La visita pastoral

PlumaQueridos diocesanos:

Nuestra Iglesia diocesana de Segorbe-Castellón, acogiendo la llamada de su Señor, está trabajando para hacer de las parroquias verdaderas comunidades de discípulos misioneros de Jesús. En este objetivo se enmarca también la Visita Pastoral, que vengo realizando a las parroquias de nuestra Diócesis y que hasta mediados de diciembre del presente año haré a todas las parroquias del Arciprestazgo de Albocasser.

Esta visita se llama pastoral por ser la visita del pastor de la Iglesia diocesana. Esto es el Obispo en nombre de Jesucristo, el Buen Pastor. San Juan Pablo II nos dejó escrito que la visita pastoral es un “auténtico tiempo de gracia y momento especial, más aún, único, para el encuentro y diálogo del Obispo con los fieles. En su visita pastoral a la parroquia…, el Obispo ha de dar prioridad al encuentro con las personas, empezando por el párroco y los demás sacerdotes. Es el momento en que ejerce más cerca de su pueblo el ministerio de la palabra, la santificación y la guía pastoral, en contacto más directo con las angustias y las preocupaciones, las alegrías y las expectativas de la gente, con la posibilidad de exhortar a todos a la esperanza. En esta ocasión, el Obispo tiene sobre todo un contacto directo con las personas más pobres, los ancianos y los enfermos. Realizada así, la visita pastoral muestra lo que es: un signo de la presencia del Señor que visita a su pueblo en la paz” (Pastores gregis 46). La visita pastoral es, por lo tanto, una acción apostólica que el Obispo debe cumplir animado por la caridad pastoral que lo presenta concretamente como principio y fundamento visible de la unidad en la Iglesia particular. Para las comunidades y las instituciones que la reciben, la visita es un evento de gracia que refleja en cierta medida aquella especial visita con la que el “supremo pastor” (1Pt 5, 4) y guardián de nuestras almas (cf. 1 P 2, 25), Jesucristo, ha visitado y redimido a su pueblo (cf. Lc 1, 68).

La visita pastoral es una de las tareas más importantes y más hermosas del ministerio del Obispo. En ella quiero, ante todo, confirmar a todos los cristianos en la fe en Cristo Jesús y alentar a todos y, sobre todo, a sacerdotes, catequistas, profesores de religión, visitadores de enfermos y voluntarios a ser discípulos misioneros del Señor en un contexto cultural y social especialmente arduo y difícil. En la visita pastoral, mantengo encuentros personales con el clero y con los otros miembros del pueblo de Dios y reviso con ellos el estado de las parroquias y otras instituciones. Es una oportunidad para reanimar las energías de los agentes evangelizadores, felicitarlos, animarlos y consolarlos; es también la ocasión para invitar a todos los fieles a la renovación de la propia vida cristiana y a una acción apostólica más intensa. La visita me permite, además, examinar la eficiencia de las estructuras y de los instrumentos destinados al servicio pastoral, ateniendo las circunstancias y dificultades del trabajo evangelizador, para poder determinar mejor las prioridades y los medios de la pastoral orgánica.

En estos momentos, el Señor nos llama a recuperar la alegría de la fe y el ardor apostólico desde un encuentro renovador con Él para vivir con mayor fidelidad el don y la belleza de nuestra condición de cristianos misioneros en el seno de su Iglesia. El Señor quiere que seamos verdaderos discípulos suyos y mostrar con la palabra y con la vida que el Evangelio es Buena Noticia a un mundo desorientado y a una sociedad que sufre una profunda crisis no sólo económica, sino sobre todo moral, familiar, social y espiritual. Todos estamos invitados a implicarnos en la vida y misión de nuestras comunidades.

La visita pastoral, en su ya larga historia, ha dado muchos frutos de vida espiritual en el pueblo cristiano; ayuda a construir la unidad de la Iglesia y a dotar a las comunidades cristianas y a las instituciones de la iglesia de un renovado ardor en la vivencia de la fe, en el compromiso de la caridad y en la misión. Vivamos con este espíritu la visita pastoral y oremos los unos por los otros

Con mi afecto y bendición,

+Casimiro López Llorente

Obispo de Segorbe-Castellón

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