Fe y Misión

Queridos Diocesanos:

El próximo sábado, 22 de septiembre, celebraremos la Jornada Diocesana de inicio del curso pastoral en el Seminario Mater Dei. A ella estáis todos invitados y a todos os ruego que oréis a Dios por sus buenos frutos. Su finalidad es orar y reflexionar sobre la tarea principal de nuestra Iglesia diocesana durante el inminente curso pastoral.

Dos focos, íntimamente unidos y relacionados entre sí, van a vertebrar nuestra atención personal y comunitaria así como nuestra acción pastoral durante este curso: la fe y la misión que no es otra que la evangelización. De ahí que el título de la programación diocesana para este año sea “Fe y Misión”.

Evangelizar, es decir, llevar al encuentro salvador con  Jesucristo, el Evangelio de Dios para toda la humanidad, a cada hombre y mujer es la razón de ser, la dicha y la tarea siempre nueva de nuestra Iglesia diocesana y de cuantos la formamos: personas y comunidades, movimientos, asociaciones y grupos. Quienes acogen de verdad a Jesucristo, la Buena Nueva, se dejan transformar por ella y la hacen  vida: se genera así una comunidad evangelizada que se hace evangelizadora; su vida sólo tiene sentido pleno cuando se convierte en testimonio, anuncio y trasmisión de la Buena Nueva; cada cristiano y cada comunidad necesitan dejarse evangelizar y renovarse constantemente para conservar su frescor cristiano y su vitalidad misionera y transformadora.

En nuestro tiempo constatamos el fenómeno creciente del alejamiento de la fe cristiana. Nuestra sociedad y nuestra cultura, hasta hace bien poco impregnadas por el cristianismo, se alejan cada día más de sus raíces cristianas. La secularización, la indiferencia religiosa, el alejamiento de la fe y de la vida cristiana de muchos bautizados,  la insuficiencia en los procesos de iniciación cristiana de nuestros niños y adolescentes, o la fuerte inmigración son claros exponentes de que nos hemos convertido en ‘tierra de misión’. De ahí la llamada apremiante de los últimos Papas a una nueva Evangelización, nueva, como decía, el Beato Juan Pablo II, por su ardor, por sus métodos y por su expresión.

La tarea de la nueva Evangelización exige y presupone antes de nada una constante renovación en el seno mismo de la Iglesia. Requisito previo e indispensable para llevar a cabo la tan necesaria y urgente nueva evangelización es una Iglesia evangelizada en sus miembros, comunidades, asociaciones y movimientos. Este no es un asunto que se pueda resolver con planes de trabajo ni con reuniones de planificación. El tema capital es la conversión a Dios y al Evangelio, avivar la fe y la coherencia entre fe y vida  de todos los bautizados y de modo especial de los pastores y agentes de la evangelización.

Es necesaria una constante conversión al amor de Dios y al amor de nuestros prójimos alejados, al amor a Jesucristo que murió por ellos y por todos, al amor a los que malviven en las tinieblas del relativismo y del secularismo, condenados a la desesperanza y al vacío del desengaño. Habrá nueva evangelización en la medida en que haya cristianos (laicos, religiosos y sacerdotes) que se abran a la gracia y al Espíritu de Dios y pongan su vida de mane­ra efectiva al servicio de las necesidades del Reino en esta primera línea de la evangelización. Habrá nueva evangelización en la medida que haya verdaderos cristianos: es decir, creyentes, discípulos y testigos del Señor.

Con  mi afecto y bendición,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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