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Manos Unidas trabaja para acabar con el hambre en el mundo

El diario El País sacaba ayer una noticia demoledora: “El hambre aumenta por tercer año y alcanza a 821 millones de personas”. Los conflictos, los eventos climáticos extremos y las crisis económicas son los principales responsables de esta regresión, según un estudio elaborado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En la Diócesis de Segorbe-Castellón, Manos Unidas lleva varios años trabajando en proyectos de desarrollo en América Central, América del Sur y África. La misión concreta de lucha contra el hambre de estos proyectos se fundamenta en ayudar a los ciudadanos a ser “autores de su propio desarrollo, para que puedan vivir sin depender de los demás”, asegura Pilar Acín, presidenta de Manos Unidas de la Diócesis.

Los proyectos que han llevado a cabo hasta ahora se desenvuelven en el áreas de la agricultura, de agua, sanidad, formación de la mujer y educación. En este último campo, han trabajado mucho para ampliar aulas escolares en un centro de Madagascar.

 

Manos Unidas advierte que aumenta el hambre en el mundo

El hambre en el mundo ha aumentado en más de 20 millones de personas. Lo afirmó Mª Pilar Acín, Presidenta-delegada de Manos Unidas en la Asamblea diocesana celebrada el domingo pasado en la parroquia de Ntra. Sra. de la Esperanza de Castellón.

El segundo Objetivo del Milenio que se había propuesto la ONU era reducir a la mitad la proporción de personas que padecen hambre entre 1990 y 2015. Se calcula que sufren de una nutrición insuficiente 815 millones de personas.

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Una familia misionera de Castellón vive en Ucrania el drama de la guerra

La semana pasada, 200 personas se enfrentaron en una de las principales plazas de Odesa, Ucrania. A un lado pro-rusos. Al otro, pro-europeos. Es la tensión en la que vive una sociedad que aunque ya no sufre bombardeos, sí siente el peso de un conflicto que puede resurgir en cualquier momento. Muy cerca de donde tienen lugar los enfrentamientos viven David Rubio, María Millán y sus 6 hijos, familia misionera de Castellón. El domino, las parroquias de Segorbe-Castellón hicieron una colecta especial para ayudar a la población afectada por la guerra que se ha cobrado 9.000 vidas y ha dejado desamparados a 200.000 niños.

David y Marí bautizaron en Pascua a su sexto hijo, Francisco Javier. Los otros cinco, comparten sus aulas con numerosos desplazados que han huido de Donets, a unos 450 kilómetros al nor-este, donde aún hay combates aislados. Se calcula que un millón y medio de personas han tenido que huir de sus hogares para buscar refugio.

Para el conjunto de la población, el conflicto ha supuesto una enorme inflación, que ha doblado el precio de productos básicos como el pan o la leche: “En el día a día se nota muy fuerte el impacto económico en toda Ucrania. La grivna, moneda nacional, ha caído mucho, y la clase baja y media ha perdido considerablemente su estabilidad de vida porque los salarios valen la mitad”, explica el padre de familia en misión.

David Rubio asegura que el país sigue dividido. En este contexto, la Iglesia católica, que representa una minoría del 10% (8% greco-católicos y 2% latinos), está comprometida en una labor de pacificación. “Cuando la gente me habla –explica el misionero castellonense-  intento no encenderlos más. Eso es lo que hace la Iglesia: decir que hay que amar al enemigo, no enfrentar más a la gente y pedir la paz”.