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“Ante el dolor en el mundo, Dios está crucificado, unido a los padecimientos de los hombres y mujeres”

A las cinco de la tarde, los fieles de Segorbe-Castellón se han vuelto a reunir a través de las televisiones locales y redes sociales para participar en el Oficio de la Pasión del Señor. El Obispo ha presidido la liturgia de este Viernes Santo en la Concatedral acompañado por los presbíteros de Santa María, Miguel Simón, Ángel Cumbicos y David Barrios. Ante la pregunta sobre dónde está Dios ante tanto dolor en el mundo, D. Casimiro López Llorente daba esta respuesta: “Está ahí, en la cruz, crucificado porque siempre está unido a los padecimiento de los hombres y mujeres y porque nunca huye del dolor, sufrimiento y muerte humana”.

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La Hoja del 15 de septiembre

En La Hoja del 15 de septiembre:

  • Llevar la cruz de cada día.
  • Mons. López Llorente: La Cruz, signo supremo del amor.
  • Fiesta de la Virgen Cueva Santa, patrona de Segorbe. Nuevas estatuas en el templo parroquial de Villahermosa del Río.
  • Entrevista con Vicente Botella, dominico ponente en la Jornada Diocesana de Inicio del curso pastoral: “La caridad es lo que mejor define a Dios y al hombre”.

Puedes leerlo aquí.

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La Cruz, signo supremo del amor

Queridos diocesanos:

La Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, el 14 de septiembre, nos invita a reflexionar sobre el sentido de la Cruz. Muchos quizá se preguntarán por qué los cristianos celebramos la Cruz, que es un instrumento de tortura, un signo de sufrimiento, de fracaso y derrota. Es verdad que la cruz tiene todos estos significados. Es más: en tiempos de Jesús, la cruz era la más vil de todas las condenas a muerte.

Sin embargo, a causa de que quien muere en la cruz es el mismo Hijo de Dios y lo hace por nuestros pecados y por nuestra salvación, la Cruz representa también el triunfo definitivo del amor de Dios sobre todos los males del mundo. Desde entonces, la Cruz ya no es sinónimo de maldición sino de bendición. Porque “Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).

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