro es Cristo. Por lo tanto, un cristiano no es sólo una persona que cree en Jesucristo, sino una que sigue y aprende de Él, lo que implica un esfuerzo por imitar el ejemplo de Cristo durante toda la vida.

Además, cabe mencionar la importancia del sacramento del Bautismo, tatuado en nuestra identidad desde el momento en que lo recibimos, y que nos define como personas. El Bautismo es la puerta de acceso a otros sacramentos y por él somos liberados del pecado y regenerados como Hijos de Dios, convirtiéndonos en miembros de Cristo y de la Iglesia.

Acaba de pasar la Navidad, y puede que nos preguntamos qué ha sido de nuestro espíritu cristiano, que desde pequeños hemos mantenido vivo pero que, en la sociedad actual, movida y motivada por las compras, los regalos, el dinero y el consumo, puede que hayamos olvidado. Si nos paramos a pensar, algo está pasando en la sociedad, que nos ha llevado a centrarnos excesivamente en las compras y en los regalos, arrinconando en una esquina el verdadero sentido de la Navidad.

En el pasado mes de noviembre, El Mundo publicaba un artículo donde aseguraba que la media que los españoles gastarán en Navidad será de 862 euros, un 4% más que el año pasado, según un estudio realizado por la consultora Deloitte. Y además, para ello no tendrán que salir de casa, pues “el 38% de los españoles prefieren realizar sus compras a través de Internet”, como asegura un artículo publicado en El Economista. Todo esto lógicamente respaldado por el hecho de que, cada año, los centros comerciales deciden empezar antes la Navidad, lo cual influye en las costumbres familiares. Esto demuestra que, actualmente, ‘los tiempos’ los marca el comercio, en lugar de las personas.

Zygmunt Bauman, sociólogo y filósofo polaco de origen judío, aseguró, en una entrevista con El Mundo el pasado mes de noviembre, que “todas las ideas de felicidad siempre acaban en una tienda”, que la gente se olvida de esto cuando acude a las tiendas a “comprar felicidad”, ignorando que existen muchas formas de ser feliz, como “trabajar juntos, meditar o estudiar”.

Es, pues, un buen momento para reflexionar sobre lo que somos, en lo que creemos, y qué dice más de nosotros: el hecho de ser Hijos de Dios por el Bautismo o las rebajas del mes de enero.

Algunas acciones promovidas estas Navidad han demostrado una antítesis y una revolución, ya que han probado que lo más importante – no sólo en Navidad, sino en la vida cotidiana – no es gastar nuestro dinero en una tienda, como denunciaba Bauman. Una de ellas la protagoniza la firma textil Zara, del grupo Inditex, que ha colocado más de 300 contenedores para donar ropa usada a Cáritas, Cruz Roja y Oxfam en tiendas de España, Portugal, UK y en algunos establecimientos en China, Irlanda, Holanda, Suecia y Dinamarca, de momento. Bajo el lema “Trae la ropa que no utilizas y dale una nueva vida” la página web de Zara, además, también cuenta con una opción de recogida gratuita de ropa en el domicilio.

Por otro lado, un vídeo en la red se ha hecho viral porque revela que 27 jóvenes de Madrid han cambiado sus regalos de Navidad a las personas más importantes de sus vidas tras someterse a las preguntas realizadas para llevar a cabo un experimento social. Este vídeo ha sido publicado por Generación 2015, un grupo de ‘Millennials’ – personas que han nacido entre 1981 y 1995, es decir, que actualmente tienen entre 20 y 35 años – que destacan por su determinación en querer progresar en su vida y en la sociedad en la que vive, difundiendo los valores fundamentales universales del ser humano.

El vídeo se basa en un montaje de diversas preguntas a diferentes jóvenes, como “¿Quién es la persona más importante de tu vida?, “¿Qué le vas a regalar por Navidad?” y “¿Y si te tocara la lotería?”, cuyas respuestas son de lo más natural y espontáneas: “Mi madre”, “mi hermano”, “mi abuela”, “un libro”, “una Nintendo”, “el nuevo iPhone 7 Plus”, “una casa rural”, “un Rolls Royce”, “un chalet, con jardín, al lado de la playa, para empezar”, “un viaje a lo largo del mundo”, “le montaría una empresa”, “una moto de carreras”, “un pura sangre española”… Vamos, lo que cualquiera contestaría sin saber cuál era la última pregunta: ¿Y si fueran sus últimas navidades?”. Las caras de los entrevistados lo dicen todo, porque todos harían y regalarían algo diferente de lo que habían pensado, pues lo más importante no es lo material, sino las personas, la compañía, el perdón, la sinceridad, un ‘te quiero’, la familia… Lo más fundamental en la vida, es sencillo y no conlleva dinero.“Vivimos como borregos, todos hacia delante, sin mirar hacia los lados, sin disfrutar los momentos de la vida, las pequeñas cosas”, confiesa uno de los protagonistas del vídeo.

También Juan Manuel de Prada se ha referido a la tradición cristiana de la Navidad, superada por el consumismo, comentando en uno de sus artículos al XL Semanal que la Navidad es una fiesta para los ‘locos de remate’, porque sólo a un Dios que estuviese loco de remate se le ocurriría abandonar su omnipotencia y adoptar la apariencia, en cuerpo y alma, de un niño indefenso. “Desde el momento en que Dios se había hecho frágil como nosotros mismos, resultaba más fácil abrazar la fragilidad del prójimo, volviéndonos nosotros también locos de remate”, asegura Prada en el artículo, y por eso, si extraes toda referencia de Dios de la fiesta de la Navidad, “se convierte en una fiesta indecente”.

Verdaderamente, lo divino conlleva un regalo muy grande, y sobre todo, inmerecido, ya que cuando alguien te hace un regalo, la mayor parte de las veces no has hecho nada para ganártelo, simplemente se te dona, lo cual constituye dicho regalo como extraordinario, fuera de norma, divino. Como el regalo de la Encarnación de Dios, hecho hombre en un niño, como celebramos en la Navidad. El hombre no ha hecho méritos para recibir un regalo así, pero el amor infinito de Dios nos lo ha concedido gratuitamente.

Sin embargo, parece como si nos hubiésemos dispersado, como si hubiésemos perdido la noción de lo esencial y hubiésemos caído en el error de sustituir este acontecimiento divino por el regalo en sí, el objeto, el material. Y ahora lo importante parecen los regalos. ¿Y el origen del que procede ese regalo? ¿Qué queda de él?

“Quitad lo sobrenatural y no encontraréis lo natural, sino lo antinatural”, nos enseña Chesterton. Juan Manuel de Prada insiste en que si le quitamos a la Navidad su condición sacra, no encontraremos la verdadera fiesta, “sino su parodia grotesca y antinatural, consumismo bulímico, humanitarismo de pacotilla y torpe satisfacción de placeres primarios”.

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