Presencia de Dios en el barrio (I)

Queridos diocesanos:

Varias de nuestras parroquias celebran sus bodas de oro este mes de julio: San José Obrero y San Francisco en Castellón, Nuestra Señora del Carmen del Grao de Burriana, Los Ibarzos, La Barona y La Pelejana. Cincuenta años de existencia son motivo para la acción de gracias y para la alegría. Estas comunidades parroquiales están de enhorabuena al celebrar cincuenta años de rica existencia.

Alentadas por la fuerza del Espíritu Santo, todas ellas han ido creciendo y madurando como comunidades de fe, de esperanza y de caridad. En ellas, muchos han nacido a la fe cristiana, han sido engendrados a la vida de los hijos Dios, incorporados a Cristo y a la comunidad de la Iglesia por el Bautismo; en ellas, muchos han conocido a Jesús y su Evangelio, se han encontrado con Él y han madurado en la fe mediante la escucha y la acogida de la Palabra de Dios y han alimentado su vida cristiana en la oración y en los Sacramentos. Y otros muchos han encontrado en ellas fuerza para la misión y el testimonio de la fe, personal o asociado, motivos para la esperanza, consuelo en la aflicción y ayuda en la necesidad.

¿Cómo ser parroquia en estos momentos recios? No lo dudemos: Desde la fe, la esperanza y la caridad, sabiendo que el Señor Resucitado sigue presente por su Espíritu en medio de nosotros; Él nos impulsa a unir esfuerzos para que cada comunidad sea viva y evangelizadora hacia adentro –en sus miembros, muchos de ellos alejados- y en el barrio. Cada comunidad parroquial, unida a la Iglesia diocesana y abierta a la Iglesia universal, es y está llamada a ser ámbito de comunión y de misión.

Los fieles cristianos estamos llamados a ser piedras vivas, unidos a la piedra angular que es Cristo, para que cada parroquia sea en el barrio signo de la presencia de Dios, ámbito donde Cristo sale al encuentro de los hombres para comunicarles su vida de amor que crea lazos de comunión fraterna.

Es Dios Padre quien, habitando entre los suyos y en su corazón, hace de ellos su santuario vivo por la acción del Espíritu Santo. La parroquia será viva en la medida en que viva fundamentada y ensamblada en Cristo, piedra angular; la comunidad parroquial será iglesia viva si por sus miembros corre la savia de la Vid que es Cristo, que genera comunión de vida y de amor con Dios y con los hermanos. En cada parroquia, el Espíritu actúa especialmente a través de los signos de la nueva alianza, que ella conserva y ofrece: la Palabra de Dios y los Sacramentos, especialmente la Eucaristía y la Penitencia.

La Palabra de Dios, proclamada y explicada con fidelidad a la fe de la Iglesia y acogida con fe y con corazón bien dispuesto, llevará al encuentro gozoso con el Señor, Camino, Verdad y Vida; Él es la Luz, que nos ilumina, nos fortalece, nos consuela y nos une en el camino en nuestra existencia. La proclamación y explicación de la Palabra en la fe de la Iglesia, la catequesis de iniciación cristiana y la formación de adultos han de llevar y ayudar a todos y a cada uno a la adhesión personal a Cristo y a su seguimiento gozoso en el seno de la comunidad eclesial. La Palabra de Dios, escuchada y acogida, ha de ser celebrada en los Sacramentos y vivida en la caridad. Así es como se generan verdaderos cristianos y una comunidad cristiana.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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