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Santa Bernadette: “No viviré un instante de mi vida sin amar”

Cuando Bernardita Soubirous llegó a Nevers (Francia) para ingresar en las Hermanas de la Caridad, lo primero en lo que se fijó fue una inscripción que decía: “Dios es amor”. Habían pasado ocho años desde que el 11 de febrero de 1858, con 14 años, viese en el hueco de una roca junto al río Gave, a una “Señora”. Las apariciones de la Virgen Inmaculada cambiaron la vida de esta adolescente.

Hasta su ingreso en Nevers, había vivido en el hospicio que las hermanas tenían en Lourdes. Allí descubrió su deseo: “Quiero a los pobres y me gusta cuidar a los enfermos”. Y escogió quedarse con las religiosas decidida a no vivir un instante de su vida sin amar. Ese mismo a amor, motor del plan pastoral diocesano de este curso, es el que viene a anunciar a partir del viernes 25 con la visita de sus reliquias.

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