Nuestra Iglesia Diocesana (IV): Retos y tareas

Queridos diocesanos:

Al celebrar su 50º Aniversario es bueno recordar que nuestra Iglesia diocesana está llamada a ser una Iglesia viva y santa desde Cristo por la santidad de sus miembros para seguir evangelizando. Como en tiempos pasados, estamos llamados a acoger, vivir, proclamar, celebrar y testimoniar a Jesucristo, su Evangelio y su obra salvadora del hombre y transformadora de la sociedad, del mundo y de la cultura.

Señalo algunos de los problemas y retos ante los que nos encontramos como Iglesia diocesana actualmente en nuestra vida y en nuestra misión.

De un lado, se extiende cada día más una indiferencia religiosa, hecha de relativismo y de hedonismo. En ciertos casos, proviene de una ignorancia religiosa. En otros casos, es ideológica y genera una hostilidad declarada, que se expresa muchas veces en un laicismo excluyente. Es un hecho, de otro lado, que muchos fieles, por distintos motivos, se alejan de la vida eclesial, de la práctica dominical y de los sacramentos. Es algo que nos ha de preocupar e interpelar seriamente. Muchos son más católicos que cristianos. El problema no es que nuestra Iglesia llegue a ser minoritaria; lo grave sería llegar a ser marginales, el peligro de retirarnos de la escena del mundo, privando así al Evangelio de su fuerza salvadora, transformadora y humanizadora.

Existe, sin embargo, una real vitalidad de la fe en muchos cristianos católicos, en comunidades parroquiales y eclesiales así como en las nuevas comunidades y movimientos, que hemos de acoger como dones del Espíritu a nuestra Iglesia hoy. Nuestro reto actual es ayudar a muchos bautizados a pasar de un cristianismo de tradición a un cristianismo de adhesión, de confesión y de engendramiento; así como ayudar a los cristianos y a nuestras comunidades a mantener una posición de desacuerdo y a veces de resistencia espiritual ante los intentos de marginar a Dios, a Cristo y al Evangelio, de la vida diaria, de la configuración social y de la educación de las nuevas generaciones.

Un tercer reto y tarea urgente es la iniciación cristiana y la transmisión de la fe a las nuevas generaciones. Vivimos tiempos de emergencia educativa también en la educación en la fe. Las mismas familias cristianas necesitan ser evangelizadas para poder ser evangelizadoras. A muchos adolescentes y jóvenes les hemos de ofrecer un primer anuncio de la fe y un proceso de iniciación cristiana de tipo catecumenal, que les lleve al encuentro personal con Cristo, a la conversión de vida y a su integración real en la Iglesia. A esto ayudará el acompañamiento personal y la propuesta de la fe como un camino también de humanización y de maduración humana. Nos urge además desarrollar una pastoral de la vida y del amor humano en la educación, ya desde la más tierna infancia, y en el acompañamiento de novios, matrimonios y familias.

Un último reto es la privatización actual de la existencia, que lleva también a la privatización de la fe. Es conocida la frase: “Creo en Dios o en Jesucristo, pero no creo en la Iglesia”. Este individualismo y subjetivismo, sin embargo, amputan a la fe de su esencial y necesaria dimensión comunitaria y misionera.

Para acometer todo estos retos y tareas es fundamental revitalizar nuestras comunidades cristianas, para que, centradas en Jesucristo, sean vivas, fraternas y evangelizadoras.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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