Se clausura el Albergue Provisional Castalia, abierto durante el confinamiento

Con la finalización del estado de alarma, el domingo 21 de junio de 2020 se procedió al cierre del albergue provisional Castalia. Las personas que aún residían en estas instalaciones se han re-ubicado en otros recursos sociales, sobre todo de la propia Cáritas Diocesana: Centro Mare de Déu de Lledó y las viviendas residenciales de Cáritas.

El albergue provisional Castalia se puso en marcha por iniciativa del Ayuntamiento de Castellón y Cáritas Diocesana con la finalidad de que ninguna persona en situación de sin hogar quedara sin un lugar dónde pasar el confinamiento impuesto por las restricciones sanitarias del Covid-19.

Como testimonio de los momentos vividos en el Centro Castalia, los residentes quisieron plasmar sus vivencias en un emotivo vídeo. Desde Cáritas se ha manifestado el agradecimiento “a todas las personas que han contribuido a que este espacio físico se convirtiera en lugar de esperanza y puerta de nuevas oportunidades”.

Tras las peticiones de alimentos, la comisión del Fondo Covid-19 detecta necesidades de vivienda y suministros, y población en gran vulnerabilidad

Desde que a mediados de abril se creó el Fondo Diocesano ante el Covid-19 por iniciativa del Obispo, D. Casimiro López Lorente, la comisión de seguimiento ha podido constatar una evolución en los efectos de la pandemia. Si durante las primeras semanas la principal petición era de alimentos para poder comer, a medida que se va recuperando una cierta normalidad afloran otras necesidades. La dificultad para poder adquirir productos de primera necesidad es la punta de un iceberg que puede llevar a una situación dramática para muchas familias: la crisis sanitaria pone de manifiesto la precariedad relacionada con la vivienda, el pago de suministros y el acceso a ayudas.

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Memoria de la Pastoral Penitenciaria: poniendo corazón en los fríos muros de las prisiones

Como cada año, el Departamento de Pastoral Penitenciaria ha hecho pública la memoria sobre su trabajo en las cárceles españolas. Un informe que se presenta como un homenaje y recuerdo a los 162 capellanes de prisiones y a los 2.560 voluntarios y voluntarias de Pastoral Penitenciaria que colaboran “para hacer de la cárcel un lugar más justo y humano, un espacio donde se encarne el Evangelio de Jesús”, señala el sacerdote mercedario Florencio Roselló, capellán de prisión en la diócesis y Director del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española.

En esta memoria está recogida toda la realidad penitenciaria en España, incluidas las 2 de nuestra diócesis de Segorbe-Castellón, Castellón I y Castellón II (Albocàsser), y refleja toda la solidaridad, el compromiso, la inversión de tiempo y dinero de la Iglesia, que hacen que las personas que están en prisión sean más personas y crean en un futuro con mucha esperanza. Tal y como se indica en su introducción, «detrás de cada dato hay una hombre preso, una mujer presa, que ha participado en una actividad, que ha rezado, que ha salido de permiso, que ha recibido un paquete de ropa, que ha recibido un dinero en peculio». «Como proyecto de Dios, la Pastoral Penitenciaria cree – que estos hombres y mujeres – tienen futuro, que merecen una oportunidad».

Entre los programas que se desarrollan dentro de las prisiones de la diócesis se encuentran los del área religiosa, como las catequesis, la celebración de la Eucaristía, un taller de Biblia, así como de valores o de parábolas. Otros programas desarrollados son los del área social, como un taller de resolución de conflictos, de asesoría laboral, de costura, o un programa de seguimiento y preparación para la salida a los Pisos de Acogida. En relación al área jurídica se realizan recursos de permiso y clasificaciones, que posteriormente se llevan a los juzgados.

Una vez los presos salen de la cárcel, los capellanes y voluntarios siguen trabajando con ellos en los Pisos de Acogida, tanto en el de hombres como en el de mujeres, pero también realizan una importantísima labor visitando a los presos enfermos en el hospital, o llevando a cabo una coordinación con los abogados en temas de asesoramiento y orientación, entre muchas otras acciones.

Cabe recordar que desde el inicio del confinamiento a causa del Covid-19, los capellanes y voluntarios realizaron la “operación mascarillas”, elaborando más 1.700 unidades para que los internos pudieran estar más protegidos.

El Grao de Castellón celebra San Pedro pese a la pandemia

Pese a la suspensión de los actos de las fiestas del Grao de Castellón en honor a San Pedro, ayer se pudo celebrar la Misa, a la que asistieron los graueros hasta completar el aforo permitido, y en la que también participó la reina de las fiestas junto a varios representantes del ayuntamiento, de la comisión de fiestas y de Capitanía Marítima.

Se organizó por la Cofradía de Pescadores, quienes controlaron el aforo, el acceso de los fieles con mascarillas y facilitándoles gel, y estuvo presidida por el párroco, Abert Arrufat, en una celebración sin procesión ni ofrenda.

En la homilía, el párroco destacó que “a pesar de todo este tiempo de pandemia y de confinamiento, lo que celebramos es la vida”, invitando también “a repensar el significado de la celebración de las fiestas, una celebración que nace de dentro, junto a los vecinos del Grao y junto a los seres queridos, siendo lo más importante el amor de Dios y el amor a Jesús”.

El Obispo, D. Casimiro, presidirá el sábado el funeral por los sacerdotes y por los fieles fallecidos durante este tiempo

Será el sábado, 4 de julio, a las 11:00h. en la S.I. Catedral de Segorbe

El Obispo, D. Casimiro López Llorente, presidirá el funeral por los dos sacerdotes diocesanos fallecidos durante este tiempo de pandemia, D. José Blasco Aguilar, canónigo emérito del Cabildo Catedral de Segorbe, y D. Roque Herrero Marzo, párroco emérito de Benasal.

Esta Misa funeral también se aplicará por todos los fieles fallecidos, y a la que están invitados los familiares que no pudieron participar en el funeral general, celebrado en la Concatedral de Santa María de Castellón el pasado sábado, 27 de junio.

Mons. D. Luis Capilla, desde Suiza: “esta pandemia encierra mensajes que tendremos que ir interpretando humildemente a la luz de la fe”

Mons. D. Luis Capilla Vicente tiene 75 años y nación en Bejís, aunque su familia se trasladó a Almenara cuando tenía dos años. Ingresó en el Seminario Conciliar de Segorbe, en el que permaneció durante cuatro años, para posteriormente continuar con la formación en Tortosa. Conoció a los Misioneros Claretianos, realizó un año de noviciado en Barbastro,  y concluyó sus estudios entre Salamanca y Chur (Suiza).

Fue ordenado el 18 de marzo de 1972 en Almenara, por D. José Mª Cases, en la que fue su primera ordenación sacerdotal. Desde ese mismo año y hasta el 2006 ha sido Misionero Capellán para emigrantes en el Cantón de Zurich, Suiza, y desde el 2006 al 2019 Delegado Episcopal para la pastoral migrante en el Vicariato de Zurich, para los cantones de Zurich y Glarus. Actualmente es el Párroco Administrador de las parroquias de lengua alemana de Wallisellen y Dietlikon.

A día de hoy, Suiza tiene 31.652 casos confirmados, 29.200 curados y 1.682 fallecidos.

¿Cómo vive las noticias que le llegan desde España?

Sigo con atención e interés a través de Internet y de la prensa las noticias de España. Me preocupa la falta de madurez de las y los políticos de España. Naturalmente surge la comparación de la política y su comportamiento en Suiza con la de España y constato que nos queda mucho que aprender.

¿Cuál es la situación actual en Suiza?

El confinamiento en Suiza ha sido muy suave comparado con el de España, donde estuve unos días hasta el 17 de marzo. Algunos negocios estaban cerrados, se trabajaba desde casa, no se celebraban eucaristías pero las iglesias estaban abiertas, se recomendó salir de casa lo menos posible y observar las normas que las autoridades nos daban. Se confiaba en la responsabilidad personal.

¿Cómo está viviendo esta situación la Iglesia suiza?

Las iglesias no se cerraron; permanecieron abiertas, como siempre, de modo que los fieles podían asistir a la Iglesia cuando lo deseaban. La atención a los fieles fue constante y cada parroquia lo hizo según sus posibilidades y el personal. La información y el contacto, a través de los medios de comunicación social y otros canales de información y atención, funcionó muy bien a satisfacción de los fieles.

¿Cómo está viviendo la fe durante este tiempo?

Ciertamente que esta pandemia encierra mensajes en muchas direcciones que tendremos que ir descubriendo e interpretando humildemente con el tiempo, a la luz de la fe. Nada será igual en nuestras vidas a partir de esta crisis, llena de interrogantes que cada uno de nosotros deberá intentar descubrir y dar una respuesta desde la fe, que nos ayuda e ilumina en cada situación.

¿Un mensaje de esperanza?

Sencillamente un mensaje de confianza. Confianza de que estamos en las manos de Dios para hacer su voluntad y dar testimonio de Jesús. Confianza en la Providencia de Dios.  Nos habíamos acostumbrado a programar la vida y todas nuestras actividades, y nos olvidamos de que la vida es un don de Dios que Él nos regala como tarea a realizar en comunidad. ¿Habremos aprendido algo de esta pandemia?