¡Que Dios le bendiga, Santo Padre!

Queridos diocesanos:

La fumata bianca, el toque de campanas y las palabras ‘habemus papam’, proclamadas por el Cardenal Tauran desde el balcón de la Basílica de San Pedro, nos llenaron de profunda alegría y de emoción contenida el pasado miércoles, 13 de marzo. Dios ha escuchado nuestra oración y nos ha concedido pronto un nuevo Papa. Los cardenales tardaron tan sólo un día para elegir a aquel que Dios tenía designado como Pastor de su Iglesia según su corazón. El elegido para ser Vicario de Cristo en la tierra y Sucesor de San Pedro ha tomado el nombre de Francisco. Demos gracias a Dios que nos ha escuchado y nos ha concedido un gran don en la persona del cardenal Bergoglio, hasta ahora Arzobispo de Buenos Aires.

Ya en su primeras palabras y gestos, nuestro Papa ha mostrado ser una persona sencilla, humilde y cercana, que transmite su cercanía a Dios y la cercanía de Dios a los hombres. Nuestro nueva Papa es un hombre de Dios, y, como Dios, muy cercano a los pobres y los humildes. Al presentarse a la iglesia y al mundo, ha dirigido nuestra mirada a lo fundamental y nuclear en nuestra vida y en la de la Iglesia: ha puesto nuestra mirada y su ministerio en Dios. Nos ha hecho ya orar a todos: orar para amar, orar para evangelizar, orar para agradecer. Lo primero fue dar gracias a Dios y expresar su agradecimiento sentido a su predecesor, el Papa emérito, Benedicto XVI. También quedará en nuestra retina y en nuestro corazón su petición a todos los presentes, física o espiritualmente, que implorásemos la bendición de Dios sobre él, a la que acompañó inclinando todo su cuerpo. Y, una vez bendecido por Dios, el Papa nos bendijo a todos.

En su primera homilía, breve pero intensa y directa, en la Misa con los Cardenales, nos ha propuesto lo decisivo para todo cristiano y para la Iglesia con tres palabras: caminar, edificar y confesar. Cristianos e Iglesia hemos de caminar siempre en la presencia de Dios, a la luz del Señor, intentando vivir con la perfección que Dios pide a Abraham; hemos de edificar como piedras vivas nuestra existencia personal y la Iglesia sobre Cristo, que es la piedra angular; y hemos de confesar a Jesucristo crucificado y glorioso siempre y en todo lugar para que Cristo, el Evangelio de Dios para toda la humanidad, llegue a todos. El Papa Francisco, hombre de gran devoción mariana, ha puesto su ministerio y a toda la Iglesia bajo la protección de María, la Madre de Dios. Estas serán a buen seguro las claves de su Pontificado.

Demos gracias a Dios por Francisco, nuestro nuevo Santo Padre. Elegido por Dios para ser principio y fundamento visible de nuestra fe, esperanza y caridad, toda nuestra Iglesia diocesana de Segorbe-Castellón le ofrecemos nuestra más sincera adhesión filial y comunión afectiva y efectiva. Oramos por el Papa Francisco para que en su ministerio singular sea fiel reflejo de Cristo, el Buen Pastor y el Pastor Supremo, y así nos pueda llevar al conocimiento, al amor y a la confesión de Cristo, el Camino, la verdad y la Vida, la única salvación y esperanza. Pidamos a Dios, como el mismo Papa Francisco nos pidió, que Dios lo siga bendiciendo todos los días de su vida y la Virgen María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, le acompañe con protección maternal.

Con mi afecto y bendición,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Elección del Papa Francisco

CASIMIRO LÓPEZ LLORENTE,

POR LA GRACIA DE DISO Y DE SANTA LA SEDE APOSTÓLICA

OBISDPO DE SEGORBE-CASTELLÓN

 

El cardenal Jorge Mario Bergoglio acaba de ser elegido Papa con el nombre de Francisco. Hemos recibido la esperada noticia con inmensa alegría, por el don que Dios nos dado en un nuevo Padre y Pastor según su corazón, para guiar a su Iglesia como Vicario de Cristo y Sucesor de San Pedro en esta etapa de la historia, tan necesitada de Dios, en la que urge una nueva Evangelización. Pido a todos los católicos de nuestra Iglesia de Segorbe-Castellón que unamos en la acción de gracias a Dios, por el regalo y la alegría de tener un nuevo sucesor de Pedro.

Para expresar los sentimientos de gratitud y devoción de la comunidad diocesana, os comunico las siguientes disposiciones:

1ª. Celebraremos la Eucaristía de acción de gracias en la Santa Iglesia Concatedral de Santa María de Castellón el próximo sábado 16 de marzo, a las veinte horas, como muestra de especial gratitud al Señor. Los párrocos y rectores de las iglesias no parroquiales abiertas al culto comunicarán la invitación a este acto a sus respectivas comunidades.

2ª. En todas las parroquias, en los monasterios de vida contemplativa y demás iglesias abiertas al culto se celebrará la misa “Por el Papa” el día que se juzgue conveniente.

3ª. Durante los ochos días siguientes a la elección de Su Santidad Francisco, se incluirá en la Oración de los fieles una petición “por el Papa: para que el Señor, que lo eligió, le conceda que su palabra y su ejemplo sean provechosos al pueblo de Dios, y toda la Iglesia se mantenga en comunión con él”.

4ª. Pido de todos los diocesanos que en la oración personal o comunitaria tengan presente esta petición: que el Espíritu Santo fortalezca, anime y proteja al nuevo sucesor de san Pedro en la misión de guiar y gobernar la Iglesia según el corazón de Jesucristo, el Buen Pastor. Tened momentos de adoración ante el Señor en los que pongáis al Santo Padre en sus manos y bajo la protección de María Santísima.

 

Dado en Castellón de la Plana, a catorce de marzo de dos mil trece.

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

 

Tomás Albiol Talaya

Canciller-Secretario General

Comunicado tras la elección del Papa Francisco

El cardenal Jorge Mario Bergoglio acaba de ser elegido Papa con el nombre de Francisco. Hemos recibido la esperada noticia con gran emoción y gozo. Nuestra Iglesia diocesana de Segorbe-Castellón da gracias de todo corazón a Dios por el nuevo Vicario de Cristo, que en su nombre nos cuidará, guiará y enseñará haciendo las veces del Buen Pastor en unión con el resto de los obispos, sucesores de los apóstoles.

Su Santidad el Papa Francisco en sus primeas palabras, al presentarse a la iglesia y al mundo, nos ha hecho ya orar a todos. Orar para amar, para evangelizar, para agradecer. Y nos ha bendecido.

Durante días hemos rezado a Dios para que nos diera un Pastor según su corazón. Y Dios nos ha sorprendido una vez más y nos ha mostrado que sus caminos no son nuestros caminos. Como las primeras palabras y gestos del Papa Francisco nos muestran Dios nos ha concedido un pastor sencillo, humilde y cercano, un hombre profundamente espiritual, un hombre de Dios, que se sabe necesitado de su bendición así como de la oración y unión de todos los fieles para guiar la Iglesia del Señor.

Bajo la guía del Espíritu Santo que lo ha escogido por la mediación del Colegio de Cardenales, tenemos la serena confianza de que Francisco conducirá a la Iglesia según el paso de Dios por los caminos de la historia en esta hora de Nueva Evangelización y en el Año de la fe.

Nuestra Diócesis de Segorbe-Castellón, sacerdotes, miembros de vida consagrada y fieles laicos unidos a su Obispo, ofrecemos nuestra filial adhesión al Santo Padre Francisco y oramos insistentemente por Él, por intercesión de la Virgen María. Oramos a Dios para que el nuevo Vicario de Cristo nos confirme en la fe a todos los hermanos y nos mantenga en comunión con Él por el vínculo de la unidad, del amor y de la paz, de modo que todos los hombres encuentren en Cristo, Pastor de los hombres, la verdad y la vida eterna.

 

Castellón de la Plana, 13 de marzo de 2013.

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Renovación de la fe y conversión a Dios

Queridos diocesanos:

El Año de la fe es un tiempo de gracia para la renovación de nuestra fe y vida cristiana, así como para una sincera y autentica conversión a Dios y a Jesucristo, a la que nos llama especialmente la cuaresma. No podemos olvidar que no hay fe sin conversión radical a Dios en Jesucristo. No se nace cristiano; uno se va haciendo cristiano. La fe es un don de Dios recibido como germen en nuestro bautismo, para que podamos acogerlo, vivirlo y, de esa manera, dejarlo crecer haciéndonos crecer a nosotros.

La fe consiste precisamente en “estrenar un corazón nuevo y un espíritu nuevo” (Ez 18,31). Para ello es necesaria la conversión permanente a Dios. Conversión quiere decir ‘volver nuestra mirada y nuestro corazón’ a Dios; dejar que Dios y Cristo ocupen el centro de nuestro corazón, auténtico sagrario de cada persona. Sólo ante Dios descubrimos la verdad sobre nosotros mismos. La carta a los Hebreos nos recuerda que la Pa­labra de Dios es penetrante hasta el punto donde se dividen el alma y el espíritu (cf. Hb 4,12). Nada hay en nuestro corazón, en el mundo de nuestros afectos, pensamientos y sentimientos, que escape a Dios; si somos sinceros ante Dios, si nos dejamos confrontar con su Palabra. también quedará claro dónde está nuestro corazón, dónde están nuestros afectos y pensamientos, dónde buscamos nuestras seguridades y cuáles son las verdaderas motivaciones de nuestra vida.

Nuestra vida está llamada a medirse continuamente con Cristo, el Camino, la Verdad y la Vida, a dejarse confrontar con su Palabra. Corremos el peligro de reducir nuestra vida cristiana a tener unos conocimientos o al cumplir unos preceptos, que siempre interpretamos restrictivamente; estos peligros sólo se superan en el encuentro personal con el Señor, en la apertura del corazón a su gracia y a su Palabra, que nos transforma, sana, vivifica y salva.

En la conversión se da un “giro del corazón”. Se pasa de la autoafirmación y autosuficiencia al abandono confiado en Dios. Se deja de ser el centro de la vida para vivir desde Dios. Entonces se entiende y se vive la existencia, no en referencia a uno mismo ni al mundo, sino en referencia al Misterio de Dios. Por eso hay una manera radicalmente falsa de vivir la fe cristiana y consiste en que la persona siga siendo el centro de sí misma y sólo acuda a Dios para sus propios intereses.

La conversión exigida por la fe es una especie de “nuevo nacimiento” (Jn 3,35). Es una actitud nueva ante el mundo, diferente de la de aquél que no cree. Es una manera nueva de entenderse a sí mismo, de pensar, sentir y actuar; es un modo nuevo de mirar, de pensar y de juzgar a las personas y la realidad. Es un modo nuevo de ser y de vivir: Dios es el horizonte y la medida de la criatura; desde Él quedamos confrontados a la verdad y al bien; desde Él somos invitados al amor.

Convertirse a Dios es, antes que nada, curarse de la falsa autosuficiencia y de la inautenticidad. Ponerse ante Dios ayuda al ser humano a conocerse a sí mismo, a descubrir su pequeñez, su finitud y sus pecados. Sin esta conversión moral, la fe puede ser pura ilusión. La verdadera conversión lleva a retornar al Padre y a acoger su perdón regenerador en el Sacramento de la Penitencia. Este camino no es un esfuerzo solitario, sino que se hace en obediencia a Dios, acompañada y sostenida por su gracia.

Con mi afecto y bendición,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Fe vivida en la caridad

Queridos diocesanos:

El tiempo de la cuaresma en el Año de la fe es una buena oportunidad para intensificar en nuestra vida de caridad, enraizada en la fe en Dios que es Amor. A ello nos invita el Papa Benedicto XVI en su Mensaje de Cuaresma de este año, que lleva por título: “Creer en la caridad suscita caridad. ‘Hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él’ (1 Jn 4,16)”.

En efecto, la fe es una respuesta al amor de Dios, que sale a nuestro encuentro y nos busca en su Hijo, Jesucristo, para hacernos partícipes de su misma vida de comunión y de amor. La fe es un acto de adhesión personal al amor gratuito que Dios tiene por nosotros, y que implica nuestro entendimiento y también nuestro corazón. Al encontrarnos con el Señor, al adherirnos de corazón a él y al confesarlo como único Señor y Salvador, somos conquistados, transformados y movidos por el amor de Dios para ser instrumentos de ese mismo amor.

“Toda la vida cristiana consiste en responder al amor de Dios”. La primera respuesta al amor de Dios es la fe, que inicia un camino de amistad con el Señor que llena y da sentido a toda la vida, y que nos empuja a amar como él ama. Así la fe puede obrar conforme a la caridad. Si la fe es conocer la verdad y adherirse a ella, y la caridad es caminar en la verdad, mediante la fe se entra en la vida de amor con el Señor y con la caridad se vive y cultiva esa misma fe, porque él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más para sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos (2 Cor 5,15). Es claro entonces que la fe es inseparable de la caridad, que la existencia cristiana parte del encuentro con Jesús, amor crucificado, encuentro de ojos abiertos y corazón palpitante para una vida nueva, que lleva a amar a los hermanos.

La fe y el amor al Señor nos han de llevar y ayudar a ser cercanos a las necesidades de los hombres y de la sociedad. Debemos llevar, con creatividad y pasión, el amor de Jesucristo a los hermanos, comenzando por su anuncio, que es la primera obra de caridad. Comenzamos en el amor para llegar al amor, porque una fe sin obras es como un árbol que no da frutos.

Fe y caridad en el cristiano se reclaman mutuamente, de modo que la una lleva y sostiene a la otra. La fe sin caridad será puro fideísmo y la caridad sin fe será mera filantropía o un sentimiento pasajero y a merced de la duda. La caridad es el termómetro de nuestra fe, la fe es la fuente de la caridad.

Hay que destacar entre nosotros el valor testimonial de muchos cristianos, que dedican su tiempo y su vida con amor a quien está solo, marginado o excluido, porque precisamente en esas personas se refleja el rostro mismo de Cristo. Gracias a la fe podemos reconocer en cuantos nos piden amor el rostro del Señor Resucitado: “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40). Es la fe la que permite reconocer a Cristo; y es su mismo amor el que estimula a socorrerlo cada vez que se hace nuestro prójimo en el camino de la vida. La caridad es el lenguaje que en la nueva evangelización, más que con palabras, se expresa en la obras de fraternidad, de cercanía y de ayuda a las personas y de la sociedad en sus necesidades materiales y espirituales

Con mi afecto y bendición,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón