Pastoral en tiempos de confinamiento

Hace un mes que estamos en estado de alarma. Sin poder salir de casa, sin poder entrar en las iglesias ni salas de catequesis. A la espera que se levante este estado excepcional, nuestras comunidades parroquiales han tenido que aprender a realizar una pastoral en tiempos de confinamiento. Aunque al principio no se tenía demasiada idea sobre cómo se podría hacer –todo era una novedad-, Miguel Abril, vicario de pastoral, defiende que la Iglesia ha sabido reaccionar “estando cerca de la gente, cuidando la fe, ofreciendo los medios para seguir la Eucaristía y ayudando para que cada familia sea una pequeña iglesia doméstica”.

“No nos podemos reunir, pero esto pasará y tenemos que aprender a enfocar todo desde un determinado sentido de la vida, desde la cohesión, la comunión fraterna”. Y desde aquí, añade Miguel Abril, ayudar “a poner un poco de luz en la humanización que necesita nuestra sociedad”.

En este sentido, ya es posible sacar algunas enseñanzas. El Vicario de pastoral asegura que la primera reflexión es que “las personas estamos conectadas las unas con las otras, y no podemos vivir de espaldas o con un sentido de la libertad entendido como ir cada uno a la suya”. Alaba las “muchas personas que se están sacrificando, arriesgando su vida por los otros” y reconoce que los gestos de solidaridad y hermanada son impresionantes.

Al mismo tiempo, llama la atención sobre la experiencia de la vulnerabilidad de la condición humana: “Habíamos caído en un delirio del éxito de la ciencia, como si la vida dependiera de mi; pero no es cierto. Formamos parte de una humanidad y nuestra vida está en manos de Dios y de la corresponsabilidad de una humanidad que se ayuda”.

Renovación ética

Por eso exhorta a volver a lo esencial y a superar un individualismo radical. Por último, denuncia una visión mercantilista de la medicina y llama a una renovación ética: “Lo técnicamente posible se tiene que cribar por lo que éticamente sea realmente humanizador y tiene que llevar a un nuevo humanismo cristiano, en el no todo vale por la eficacia, sin respetar la dignidad de la persona y la justicia”.

Con la lección aprendida, se podrá salir preparados para “una vivencia de solidaridad, la comunión de bienes, apoyando el Fondo Diocesano de ayuda y, por supuesto, cambiados nosotros para formar comunidades”. Para ello será necesario solicitar a los fieles para que se impliquen en diversos servicios, como en el voluntariado de Cáritas.

Medidas excepcionales para salir del túnel

En la homilía de Santa Marta del viernes pasado, 17 de abril, el Papa Francisco llamaba la atención sobre el peligro de “viralizar” la vida de la Iglesia. Reconocía que por la pandemia es necesario tomar medidas por las que cada fiel vive la familiaridad con Cristo en su casa, pero advertía que ésta siempre es comunitaria: el funcionamiento actual “es la Iglesia en una situación difícil, que el Señor permite, pero el ideal de la Iglesia es estar siempre con el pueblo y con los Sacramentos. Siempre”. En este sentido, Francisco reconocía que “en este momento debemos hacer esta familiaridad con el Señor de esta manera, pero para salir del túnel, no para quedarse allí”.

 

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