Somos Iglesia Diocesana: ¡Colabora con ella!

Queridos diocesanos:

El Papa Benedicto XVI, en la Homilía en la Misa conclusiva de la JMJ, nos recordaba que no se puede ser cristiano cada uno por su cuenta, sino sólo en el seno de la Iglesia, en comunión con ella. Y nos pedía que amemos a la Iglesia, que nos ha engendrado en la fe, que nos ha ayudado a conocer mejor a Cristo, que os ha hecho descubrir la belleza de su amor.

La Jornada del Día de la Iglesia Diocesana quiere ayudarnos a los católicos precisamente a tomar conciencia de que pertenecemos a una diócesis determinada: en nuestro caso, a la Iglesia de Jesucristo en Segorbe-Castellón. Nuestra diócesis es una determinada porción de todo Pueblo de Dios, en la que se hace presente y opera la única Iglesia de Jesucristo. Las parroquias, por su parte, hacen que, en una determinada zona, los cristianos podamos vivir y celebrar nuestra fe de una manera mucho más concreta. Y ello sin perder nunca la referencia más inmediata a la diócesis y al Obispo y, a través de éste, a la comunión de todas las Iglesias particulares con el Santo Padre y con la Iglesia de Roma, que el Papa ha recibido el especial encargo de apacentar.

Nuestra Iglesia diocesana está encomendada al cuidado y a la atención pastoral del Obispo. Los sacerdotes son sus colaboradores necesarios en el anuncio de la Palabra de Dios, en la celebración de la Eucaristía y en la administración de los sacramentos y en la guía de las comunidades. Pero cada bautizado, por el sa­cramento del Bautismo, forma parte de la Iglesia diocesana, de su vida y de su misión. Con razón podemos decir y sentir que todos somos Iglesia diocesana, con variedad de vocaciones y de ministerios, pero una única misión.

Hemos de cultivar el sentido de nuestra pertenencia y de nuestro amor a la Iglesia diocesana; hemos de implicarnos más en sus tareas pastorales y en su sostenimiento económico. Nuestra Iglesia espera la colaboración personal de todos nosotros. La mayoría de las acciones pastorales las llevan a cabo voluntarios; así los miembros de los consejos de pastoral o de economía, los catequistas de niños, jóvenes o adultos, los voluntarios de Cáritas, los visitadores de enfermos, los encargados de la limpieza de templos, lo cantores, etc. Entre todos hacemos posible el buen funcionamiento de las parroquias o diócesis. A todos se nos pide nuestro compromiso.

La Iglesia necesita, también, nuestra colaboración eco­nómica. La parte más importante del sostenimiento económico de la Iglesia son las aportaciones voluntarias de los católicos, sea mediante la asignación tributaria para la Iglesia en la declaración anual de la renta sea mediante donativos y colectas. Por un camino o por otro, la Iglesia siempre se ha financiado en su mayor parte con las donaciones de los fieles. La mejor forma de colaborar es con una aporta­ción periódica personal o familiar, abonada por domiciliación bancaria. La cuantía dependerá de la situación económica familiar y de la generosidad de sus miembros. Soy consciente de la grave crisis económica que padecemos. Pero nuestra Iglesia te necesita. Y te necesitan tantos y tantos que acuden a la Iglesia en estos momentos de crisis. Colabora con tu Diócesis, ¡Sé generoso en la colecta de este día! Muchas gracias. ¡Que Dios te lo pague!

Con mi afecto y bendición,

 

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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