LA DIÓCESIS DE SEGORBE-CASTELLÓN

Nuestra historia

Entre 1160 y 1168, Pedro Ruiz de Azagra, se convirtió en señor de Albarracín, y deseó refundar la antigua diócesis de la zona. Pero el Papa Adriano IV, donó la Iglesia de la ciudad a la de Zaragoza, apoyado por Alfonso II el Casto de Aragón. Aun así, Ruiz de Azagra, trató de fundar silla episcopal en Albarracín. Pero el obispo de Zaragoza, se opuso con dictamen favorable de la Curia Pontifica. Finalmente, Ruiz de Azagra lo intentó recurriendo al Arzobispo de Toledo, que le concedió su deseo.

En 1172, Martín juró obediencia al Metropolitano de Toledo, tomando como título el de Obispo Arcabricense. Y cuatro años más tarde, en Albarracín era ya común escuchar que dicha tierra no pertenecía a Arcabria, sino a la antigua Diócesis de Segóbriga. Por ello se obligó al obispo Martín a tomar el título de Obispo de Segóbriga y de la Silla de Albarracín. Y cuando se conquistó Segorbe en 1245, la sede episcopal se trasladó de Albarracín a Segorbe. Dos años después el Papa Inocencio IV, ordenó la unión de ambas Iglesias.

Con sus orígenes en la denominación de Segobricensis episcopus de sus prelados, tal como decretara el papa Inocencio III en 1206, se convertía en heredera de la antigua sede visigoda del mismo nombre y cuyos obispos participaron en concilios toledanos, aunque establecida su capitalidad desde tiempos medievales en una localidad, según historiadores recientes, alejada de la que fue la vieja ciudad romana en la que residió la diócesis con la que se enraízaba; con un territorio que, aparte del núcleo central alrededor de la actual Segorbe, ha varíado constantemente bien unido al que luego fue obispado de Albarracín al desmembrarse en tiempos modernos, bien ampliado en época contemporánea con territorios castellonenses que en siglos pasados fueron jurisdicción de Valencia, de Tortosa o de Zaragoza y después Teruel, como es el caso de Bechí, o también con presencia hasta hace pocas décadas en la conquense Santa Cruz de Moya, ahora de Cuenca, y en las comarcas valencianas del Rincón de Ademuz y Los Serranos, hoy territorio eclesiástico de la archidiócesis de Valencia

Gracias a los pleitos de la Diócesis de Segorbe-Albarracín con la Archidiócesis de Tarragona, el Papa Juan XXII elevó la cátedra de Zaragoza a Archidiócesis, dándole por sufragánea la diócesis de Segorbe-Albarracín. Más tarde, hubo tuvo grandes disputas territoriales con la sede de Valencia, ya que ésta alegaba sus derechos sobre varias Iglesias de Segorbe. El Obispo de Valencia Arnaldo de Peralta, tomó por las armas la Iglesia de Segorbe y echó a su prelado. Roma dio la razón al obispo de Segorbe-Albarracín.

El Papa Gregorio XIII, a instancias de Felipe II de España, disolvió la unión en una Bula publicada de 1577. Entre ellas, que Segorbe pertenecía al Reino de Valencia y Albarracín al de Aragón. La orden, fue bien acogida en Albarracín, pero no en Segorbe, que retrasó la separación 20 años. El nuevo Obispado de Albarracín, fue proclamado sufragáneo de Zaragoza, mientras que el de Segorbe, lo fue de Valencia.

Y así permaneció hasta mediados del siglo XX cuando, durante el pontificado del obispo Pont i Gol, se reorganizó el territorio diocesano en un proceso llevado a cabo en dos fases, con sendas disposiciones normativas: la primera en la que los territorios del Mijares que pertenecían al arzobispado de Valencia desde el medievo y la localidad de Gátova pasaban a la diócesis de Segorbe por el Decreto Consistorial “Tarraconensis-Valentinae et aliarum, Decretum de Mutatione Finum Dioecesium”, de 6 de Junio de 1957.

El 31 de mayo de 1960, un decreto de la Sagrada Congregación del Consistorio, modificaba los límites de las diócesis de Valencia, Segorbe y Tortosa, en lo que a la provincia de Castellón afectaba, de tal manera que desde ese momento las localidades de la misma quedaban incluidas dentro de las diócesis de Segorbe, excepto los tres arciprestazgos del norte y la parroquia de Catí, que quedaron en Tortosa.

Paralelamente, con la misma fecha, se promulgaba una bula que otorgaba la denominación de Segorbe-Castellón a la diócesis de Segorbe. Era la segunda reorganización diocesana realizada en nuestra diócesis en el siglo XX y pasó a integrar territorios del obispado de Tortosa de la provincia de Castellón en la diócesis que desde ahora será llamada de Segorbe-Castellón. La bula Illas in Ecclesia catholica urbes, del Papa Juan XXIII, constituyó el documento pontificio por el cual, además de ampliar la denominación de la diócesis y el título de sus prelados, otorgó condición de ciudad episcopal a Castellón de la Plana y reguló la elevación a rango de Concatedral de su iglesia dedicada a Santa María, así como posibilitó el que pudiera constituirse en la misma un cabildo de canónigos.

Todo el proceso de integración se fue desarrollando con diferentes normas y actuaciones, y quedó concluido con la promulgación del breve pontificio de 1961 en el que declaraba a los nuevos patronos diocesanos: la Virgen de la Cueva Santa y San Pascual Baylón.

Desde la nueva configuración diocesana han regido la diócesis cuatro prelados: José Pont i Gol (1951-1970), José María Cases Deordal (1972-1996), Juan Antonio Reig Pla (1996-2005) y Casimiro López Llorente, actual Obispo de Segorbe-Castellón.