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La religiosidad popular cristiana

 

 

Queridos diocesanos:

Hace unos meses, los Obispos de la provincia eclesiástica valentina os ofrecíamos unas Orientaciones pastorales sobre la religiosidad popular. Su lectura y reflexión nos ayudarán también a la renovación de la vida cristiana y de las comunidades basadas en el encuentro con Jesucristo vivo.

La religiosidad popular es la expresión de la búsqueda de Dios en cada pueblo de acuerdo con su idiosincrasia y su historia. Surge de la apertura a la Trascendencia, a Dios, propia de toda persona humana. Pablo VI escribió que la religiosidad popular es “refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden conocer”. En el ser humano y en los pueblos existe un hondo sentido de lo sagrado, que se expresa de diversas maneras. Leer más

Colabora económicamente con tu Iglesia

Queridos diocesanos:

Antes de ascender a los cielos, Jesús encomendó a sus discípulos la misión de ir al mundo entero y anunciar el Evangelio a toda creatura. La evangelización descansa en último término en Dios, que la sostiene por la fuerza del Espíritu Santo; pero Jesús la ha puesto en manos de todos sus discípulos, de la comunidad de la Iglesia, que formamos todos los cristianos. La misión corresponde, pues, a todos los bautizados y pide la colaboración activa y responsable de todos. Esta colaboración va desde la vivencia personal y coherente de la propia fe, pasa por la implicación personal en la vida y en las tareas de la Iglesia y pide también nuestra colaboración económica.

Es obvio que nuestra Iglesia necesita de medios humanos y materiales, así como de recursos económicos para poder llevar a cabo su misión. Sin estos medios no se puede llevar a cabo el anuncio del Evangelio, la atención a todo el que se le acerca, la catequesis, la formación de cristianos adultos, la remuneración de los sacerdotes y otras personas al servicio de la Iglesia, el culto, la atención de las parroquias, de los enfermos, pobres y necesitados –aquí y en países más pobres-, la conservación del patrimonio y templos, la evangelización en tierras misión o la ayuda al Tercer Mundo. Muchas son las necesidades, pero pocos los recursos económicos de que disponemos.

En mi visita pastoral, por ejemplo, rara es la parroquia que no me ha planteado sus necesidades económicas; en muchos casos, me habéis pedido ayuda para arreglar vuestras iglesias o para otras tareas. Siempre quedan peticiones que no puedo atender. Sabéis bien, porque así os lo he explicado, que nuestros medios económicos son escasos. Sólo con la implicación generosa de todos los fieles, la intercomunicación de bienes, la austeridad y el reparto equitativo es posible atender en algo a las necesidades de todos. Siempre ha sido así; desde la primera comunidad cristiana hasta nuestros días, la Iglesia se ha financiado fundamentalmente de la generosidad de sus fieles y de la intercomunicación de bienes entre las comunidades eclesiales.

En este momento, la financiación de la nuestra Iglesia diocesana se consigue gracias al Fondo Común Interdiocesano y a las aportaciones directas y voluntarias de los fieles en colectas, donativos y herencias. Desde el Fondo Común Interdiocesano se reparte solidariamente entre las Diócesis el dinero de la casilla de la Iglesia en la Declaración de la Renta; en nuestro caso supone casi el 70% de los ingresos anuales de la Diócesis, que es bastante más de lo que se recauda entre nosotros por la asignación tributaria. Es decir: recibimos del fondo común bastante  más de lo que aportamos; ello se debe gracias a la solidaridad de otras diócesis, incluso más pobres que la nuestra.

Esto nos debería hacer pensar. Por ello apelo una vez más a vuestra responsabilidad.  Estamos en  el periodo de la Declaración de la Renta: una forma sencilla, pero necesaria, de colaborar y de cumplir con nuestra responsabilidad y nuestro deber de ayudar a la Iglesia en sus necesidades, es poner la X en el impreso de la Declaración de la Renta en la casilla correspondiente a la Iglesia católica. No cuesta nada hacerlo. Al poner la X no se paga más. También hay que poner la X si sale a devolver, porque tampoco nos van a devolver menos. Nos hemos de preocupar personalmente de poner la X y animar a otros a hacerlo. Debemos revisar el borrador que recibamos; si la opción del borrador no coincide con nuestro deseo, podemos cambiarla por internet, por teléfono o en la oficina de la Agencia Tributaria.

Nos urge además recuperar el sentido de la gratuidad para valorar y agradecer los bienes recibidos de Dios por medio de nuestra Iglesia. Es preciso sentir a nuestra Iglesia como nuestra familia, que la necesitamos y queremos vivir comprometidos con su vida y su misión para que el Evangelio llegue a todos, en especial a los más pobres. Ello despertará también nuestra generosidad para ayudar a nuestra Iglesia en sus necesidades espirituales y también en las económicas, siendo generosos en las colectas, legados y herencias, así como con las suscripciones periódicas. .

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López  Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Sacerdotes evangelizadores con espíritu de misericordia

Dentro de las actividades organizadas por la Vicaría del Clero para los sacerdotes que ejercen su ministerio en la Diócesis, están los retiros mensuales que este curso siguen el programa propuesto por la Conferencia Episcopal: Evangelizadores con espíritu de misericordia. Este lunes el tema de la meditación ha sido salir de uno mismo para ir hacia todas las periferias.

D. José Antonio Morales, encargado en esta ocasión de guiar el encuentro, ha explicado que “hay que perder el miedo a equivocarse. El Papa dice que es necesario cambiar la manera de actuar y ya no se puede esperar: hay que lanzarse”. Los presbíteros se han reunido en el Palacio Episcopal, donde han dedicado un tiempo largo a la oración ante el Santísimo Sacramento expuesto.

Redes sociales: Nuevos espacios para la evangelización

Queridos diocesanos:

El Domingo de la Ascensión celebramos la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. En este Año de la fe, el Papa Benedicto XVI nos ha dejado un precioso mensaje con el lema: “Redes Sociales: portales de verdad y de fe; nuevos espacios para la evangelización”.

No cabe duda de que las redes sociales son un medio de comunicación cada día más extendido. Poco a poco se están convirtiendo en una plaza pública y abierta en la que las personas comparten ideas, informaciones y opiniones y donde nacen nuevas relaciones y formas de comunidad. Cuando se utilizan bien, estos espacios favorecen el diálogo y el debate, el intercambio de informaciones y de experiencias. Si se usan con respeto y salvaguarda de la intimidad, con responsabilidad e interés por la verdad, pueden ayudar en la búsqueda de la verdad y reforzar los lazos de unidad entre las personas y los pueblos. Pero para ello, las personas que participan en ellas deben esforzarse por ser auténticas, porque, en última instancia, son ellas mismas el objeto de la comunicación.

Las redes sociales son también un medio para el anuncio del Evangelio y de los valores de la dignidad humana que surgen del mismo. Los creyentes hemos de caer en la cuenta de que si la Buena Noticia no se da a conocer también en el ambiente digital podría quedar fuera del ámbito de la experiencia de muchas personas para las que este espacio es importante. El ambiente digital forma parte de la realidad cotidiana de muchos, especialmente de los más jóvenes; también en él debe hacerse presente el anuncio del Evangelio. Las redes sociales forman parte de ese nuevo lenguaje que pide la nueva evangelización. No se trata simplemente de estar al día; se trata de que anuncio de la infinita riqueza del Evangelio encuentre formas de expresión que puedan alcanzar las mentes y los corazones de todos, usando no sólo la palabra sino también la imagen y el sonido. Se trata en último término de llegar a quienes queremos invitar a un encuentro con el misterio del amor de Dios.

Como en otros ámbitos de la vida, tampoco en el uso de las redes sociales podemos los creyentes dejar a un lado nuestra fe en el Dios rico de misericordia y de amor, revelado en Jesucristo, fuente profunda de nuestra esperanza y alegría. Al contrario: debemos compartir nuestra fe con otros no sólo mediante el anuncio explícito de la fe sino sobre todo mediante el testimonio; esto ocurre cuando comunicamos preferencias, opciones y juicios de valor concordes con el Evangelio o cuando estamos dispuestos para responder pacientemente y con respeto a las preguntas y dudas en el camino de búsqueda de la verdad y del sentido de la existencia humana. La presencia de hecho en las redes sociales del diálogo sobre la fe y el creer confirma la relevancia de la religión en el debate público y social.

Para quien ha acogido con corazón abierto el don de la fe, la respuesta radical a las preguntas del hombre sobre el amor, la verdad y el significado de la vida -muy presentes en las redes sociales- se encuentran en la persona de Jesucristo. Es natural que quien tiene fe desee compartirla, con respeto y sensibilidad, con las personas que encuentra en el ambiente digital. No olvidemos, sin embargo, que los buenos frutos dependen mucho más de la fuerza de la Palabra de Dios de tocar los corazones, que de nuestros esfuerzos por compartir con otros la riqueza de la fe y del Evangelio. Nuestra tarea es sembrar la buena semilla de la Palabra de Dios.

Con mi afecto y bendición,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón