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Volvemos con alegría a la Eucaristía. Llamada de la Congregación para el Culto Divino a retomar la celebración presencial

La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha dirigido una carta a los presidentes de las Conferencias Episcopales, titulada “¡Volvemos con alegría a la Eucaristía!.  En ella llama a retomar la celebración presencial de los fieles en este sacramento. Conscientes de las medidas que ha sido necesario tomar en los momentos más duros de la pandemia para reducir el contagio,  afirma que las decisiones tomadas son muestra de un “gran sentido de responsabilidad” de los Obispos, y les agradece “su compromiso y esfuerzo”.

Al mismo tiempo, manifiesta que “hemos aceptado  la lejanía del altar del Señor como un tiempo de ayuno eucarístico, útil para redescubrir la importancia vital, la belleza y la preciosidad inconmensurable”. Por ello asegura que, una vez que las circunstancias lo permiten, “es necesario y urgente volver a la normalidad de la vida cristiana, que tiene como casa el edificio de la  iglesia, y la celebración de la liturgia, particularmente la Eucaristía, como la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza”.

2020.09.03 – Carta de la Congregación para el Culto Divino

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EL REPORTAJE DEL DOMINGO: La celebración de la fe cristiana es presencial y comunitaria

Una vez finalizado el estado de alarma derivado de la crisis del Covid-19, y manteniendo las debidas medidas de higiene y de seguridad para evitar el contagio y la propagación del virus, la Iglesia anima a los fieles a participar de modo presencial en la celebración de la Eucaristía, especialmente los domingos, así como a retomar la actividad ordinaria de las parroquias y comunidades.

Durante los meses de confinamiento, a pesar de haber tenido la posibilidad de vivir las misas y otras celebraciones a través de la televisión y de varias plataformas virtuales, en la carta del 9 de mayo, el Obispo, D. Casimiro López Llorente, decía «ha sido muy doloroso tener que celebrar la Semana Santa, el Triduo Pascual, la Pascua o la Eucaristía dominical o diaria sin la presencia física de vosotros, nuestro pueblo de Dios».

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El Obispo preside el Corpus Christi en la Concatedral de Santa María de Castellón: “el Sacramento del Altar contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es lo más grande que tenemos”

Esta tarde se ha celebrado el Corpus Christi en la Concatedral de Santa María de Castellón, que ha presidido el Obispo, D. Casimiro López Llorente, con una procesión claustral y con aforo limitado, pero no por ello con menos intensidad y alegría.

“Nos congregamos para celebrar la fiesta del Corpus, en su centro está el Misterio Eucarístico, memorial del sacrificio de Cristo en la cruz y de su resurrección, que se nos da como alimento y se queda realmente presente entre nosotros”, ha dicho D. Casimiro al inicio de la homilía, “avivemos y confesemos nuestra fe en Jesucristo vivo y realmente presente en el Santísimo Sacramento del Altar”.

El Obispo ha continuado explicando que “Jesús se hace y está realmente presente en la Eucaristía, en su divinidad y en su humanidad gloriosa, y por ello el Sacramento del Altar contiene todo el bien espiritual de la Iglesia, es lo más grande que tenemos, en ella esta Cristo mismo, nuestra Pascua y Pan de Vida, que se da a los hombres para que tengan vida por medio del Espíritu Santo”.

Ha realizado una invitación a los fieles a contemplar y a adorar el Misterio Eucarístico, “en la Eucaristía el Señor se ha querido quedar real y permanentemente presente entre nosotros, bajo esas sencillas especies del pan y del vino, Él está y se queda realmente entre nosotros, de muchas formas, pero de una forma preeminente y única en la Eucaristía”.

Ha advertido de que “sin la Eucaristía, sin la comunión sacramental de Cristo, el cristiano, los sacerdotes, nuestra fe, nuestra tarea, se debilita y terminan muriendo. No se puede afirmar que para ser un buen cristiano no es necesario asistir a la Santa Misa ni comulgar, y sería como el sarmiento desvinculado de la vid, que se seca y muere”.

“Hoy, en el Corpus celebramos el día de la caridad”, ha continuado, “y la caridad de Cristo, como dice San Pablo, nos apremia, y más en estos tiempos de crisis global, no solo sanitaria o económica, si no también laboral, social, moral y política, a ser testigos comprometidos en la caridad. Nos insta a atender a todos aquellos que están pasando hambre, que se quedan sin trabajo, que pierden sus empresas, a familias enteras sin medios para subsistir”, por ello se ha hecho la colecta extraordinaria de Cáritas.

Al final de la Eucaristía se ha celebrado un procesión dentro de la Concatedral con el Santísimo, hasta la puerta, donde el Obispo ha bendecido a la ciudad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Ante la crisis global, intensificar la caridad

Queridos diocesanos:

A lo largo de la próxima semana nos prepararemos para la celebración del Corpus Christi ayudados por nuestras parroquias y Cáritas diocesana. Lo haremos afectados aún por la pandemia del Covid-19,  y, también, por sus graves consecuencias económicas, laborales, sociales, morales y espirituales. Vivimos una crisis global que abarca los distintos ámbitos de la vida: el personal, el  familiar y el social, en nuestra nación y en el mundo entero. Toda crisis, junto a sus efectos negativos, tiene también una dimensión positiva: ofrece la gran oportunidad para crecer corrigiendo lo que es incorrecto e injusto, purificando lo erróneo y pecaminoso, y dejándonos renovar para construir un mundo más humano. Más que nunca, como cristianos estamos llamados a trabajar por la civilización del amor, a lo que tantas veces nos exhortó san Juan Pablo II.

El Corpus Christi nos lleva a la raíz y la fuente de la civilización del amor. En el centro de esta fiesta está la Eucaristía, el Sacramento del amor; en él Cristo Jesús nos ha dejado el memorial de su sacrificio y entrega total en la Cruz por amor a toda la humanidad y a la creación. Cristo nos ha redimido del pecado y ha restaurado el orden original de amistad y comunión con Dios, con los demás y con la naturaleza entera. En la Eucaristía, el mismo Jesús se nos da como alimento de Vida y de Amor, que cambia y transforma;  Él se queda realmente presente entre nosotros para que, en adoración, contemplemos su amor supremo y nos dejemos empapar de él. La Eucaristía es central y vital para la Iglesia y para cada cristiano; es la fuente de la que nos nutrimos y el motor para vivir el día a día desde el amor de Dios; es el anticipo de la vida eterna y el inicio de la nueva tierra  y los nuevos cielos, cuando todo quede restaurado en Cristo.

En la Eucaristía, el Señor mismo nos invita a su mesa y nos sirve; Él se nos da a sí mismo en el pan partido y repartido; nos muestra así que amar es servir, y que el servicio es no solo dar sino darse. La comunión del Cuerpo de Cristo une a los cristianos con el Señor y crea la unión de unos con otros. La Eucaristía crea y recrea la nueva fraternidad que es expansiva y que no conoce fronteras.  Por ello, la Eucaristía tiene unas exigencias concretas para el vivir cotidiano, tanto de la comunidad eclesial como de los cristianos; de ella brota el mandamiento nuevo del Amor: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”. Y Cristo nos ha amado dándose a sí mismo por puro amor, de forma totalmente gratuita y desinteresada. La Iglesia y cada cristiano estamos llamados a dejarnos empapar por este amor entregado de Cristo y a vivirlo  de tal modo que este amor llegue a todos, pues a todos está destinado.

Por todo ello, en la Fiesta del Corpus Christi celebramos el Día de la Caridad. “La caridad de Cristo nos apremia” (2Cor 5,14). Ante la profunda crisis, que padecemos, el Señor nos apremia a ser testigos comprometidos de la caridad. Nos urge a orar por el eterno descanso de los fallecidos y por el consuelo de sus familiares; nos insta a atender a aquellos que en número creciente pasan hambre, se quedan sin trabajo, pierden sus empresas o negocios; nos urge a atender a familias enteras sin medios para subsistir o pagar los gastos corrientes y el alquiler. El mandamiento nuevo del amor nos llama a redoblar nuestro compromiso personal y nuestra generosidad para con los necesitados entre nosotros, a través de nuestras cáritas y de nuestra aportación al fondo diocesano ante el Covid-19; y también a ayudar a los más pobres de la tierra a través de  Manos Unidas y de la Delegación diocesana de Misiones.

El Señor Jesús nos apremia a vivir la caridad para reconstruir entre todos el tejido económico, laboral y social, tan castigado y debilitado por la pandemia, en el que todos puedan encontrar un trabajo digno. Y nos urge a vivir la caridad en la verdad para construir un orden social y político, basado en la verdad, en el encuentro y el diálogo constructivo entre todos, superando la mentira, el rencor, el insulto, la exclusión del diferente, el sectarismo y la imposición de ideologías. Necesitamos recuperar la categoría del bien común para crear entre todos las condiciones necesarias para que personas, familias y grupos puedan desarrollarse y alcanzar su perfección. Este debería ser objetivo de todos y, en especial, de los servidores  públicos.

Así esta crisis global se convertirá en oportunidad para crear un mundo más humano, más fraterno y más solidario. A ello nos apremia la caridad de Cristo.

Con mi afecto y bendición

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

Sacerdocio, Eucaristía y caridad centran la celebración del Jueves Santo presidida por el Obispo

Puntualmente a las ocho de la tarde ha comenzado la emisión por las televisiones locales de la celebración de la Cena del Señor de este Jueves Santo. Este primer acto del Triduo Pascual se ha realizado como los precedentes, Misa de Ramos y Crismal: en una Concatedral de Santa María vacía. Sin embargo, cada vez son más los fieles que siguen estos actos por los medios sociales. A ellos D. Casimiro López Llorente ha transmitido un saludo, en particular a los enfermos, a las familias y a los que están solos.

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María, mujer eucarística

Queridos diocesanos:

Mayo es el mes dedicado de modo singular a la Virgen María. En este año pastoral, centrado en la Eucaristía, podemos contemplar a María como “mujer eucarística”: la Virgen nos enseñará a creer, celebrar, amar, adorar y vivir la Eucaristía para llegar a ser, como ella, discípulos misioneros del Señor y hacer así de nuestras parroquias, comunidades vivas y misioneras.

María es “mujer Eucarística”; así la llamó por primera vez en la historia san Juan Pablo II en su carta encíclica Ecclesia de Eucaristia. Así como Iglesia y Eucaristía son inseparables, lo mismo se puede decir de María y la Eucaristía. No sabemos si la Virgen celebró la última Cena con Jesús y los apóstoles. Tampoco se dice en el Nuevo Testamento que celebrase la Eucaristía con los apóstoles, aunque lo más seguro es que así fuera: María, que estaba con los apóstoles unida en la oración a la espera de la venida del Espíritu Santo (cf. Hch 1, 14), no pudo faltar en las celebraciones eucarísticas de los primeros cristianos, asiduos en la oración y en la fracción del pan (cf. Hch 2,42), es decir, de la Eucaristía.

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III encuentro confirmandos

Los jóvenes viven la Eucaristía y la Iglesia en el III encuentro de confirmandos de la Diócesis

“Quisiera que volvieseis a casa con esto: Jesús nos invita cada domingo a venir a Él en la Eucaristía. Nos dice ‘Venid a mi’ para dejarnos encontrar por Él y escuchar su Palabra”. Así manifestaba su deseo Mons. Casimiro López Llorente durante la Misa con los 300 jóvenes en proceso de confirmación. El III encuentro organizado por la Delegación de Juventud ha tenido por lema “Venid a mi”. Ha sido una jornada festiva y de encuentro en Iglesia.

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La Hoja del 24 de febrero

La Hoja del 24 de febrero

En La Hoja del 24 de febrero:

  • Capacitados para amar. Catequesis para personas con capacidades diferentes.
  • Mons. López Llorente: “La Eucaristía, el corazón de la parroquia”.
  • Los mercedarios concluyen el jubileo de los 800 años de la orden.
  • El Obispo bendice el restaurado campanario de Atzeneta.
  • Entrevista con Enrique Fernández y Beatriz Vicent.

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