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Homilía de monseñor López Llorente en la festividad de la Sagrada Familia

Homilía en la Fiesta de la Sagrada Familia

Jornada de la Familia

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Iglesia Arciprestal de Nules – 29 de diciembre de 2019

(Si 3,2-6.12.14; Sal 127; Col 3,12-21; Mt 2, 13-15. 19-23)

 

Amados todos en el Señor!

1. Dentro de la octava de Navidad celebramos hoy la Fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret y, en la Iglesia en España, la Jornada de la Familia, bajo el lema “La Familia, escuela y camino de santidad”. Porque fue en el seno de una familia humana, la santa Familia de Nazaret, donde fue acogido con gozo, nació, creció y se formó Jesús, el Hijo de Dios, hecho hombre. Navidad, Sagrada Familia y Familia en general y cristiana en particular atraen hoy nuestra atención esta tarde.

2. En Navidad nace el Hijo de Dios por amor al hombre, para mostrarnos y ofrecernos a Dios que es Amor. Este Niño, nacido en Belén, es el Verbo, la Palabra de Dios. Él nos muestra el rostro amoroso de Dios y, a la vez, el verdadero rostro del hombre, nuestro verdadero origen y destino, según el proyecto de Dios. El Niño-Dios nos muestra que el ser humano está llamado al amor. Porque Dios es Amor y el hombre está creado a su imagen y semejanza, la identidad más profunda del ser humano es la vocación al amor. En Jesús queda renovada la creación entera y el ser humano; todas las dimensiones de la vida humana han sido iluminadas por Él, y han quedado sanadas y elevadas, incluidos el matrimonio y la familia.

3. Nuestra mirada se dirige esta tarde a la Sagrada Familia de Nazaret, formada por José, María y Jesús. Esta familia es un hogar en el que cada uno de sus integrantes vive su propia vocación al amor, el designio de Dios para con cada uno de ellos: José, la llamada de Dios para ser esposo de María, padre legal de Jesús y custodio de ambos; María, la de ser madre del Hijo de Dios en la carne y esposa de José; y Jesús se prepara en este hogar para su misión de enviado de Dios para salvar a los hombres y hacerles partícipes de misma vida de Dios.

La Sagrada Familia es una escuela de oración y de amor, de acogida y de respeto recíproco, de diálogo y de comprensión mutua y de una existencia según la vocación divina al amor. El de Nazaret es un hogar donde Jesús pudo formarse y prepararse para la misión recibida de Dios: un hogar donde Jesús donde creció en estatura, en sabiduría ante Dios y los hombres.

La familia de Nazaret es dichosa porque ha puesto a Dios en el centro. “Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos” (Sal 127). Poner a Dios en el centro, nunca va en detrimento del amor de los esposos, de la familia ni de sus componentes. Todo lo contrario: Cuanto más abrimos nuestro corazón a Dios-Amor, más y mejor amamos y podemos amar a nuestros seres queridos; más fuerte se hace el amor y la unión entre los esposos, más verdadero y fuerte es el amor entre los esposos, de los padres a los hijos y de los hijos a los padres. Dios siempre bendice al matrimonio y a la familia. Dios quiere que los esposos mediante su amor esponsal, crezcan hasta la perfección del amor; Dios quiere que los hijos se adentren en su amor a través del amor en la familia.

4. La Sagrada Familia es un modelo donde todos los cristianos y las familias cristianas podemos encontrar el ejemplo para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, acogiendo y siguiendo la propia vocación recibida de Él. En ella encontramos luz para vivir de acuerdo a la vocación al amor, propio de todo ser humano y de todo cristiano. Creados por amor, para amar y ser amados, nuestra vida se realiza plenamente si se vive en el amor de Dios por el camino por el que Él nos llama. Esta llamada toma formas diferentes según los estados de vida: el sacerdocio ordenado y la vida consagrada en sus
distintas formas así como el matrimonio y la familia. Fiel a Jesús, a sus gestos y a sus palabras, la Iglesia proclama la alegría del amor, y la grandeza y belleza del matrimonio y de la familia: pues la relación entre el hombre y la mujer en el matrimonio refleja el amor divino de manera completamente especial; por ello el vínculo conyugal asume una dignidad inmensa. Mediante el sacramento del matrimonio, los esposos están unidos por Dios y con su relación de esposos son signo eficaz del amor de Cristo, que ha dado su vida por la salvación del mundo.

En un contexto social, mediático y legislativo contrario al verdadero matrimonio entre un hombre y una mujer y a la familia, fundada en él, es de vital importancia ayudar nuestros jóvenes y a los esposos a descubrir la grandeza y la belleza del matrimonio; y es necesario ayudarles a comprender que el verdadero amor es un ‘sí’ fiel y una donación definitiva de sí al otro, firmemente fundado en el plan de Dios. El amor de Dios mostrado y ofrecido en el Niño-Dios es el ‘sí’ de Dios a toda la creación y al corazón de la misma, que es el hombre; es el ‘sí’ de Dios a la unión entre el hombre y la mujer, abierta a la vida y al servicio de ella en todas sus fases. El matrimonio y la familia, por tanto, es el ‘sí’ de Dios Amor. Sólo partiendo de este amor, el matrimonio y la familia pueden manifestar, difundir y regenerar el amor de Dios en el mundo. Sin amor no se puede vivir como hijos de Dios, como cónyuges, padres y hermanos. Por el sacramento del matrimonio, Cristo consagra y santifica el amor de los esposos cristianos y se compromete con ellos; su fidelidad al ‘sí’ dado es por ello no sólo es posible, sino que es el camino para entrar en un amor cada vez más grande. De este modo, contando con el amor de Dios en Cristo en la vida cotidiana, los esposos y los hijos aprenden a amar como Cristo ama.

Para Pablo el amor que ha de darse en la familia es un amor compasivo, entrañable, bondadoso, humilde y manso; un amor que incluye necesariamente el perdón: “Sobrellevaos mutuamente y perdonaos” (Col 3, 13). Este amor es el vínculo que mantiene unidos a los esposos y a la familia más allá de las tensiones y dificultades, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas; este amor busca siempre el bien del otro; es el antídoto contra todo falso amor, los egoísmos, el aislamiento y la soledad; este amor es fuente alegría para todos y el verdadero alimento de la familia, de los esposos y de los hijos; este amor preserva a la familia de la desintegración. Este amor no es mera simpatía, no es un sentimiento volátil o una pasión pasajera, no es búsqueda de sí; porque el verdadero amor es donación y entrega mutua y desinteresada; es amar como Cristo Jesús nos ama.

5. Una familia cristiana es una ‘iglesia doméstica’ (LG 11), o una iglesia en pequeño, como decía San Juan Crisóstomo. Es y vive como una comunidad de fe, de esperanza y de amor; una comunidad donde se comparte, se ama, se trabaja, se crea esperanza, se vive y se transmite la fe. La familia comparte con Dios creador la obra de procrear y educar a los hijos. En ella se vive la comunión entre las personas, al igual que Dios Trino y la Iglesia y hay entrega desinteresada por el otro. Se comparten penas y alegrías. Se comprenden las dificultades, las limitaciones y los esfuerzos de sus miembros; se convive dialogando, comiendo o saliendo juntos.

La familia cristiana escucha la Palabra de Dios, sus miembros oran juntos y juntos participan en la Eucaristía los domingos en su comunidad parroquial, ‘familia de familias’. En la familia se aprende a rezar en los momentos de alegría y de dificultad. Al igual que Jesús y la Iglesia, la familia cristiana anuncia la Buena Nueva: en primer lugar, a sus hijos y a miembros, y luego en su entorno y más allá del mismo. Por eso la familia cristiana también es misionera y siente el deseo anunciar el Evangelio y transmitir el amor de Dios a otras personas. La familia cristiana se pone al servicio de la caridad, especialmente hacia los más necesitados. Cuando el Espíritu de Dios vive en la familia, no se queda ni se cierra en sí misma. Es testimonio de vida con la palabra y el ejemplo.

Los padres sois los primeros educadores y evangelizadores de los hijos. En virtud del sacramento del matrimonio, los padres cristianos sois los primeros responsables de la transmisión de la fe a vuestros hijos mediante el testimonio de vida, mediante la escucha de la Palabra de Dios y la oración en familia, mediante vuestra inserción en la vida de la Iglesia en la propia parroquia y vuestro compromiso en la iniciación cristiana de vuestros hijos. Hablad a vuestros hijos de Dios y de Jesús. Ningún otro anuncio es tan importante para su vida. Introducid a vuestros hijos en su misterio a través de la celebración litúrgica y la oración familiar.

6. Para que los esposos cristianos puedan responder a la llamada de Dios al amor en su matrimonio y en su familia es necesario y urgente ofrecerles un acompañamiento pastoral cercano. A este fin se dirige la iniciativa de nuestra Iglesia diocesana de crear en las parroquias grupos parroquiales de matrimonios. Estos grupos hay que entenderlos como complementarios a los que existen en otros movimientos eclesiales. Queremos sumar, no restar. Se trata ofrecer a los matrimonios en nuestras parroquias un medio que les ayude a (re)descubrir, acoger y vivir la vocación al amor en su matrimonio cristiano; un ámbito que les oriente y acompañe en el día a día de su vida matrimonial y familiar con sus alegrías y dificultades. Éste será el germen de familias cristianas, ‘iglesias domésticas’, en las que se ama, se perdona, se lucha, y se vive y se transmite la fe a los hijos. Una familia cristiana por su forma de vida y por su palabra anunciará la buena noticia del matrimonio y de la familia.

Acojamos de corazón y con esperanza esta iniciativa de nuestra Iglesia diocesana. No es fácil la creación de estos grupos de matrimonios; pero allí donde se ha ofrecido ha habido respuesta. De ello se están beneficiando los esposos y sus familias; y también las mismas parroquias, llamadas a ser ‘familia de familias’, implicadas en la vida y misión parroquial, muy en especial en la iniciación cristiana de sus hijos.

7. Que la Sagrada Familia nos ilumine, aliente y proteja a todos. Encomendemos hoy a la Sagrada Familia de Nazaret a todos nuestros matrimonios y familias para que se mantengan unidos en el amor y produzcan abundantes frutos de santidad. Lo hacemos especialmente por los ahora vais a renovar la promesas que os hicisteis en día de vuestras bodas. Pidamos por nuestras familias para que, dejándose evangelizar, sean evangelizadoras y trasmitan la fe a sus hijos. Amén.

+ Casimiro López Llorente
Obispo de Segorbe-Castellón

La Sagrada Familia de Castellón aprovecha el verano para restaurar las pinturas del templo

El culto en el templo de la Sagrada Familia, en Castellón, se ha visto afectado desde junio. El hecho ha sido premeditado para aprovechar los meses de verano mientras se acomete la restauración de las pinturas murales del interior. Se comenzó con la instalación de unos andamios en el presbiterio, y desde ahí se desplazan a lo largo de la nave. Está previsto que la intervención se concluya a final de año. Mientras, las celebraciones se han trasladado a la capilla lateral de las Tres Marías.

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Inicio misión parroquial Sda Familia

La Sagrada Familia de Castellón inicia una misión parroquial con 120 colaboradores

El sábado 16 de febrero la comunidad cristiana de La Sagrada Familia, en Castellón, ha iniciado una misión parroquial. Mons. Casimiro López Llorente presidió la eucaristía que dio el pistoletazo de salida a quince días de intensa actividad misionera en el barrio. El proyecto cuenta con el asesoramiento de los misioneros redentoristas, y hace un mes que se está preparando. La iniciativa ha implicado a más de cien personas de la parroquia en los diversos servicios que se necesitan.

En la misa de inauguración, Mons. Casimiro López Llorente ha afirmado que “la Iglesia ha sido convocada para ser enviada”, y se ha centrado en tres palabras: confianza en la gracia más allá de los frutos o las dificultades, anuncio de Jesucristo que está en medio de nosotros, y conversión ayudando a otros a que vuelvan la mirada y el corazón en Cristo.

Envío de misioneros, el sábado 16 de febrero, con el Obispo diocesano

El párroco, Miguel Abril, conocía hace más de 20 años al redentorista Arsenio Díez. Los dos, como jóvenes sacerdotes, se encontraron en una misión popular en el Alto Palancia. Esta congregación, fundada por San Alfonso de Ligorio, está especializada en las misiones parroquiales, y cada año asesoran cinco nuevas al tiempo que hacen el seguimiento de treinta más, algunas desde hace décadas. Ahora, Abril y Díez vuelven a colaborar en la ciudad Castellón. Al equipo se ha añadido el padre Miguel Castro, que define la misión parroquial como  “una acción extraordinaria allí donde a la pastoral ordinaria le cuesta llegar”.

misión parroquial Sagrada Familia

Se comienza creando un equipo de misioneros que visitarán las casas del barrio, acogen en sus hogares o dirigen las asambleas. La siguiente etapa comienza hoy, con la misa de lanzamiento. Durante dos semanas se realizarán estos encuentros y se invitará a celebraciones en la parroquia. “Uno de los grandes objetivos es acercarnos a aquellas personas que no conocen la iglesia o se han alejado de ella por distintas circunstancias. Es salir a su encuentro sin esperar a que vengan, muy en línea de lo que Papa Francisco nos está diciendo”, argumenta el Miguel Castro.

Junto con la dimensión evangelizadora, otros dos frutos destacables de la misión parroquial son, según lo redentoristas, la implicación del laicado y la renovación espiritual de la propia comunidad: “La misión no se acaba dentro de 15 días. La parroquia sigue en proceso”. En definitiva, se busca una renovación de la comunidad parroquial, en la línea del Plan Diocesano de Pastoral: “Hacerse presente en cualquier calle o rincón del territorio parroquial a través de los fieles que salen, invitan, abren sus cases y se ofrecen para liderar”.

Vigilia oración Venezuela

“En Venezuela estamos luchando por un paquete de arroz”

Gustavo Adolfo y Josefina dejaron Venezuela hace un año. Con una edad avanzada tuvieron que emigrar porque Gustavo sufre una dolencia cardíaca y el tratamiento era imposible por la escasez de medicamentos. Hace seis meses que viven en Castellón, donde se han integrado en la parroquia de la Sagrada Familia. Con otros venezolanos y el párroco, Miguel Abril, han organizado una vigilia de oración por su país el domingo 10 de febrero a las 18h.

“La verdad la verdad es que en Venezuela tenemos 20 años sufriendo tanto”, se lamenta Yunei. “Allá no hay comida. La gente piensa que exageramos, pero vaya cinco días y se dará cuenta de cómo están las cosas. Puedes pasar toda la noche haciendo cola para comprar alimentos, y si cuando llegas aún queda algo, no te alcanza para un paquete de arroz. ¡Estamos luchando por un paquete de arroz!. Da dolor cuando ves la policía que detiene a un joven con una bolsa negra… ¡que era para buscar en la basura desperdicios que pudiera comer!”.

La Comisión de Justicia y Paz de la Conferencia Episcopal Venezolana ha difundido recientemente un comunicado en el que describe la situación de las últimas semanas: “Las condiciones de vida del venezolano de hoy por todos conocidos en la vulneración de su derecho a la alimentación, salud , trabajo y seguridad, unido a una emigración forzada reciente, se ve ahora agravada por una represión violenta contra quienes manifiesta su descontento.”

Los obispos venezolanos piden el respeto a la vida y seguridad, la garantía de los derechos de todos los ciudadanos, y que se frene “la represión sistemática ante el descontento popular”. Ya no se trata solo de opiniones políticas. El drama está en la carestía que resulta mortal por falta de alimentos o de medicinas. Como Gustavo y Yunei, se calcula que 2,3 millones de venezolanos han tenido que abandonar sus casas.

Cáritas Española mantiene abierta una campaña de emergencia a través de la cual ha destinado en los últimos meses 100.000 € a Cáritas Venezuela. Hay que añadir 190.000 € más para sostener la tarea que en Colombia y Brasil se hace con los exiliados.U

Una luz de esperanza

María José Asensi Arnau es hermana de la Consolación. Hace un año volvió a Castellón después de 27 años de misión en América, 15 de los cuales en Venezuela. Primero estuvo en un hogar para niñas en Barcelona y en la última etapa trabajaba en la escuela que la congregación tiene en Maracai. “Hay miedo, mucha violencia y falta de libertad. Faltan alimentos básicos y medicamentos, y lo poco que se vende es inaccesible por el precio”.

Con todo, asegura que en la situación actual “hay una luz de esperanza muy distinta a la de otros momentos. Creo que está en el corazón de todos. Se ve que hay un camino posible para reconstruir el país. Pero para ello se necesita un tiempo de estabilidad y unas elecciones en las que la gente sepueda expresar libremente”.

Gustavo y Yunei tampoco se resignan a la fatalidad: “Tenemos que esperar y esperar a que todo se solucione pronto y bien. Con fe en Dios creemos que nos guardará y cuidará para poder sacar el país adelante”. Y concluyen: “Claro que nos gustaría volver. Pero de momento nos toca esperar a que todo esto pase y podamos recuperar lo que perdimos. Venezuela se volverá a levantar”.

Fiesta de la Sagrada Familia

Jornada de la Familia 

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Iglesia de San Francisco, Castellón de la Plana – 30 de diciembre de 2018

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(Si 3,2-6.12.14; Sal 127; Col 3,12-21; Lc 2.41-52)

Amados todos en el Señor!

1. En este domingo dentro de la octava de la Navidad celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia. La Navidad es no es sólo la Fiesta del amor de Dios que se hace hombre para hacerle partícipe de su amor y de su vida. Navidad es también la fiesta de la familia. Porque es el seno de una familia humana, donde es acogido con gozo, nace y crece Jesús, el Hijo de Dios. Dios quiso nacer y crecer en una familia humana. De este modo, consagró la familia como camino primero y ordinario de su encuentro con la humanidad. Por ello, también la Iglesia en España celebra hoy la Jornada de la familia. 

2. La Iglesia nos ofrece hoy a nuestra contemplación la Sagrada Familia de Nazaret. Una familia integrada por José, María y Jesús. Un padre carpintero, que cuidó del hijo y le inició en las artes de su oficio para servir a la comunidad. Una madre generosa, capaz de guardar en el corazón los tesoros silenciosos de su experiencia de vida. Un hijo que crecía en amor y sabiduría delante de los ojos de Dios y de todos los hombres, escuchando a sus padres y siguiendo las tradiciones de su pueblo.

En el Evangelio (Lc 2,41-52) hemos escuchado que María, José y Jesús acuden a Jerusalén como cada año por la fiesta de Pascua, según la costumbre de Israel, para celebrar la liberación de la esclavitud de Egipto. Este dato nos invita a comprender que toda familia ha de vivir siempre referenciada a Dios. Cada vez que contemplamos a la Sagrada Familia encontramos su obediencia pronta a la voluntad de Dios; nunca hay excusas para retrasar el cumplimiento de cualquier llamada de Dios. Jesús, María y José vivieron la aventura humana de la familia teniendo a Dios en el centro. 

En el hogar de Nazaret cada uno de sus integrantes vive la propia vocación recibida de Dios: José la de esposo y padre, Maria la de esposa y madre y Jesús la de hijo. En este hogar, Jesús es acogido con gratitud y alegría; en este hogar, Jesús aprende a prepararse para la misión que el Padre le ha confiado; en este hogar Jesús se desarrolla humana y espiritualmente, crece en estatura, sabiduría y gracia ante Dios y ante los hombres. La Sagrada Familia es una escuela de amor, de acogida, de respeto, de diálogo y de comprensión mutuos; es una escuela de oración. 

De la familia de Nazaret se puede decir con el salmista: “Dichosos los que temen al Señor y siguen sus caminos”(Sal 127). Temer a Dios, poner a Dios en el centro de la familia, nunca va en detrimento de la misma ni de sus miembros. Cuanto más abrimos nuestro corazón a Dios-Amor, más y mejor amamos y podemos amar a nuestros seres queridos; más fuerte se hace el amor y la unión entre los esposos, más verdadero y fuerte es el amor de los padres a los hijos y de los hijos a los padres. Dios siempre bendice a la familia y quiere que los hijos se adentren en su amor a través de ella.

3. La Sagrada Familia es así el modelo donde los cristianos y las familias cristianas pueden encontrar la luz para vivir de acuerdo con la vocación recibida de esposos, padres e hijos. El mejor servicio que podemos hacer hoy a la familia cristiana es ayudarle a recuperar y potenciar su original sentido natural y cristiano. Necesitamos que la familia cristiana descubra su ser y misión en la Iglesia y en el mundo. 

Basados en la palabra de Dios, fijémonos hoy en tres palabras, que son tres notas que caracterizan a la familia cristiana, basada en el matrimonio sacramental entre un hombre y una mujer y formada por padres e hijos. Estas tres palabras son: amor, educación y misión. 

Primero está el amor: La familia cristiana es una “Iglesia doméstica”, una iglesia en pequeño, signo y presencia del amor de Dios en el amor entre sus miembros. Pablo nos recuerda que el amor que ha de darse en la familia cristiana es un amor recíproco, entregado, desinteresado y respetuoso, un amor que incluye necesariamente el perdón: “Sobrellevaos mutuamente y perdonaos”(Col 3, 13). Este amor, sustentado por la gracia de Dios, es el vínculo que mantiene unidos a los esposos y a la familia más allá de todas las tensiones y dificultades, en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas; este amor busca siempre y sólo el bien del otro; es el antídoto contra todo falso amor, el egoísmo, el aislamiento y la soledad en una sociedad de “solitarios interconectados”; este amor es fuente alegría para todos y el verdadero alimento de la familia, de los esposos y de los hijos; este amor preserva a la familia de la desintegración. Los esposos, además de vuestra permanente apertura al amor de Dios, recordad las tres palabras del papa Francisco para mantener vivo vuestro amor esponsal: permiso, gracias y perdón.

En la familia cristiana, comunidad de fe, de esperanza y de amor, se vive y se transmite la fe, se vive la comunión de personas, al igual que Dios Trino y la Iglesia; y se vive el amor porque por encima de todo se sabe perdonar y entregarse desinteresadamente por el otro. Se comparten penas y alegrías, el dinero, la vivienda y las vacaciones. En la familia cristiana se comprenden las dificultades, las limitaciones y los esfuerzos de sus miembros; se convive dialogando, comiendo o saliendo juntos. La familia cristiana escucha la Palabra de Dios, sus miembros oran juntos y juntos participan en la Eucaristía los domingos en su comunidad parroquial, ‘familia de familias’.    

La segunda palabra es educación. En la familia de Nazaret, “Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres”(Lc 2, 52).  El Evangelio nos ofrece aquí el núcleo de una educación integral que pide necesariamente la apertura a Dios. María y José introdujeron a Jesús en la comunidad religiosa, frecuentando la Sinagoga de Nazaret, que era la escuela de entonces. También con José y María aprendió Cristo a hacer la peregrinación a Jerusalén, como hemos escuchado hoy. Este episodio de la vida de Jesús adolescente revela así la vocación más auténtica y profunda de la familia: acompañar a cada uno de sus componentes en el camino de descubrimiento y de acogida del plan que Dios ha preparado para él. ¡Padres! Ayudad a vuestros hijos a descubrir y acoger en libertad la vocación que Dios ha pensado desde siempre para ellos. Es el mejor servicio que les podéis prestar.  Es el camino para que sean felices de verdad. María y José educaron también a Jesús ante todo con su ejemplo: en sus padres conoció Él toda la belleza de la fe, del amor de Dios y a su Ley, así como las exigencias de la justicia, que encuentra su plenitud en el amor. De ellos aprendió Jesús que en primer lugar es preciso cumplir la voluntad de Dios, y que el vínculo espiritual vale más que el de la sangre.

A los que sois padres cristianos y os preocupan vuestros hijos, el evangelio de hoy os recuerda el valor primario y prioritario de la familia en la educación de la persona. Esto es algo constantemente negado y rechazado por legisladores y gobernantes. No es fácil entender cómo padres católicos, que piden que sus hijos sean bautizados y se comprometen a educarlos en la fe, luego aceptan tranquilamente que sus hijos sean “educados” (es un decir) en lo fundamental de la vida moral por los que son secundarios en la educación de sus hijos, como son el Estado o la Comunidad Autónoma o aquellos profesores que, sin ningún derecho, violan la conciencia de los que les ha sido confiado. No es fácil entender tampoco que los padres cristianos estén tan adormecidos en este campo de la educación de sus hijos y que acepten callados que el Gobierno de la Nación o de la Comunidad autónoma apruebe leyes educativas sin tener en cuenta el derecho originario y prioritario de los padres a la educación de sus hijos o que intentan imponer ideologías contrarias a su convicción religiosa y moral.  

Y, finalmente, la tercera palabra es misión.Al igual que Jesús y la Iglesia, la familia cristiana tiene la misión de anunciar la Buena Nueva: a sus hijos, a los que están en su entorno y más allá; por eso la familia cristiana también es misionera porque siente el deseo anunciar el Evangelio y transmitir el amor de Dios a otras personas; y se pone al servicio de la caridad, especialmente hacia los más necesitados. El Espíritu de Dios vive en la familia, porque la anima e impulsa a preocuparse por las demás familias; no se queda ni se cierra en sí misma. Es testimonio de vida con su palabra y su ejemplo. 

La familia cristiana está llamada a ser una comunidad de vida y amor, una escuela de comunión, una iglesia doméstica. Tiene la misión de acoger, vivir, revelar y comunicar el amor, reflejo vivo y participación real del amor de Dios hacia la humanidad, manifestado en el Nino, nacido en Belén. Esta misión implica ser comunión de personas, acoger con gozo toda nueva vida, educar a los hijos y ayudarles en la acogida libre y generosa de la vocación, que cada uno recibe de Dios, integrarse en su parroquia, ejercer su apostolado hacía otras familias e influir en la sociedad por la irradiación de su amor.

4. Encomendemos hoy a la familia de Nazaret a todas nuestras familias cristianas para que se mantengan unidas en el amor, sean “iglesias en pequeño” y produzcan abundantes frutos de santidad en bien de la Iglesia y de la sociedad. A la Sagrada Familia os encomendamos a todos los matrimonios que hoy vais a renovar vuestras promesas matrimoniales: que ella os acompañe como modelo, os enseñe a estar abiertos en todo momento a la gracia y voluntad de Dios y os proteja todos los días de vuestra vida en la salud y en la enfermedad, en las alegrías y en las penas. A la Sagrada Familia acudimos hoy para que en estos momentos tengamos la fuerza y valentía de acoger, vivir y anunciar la buena Nueva de la familia cristiana. 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Misa Sagrada Familia

La celebración diocesana de la Sagrada Familia impulsa a difundir la buena noticia de la familia cristiana

Numerosas familias, con niños de todas las edades, participaron el domingo de la Sagrada Familia en la Eucaristía organizada por la Delegación de Familia y Vida y presidida por el Obispo en la parroquia de San Francisco de Castellón. Mons. Casimiro López Llorente concluía la celebración diocesana haciendo pública su oración a la Familia de Nazaret: “Que toque el corazón de nuestra Iglesia diocesana para que despertemos y anunciemos con la vida y la palabra la Buena Noticia de la familia. Es la mejor aportación que podemos hacer a nuestra Iglesia y a nuestra sociedad”.

El Obispo se dirigía a parroquias y sus pastores, así como a los numerosos movimientos que trabajan en el ámbito de la pastoral familiar. Ya durante la homilía había recordado que ante la dificultad de transmitir la fe a las nuevas generaciones, es necesario que las familias estén en el centro porque “sin ellas no podemos hacer comunidad cristiana ni transmitir la fe a los niños”, reconocía.

Finalmente, ofreció tres criterios básicos: el amor que se mantiene más allá de las dificultades, la educación como compromiso de los padres, en particular ante la actual legislación contraria a la antropología cristiana, y la misión “a través de la palabra y el testimonio de vida en la Iglesia y en el mundo”. Durante la Eucaristía los matrimonios presentes pudieron renovar sus promesas esponsales. El encuentro se concluyó con un tiempo fraterno. La intención de la Delegación de Familia y Vida es que cada año una parroquia diferente acoja esta celebración.

Mons. López Llorente dijo que la Sagrada Familia había “vivido la aventura humana de una familia que tenía a Dios en el centro”, y que así se convirtió en una “escuela de amor, acogida, responsabilidad, diálogo, comprensión mutua y oración”. Igualmente, si las familias actuales abren su corazón a Dios poniéndolo en el centro, no será en detrimento de ellas, sino que dará un “amor más fuerte entre esposos, con los hijos y hacia todos”, aseguraba. 

previa Sagrada Familia

La Delegación de Familia invita a los matrimonios a renovar sus promesas en la misa de la Sagrada Familia

El domingo próximo, 30 de diciembre, la Delegación de Familia ha organizado una eucaristía con motivo de la fiesta de la Sagrada Familia. El acto tendrá lugar en la parroquia de San Francisco de Castellón, a las 18 horas; y estará presidido por el Obispo diocesano, mons. Casimiro López Llorente. Durante la celebración los matrimonios podrán renovar sus promesas.

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La Novena del Niño se hace hueco como nueva tradición navideña en Castellón

Por suerte de América no solo llega Halloween o el Black Friday, por otra parte jornadas esencialmente comerciales. Desde hace unos años se está implantando en la Diócesis la Novena del Niño, conocida también como de Navidad o de Aguinaldos. Se trata de una tradición muy arraigada en Colombia, Ecuador y Venezuela. Hace 4 años que se organiza en la parroquia de Santo Tomás de Villanueva de Castellón, y en esta edición también se sumará la Sagrada Familia.

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Visita Pastoral Sagrada Familia

La Sagrada Familia acogerá al Obispo en una dinámica misionera

Este jueves, 12 de abril, comienza la visita pastoral a la parroquia de la Sagrada Familia. El párroco, D. Miguel Abril, desea que sea la ocasión para apuntalar el sentido de evangelización y de renovación, promoviendo también la pastoral juvenil y familiar. Para todo ello, la parroquia ha previsto organizar en 2019 una misión popular y constituir un equipo de evangelización de personas formadas y disponibles. Está previsto que en estos días Mons. Casimiro López Llorente bendiga la reforma de los locales de oficinas y acogida.

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