“No ceséis de orar”

Queridos diocesanos:

Nos encontramos en plena celebración del Octavario de oración por la unidad de los cristianos; un octavario que, desde comienzos del siglo XX, tiene lugar cada año entre el 18 y el 25 de enero y que este año cumple cien años.

El pasaje bíblico elegido para la celebración de este año está tomado de la primera carta a los Tesalonicenses. Las palabras “no ceséis de orar” (1 Ts 5, 17) destacan el papel esen­cial de la oración en la vida de la comunidad de los creyentes y también para la recuperación de la unidad de los cristianos. La oración nos ayuda a los cristianos a profundizar en nuestra relación con Cristo y con los otros. Con éste y otros ‘imperativos’, Pablo anima a la comunidad cristiana a vivir de la unidad que Dios nos da en Cristo, a ser en la práctica lo que está en el principio: el único cuerpo de Cristo, visiblemente unido en este lugar y en el mundo entero.

La vida en una comunidad cristiana, la vida de la Iglesia entera, sólo es posible a través de una vida de oración. A través del Bautismo, los cristianos nos comprometemos a seguir a Cristo y a cumplir su voluntad. La voluntad de Jesús para sus discípulos la expresa él mismo en su oración al Padre por la unidad de todos los que le siguen, para que el mundo crea que Él es el enviado de Dios.

Nuestra oración asociada a la oración de Jesús por la uni­dad es especial­mente intensa durante la Semana de oración por la unidad de los cristianos. Pero nuestra oración no debe limitarse a estos días. Somos conscientes de que la unidad no es el mero fruto de nuestros esfuerzos. La unidad es obra del Espíritu Santo. Como seres huma­nos no podemos hacerla o realizarla. No podemos sino recibirla como un don del Espíritu cuando nosotros mismos estamos dispuestos a acogerla. Nuestra oración sincera por la unidad nos ofrece la posibilidad de ir a Aquel que es la fuente de todo bien.

La eficacia de la oración sincera y humilde por la unidad se comprobará en primer lugar en nosotros mismos. Irá modelando nuestro espíritu y nuestro corazón, nos conducirá a la purifica­ción de la memoria, nos animará a hacer frente a los graves acontecimien­tos del pasado que dieron lugar a interpretaciones divergentes de naturaleza y origen. Podemos superar estas dificultades que nos han mantenido en la división si nos abrimos al don de Dios.

Si los creyentes queremos de verdad seguir los pasos de Jesús, debemos rogar y traba­jar por la unidad de los cristianos. La oración por la unidad de los cristianos nos llevará a pedir lo que Dios quiere para su Iglesia. La unidad es un don y una llamada hecha a la Iglesia. Hemos de orar a Dios por ella con confianza y perseverancia, y hemos trabajar por ella con corazón sincero y paciente, sabiendo que es el Espíritu Santo el que dirige nuestros pasos por el camino de la unidad. Tenemos necesidad de una conversión permanente del corazón, como fieles y como Iglesias y comunidades eclesiales.

Oremos para que Dios nos conceda la gracia de ser conscientemente instrumentos de la obra de la reconciliación de Dios. Busquemos con todas nuestras fuerzas la unidad y la paz que Dios quiere para los cristianos.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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