Reencuentro de tres hermanos religiosos de Burriana

Magdalena es misionera de Cristo Jesús, y lleva más de medio siglo en Japón. Amparo es misionera Dominica del Rosario y ha tenido varios destinos, entre ellos Perú y Ecuador. Javier es salesiano y ha ejercido su ministerio por España, como en Melilla con el cargo de capellán militar. Los tres se apellidan Vicent: forman parte de una familia de cinco hermanos y este verano han vivido un reencuentro en su pueblo, Burriana.

La primera en responder a la vocación fue Magdalena con 19 años. Ahora tiene 81. Recuerda que su deseo de ser religiosa nació en párvulos. “En el colegio hacíamos la visita al Señor y rezábamos. A mi me gustaba más jugar, pero una vez que estábamos en la capilla, la religiosa que guiaba la oración nos dijo que ella podía haber hecho una familia, pero que por Dios y las almas lo dejó todo y siguió esta vida. Entonces sentí una cosa muy fuerte dentro de mí y me dije: quiero ser así”. Entró en un instituto exclusivamente misionero que había sido fundado apenas diez años atrás.

Javier y Amparo siguieron sus pasos unos años después. El primero escogió los salesianos a los 19 años, después de haber estudiado en el colegio de Burriana y gracias al testimonio de los hermanos. Amparo, por su parte, llevaba una vida social muy activa hasta que sintió que no la llenaba: “Vi que todo eso no tenía sentido. Entonces busqué un acompañamiento y me di cuenta que el Señor quería otra cosa para mí”. En los tres casos reconocen la importancia de la familia y del acompañamiento, pero sobretodo que “Dios está presente en la vida de cada uno, y que cuando quiere una cosa, ¡lo consigue!”.

En su vida religiosa han estado a menudo alejados los unos de los otros, sobretodo Magdalena. Pero a pesar de los 10.656 km que la separaban de casa siempre ha mantenido unos lazos muy fuertes. Javier explica que cuando un hijo es misionero, los padres pueden tener al inicio la sensación de que lo pierden, pero sin embargo –asegura- “ya hace tiempo que el consuelo que reciben los padres por parte de los religiosos es grande, estando presentes física y espiritualmente cuando son mayores”.

Desde hace unos años Javier y Amparo están de nuevo destinados en Burriana, uno en la casa de salesianos y la otra en la residencia de religiosas mayores de las Misioneras Dominicas. Con la visita de Magdalena han podido reencontrarse y junto con el resto de hermanos disfrutar de ese sentido de unidad familiar que sus padres les transmitieron.

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