Vivir el Adviento

Queridos diocesanos:

Este Domingo comenzamos el tiempo litúrgico de Adviento. Tiene este tiempo tres dimensiones, que es preciso no olvidar. El Adviento mira al pasado: El Señor, el Mesías anunciado y esperado, ya ha venido; nos preparamos para celebrar con gozo la Navidad, la ‘primera’ venida en la historia del Hijo de Dios en Belén. El Adviento mira al presente: El Señor Resucitado vive y sale constantemente a nuestro encuentro en su Palabra, en sus Sacramentos -en especial en la Eucaristía-, en el prójimo y en los acontecimientos de la vida. Y el Adviento mira, finalmente, al futuro, hacia la ‘segunda’ venida de Jesucristo al final de los tiempos en que llevará a total cumplimiento su obra de salvación y reconciliación de toda la creación. No olvidemos tampoco el decisivo encuentro con el Señor en la hora de nuestra muerte, en que cada uno será examinado y juzgado del amor o de la falta de amor hacia El y, en Él, hacia el hermano pobre y necesitado.

No nos dejemos deslumbrar por la iluminación de calles y plazas en estos días, no nos dejemos aturdir por los reclamos machacones al consumo. Vivir en cristiano el Adviento comporta despertar nuestra alegría y nuestra esperanza, pero también vivir con atención y vigilancia ante la venida presente y futura del Señor Jesús. Poniendo nuestra mirada en el futuro nuestros ojos se vuelven hacia el presente para acoger y vivir en el día a día la novedad de la vida bautismal y las exigencias de nuestro seguimiento del Señor con fidelidad, intensidad y autenticidad crecientes.

En nuestro hoy de peregrinos, la vigilancia y esperanza son pilares imprescindibles de la vida cristiana, de nuestra Iglesia y de cada uno de sus fieles, que os invito a avivar en este tiempo de gracia del Adviento. La vigilancia nos ha de llevar a una conversión constante a Dios en Cristo Jesús, a intensificar la vida de oración, la escucha de la Palabra de Dios, la participación en la Eucaristía, a revisar el tono de nuestra caridad y compromiso cristianos, y a acoger el amor misericordioso de Dios en el Sacramento de la Reconciliación. La esperanza en el triunfo definitivo de Cristo nos ayudará a avivar nuestra fe en la vida eterna y en la resurrección de la carne y, además, a no perder la paz ante las insidias de los poderes de este mundo.

Así se avivará también nuestra conciencia de misión y presencia en el mundo, para que todos puedan encontrarse con Cristo y para que el Amor de Dios, que nos salva, llegue a todos. El hombre de hoy busca ansiosamente la felicidad, que con frecuencia está tentado de buscarla lejos de Dios. Por ese camino cada vez se siente más lejos de la felicidad anhelada. Es en Jesucristo donde el hombre descubre su verdadera imagen, su verdadero destino y su pertenencia a un mundo nuevo que ha comenzado a edificarse en el presente. Cristo ha venido y viene para todos. Dejémonos encontrar por el Señor que viene; hagámosle presente en el mundo.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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