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Los profesores de religión concluyen un curso con más alumnos pero con la asignatura cuestionada

A los pies de San Pascual Baylón, patrón de la diócesis de Segorbe-Castellón, los profesores de religión han celebrado una eucaristía de acción de gracias y de oración. Se concluía así un curso que si por una parte comenzaba con un aumento de alumnos (el 55,82% de inscritos en todos los niveles), al mismo tiempo ha sido necesaria una “campaña de concienciación porque se cuestionaba la asignatura”, ha declarado el Delegado diocesano, Mauro Soliva. Leer más

A vueltas con la Religión en la escuela (III): Catequesis y clase de Religión

Queridos diocesanos

Con motivo del proyecto de reforma de la Ley de Educación, la LOMCE, los contrarios a la presencia de la Religión en el aula argumentan que el lugar propio de la religión no es la escuela, sino la catequesis parroquial y la educación religiosa en la familia. Esta postura se basa, de un lado, en el intento de desalojar la religión del ámbito público para recluirla en el ámbito privado y, de otro lado, en la negación de la dimensión religiosa de la persona y de su apertura a la trascendencia; una dimensión que, sin embargo, ha de ser tenida en cuenta si se quiere ayudar al desarrollo de la personalidad del alumno en su integridad. Este posicionamiento desconoce además u olvida conscientemente que la catequesis y la enseñanza religiosa en la escuela tienen objetivos y contenidos propios y complementarios.

Ya en el año 1979, la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la Conferencia Episcopal publicó el documento “Orientaciones pastorales sobre la Enseñanza Religiosa Escolar”, que sigue siendo válido hoy también; en él se expone con toda claridad y extensión la legitimidad de la religión en la escuela, así como el carácter propio y el contenido específico de la catequesis y de la enseñanza religiosa.

Ambas -catequesis y clase de religión- se sitúan, en efecto, en un ámbito distinto -la parroquia o la familia y la escuela- lo que les proporciona su peculiaridad propia. Su intencionalidad es distinta: la catequesis tiene como intención directa y explícita la evangelización del niño o del joven; es decir, ayudar a que el niño o al joven a conocer a Jesucristo y encontrarse con Él para que, con la ayuda de la gracia, se convierta a Él y a su Evangelio y sea un creyente, un discípulo y un testigo del Señor Jesús y del Evangelio y que se vaya integrando más y más en la comunidad cristiana. En la enseñanza religiosa escolar, por su parte, lo que se ofrece y lo que los padres piden y desean es que lo religioso se integre en la formación humana de sus hijos, que el sentido de la vida y visión del mundo que van a recibir en la escuela tengan perspectiva cristiana, en el caso de la enseñanza religiosa católica.

Y, finalmente, ambas tienen objetivos distintos: La catequesis tiene como objetivo que la fe del cristiano se inicie y madure en el seno de la comunidad eclesial, enraizándose en la fe de la misma, adquiriendo los contenidos de fe y moral, nutriéndose en las celebraciones litúrgicas y robusteciéndose en los compromisos cristianos. La enseñanza religiosa escolar, por su parte, tiene como objetivo estimular a que, desde un conocimiento de la fe cristiana, tenga lugar el diálogo interdisciplinar que debe establecerse entre el Evangelio y la cultura humana, en cuya asimilación crítica madura el alumno. La enseñanza religiosa pretende integrar esta dimensión en la formación de la personalidad, incorporar el saber de la fe en el conjunto de los demás saberes y la actitud cristiana en el interior de la actitud general que el alumno va adoptando ante la vida. Y esto es tanto más necesario cuando, como ocurre hoy, en el ámbito escolar el alumno recibe en otras disciplinas concepciones de Dios, del hombre, del mundo y de la historia que son distintas, cuando no contrarias, a las que le ofrece la propia fe. No podemos hurtar a nuestros niños y jóvenes la posibilidad de un diálogo crítico con estas concepciones desde la propia fe, que les ayude a darse a sí mismos y dar a otros razón de su fe.

La clase de religión no sustituye a la catequesis, sino que es su complemento necesario. La clase de religión tiene toda su legitimidad en la escuela, además de garantizar el derecho de los padres a la educación de sus hijos según sus convicciones religiosas.

Con mi afecto y bendición.

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

A vueltas con la Religión en la escuela (II): No es un privilegio anacrónico

Queridos diocesanos:

En una gran mayoría de ciudadanos, todo privilegio suscita prevención y provoca rechazo. Por ello los adversarios de la presencia de la clase de Religión en la escuela estatal proclaman con machacona insistencia que se trata de un privilegio; y para darle más énfasis añaden que es además un privilegio anacrónico, desfasado, propio de tiempos pasados e impropio de la modernidad. El beneficiario de este privilegio serían presuntamente la Iglesia católica y los padres y alumnos católicos.

Veamos qué hay de verdad en esta afirmación. Decir que la clase de Religión en la escuela y, de modo especial, la clase de religión y moral católica es un privilegio, es una falacia de quienes, en nombre de la ‘libertad’, intentan imponer sus ideas laicistas a todos. Esta afirmación se basa, en efecto, o bien en un desconocimiento del significado del término en el lenguaje ordinario y, por supuesto, en el jurídico, o bien en un uso conscientemente inapropiado y demagógico del mismo. El Diccionario de la RAE define privilegio como la “exención de una obligación o ventaja exclusiva o especial que goza alguien por concesión de un superior o por determinada circunstancia propia”. Y en el mundo jurídico -el Código de Derecho Canónico, entre otros-, se define como “la gracia otorgada por acto peculiar en favor de determinadas personas, tanto físicas como jurídicas, por el legislador y también por la autoridad ejecutiva (c. 78 § 1).

Ahora bien: ya en la actualidad, en la escuela no se ofrece exclusivamente clase de religión católica, sino que hay o puede haber clase de religión de otras confesiones cristianas (protestante, ortodoxa) o de otras religiones (musulmana), si estas confesiones o religiones así lo han acordado o lo acuerdan con el Estado. Y esto es lo que prevé también el proyecto de la LOMCE. En este proyecto de Ley se habla en general de ‘Religión’ para referirse a esta asignatura: no habla de ‘religión y moral católica’, con lo tiene cabida la clase de religión de otras confesiones religiosas, con las que el Estado haya firmado o pueda firmar acuerdos (Disposición Adicional 2ª). De otro lado, al menos en lo que toca a la clase de religión católica, ningún padre o alumno es preguntado por su confesión religiosa a la hora de inscribir a sus hijos o de inscribirse a la clase de religión ni ningún alumno es excluido por los profesores de la misma si tiene otra confesión o religión distinta a la católica; y, de hecho, alumnos no católicos son inscritos por sus padres a la clase religión y moral católica y la están recibiendo.

Finalmente decir que se trata de algo anacrónico o desfasado, supone una toma de posición ideológica en contra de la religión misma, como si ésta y la dimensión religiosa de la persona fueran algo propio de un estadio ya superado en el proceso de la evolución del ser humano y la sociedad. Esta postura además de quedar rebatida por la realidad, ataca indebidamente el libre ejercicio del derecho fundamental a la libertad religiosa, impropio de una sociedad democrática y plural y más propio de ideologías totalitarias. Y queda también desmentida por la inmensa mayoría de padres –y alumnos- que año tras año la piden la clase de religión católica. Si no se está de acuerdo con estos padres, al menos que se respete el ejercicio libre de sus derechos a la libertad religiosa y a su derecho originario a la educación de sus hijos.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón