lunesiicuaresma2018

1ª LECTURA

Daniel 9,4b-10

¡Ay, mi Señor, Dios grande y terrible, que guarda la alianza y es leal con los que lo aman y cumplen  sus mandamientos.

Hemos pecado, hemos cometido crímenes y delitos, nos hemos rebelado apartándonos de tus mandatos y preceptos. No hicimos caso a tus siervos los profetas, que hablaban en tu nombre a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.

Tú, mi Señor, tienes razón y a nosotros nos abruma la vergüenza, tal como sucede hoy a los hombres de Judá, a los habitantes de Jerusalén, y a todo Israel, a los de cerca y la los de lejos, en todos los países por donde los dispersaste a causa de los delitos que cometieron contra ti. Señor, nos abruma la vergüenza: a nuestros reyes, príncipes y padres, porque hemos pecado contra ti.

Pero, mi Señor, nuestro Dios, es compasivo y perdona, aunque nos hemos rebelado contra él. No obedecimos la voz del Señor, nuestro Dios, siguiendo las normas que nos daba por medio de sus siervos, los profetas.

SALMO

Sal 78, 8. 9. 11 y 13

R. Señor, no nos trates como merecen nuestros pecados
No recuerdes contra nosotros las culpas de nuestros padres;
que tu compasión nos alcance pronto,
pues estamos agotados. R.
Socórrenos, Dios, Salvador nuestro, por el honor de tu nombre;
líbranos y perdona nuestros pecados a causa de tu nombre. R.
Llegue a tu presencia el gemido del cautivo: con tu brazo poderoso,
salva a los condenados a muerte. R.
Nosotros, pueblo tuyo, ovejas de tu rebaño, te daremos gracias siempre,
cantaremos tus alabanzas de generación en generación. R.

San Lucas 6,36-38

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad,
y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros».

COMENTARIO

Dice el Señor a través del profeta Isaías: “la palabra que sale de mis labios no vuelve a mí sin producir efecto, sino que hace lo que yo quiero y cumple la orden que le doy”. La Palabra de Dios es eficaz como lo fue en la Creación o en la llamada a los patriarcas, profetas o apóstoles.
Desde esa certeza podemos leer el evangelio de hoy. La palabra de Jesús (“no juzguéis, sed compasivos, perdonad…”) que se nos presenta como humanamente inalcanzable en realidad puede darse en nosotros si dejamos que Dios actúe y nos moldee.
Hay que dejarse hacer. Y eso requiere de la humildad del barro; la misma humildad que  se refleja en la oración de la primera lectura de hoy: se reconocen ante Dios, en primera persona, los pecados, sin medias tintas, a corazón abierto.