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Últimos nombramientos diocesanos

El Excmo. y Rvdmo. Mons. Casimiro López Llorente, Obispo de Segorbe-Castellón, con fecha 12 de febrero de 2020 ha firmado los siguientes nombramientos:

 

D. Daniel Orlando Castro Cortesi, Diácono Permanente, adscrito a la Parroquia Santa María de Castellón de la Plana.

D. Vicente Pascual Cerisuelo García, Diácono Permanente, adscrito a la Parroquia Santa Sofía de Vila-real.

D. Guillem Farré Rodríguez, Diácono Permanente, adscrito a la Parroquia Santo Tomás de Villanueva de Benicàssim.

D. Alejandro Juan Bonet, Diácono Permanente, adscrito a la Parroquia Santo Tomás de Villanueva de Castellón de la Plana y  a la Delegación de Pastoral Familiar y de la Vida.

D. Carlos Ribera Mulet, Diácono Permanente, adscrito a las Parroquias San Bartolomé de  Torreblanca, San Bartolomé de  Villanueva de Alcolea y La Asunción de Nuestra Señora de Benlloch.

D. Francisco Roig Juárez, Diácono Permanente, como adscrito a la Parroquia La Asunción de Nuestra Señora de Benasal y a la Subdelegación Diocesana de Pastoral Penitenciaria y Cáritas Diocesana.

D. Julio Sevilla Ruiz, Diácono Permanente, adscrito a la Parroquia La Sagrada Familia de Castellón de la Plana, a la Capellanía para los Tanatorios de la ciudad de Castellón de la Plana y a la Delegación Diocesana  Pastoral de la Salud.

D. Manuel Zarzo Castelló, Diácono Permanente, adscrito a la Parroquia Nuestra Señora del Carmen del Puerto de Burriana y a la Subdelegación de Pastoral Universitaria.

Creación de la Comisión para el Diaconado Permanente

El Obispo, D. Casimiro López Llorente, ha promulgado un decreto por el que establece la creación de una Comisión Diocesana para el Diaconado Permanente. al mismo tiempo, ha nombrado los miembros que la conformarán: Marc Estela Pujals, Vicario Episcopal para el Clero, como presidente, Juan Carlos Vizoso Corbel, Rector del Seminario Mayor Mater Dei y Director del Centro Superior de Estudios Teológicos de la Diócesis, Nuno M. Carvalho Vieira, encargado de la formación intelectual y Daniel O. Castro Cortesi, Diácono Permanente.

Las funciones de la comisión serán la admisión y formación de los candidatos, así como el acompañamiento y formación permanente de los ya ordenados. Igualmente recibe el encargo de sensibilizar la comunidad diocesana sobre el significado e importancia de este ministerio, y elaborar un Directorio Diocesano. Desde el 1 de febrero, la Diócesis cuenta con 11 diáconos permanentes.

Decreto Comisión Diocesana para el Diaconado Permanente

Ordenación de los ocho nuevos diáconos permanentes

S.I. Concatedral de Sta. María de Castellón, 1 de febrero de 2020

(Jer 1,-9; Sal 88; Hech 6,1-7b; Lc 22,14-20.24-30) 

Hermanas y hermanos, muy amados todos en el Señor!

Acción de gracias a Dios

  1. “Cantaré eternamente las misericordias del Señor” (Sal 88). Con estas palabras del salmista cantamos hoy una vez más las misericordias del Señor. Porque, queridos candidatos, Francisco, Alejandro, Vicente, Daniel Orlando, Guillem, Julio, Carlos y Manuel, vuestra vocación y ordenación al diaconado permanente es una muestra más de la misericordia divina para con cada uno de vosotros, para con vuestras familias y comunidades y, sobre todo, para con nuestra Iglesia diocesana.

Casi treinta años después nuestra diócesis acoge de nuevo la ordenación de diáconos permanentes. No nos mueve el deseo de tener personas para tareas pastorales que ya no pudieran atender los sacerdotes ante su progresiva escasez. Nos mueve la voluntad de acoger con gratitud las vocaciones que el Señor nos envía al diaconado permanente. Porque a la luz del Concilio Vaticano II, el ministerio apostólico, “instituido por Dios, se ejerce por diversos órdenes que ya desde antiguo recibían los nombres de obispos, presbíteros y diáconos” (LG, n. 28). Por el diaconado, como “grado propio y permanente del sacramento  del orden, se posibilita ofrecer algunas “funciones tan necesarias para la vida de la Iglesia” (LG, n. 29). Y “es justo que los hombres que desempeñan un ministerio diaconal,…, sean fortalecidos por la imposición de las manos trasmitida desde los Apóstoles y se unan más estrechamente al altar, para que cumplan con mayor eficacia su ministerio por la gracia sacramental del diaconado” (AG 16). Por tanto, vuestra vocación y ordenación diaconal son dones de Dios que enriquecen al Pueblo santo de Dios y nos recuerda que nuestra Iglesia es y está llamada a ser diaconal, servidora de Cristo y de los hombres. Por todo ello cantamos las misericordias del Señor y le damos gracias.

Contar con diáconos permanentes no nos exime de la tarea urgente de promover entre nuestros niños y jóvenes las vocaciones al presbiterado. Muy al contrario. Esta celebración nos llama a orar con más insistencia al Señor para que nos envíe nuevas vocaciones al presbiterado y a trabajar con mayor entrega en esta pastoral vocacional específica. Porque los sacerdotes son imprescindibles para que siga existiendo nuestra Iglesia. Sin sacerdotes no hay Eucaristía, y sin Eucaristía no hay Iglesia, y dejaría de tener sentido el mismo diaconado. Sin sacerdotes no habrá pastores y guías de las comunidades cristianas, en nombre de Jesús, el buen Pastor.

A la luz de la Palabra de Dios que hemos proclamado, fijémonos ahora en estas tres palabras: elección, consagración y servicio.

Elegidos y llamados por Dios

  1. “Antes de formarte en el vientre, te escogí” (Jer 1, 4-5). Jeremías es elegido para ser profeta por pura gracia de Dios: no por mérito alguno suyo, no por un deseo personal de autorealización, sino por puro don y gracia de Dios. Es la elección de Dios, es su llamada y es su fuerza las que hacen de Jeremías profeta del Señor. También Jesús les dijo a sus apóstoles: “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os ha elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto dure” (Jn 15, 16). Y así mismo los primeros siete diáconos fueron elegidos por indicación de los Apóstoles: “… escoged a siete de vosotros, hombres de buena fama, llenos de espíritu y sabiduría, y los encargaremos de esta tarea” (Hech 6, 3).

Vosotros también, queridos candidatos, habéis sido elegidos y llamados por Dios al diaconado para servir a su Iglesia; no por vuestros méritos, sino por pura gracia suya. Vosotros habéis escuchado la llamada certera del Señor a su seguimiento en este grado del sacramento del orden, cada uno en un momento concreto de su historia personal. Después del discernimiento eclesial y la formación apropiada, hoy se verifica vuestra vocación por la llamada de la Iglesia, como ocurrió con los primeros diáconos y hemos hecho hace un momento.

Jeremías se sintió indigno e incapaz para la misión que Dios le encomendaba; tuvo miedo ante la misión. Puede que también a vosotros os hayan embargado el miedo o las dudas: dudas y miedos por vuestras limitaciones y debilidades o por vuestra situación espiritual, familiar, cultural o laboral; miedos ante la misión en un mundo secularizado y secularista, o ante la debilidad actual de nuestra iglesia o ante el clericalismo presbiteral de algunos; o miedo ante un ambiente cada vez más hostil a Cristo y a su Iglesia. En estas circunstancias resuenan hoy de nuevo las palabras del Señor a Jeremías: “No les tengas miedo, que yo estaré contigo para librarte” (Jer 1, 30). La iniciativa divina y la fuerza de Dios rompen siempre los débiles razonamientos humanos.

¡No tengáis miedo! Les dijo Jesús a los Apóstoles cuando dudaron en su fe o cuando desconfiaron de la fuerza de su palabra. ¡No tengáis miedo! Os dice el Señor hoy a vosotros. Dios, que os concede el don del diaconado, os concede también la fuerza para vivirlo con pasión y alegría, con fidelidad, entrega y perseverancia. Es bueno, sin embargo, que lo acojáis y viváis siempre con el temor de Dios, para que no dejéis nunca de sentiros pobres y necesitados de Dios y seáis conscientes de vuestra flaqueza y debilidad ante la grandeza del ministerio que hoy os concede. Jeremías se ve indigno e incapaz; es la fuerza de Dios lo que le hace superar sus miedos. También María, la humilde doncella de Nazaret, se ve tan poca cosa… ¡pero pone su confianza en Dios! Y así puede responder: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra” (Lc 1, 38).

Consagrados como siervos

  1. Como ocurrió con los primeros diáconos, mediante la imposición de mis manos y la oración consagratoria, el Señor va a enviar sobre vosotros su Espíritu Santo y os va a consagrar diáconos para siempre. Participaréis así de los dones y del ministerio que los Apóstoles recibieron del Señor. Seréis a partir de ahora en la Iglesia y en el mundo signo e instrumento de Cristo siervo, que vino “no para ser servido sino para servir” (cf. Mt 20, 28). El Señor imprimirá en vosotros un sello imborrable, por el que os configurará para siempre con Él, el Siervo de Dios. Habréis, pues, de vivir y mostrar en todo momento con la palabra y con la vida esta vuestra condición de signos de Cristo siervo, obediente hasta la muerte y muerte de Cruz, para la salvación de todos.

Como Jesús, que está medio de nosotros “como el que sirve” (cf. Lc 22,27), no os sintáis nunca señores sino servidores suyos y de todos los que están sentados a la mesa de la Palabra, de la Eucaristía y de la Caridad. No caigáis en la tentación de la vanidad o de buscar la grandeza mundana de ser el primero o el mayor de todos. Hemos escuchado en el Evangelio que esto lleva a los discípulos a la disputa, al altercado y a la envidia, que provoca la necesaria corrección del Señor (cf. Lc 22, 24). Evitad en todo momento ocupar el centro, especialmente, en la celebración eucarística; sed sobrios en vuestras palabras, gestos y movimientos; el centro sólo le corresponde a Jesucristo, y a quien le representa en, para y frente a la comunidad. Poned vuestras personas, capacidades, energías y deseos al servicio de Cristo, de su Evangelio y de la Iglesia. La gracia divina, que recibiréis con el sacramento, os hará posible esta entrega y dedicación a los otros por amor de Cristo; y os ayudará a buscarla con todas vuestras fuerzas. Todos nosotros pediremos al Señor hoy y siempre que os conceda la gracia para transformaros en fiel espejo de Cristo siervo.

En el ejercicio de la triple diaconía

  1. Por la ordenación quedaréis capacitados para ejercer el servicio, la diaconía, de la Palabra, de la Liturgia y de la Caridad. Como enseña el Concilio Vaticano II sois ordenados diáconos “no para ejercer el sacerdocio, sino para realizar un servicio” (LG, n. 29). No sois llamados, pues, para presidir la Eucaristía sino para llevar a cabo el ministerio pastoral que os sea confiado. Sólo los obispos y los presbíteros reciben de Cristo la misión y la facultad de actuar en la persona de Cristo Cabeza; los diáconos, en cambio, recibís las fuerzas para servir al Pueblo de Dios en la diaconía de la liturgia, de la palabra y de la caridad, en comunión con el obispo y su presbiterio (cf. CCE, n. 875; c. 1009 § 3 CIC).
  2. Hoy sois constituidos en heraldos y mensajeros de la Palabra de Dios. Recordad siempre que no sois dueños, sino servidores de la Palabra de Dios; no es vuestra palabra, sino la de Dios, la que habéis de predicar y enseñar. Y, en último término, la Palabra de Dios es el Verbo de Dios, el Hijo de Dios, Jesucristo, muerto y resucitado. Cristo Jesús, muerto y resucitado, para la vida del mundo, será también el centro de vuestra predicación y enseñanza, para que todos los que crean en él, reciban, por su nombre, el perdón de sus pecados (cf. Hech 10, 42-43). Cristo mismo es quien ha de llegar a los demás por medio de vuestros labios y de vuestra vida.

Más tarde os entregaré a cada uno el Evangelio con estas palabras: “Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido mensajero: convierte en fe viva lo que lees y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado”. Poneos en camino, “en salida” –como dice el papa Francisco-, dóciles a la moción del Espíritu, para anunciar a todos –niños, adolescentes, jóvenes y mayores- el Evangelio de Jesús, para guiarles en su comprensión y acompañarles hasta el encuentro personal con el mismo Señor, que transforma y salva. Una de las tareas más urgentes de nuestra Iglesia y el mejor servicio que podéis prestar hoy es el primer anuncio del Evangelio, el kerigma, que lleve a hombres y mujeres al encuentro o reencuentro con Cristo, que llena el corazón de alegría y de esperanza. Para ello habéis de saber acoger vosotros mismos con fe viva el Evangelio que anunciáis. El diácono ha de leer y estudiar, escuchar y contemplar, asimilar y hacer vida la Palabra de Dios; es decir, ha de dejarse transformar y conducir por la Palabra de Dios

Sed servidores de la Palabra de Dios en comunión con la tradición viva de la Iglesia. Esta Palabra pide ser proclamada y enseñada sin reducciones, sin miedos y sin complejos; no puede ser domesticada a fin de acompasarla a nuestros gustos o al de los oyentes, o adaptada a lo que se lleva. No olvidemos que no se trata de una teoría más, y menos de una ideología: en último término la Palabra de Dios es una Persona, el Verbo de Dios, Jesucristo, el Camino, la Verdad y la Vida para el hombre, la sociedad y el mundo.

  1. Como diáconos seréis también servidores en la Liturgia, en especial, en la celebración de la Eucaristía, el “misterio de la fe”. Ayudad a nuestros fieles a acoger y creer en el misterio de la Eucaristía, porque no se valora lo que no se conoce y en lo que no se cree; ayudadles a participar en ella asiduamente, debidamente preparados y limpios de todo pecado –si es necesario por el sacramento de la Confesión-, y a hacerlo de una forma activa, plena y fructuosa, y que su vida sea una existencia eucarística. Se os entregará el Cuerpo del Señor para repartirlo a los fieles, y para llevarlo a los enfermos. Tratad siempre los santos misterios con íntima adoración, con recogimiento exterior y con delicadeza espiritual. No descuidéis la devoción eucarística y la adoración del Señor, presente en la Eucaristía, fuera de la Misa.
  2. Como diáconos se os confía, finalmente y de modo particular, el servicio de la Caridad, como a los primeros diáconos. El servicio en la Eucaristía os lleva necesariamente al servicio de la Caridad. La Eucaristía es el centro de la vida la Iglesia, de todo cristiano y de todo diácono. La comunión con Cristo en la Eucaristía, el sacramento de la Caridad, os urge a vivir la comunión y la caridad con los hermanos, a hacer comunidad y a ser fermento de fraternidad. Atender las necesidades de los demás, especialmente de los más necesitados, tener en cuenta las penas y sufrimientos de los hermanos, ser capaces de entregarse buscando siempre el bien del prójimo: estos son los signos distintivos de todo diácono del Señor, que sirve a la Eucaristía y se alimenta con el Pan Eucarístico.

El Señor nos dio ejemplo para que lo que Él hizo también lo hagáis vosotros. En vuestra condición de siervos de Jesucristo, que se mostró servidor de los discípulos, servid con amor y alegría tanto a Dios como a los hombres. Sed compasivos y misericordiosos, acogedores y comprensivos con los demás; amadles como Cristo mismo les ama, dedicadles vuestro tiempo y vuestras energías. El diácono, colaborador del Obispo y de los presbíteros, debe ser juntamente con ellos, la viva y operante expresión de la caridad de Cristo y de la Iglesia.

  1. El don del celibato que algunos de vosotros acogéis libre, responsable y conscientemente y que prometéis observar durante toda la vida por causa del reino de los cielos, ha de ser para vosotros símbolo y estímulo de vuestro amor servicial y fuente de fecundidad apostólica. Movidos por un amor sincero a Jesucristo, desposado con su Iglesia y viviendo este estado con total entrega, os resultará más fácil consagraros con corazón indiviso al servicio de Dios y de los hombres.

Y vosotros, los que estáis casados, estáis llamados al igual que los primeros diáconos a dar testimonio del bien, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría. Mostraos sin mancha e irreprochables ante Dios y ante los hombres, especialmente en vuestra vida matrimonial y familiar. Así conviene a vuestra condición de ministros y dispensadores de los santos misterios.

  1. Queridos todos: Dentro de pocos momentos suplicaré al Señor que derrame el Espíritu Santo sobre nuestros hermanos, para que los “fortalezca con los siete dones de su gracia y cumplan fielmente la obra del ministerio”. Unámonos todos en esta suplica. A Dios se lo pedimos por intercesión de María, la esclava del Señor, y por Jesucristo, el Siervo de Dios. Amén.

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Ocho nuevos Diáconos Permanentes para la Iglesia de Segorbe – Castellón

A mediodía, la S. I. Concatedral  de Santa María de Castellón se ha vestido de fiesta para acoger la ordenación de ocho laicos como diáconos permanentes. Sus esposas e hijos, sus familiares y amigos, junto a fieles del resto de la Diócesis y numerosos sacerdotes, han llenado la concatedral para asistir a la ceremonia.

Se trata de Daniel, Carlos, Julio, Alejandro, Guillem, Vicente, Manuel y Francisco, que pertenecen a las parroquias de Santo Tomás de Villanueva de Castellón, Santo Tomas de Villanueva de Benicàssim, Ntra. Señora del Carmen de Burriana, Santa Sofía de Vila-real, La Asunción de Benassal y San Bartolomé de Torreblanca.

Al inicio de su homilía, el Obispo se dirigía a los ordenados asegurando que su ordenación y vocación al diaconado permanente «es una muestra más de la misericordia divina para con cada uno de vosotros, para vuestras familias y comunidades, y sobre todo para nuestra Iglesia diocesana de Segorbe – Castellón», y recordaba que «casi 30 años después, nuestra diócesis acoge de nuevo la ordenación de diáconos permanentes».

Casimiro López Llorente ha manifestado su gran alegría por la ordenación, «vuestra vocación y ordenación son dones de Dios que enriquecen al pueblo santo de Dios que peregrina en esta tierra, y nos recuerda a la vez que nuestra iglesia es servidora de Cristo y de los hombres, por eso hoy está de fiesta», señaló.

Les ha animado a no tener miedo, «¡no tengáis miedo!, os dice el Señor hoy a vosotros, pues Dios os concede el don del diaconado, os concede la fuerza para vivirlo con pasión y alegría, con fidelidad, entrega y perseverancia», pero también les ha advertido de que «es bueno que lo acojáis y lo viváis siempre con el temor de Dios para que no dejéis nunca de sentiros pobres y necesitados de Dios, ante la grandeza del ministerio que hoy os es concedido».

«El Señor va a enviar sobre vosotros su Espíritu Santo y os va a consagrar diáconos para siempre, y seréis a partir de ahora en la Iglesia y en el mundo, signo e instrumento de Cristo siervo, que vino, no para ser servido sino para servir», ha continuado. Así, también les ha pedido que «no os sintáis nunca señores sino servidores, no caigáis en la tentación de la vanidad, o de buscar la grandeza mundana de ser el primero o el mayor de todos».

RITO DE ORDENACIÓN DE LOS NUEVOS DIACONOS
Tras la homilía ha comenzado el rito de ordenación, en el que el Obispo ha ido llamando a los ocho aspirantes al diaconado permanente para preguntarles sobre sus disposiciones delante de todos los presentes.

Después de jurar respeto y obediencia, se han postrado en el suelo en señal de humildad durante la oración de los fieles, y en un gesto heredado de los apóstoles, el Obispo ha impuesto las manos sobre la cabeza de los candidatos, confiriéndoles así, autoridad y capacidad para ejercer la función de diácono, y les ha entregado el Evangelio como signo de enseñar y proclamar la Buena Noticia.

Una vez revestidos con la dalmática y la estola cruzada, los diáconos fueron recibidos por el Obispo con el signo y el abrazo de la paz.

COMISIÓN PARA EL DIACONADO PERMANENTE

Al finalizar, Casimiro López Llorente ha anunciado la creación de una “Comisión Diocesana para el Diaconado Permanente”, «para que sigáis siendo acompañados en vuestra formación, en vuestra tarea, en vuestro espíritu, unidos a vuestras esposas, para que sigáis recibiendo el apoyo personal y colegial».

 

 

 

 

 

 

Presentación del diaconado permanente ante la próxima ordenación de ocho candidatos

Las parroquias recibirán durante la semana unos folletos explicativos del diaconado permanente. El motivo es dar a conocer este primer grado del orden ante la ordenación de ocho candidatos, el próximo 1 de febrero a las 12h en la S.I. Concatedral de Santa María, en Castellón. Ayer, 21 de enero, los ordenandos mantuvieron el último encuentro antes de una semana de ejercicios espirituales, en el que compartieron experiencias con los tres diáconos permanentes de la Diócesis ordenados hace 30 años y sus esposas.

Folleto explicativo diaconado permanente

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Los candidatos al diaconado permanente hacen profesión de fe y sus esposas dan el consentimiento

En fechas ya cercanas a la Navidad, los primeros en realizar la felicitación al Obispo han sido la comunidad de los seminarios diocesanos Mater Dei, Redemptoris Mater y Menor. El acto se realizó en el transcurso de una Eucaristía celebrada el miércoles 18, en la que los ocho candidatos al diaconado permanente hicieron profesión de fe y su compromiso en asumir las obligaciones del ministerio. También las esposas de los seis candidatos casados manifestaron públicamente su consentimiento, necesario para la ordenación.

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Convocatoria de Órdenes al Diaconado Permanente

CASIMIRO LÓPEZ LLORENTE,

POR LA GRACIA DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA,

OBISPO DE SEGORBE-CASTELLÓN

 

Por el presente y a tenor de la normativa eclesial anuncio que, D.m., el próximo 1 de febrero de 2020, a las 12:00 horas, deseo administrar en la S. I. Concatedral de Santa María en Castellón de la Plana el sagrado Orden del Diaconado Permanente a aquellos candidatos, que reúnan las condiciones establecidas en la normativa de la Iglesia, hayan cursado y superado satisfactoriamente los estudios eclesiásticos establecidos, se hayan preparado humana, comunitaria, espiritual y pastoralmente bajo la orientación de sus formadores y la autoridad del Obispo, y deseen libremente recibirlo.

 

Los aspirantes deberán dirigir al Sr. Rector del Seminario Diocesano Mater Dei, la correspondiente solicitud escrita, acompañada de la documentación establecida en cada caso, de conformidad con los cánones 1050 y 1051 del CIC, a fin de comenzar las consultas y, una vez realizadas las proclamas en las parroquias de origen y domicilio actual, otorgar, si procede, la autorización necesaria para que puedan recibir el sagrado Orden del Diaconado.

 

El Sr. Rector me presentará con la debida antelación a la citada fecha los informes recabados, y, una vez concluido el proceso informativo, trasladará a nuestra Cancillería toda la documentación correspondiente a los efectos pertinentes.

 

Publíquese este Decreto en el Boletín Oficial de este Obispado y envíese copia al Sr. Rector para su público conocimiento.

 

Dado en Castellón de la Plana, a veinticinco de noviembre del año del Señor de dos mil diecinueve.

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

Por mandato de S. Excia. Rvdma.

Doy fe

 

Ángel E. Cumbicos Ortega

Canciller-Secretario General

El Consejo Presbiteral de noviembre se centrará en el diaconado permanente y el objetivo pastoral de la caridad

Esta mañana, jueves 26, se ha reunido la permanente del Consejo Presbiteral para preparar el orden del día de la plenaria prevista para el 12 de noviembre. Tras diálogo de los miembros, se han escogido dos temas que mons. Casimiro López Llorente ha ratificado: la función del diaconado permanente, y la caridad como objetivo pastoral del curso. El Consejo Presbiteral es un órgano consultor del Obispo en el que están representados los sacerdotes de la Diócesis.

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Lectorado

Los siete candidatos al diaconado permanente y un seminarista del Mater Dei son instituidos lectores

Mons. Casimiro López Llorente ha instituido lectores a los siete candidatos al diaconado permanente y al seminarista del Mater Dei, César Igual. El Obispo ha declarado que al confiar la misión de ministros de la Palabra, es esencial que sean “testigos de la Palabra” para que ésta llegue a los fieles y produzca un encuentro con Cristo. La celebración ha sido este sábado 9 de febrero en la iglesia del Seminario Mater Dei de Castellón y han participado numerosos sacerdotes junto con las familias y amigos.

En la homilía, el obispo ha insistido que todo bautizado debe cultivar un trato cercano con Dios a través de la Palabra, y que en los lectores instituidos es aún más necesario porque “solo se puede transmitir lo que se ha meditado y experimentado en el corazón”, aseguraba. Al mismo tiempo, advertía, que también hay que cuidar la dignidad de la proclamación de la Palabra en las celebraciones litúrgicas.

El lectorado es uno de los pasos que se administran junto al acolitado en el camino hacia la ordenación diaconal y sacerdotal en el caso del seminarista. Los siete candidatos al diaconado están cursando las últimas asignaturas requeridas para la ordenación, y este mes tienen clases prácticas de homilética y liturgia. Pertenecen a las parroquias de Santo Tomás de Villanueva de Castellón, Santo Tomas de Villanueva en Benicasim, Ntra. Señora del Carmen de Burriana, Santa Sofía de Vila-real, La Asunción de Benassal y San Bartolomé de Torreblanca.