Nutrirse de la Palabra de Dios

Queridos Diocesanos:

Al final del Sínodo de los Obispos sobre la Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia, celebrado en el mes de octubre en Roma, los Padres sinodales nos han dirigido un mensaje muy hermoso, en el que nos invitan a todo el Pueblo de Dios a la escucha y a la lectura amorosa de la Biblia. Con un leguaje muy directo nos muestran el alma y la sustancia de la Sagrada Escritura, centrándose en cuatro imágenes: la voz, el rostro, la casa y el camino.

La Palabra de Dios es la Voz misma de Dios. Su Voz resuena en los orígenes de la creación y rompe el silencio de la nada, dando origen a las maravillas del universo. Es una Voz que entra en la historia, herida por el pecado humano y atormentada por el dolor y la muerte. La Voz del Señor marcha junto con la humanidad para ofrecer su gracia, su alianza, su salvación. Es una Voz que desciende después en las páginas de las Sagradas Escrituras que ahora leemos en la Iglesia bajo la guía del Espíritu Santo.

El Rostro de la Palabra de Dios es Jesucristo, la Palabra hecha carne. El es el Hijo del Dios, pero también hombre mortal, ligado a una época histórica, a un pueblo y a una tierra. Él vive la existencia fatigosa de la humanidad hasta la muerte, pero resucita y vive para siempre. Él es quien hace que nuestro encuentro con la Palabra de Dios sea perfecto: nos devela el ‘sentido pleno’ y unitario de las Sagradas Escrituras. El cristianismo no es sin más una religión del libro, sino una religión que tiene su centro en una persona, Jesucristo, revelador del Padre. Él nos hace entender que también las Escrituras son ‘carne’, es decir, palabras humanas que se deben comprender y estudiar en su modo de expresarse, pero que custodian en su interior la luz de la verdad divina que sólo con el Espíritu Santo podemos vivir y contemplar.

La Casa de la Palabra de Dios es la Iglesia, en la que siempre la hemos de escuchar y entender, orar y vivir. Debemos escuchar y entender la Biblia en la enseñanza de la Iglesia, es decir en su anuncio en la catequesis, en la homilía o a través de la proclamación auténtica. La hemos de acoger en la fracción del pan, la Eucaristía, en la que los fieles somos invitados a nutrirnos en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo; la hemos de acoger además en la oración de la Liturgia de las Horas, oración de la Iglesia destinada a ritmar los días y los tiempos del año cristiano, y en la Lectio divina, la lectura orante de las Sagradas Escrituras, que conduce al encuentro con el Cristo, palabra de Dios viviente. Y, por último, la hemos de vivir en la comunión fraterna porque para ser verdaderos cristianos no basta con oír la Palabra de Dios, sino que hay ponerla por obra.

Y, finalmente, el camino de la Palabra de Dios es el camino de los hombres para que su anuncio llegue a todos, siguiendo el mandato de Jesús. La Palabra de Dios debe correr por los caminos de la comunicación, entrar en las familias y también en las escuelas y en los ámbitos culturales. Como ha dicho Benedicto XVI en su homilía en la Eucaristía conclusiva del Sínodo nos tenemos que nutrir de la Palabra de Dios para poder evangelizar, pues ésta es la razón de ser de nuestra Iglesia diocesana.

Con mi afecto y bendición,

 

+ Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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