Los religiosos de la Diócesis celebran la Jornada Mundial de la Vida Consagrada

Hoy es 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor en el Templo y Purificación de la Virgen María, y coincidiendo con esta fiesta, la Iglesia celebra todos los años la Jornada Mundial de la Vida Consagrada, con la que en esta ocasión se pretende incidir y profundizar, de forma especial, en como la Virgen alienta nuestra esperanza en un mundo sufriente, y en como los consagrados participan de esta misión de llevar esperanza. Así se muestra en el lema elegido para ello: “La Vida Consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente”.

Así, los religiosos y religiosas de distintas congregaciones presentes en la Diócesis han celebrado esta fiesta en una eucaristía presidida por el Obispo en la parroquia de la Sagrada Familia de Castellón. La Misa ha comenzado con la procesión de las candelas, y en su homilía, Casimiro López Llorente ha comenzado afirmando que «cada uno de vosotros y de vosotras sois dones importantes y necesarios del Espíritu, para que nuestra Iglesia lleve a cabo la misión encomendada por el Señor, de que la Buena Nueva llegue a todos los rincones de la Tierra».

El Obispo se ha centrado en 3 palabras: encuentro, consagración y esperanza. Del encuentro ha dicho que la Presentación de Jesús «fue la ocasión para que Jesús, el Mesías, el Salvador, la luz del mundo, se encontrara con su pueblo, se encontrara con la humanidad. Vino a los suyos pero no todos lo reconocieron y lo acogieron, solo los humildes de corazón, los pobres, los piadosos, los que esperaban la llegada del Mesías pueden ver en aquel niño al Salvador esperado».

De la consagración decía que «el Niño es presentado y ofrecido en el Templo, es decir, es consagrado para cumplir la voluntad de Dios, y lo hará con una oblación total, en obediencia filial, con humildad absoluta hasta el final, hasta la muerte». «Esa ofrenda de la propia persona, la acogida de la voluntad de Dios en nuestra vida, de nuestra vocación, es el camino de la verdadera consagración», ha continuado.

Finalmente ha hablado de la esperanza, «estáis llamados a ser testigos de esperanza en un mundo sufriente, y lo seréis en tanto en cuanto aprendáis de María y con María, Madre de la Esperanza, a esperar sólo en Dios. En medio de un mundo que tiene tantos motivos para la desesperanza, llevad la esperanza a quien la ha perdido, o mantenedla viva en donde se apaga». Tras la homilía, los religiosos han renovado sus votos o promesas.

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