Nuestra Iglesia: Con todos y al servicio de todos

Queridos diocesanos:

El domingo, 17 de noviembre celebramos el día de la Iglesia Diocesana. Esta Jornada quiere ayudarnos a todos los católicos a tomar conciencia de nuestra pertenencia a una Iglesia diocesana, en nuestro caso a la Diócesis de Segorbe-Castellón.

Con frecuencia me encuentro con cristianos católicos que desconocen qué es la Iglesia diocesana, o con católicos que tienen una imagen distorsionada de la misma. Se piensa que es un conjunto de organismos o servicios, o un territorio concreto; en cualquier caso, para muchos se trata de algo ajeno y lejano a ellos. Y, sin embargo, nuestra Diócesis es todo lo contrario.

La Iglesia diocesana la formamos todos los católicos que vivimos en el territorio diocesano: el Obispo, los sacerdotes, los diáconos, las religiosas y los religiosos y todos aquellos católicos, creyentes en Jesucristo, Hijo de Dios. En ella se hace presente la única Iglesia de Cristo, se comunica la vida divina al hombre y experimentamos en nuestras vidas el misterio del amor insondable que es Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros. En esta Iglesia nacemos a la fe, conocemos y nos encontramos con Jesucristo, proclamamos y acogemos la Palabra de Dios y la celebramos con alegría en la liturgia; en ella vivimos la caridad con el prójimo, en especial con los más necesitados de pan, de cultura y de Dios. En ella actúa el amor de Dios como fermento y alma de la sociedad para que, descubriendo la verdad más profunda del ser humano, todo se vaya transformando  y humanizando según Dios. Desde ella hemos de salir del propio ambiente para llevar el Evangelio a todos, especialmente a aquellos que aún no han tenido la oportunidad de conocer a Cristo o que, conociéndolo, se han alejado de Él y de la comunidad eclesial.

Nuestra Iglesia diocesana es una porción del Pueblo de Dios, extendido por todo el mundo; somos -y estamos llamados a ser- una verdadera comunidad, una gran familia: la gran familia de los creyentes en Cristo y de los hijos de Dios, en la que todos hemos de sentirnos como en nuestra propia casa. Al igual que ocurre en nuestra familia humana, ningún cristiano católico puede considerarse ajeno a la gran familia de la Iglesia diocesana: es nuestra iglesia, la iglesia de todos. La Diócesis es nuestra familia y como tal la debemos amar, conocer, vivir y ayudar. Todos estamos llamados a vivir en una relación viva, participativa y real con la vida y misión de nuestra Diócesis; los responsables de las comunidades parroquiales y otras comunidades cristianas están llamados a favorecer la relación de su respectiva parroquia o comunidad y de quienes la integran con el Obispo y la iglesia diocesana.

Y, así como el amor de Dios Padre y la obra salvadora de su Hijo, Jesús, están destinados a todos, del mismo modo la Iglesia está con todos y al servicio de todos, especialmente de los más pobres y necesitados, de los cercanos y alejados, de los nativos y de los inmigrantes. Colaborar con nuestra Iglesia Diocesana es colaborar con el bien propio, con el de nuestra familia, con el de nuestros jóvenes y mayores, con el de los más necesitados en estos momentos de crisis, con el de una sociedad en la que vaya creciendo cada día la civilización del amor fraterno y solidario, donde el amor misericordioso de Dios se haga presente. Hemos de redoblar nuestra generosidad para que no nos falten los medios para que el amor de Dios llegue a todos.

Con mi afecto y bendición,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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